Brasil – Lo que revela la pobreza menstrual. Bolsonaro vetó la distribución gratuita de toallas sanitarias. [Anna Karina Cavalcante – La Diaria]

A. K. Cavalcante, desde Fortaleza *

Esquerda Online, 8-10-2021

Traducción de Correspondencia de Prensa, 9-10-2021

Al vetar la distribución gratuita de toallas sanitarias para las personas que menstrúan, ya sean jóvenes estudiantes o personas en el sistema penitenciario y en la calle, Bolsonaro sólo refuerza lo que hemos afirmado desde hace tiempo: odia a las mujeres. A través de este odio, el misógino que está en la presidencia dialoga con un sector de la sociedad que nos mira y nos trata como sujetos de segunda clase e indignos de derechos. Al final, nos revela que quienes están en contra de la lucha contra la pobreza menstrual no pueden ser más que nuestros enemigos.

Desde 2014, la ONU ha reconocido la agenda como una cuestión de salud pública y derechos humanos. No hay manera de garantizar la dignidad humana sin tener en cuenta a quienes son mayoría en el planeta y viven en una situación de gran vulnerabilidad: las mujeres pobres y negras. Precisamente por estas condiciones, cuando hacemos campañas de solidaridad, como la de SOS Mães Solo, que se lleva a cabo desde marzo de 2020 en Fortaleza, inicialmente con cestas de alimentos, priorizando a las mujeres de la periferia y, entre ellas, a las madres solas, hemos priorizado la distribución de toallas sanitarias como algo tan fundamental como el arroz y los frijoles.

La pobreza menstrual revela una serie de factores estructurales alarmantes en la vida de todas las personas que menstrúan. Y no sólo por la falta de dinero para comprar compresas. Revela un importante debate sobre el acceso a derechos básicos como el agua potable, el saneamiento, las aguas residuales, los aseos, la salud y el cuidado de nuestros cuerpos, etc. La pobreza menstrual perjudica a las jóvenes que dejan de ir a la escuela, ausentándose del derecho a la educación y alimentando el abandono escolar.

Además de las chicas jóvenes, la mayoría de las personas con útero que no pueden permitirse comprar absorbentes, no tienen trabajo y menos aún acuden a un profesional de la salud ginecológica que les diga que los materiales que se utilizan para recortar la sangre menstrual son materiales de riesgo por falta de higiene (papel higiénico, periódico, algún tipo de tela, bolsas de plástico, etc.). Las consecuencias pueden ser infección urinaria o cistitis, candidiasis, infección vaginal por hongos o bacterias. Así, la pobreza menstrual revela una inmensa falta de acceso a la educación, a una vivienda digna y a la sanidad pública.

Muchas niñas experimentan este problema solas. Sin diálogo en casa y sin educación sexual en las escuelas, hablar de la menstruación parece irreal o sucio. La ignorancia y los prejuicios se imponen contra las agendas que no son sólo para las personas que menstrúan. Son agendas sociales que necesitan ganar el espacio de la política, no negándolas como hizo Bolsonaro, ni descuidándolas o dejándolas como responsabilidad individual de esas mismas mujeres a las que se les impide estar en los espacios políticos y de decisión.

La pobreza menstrual revela que la educación sexual es necesaria en las escuelas y que es un tema de interés público. Según un informe de UNICEF, 11 millones de personas con útero experimentan la pobreza menstrual cada mes. La pobreza menstrual revela que para que el poder político piense en la mayoría de la sociedad, es necesario que las mujeres ocupen la política.

Los movimientos feministas de Europa llevan desde 2015 utilizando las compresas como símbolo para dar a conocer nuestras agendas. En los países del continente africano, en América Latina y en China, la dificultad de acceso a las toallas sanitarias se revela como un aviso social de la pobreza que hay que combatir con políticas públicas.

Es importante reforzar que el movimiento de mujeres ha estado luchando por los derechos de varias agendas, pero nuestra prioridad en los países donde la pobreza sólo crece debe ser llegar a las mujeres más vulnerables. En Brasil, nuestro feminismo debe dirigirse principalmente a las mujeres pobres y negras, por lo que tiene que ser antirracista, ecofeminista, antigbfóbico y socialista.

Bolsonaro utilizó el argumento de la falta de fondos para vetar la distribución de toallas sanitarias, pero oculta que su gobierno no ha utilizado 1/3 de los recursos para las políticas de la mujer desde 2019, es decir, no ha aplicado 400 millones de reales para combatir la violencia, fomentar la autonomía y la salud de las mujeres, según la institución AzMina. El discurso del presidente vetando la distribución de compresas revela que el desprecio a las mujeres es una política conscientemente adoptada, revelando lo perversa que es y lo necesario que es derrotarla. Cada día con Bolsonaro como presidente es un riesgo de vida para todos nosotros, especialmente para las mujeres. E incluso por esta razón, la lucha por la dignidad menstrual es también la de Fuera Bolsonaro. (Artículo publicado en Fábrica de imagens, 8-10-2021)

* Anna Karina Cavalcante, feminista, profesora, activista del PSOL y de Resistencia Feminista.

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Bolsonaro vetó la distribución gratuita de productos de gestión menstrual para mujeres en situación de vulnerabilidad

La Diaria, 7-10-2021

Este jueves en el Boletín Oficial, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, vetó la distribución gratuita de productos de gestión menstrual para mujeres en situación de vulnerabilidad. La medida estaba incluida en un proyecto de ley presentado en la Cámara de Diputados, que obtuvo la aprobación del Senado el 14 de setiembre y pasó a manos del mandatario para su sanción definitiva.Brasil Mujeres II

Bolsonaro aprobó el proyecto general, que crea el Programa de Protección y Promoción de la Salud Menstrual, pero vetó el artículo 1, que garantizaba toallitas y tampones gratis, y el artículo 3, que establecía quiénes serían las personas beneficiarias. La medida, que busca erradicar la “pobreza menstrual”, apuntaba a estudiantes de bajos recursos matriculadas en escuelas públicas, mujeres en situación de calle o “en situaciones de extrema vulnerabilidad social”, mujeres privadas de libertad y mujeres “hospitalizadas en unidades para cumplir con una medida socioeducativa”. El mandatario también vetó el apartado que incluía la inclusión de toallitas en las canastas básicas que distribuye el Sistema Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional.

Entre las razones expuestas, el presidente argumentó que los artículos no preveían fuentes de financiación o medidas compensatorias, lo cual violaría la Ley de Responsabilidad Fiscal. El texto aprobado disponía que el dinero provendría de recursos asignados por el Sistema Único de Salud (SUS) para la atención primaria y, en el caso de las mujeres privadas de libertad, del Fondo Nacional Penitenciario.

Sin embargo, Bolsonaro dijo que los productos de higiene menstrual no están en la lista de medicamentos considerados “esenciales” y que, al determinar beneficiarias específicas, la medida no cumple con el principio de “universalidad”, “integralidad” y “equidad” en el acceso a la salud que pregona el SUS. Por otra parte, el presidente aseguró que la ley que creó el Fondo Nacional Penitenciario no prevé el uso de recursos para estos fines.

El mandatario conservó el apartado que obliga al gobierno a impulsar una campaña de información sobre la salud menstrual y otro que autoriza a las autoridades de la educación a realizar los gastos necesarios para cumplir con lo que prevé la ley.

El proyecto vuelve ahora al Congreso, que puede decidir si mantiene o revoca el veto presidencial en un plazo de 30 días desde que se publica en el Boletín Oficial.

En Brasil, 28% de las mujeres faltó alguna vez a clases por no poder costear productos de gestión menstrual, según datos que publicó el diario Folha de São Paulo, relevados de la encuesta “Impacto de la pobreza menstrual en Brasil”, encargada por la empresa Always. De ese total, 48% dijo que intentó esconder el verdadero motivo de la falta y otro 48% alegó que la ausencia impactó de manera negativa en su desempeño educativo.