Cultura – La radicalidad de lo humano contra la censura. [Francisco Louçã]

¿Cuál es entonces la frontera de la censura? En algunos casos, la razón para rechazar un discurso estético puede parecer más obvia, pero siempre es un error. Leni Riefenstahl, en El triunfo de la voluntad, ¿estetizó la propaganda nazi? Sí. Nabokov, en Lolita, ¿romantizó el abuso de menores? Sí. Pero pregúntese ahora si Bertolucci, en El último tango en París, o incluso Almodóvar, en Habla con ella, ¿no trivializaron de alguna manera la violación? Pues sí. En cualquier caso, deberíamos poder leer esos libros y ver esas películas.