Blog de Gilbert Achcar, 7-1-2025
Traducción de César Ayala
Correspondencia de Prensa, 12-1-2025
La Autoridad Palestina (AP), con sede en Ramala, ha decidido complementar la embestida lanzada por las fuerzas armadas sionistas en Cisjordania en paralelo a su invasión de la Franja de Gaza…
La Autoridad Palestina y el fin del asedio
Era natural que la guerra genocida lanzada por Israel contra la Franja de Gaza, a raíz de la Operación Inundación Al-Aqsa dirigida por Hamás el 7 de octubre de 2023, fuera acompañada de una embestida contra Cisjordania. De hecho, el Estado sionista vio en la operación dirigida por Hamás una oportunidad de oro para abalanzarse sobre el pueblo palestino en los territorios que ocupó en 1967 con el fin de completar allí la Nakba de 1948. Pues, cuando Israel ocupó las partes restantes de la Palestina del Mandato Británico entre el río y el mar, se vio sorprendido por la resistencia de la mayoría de sus residentes y su firme negativa a huir del campo de batalla, a diferencia de lo que ocurrió en 1948, cuando la mayoría de los residentes de las tierras tomadas por las fuerzas sionistas huyeron y nunca se les permitió regresar, convirtiéndose así en refugiados. Los residentes de Cisjordania aprendieron la lección de esa amarga experiencia histórica, al igual que los residentes de Gaza (además de que las condiciones geográficas hacen que huir al Sinaí sea una aventura peligrosa).
Por eso Israel se abstuvo de anexionarse los territorios que ocupó en 1967, salvo Jerusalén Este. Los sucesivos gobiernos sionistas discutieron diversos planes para desalojar a la población de Gaza y Cisjordania en un intento de completar la toma de toda Palestina desde el río hasta el mar, anexionándose los territorios de 1967 sin tener que enfrentarse al dilema del destino de sus habitantes autóctonos. Dado que era impensable que el Estado sionista les concediera la ciudadanía israelí, como había hecho con la minoría palestina que permaneció en los territorios de los que se apoderó en 1948 —un gesto que le permitía presumir de ser democrático— el gobierno sionista que supervisó la guerra de 1967 también preparó un plan de respaldo, conocido por el nombre del ministro que lo redactó, Yigal Allon. Planeaba la toma permanente de zonas estratégicas de los nuevos territorios ocupados, incluido el valle del Jordán, desplegando bases militares y asentamientos en esas zonas, y entregando zonas con alta densidad de población palestina a la tutela del reino hachemita de Jordania.
La gloriosa Intifada de 1988 puso fin a este proyecto, ya que el reino hachemí eludió la responsabilidad de administrar Cisjordania e incluso abandonó la pretensión de recuperarla como tierra anexionada al reino en 1949. Esta decisión fue aparentemente una concesión al deseo de los palestinos de disfrutar de autogobierno, confirmado por el Consejo Nacional Palestino celebrado en Argel ese mismo año, pero en realidad fue el resultado de la convicción del reino de que el control sobre el pueblo palestino en los territorios de 1967 se había vuelto intratable y peligroso. Esta secuencia de acontecimientos es la que convenció al Partido Laborista sionista, que actuó según el Plan Allon cuando estaba en el poder, de sustituir al reino hachemita por la dirección de Arafat de la Organización para la Liberación de Palestina después de que los laboristas volvieran al poder bajo la dirección de Isaac Rabin en el verano de 1992.
Este fue el preámbulo de las negociaciones secretas celebradas en Oslo, a las que Yasser Arafat y Mahmoud Abbas se sumaron a espaldas de otros miembros de la dirección palestina, y que desembocaron en los famosos acuerdos firmados en la Casa Blanca, en Washington, en septiembre de 1993. En cuanto al propósito de esos acuerdos, estaba claro para cualquiera que no se dejara llevar por la ilusión de que ocurrirían milagros que conducirían al «Estado palestino independiente» que Arafat había prometido. El gobierno sionista se dedicó inmediatamente a intensificar la actividad de asentamiento colonial en los territorios de 1967 y encomendó a la llamada Autoridad Nacional Palestina la tarea de reprimir cualquier intento de rebelión o resistencia en el pueblo palestino. Es la misión para la que Israel autorizó la entrada del Ejército de Liberación Palestino (formado por refugiados palestinos) en los territorios de 1967 y su mutación en una fuerza policial equipada con armas ligeras, encargada de controlar a la población local.
Cuando los Acuerdos de Oslo empezaron a aplicarse con la entrega de Gaza y Jericó a la nueva Autoridad Palestina (AP) en el verano de 1994, ésta decidió demostrar al ocupante su capacidad para refrenar a su pueblo reprimiendo sangrientamente una manifestación encabezada por Hamás en Gaza en otoño del mismo año, en un incidente conocido como la Masacre de la Mezquita de Palestina, la apertura más destacada de una serie de acciones represivas llevadas a cabo por las fuerzas de seguridad afiliadas a la AP, contra los movimientos islámicos en particular. La verdad es que no puede haber una Autoridad «Nacional» palestina al lado del Estado sionista y con su consentimiento, sino sólo una autoridad afiliada al ocupante, similar al gobierno de Vichy que asumió la administración de la parte del territorio francés que no estaba directamente ocupada por la Alemania nazi en 1940. Esta es la comparación que Edward Said hizo famosa en su crítica de los Acuerdos de Oslo, que enfureció a los dirigentes de Arafat hasta el punto de prohibir los escritos del pensador palestino más famoso en los territorios bajo su supervisión.
La analogía de Said se confirmó, salvo que Yasser Arafat se negó a seguir interpretando el papel del Maréchal Philippe Pétain, el comandante militar que dirigió el gobierno de Vichy, después de darse cuenta de que su sueño de «Estado independiente» no era más que una ilusión, y comprendió la realidad de los objetivos sionistas, aunque con gran retraso. Arafat lideró la Intifada de Al-Aqsa que comenzó en el otoño de 2000, una postura que condujo a su caída cuatro años después. Aunque la mayoría del pueblo palestino se hizo ilusiones cuando se anunciaron y empezaron a aplicar los Acuerdos de Oslo, sobre todo debido al prestigio personal de que gozaba Yaser Arafat, estas ilusiones se disiparon por completo después de que Mahmud Abbas le sucediera. Abbas se ha convertido en un símbolo de la corrupción y la opresión inherentes a la AP de Ramala, hasta el punto de que, bajo su liderazgo, Al Fatah, la principal fracción de la OLP, perdió las elecciones al Consejo Legislativo Palestino en 2006. El resto es bien conocido: Hamás ganó esas elecciones; entonces Mohammed Dahlan orquestó en la Franja de Gaza un intento de derrocar al movimiento islámico en 2007; fracasó, pero condujo a la división de los territorios de 1967 entre dos autoridades palestinas rivales, la de Mahmoud Abbas en Cisjordania y la de Hamás en la Franja de Gaza.
Desde que se cumplió el primer año de la actual guerra genocida sionista contra Gaza, es decir, desde el pasado mes de octubre, una vergonzosa escena está teniendo lugar ante nuestros ojos en Cisjordania. La AP de Ramala ha decidido complementar la embestida lanzada por las fuerzas armadas sionistas en Cisjordania en paralelo a su invasión de la Franja de Gaza, la embestida israelí más violenta en Cisjordania, incluido el uso de la fuerza aérea, desde la represión de la Intifada de Al-Aqsa hace más de veinte años. Al igual que en el otoño de 1994, la AP lanzó un sangriento ataque contra las facciones armadas juveniles, que comenzó en la ciudad de Tubas y culminó con el actual ataque contra el campo de refugiados de Yenín, hogar del Batallón de Yenín, un grupo de combatientes de la resistencia contra la ocupación israelí.
En su afán por convencer a Estados Unidos y a Israel de su capacidad para acallar al pueblo palestino, lo que implica necesariamente una imitación de lo que hace el Estado sionista, la AP de Ramala ha llegado tan lejos, mientras libraba una guerra contra el campo de Yenín al mismo tiempo que las fuerzas sionistas libraban una guerra contra el campo de Yabalia, en la Franja de Gaza, que ha decidido prohibir la cadena de televisión Al Jazeera en su territorio, de forma similar a la prohibición que Israel hizo de la misma hace unos meses. Ante esta vergonzosa escena, nos debatimos entre el resentimiento hacia la AP, que ha caído a un nivel mínimo sin precedente, y el desprecio por su delirio de haber logrado convencer a Donald Trump y Benjamin Netanyahu de su capacidad para desempeñar el papel de guardianes de la gran prisión en la que quieren confinar a los restantes residentes de Cisjordania y Gaza.
El artículo original en árabe fue publicado por Al-Quds al-Arabi 7-1-2025.