CSP-Conlutas, 7-1-2025
Traducción de Correspondencia de Prensa, 12-1-2025
Las inundaciones en el Sur y la sequía en el Norte no alteran el plan federal de reducción del presupuesto
Pese a que en 2024 se produjeron grandes tragedias climáticas, como las inundaciones de Rio Grande do Sul, en las que murieron 183 personas, y al agravamiento de la crisis medioambiental mundial, el gobierno federal invertirá menos en la prevención de catástrofes medioambientales este año.
El presupuesto para el programa de gestión de riesgos y catástrofes en 2025 va a sufrir un recorte de 200 millones de reales. Este año, el presupuesto será de 1.700 millones de reales. En 2024, el presupuesto fue de 1.900 millones de reales.
El programa está garantizado por la LOA (Ley Presupuestaria Anual, por sus siglas en portugués), y la votación debería tener lugar después de que los senadores y diputados regresen del receso parlamentario, previsto para el 3 de febrero.
Los datos fueron divulgados por el Inesc (Instituto de Estudios Socioeconómicos), que también señala una reducción de la financiación a través de enmiendas parlamentarias. Los fondos destinados a catástrofes climáticas pasaron de 69,9 millones de reales el año anterior a 39,1 millones.
Entre 2016 y 2024, la inversión media en prevención y gestión de crisis climáticas fue de 2.300 millones de reales al año. La reducción de la partida para 2025 muestra un escenario de estrangulamiento en las cuentas de un área sensible para el pueblo brasileño.
«Rio Grande do Sul vivió una de las mayores tragedias medioambientales con las inundaciones de mayo. Lo que vivimos no fue un fenómeno de la naturaleza, sino las consecuencias de la negligencia y la falta de inversión de los gobiernos, de la codicia capitalista que deforesta y envenena el suelo», explica Rejane de Oliveira, de la Ejecutiva Nacional de CSP-Conlutas.
«La población sigue viviendo las consecuencias de esa tragedia, muchos siguen sin sus casas, en refugios o han sido desarraigados de su comunidad para vivir en comunidades precarias. A pesar de esta dura experiencia, no existe ninguna política de inversión ni de prevención. No ha habido ningún cambio de actitud por parte de los gobiernos, que siguen recortando fondos e invirtiendo en agronegocios y proyectos inmobiliarios que ocupan territorios indígenas y quilombolas para obtener cada vez más beneficios. Es la barbarie contra los pobres. Por eso es tan importante seguir defendiendo los mecanismos de participación popular y de toma de decisiones, como los consejos populares, donde la población puede decidir dónde invertir para vivir con dignidad y seguridad.»
El 2024 debería ser un llamado de alerta
La desinversión del gobierno de Lula en la prevención de tragedias climáticas es un acto de desprecio por la vida de los brasileños, sobre todo si tenemos en cuenta los acontecimientos de 2024.
Además de las inundaciones en Rio Grande do Sul, los brasileños también sufrieron una sequía histórica en la Amazonia. Los ríos se secaron antes de tiempo y de una forma grave nunca vista en los últimos 50 años.
En total, 42 territorios indígenas se vieron afectados por la sequía y su consecuencia más nefasta, los incendios. Según el Inpe (Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales), la Amazonia registró el mayor número de focos de calor de los últimos 17 años.
Hasta principios de diciembre se habían producido 137.538, incluyendo quemas e incendios forestales. En comparación con 2023, hubo un aumento del 43%; en todo el año pasado se produjeron 98.646 focos de incendio.
La consecuencia de este escenario fue una nube de humo que cubrió más de la mitad del país, afectando a la salud de millones de brasileños. Las imágenes de entonces parecían sacadas de una película postapocalíptica.
La reducción de inversiones es una vieja noticia
Si el gobierno federal estuviera realmente preocupado por la salud y el bienestar de los brasileños, destinaría una cantidad récord a combatir estas catástrofes, cuyo empeoramiento se prevé en los próximos años debido al calentamiento global.
Sin embargo, ocurre todo lo contrario. Lamentablemente, la noticia no es nueva. La CSP-Conlutas ya informó sobre la huelga de los trabajadores del medio ambiente y el desprecio de Planalto por las reivindicaciones sindicales.
Además del ajuste cero para estos funcionarios públicos, hasta ahora, el gobierno de Lula no ha movido un dedo contra el desmantelamiento de los organismos ambientales llevado a cabo por otras presidencias anteriores, como la de Jair Bolsonaro.
¿Y la COP 30?
Al mismo tiempo que retira dinero del presupuesto para el clima, el gobierno de Lula prepara inversiones por valor de casi 5.000 millones de reales para la realización en noviembre, en Pará, de la COP 30, la reunión de dirigentes mundiales que abordará las cuestiones climáticas.
La primera edición de este evento en suelo brasileño podría reunir hasta 60.000 personas, entre jefes de Estado, diplomáticos, empresarios, inversores, activistas y delegaciones de los 193 países miembros.
Sin embargo, al igual que en la reunión del G20, no hay indicios de que en el encuentro se vaya a deliberar sobre ninguna decisión que tenga un impacto real en la mejora de la vida de los brasileños o sobre soluciones a los problemas que el capitalismo genera en los biomas del planeta.
¡Destruyamos el capitalismo ya!
La CSP-Conlutas refuerza la necesidad de salir a la calle en defensa del planeta, lo que sólo puede lograrse a través de la lucha anticapitalista.
Es crucial que presionemos a los gobiernos para que realicen inversiones y acciones concretas en relación con el clima, pero un cambio profundo sólo llegará a través de una revolución.
Hay que derribar el capitalismo antes de que destruya el planeta y ponga en peligro el futuro de la humanidad.