Sudán – “Los militares a los cuarteles y que se disuelva a los Janjaweed”. [Duha Elmardi]

“Los militares a los cuarteles y que se disuelva a los Janjaweed”

Spectre, 31-5-2023

Traducción de Enrique García – Sin Permiso

Correspondencia de Prensa, 5-6-2023

En la conferencia de Materialismo Histórico de 2023 en Montreal, Quebec, Duha Elmardi explicó el estado actual de la lucha y la crisis de refugiados en Sudán, con especial atención al papel de las mujeres. Presentamos a nuestros lectores esta transcripción de las reflexiones de Elmardi.

¡Gloria a los mártires de la revolución sudanesa. Que los heridos se curen y los que faltan regresen!

Comenzaré por contextualizar la realidad en la que se dan las luchas feministas en Sudán para una mejor comprensión de la situación. Durante las últimas décadas, Sudán ha experimentado una enorme inestabilidad política: desde los conflictos en la región de Darfur hasta la secesión de Sudán del Sur en 2011, pasando por años de continua negligencia y abuso por parte del gobierno central en Jartum, la naturaleza opresiva del régimen que ha gobernado el país desde 1989, y el derrocamiento del régimen de Bashir en 2019. (El partido político de Al-Bashir se conoce como Partido del Congreso Nacional, pero a veces también como frente islamista o el partido islamista. )

Por supuesto, esta inestabilidad política se extiende hasta la situación devastadora de la guerra en curso que comenzó hace poco más de un mes, el 15 de abril, entre las Fuerzas Armadas de Sudán y la milicia Janjaweed, conocida como Rapid Support Forces (RSF). Me referiré a esto un poco más tarde. Pero con estos antecedentes e historia, Sudán también ha sido testigo de una resistencia histórica y contemporánea, los levantamientos populares y la rebelión contra la tiranía y la violencia estatal. El levantamiento de diciembre de 2018 es una continuación de levantamientos similares en octubre de 1964 y abril de 1986. Hay ejemplos increíbles de los que extraer lecciones que muestran el coraje y la determinación del pueblo sudanés frente a todo esto, y especialmente el coraje y la determinación de las mujeres sudanesas. El papel de las mujeres sudanesas en todo esto se remonta a muy atrás, incluso antes del establecimiento de la Unión de Mujeres Sudanesas en 1952 y su enorme contribución a la lucha anticolonial contra los británicos.

Ahora, más específicamente, me centraré en la introducción de la ley Shari’a en Sudán en 1983 por el régimen de Nimeiri. Mucha gente piensa que la Shari’a fue introducida por el régimen de Bashir, pero en realidad fue introducida en 1983 durante el régimen anterior bajo Nimeiri. Pero el régimen de Bashir intensificó absolutamente la aplicación de la ley islámica y la usó específicamente para vigilar a las mujeres. El artículo 153 del código penal sudanés, también conocido como ley de moralidad o ley de orden público, niega la autonomía corporal de las mujeres. Los cuerpos de las mujeres son criminalizados a través de lo que visten, cómo se comportan en público, cómo se comportan en sus hogares y en su vida cotidiana en general. Y, por supuesto, a pesar de ello, estos problemas aún persisten, porque son antiguos: problemas de matrimonio infantil, matrimonio forzado, mutilación genital femenina, acoso sexual y agresiones. Los cuerpos de las mujeres siguen siendo utilizados por el Estado como táctica de guerra, pero también como táctica contrarrevolucionaria durante los levantamientos. Las mujeres y activistas de la diversidad de género son un objetivo especial de estas leyes, al igual que los periodistas, como en el caso de la periodista y activista por los derechos de las mujeres Wini Omar, que fue arrestada en 2018 y acusada de prostitución y violación de la moral pública. Hay millones de casos como este, muchos de los cuales ni siquiera conocemos.

Por supuesto, hay que sumar a todo eso la existencia de una enorme brecha de riqueza y la crisis económica que, combinadas con estas leyes opresivas basadas en el género, oprimen a las mujeres de clase trabajadora, las mujeres que trabajan en el sector informal, las jornaleras (incluidas las vendedoras ambulantes), vendedoras de licores, trabajadoras domésticos, trabajadoras de la construcción y a innumerables refugiados de Sudán del Sur y Eritrea, así como desplazados internos de diferentes partes de Sudán que tuvieron que venir a Jartum. Han sido atacados especialmente de manera constante, encarcelados, multados y azotados de acuerdo con estas leyes. Las vendedoras ambulantes, en su mayoría vendedoras de té y comida, han sido un objetivo directo no solo de la policía, sino también de las administraciones locales que utilizan estas leyes como una forma de extorsión económica. Las pertenencias de las mujeres a menudo son confiscadas y se les exige que paguen una tarifa exorbitante para recuperar su equipo, o de lo contrario terminan pasando noches en la cárcel donde son objeto de violencia sexual por parte de los agentes de policía. Ahora bien, la precariedad de la situación de las mujeres en Sudán fue un motor para que muchas de ellas se rebelaran contra el régimen de al-Bashir y crearan espacios alternativos en los que organizarse y formarse entre ellas. Y tampoco sorprendió que el setenta por ciento de los manifestantes durante la revolución de diciembre de 2018 fueran mujeres.

Las jornaleras también estaban muy bien organizadas a través de la Asociación de Vendedores de Alimentos y Té, que se ocupa en gran parte de la situación legal con respecto a sus condiciones específicas. Estas mujeres tienen que organizarse clandestinamente la mayor parte del tiempo debido a la amenaza inminente de la violencia estatal, pero también debido a los conflictos intergeneracionales dentro del movimiento. También hay luchas con enfoques menos radicales o formas liberales de feminismo. Y además de eso, la persistencia de prácticas y creencias patriarcales dentro de los partidos políticos de oposición sudaneses, incluso dentro de los partidos de izquierda, han limitado la participación de las mujeres y las han excluido de muchos puestos. Esto se pudo ver incluso durante la revolución, durante las conversaciones de paz de Juba de 2020, e incluso con respecto a las protestas y la desobediencia civil. Una respuesta a estas luchas internas fue el desarrollo de la campaña de Khush el Lejna, que significa “únete al comité”, con respecto a los comités de resistencia, de los que hablaré un poco en un momento. Pero Khush el Lejna fue una campaña que lideraron mujeres jóvenes en Sudán para asegurar que las niñas se unieran a los comités de resistencia de sus vecindarios, que es donde la auto-gestión popular tiene lugar, y también de la defensa de los grupos de derechos de las mujeres para la participación política de las mujeres.

Otro grupo bastante activo son los refugiados en Jartum, la mayoría de los cuales son mujeres. También han organizado sentadas y protestas por sus condiciones. Un ejemplo reciente fue la larga sentada en 2020 frente a la sede del ACNUR en Jartum, exigiendo una resolución inmediata para los casos de refugiados perpetuamente atrasados. He conocido a refugiados eritreos que nacieron en Jartum y han seguido siendo refugiados hasta su vida adulta. Sus casos aún no están resueltos. Ha habido muchas sentadas y acciones directas para impulsar una resolución inmediata. Pero lamentablemente ACNUR colaboró ​​con las autoridades y desplazó a los manifestantes a las afueras de la ciudad en una zona sin servicios.

Este nivel de precariedad económica continuó con el acuerdo de paz entre la facción civil de la revolución y el consejo militar de transición, que está librando la guerra en curso en Sudán. La precariedad económica continuó durante el mandato del primer ministro Hamdok con la imposición de medidas de austeridad neoliberales en 2019 y 2020, a través del FMI, mientras compartía el poder con los generales al-Burhan y Hemedti, quienes finalmente orquestaron un golpe de estado en 2021. Ahora estos generales están luchando entre sí por el poder desde el 15 de abril de este año. Y, por supuesto, estas medidas de austeridad han significado más precariedad para las mujeres sudanesas y  los grupos de los que acabo de hablar.

Pero nuevamente, durante todo esto, las mujeres sudanesas y los comités de resistencia de los vecindarios continuaron movilizándose. Realmente quiero que la gente sepa más sobre los comités de resistencia vecinales, que son una forma de organización particularmente sofisticada. Su historia comienza justo antes de la revolución, aunque su forma actual se desarrolló durante la revolución. Y básicamente es una forma de auto-gestión política democrática popular y revolucionaria que ha estado al frente del levantamiento organizando marchas, huelgas, ayudas mutuas y medidas de seguridad comunitaria. Los comités continúan hasta el día de hoy estando en la primera línea a pesar de la guerra y manteniendo su lema de “Sin negociación, sin compromiso y sin compartir el poder con los militares”. Los comités de resistencia han trabajado juntos durante meses para elaborar la Constitución Revolucionaria para el Poder Popular, que es una hoja de ruta de abajo a arriba para la auto-gestión que ha reunido firmas de más de 8.000 comités de resistencia de todo Sudán.

Estos comités continúan siendo excluidos de las conversaciones por los gobiernos de EEUU y occidentales, cuyo enfoque es apoyar a los generales y presentarlos como reformadores, a pesar del fuerte y claro rechazo a esta caracterización por parte del pueblo sudanés. De hecho, las conversaciones negociadas por la ONU han llevado a la escalada del conflicto existente entre la milicia y las Fuerzas Armadas de Sudán, que ahora se ha convertido en una guerra en toda regla que ha provocado la muerte de cientos de personas en Jartum, Jneina y otras partes de Sudán. Miles de personas han resultado heridas, cerca de setecientas mil personas han sido desplazadas y el número sigue aumentando a medida que la violencia continúa hasta el día de hoy. El sistema de salud, que ya era frágil, está completamente diezmado en este momento. Millones de familias han estado viviendo en absoluto terror bajo los bombardeos, los ataques aéreos realizados por los militares y los bombardeos de artillería día y noche, con muy poco apoyo del resto del mundo. Y, por supuesto, no hace falta decir que esta guerra tiene un impacto aún más dañino en las mujeres, especialmente con el mayor riesgo de violencia de género que estamos viendo en este momento. Esto también ha afectado especialmente a las mujeres en el sector informal y las jornaleras, las mujeres en los campamentos de desplazados internos y las mujeres refugiadas, entre otras. Y tengan en cuenta que Sudán es uno de los mayores anfitriones de refugiados en el continente africano, por lo que hablamos de números masivos.

Estas poblaciones, no solo han perdido sus limitadas fuentes de ingresos debido a la guerra, sino que también se han convertido en objetivos cada vez mayores de la violencia sexual. No cuentan con infraestructura habitacional que les pueda resguardar de los ataques aéreos o de los proyectiles de artillería, por lo que se ven obligados a caminar durante largas horas bajo el calor abrasador y en medio de la violencia para tratar de encontrar seguridad porque la mayoría de ellos no pueden pagar los billetes de autobús para salir de Jartum. Muchos de ellos ahora están doblemente desplazados. Algunos refugiados de Sudán del Sur tuvieron que regresar a Sudán del Sur, un país del que huyeron debido a la guerra. Una realidad similar afecta a los refugiados eritreos en Sudán, que son en su mayoría mujeres y trabajadoras domésticas.

La izquierda y el resto del mundo necesitan apoyar a los comités de resistencia y las organizaciones de base, que están al frente de la lucha popular en Sudán. Esto contrasta fuertemente con las organizaciones internacionales, la mayoría de las cuales huyeron de Jartum en cuestión de días. Y aunque tenían transporte adecuado para salir de Jartum, no utilizaron esa capacidad para entregar ningún tipo de ayuda. Mucha gente no tiene el privilegio de escapar. Muchas mujeres no pueden dejar Jartum. La izquierda también necesita hacer más esfuerzos para apoyar financieramente a los grupos vulnerables, como los vendedores de té y los vendedores ambulantes. Pueden ser apoyados a través de las organizaciones comunitarias existentes. Y mi último punto es que la izquierda debe oponerse a esta forma de diplomacia internacional que favorece a los generales y líderes civiles que impulsan una agenda neoliberal. En cambio, debemos hacernos eco de los cánticos de la revolución sudanesa: Al-‘askar lilthakanat w-al janjaweed yinhil, que significa, “Los militares a los cuarteles y los Janjaweed disueltos”.

* Duha Elmardi, activista y organizadora sudanesa actualmente refugiada en Montreal, Canadá.