Pandemia – ¿Qué pasó, Agamben? [Benjamin Bratton]

A medida que nos enfrentamos otra vez a una ola de infecciones y que la amarga asignación de pases sanitarios se vuelve realidad, las sociedades se convierten en rehenes de una tristemente conocida coalición de ignorantes, desinformados, perdidos y misántropos. Ellos son los que están haciendo que los pases sanitarios, que nadie quiere, sean una necesidad. Sin sus escándalos y su narcisismo, las tasas de vacunación llegarían al nivel requerido para que los pases no sean necesarios.

Review N° 28, mayo-junio de 2022

Traducción de Ignacio Barbeito

Correspondencia de Prensa, 18-6-2022

Pero no es solo “la plebe” la que está detrás de esta triste situación, sino también algunas voces de los escalones superiores del mundo académico. Durante la pandemia, cuando la sociedad estaba desesperada por entender el cuadro completo, la filosofía no estuvo a la altura, a veces debido a la ignorancia o incoherencia, y otras debido a un liso y llano fraude intelectual. En parte, esto se puede apreciar en el caso de Giorgio Agamben, el filósofo italiano.

Agamben, famoso por su crítica de la “biopolítica” que ayudó a transformar la perspectiva de las humanidades sobre biología, sociedad, ciencia y política, publicó durante la pandemia más de una docena de editoriales denunciando la situación de una manera que reflejaba las teorías conspirativas de la derecha (y la izquierda).

Durante las últimas dos décadas, la influencia del poder blando de sus conceptos clave en el ámbito de las humanidades (homo sacer, zoē/bios, el estado de excepción, etcétera) ha sido considerable. Esto también ayudó a solidificar una ortodoxia rancia y desconfiada respecto de cómo cualquier intervención gubernamental artificial sobre la condición biológica de la sociedad humana es implícitamente totalitaria. Con el argumento de ser crítico, el acercamiento predeterminado hacia cualquier biotecnología consiste a menudo tildarla como una manipulación coercitiva sobre el cuerpo y la experiencia vital.

Si uno viera a Alex Jones, conductor de radio estadounidense y promulgador prolífico de teorías conspirativas de derecha, no como un texano típico, sino como un estudiante de seminario heideggeriano, se haría una idea de cómo Agamben abordó las solicitudes para dar su opinión sobre la pandemia de covid-19. A partir de febrero de 2020, con “La invención de una epidemia”, declaró al virus “un invento” y a las tardías cuarentenas de Italia como “un despotismo técnico-médico”. En “Réquiem por los estudiantes” denunció a los seminarios de Zoom como la aceptación de unas condiciones de campo de concentración de Silicon Valley. En “El rostro y la muerte” denostó el uso de barbijos por sacrificar el ritual humano de la cara descubierta.

Cada ensayo corto era más absurdo y estridente que el anterior. Al publicarse el primero de estos,1 el filósofo francés Jean-Luc Nancy, amigo de Agamben, nos advirtió que lo ignorásemos y que él mismo estaría muerto si hubiese seguido el consejo médico de Agamben, quien lo desalentó de recibir un trasplante de corazón que le salvó la vida. 2 En julio de 2021, Agamben dio un paso más y directamente comparó a los pases sanitarios con las estrellas nazis que tenían la insignia “Juden”. En un ensayo corto titulado “Ciudadanos de segunda clase”, relaciona los destinos de quienes rechazan la vacuna con el de los judíos bajo el fascismo y concluye que “la ‘tarjeta verde’ [el pase sanitario italiano] convierte a quienes no lo tienen en portadores de una estrella amarilla virtual”. Al sobreponerme de mi desconcierto, no puedo evitar comparar el análisis de Agamben con el que hizo Marjorie Taylor, la congresista estadounidense influenciada por QAnon. 3, conspiran en contra de Trump al mismo tiempo que operan una red global de tráfico sexual de menores. Su origen se remonta al foro virtual 4chan y, si bien comenzó siendo marginal, hoy se lo considera un fenómeno popular. (N. de la E.)] Taylor le ganó de mano cuando respondió en Twitter en mayo de 2021 que “los empleados obtienen un logo de vacunación, al igual que los nazis obligaban a los judíos a usar una estrella dorada”.

En esta performance en desarrollo, Agamben rechaza de manera explícita cualquier medida para mitigar la pandemia en nombre de una convicción de “abrazar la tradición y rechazar la modernidad” que niega la relevancia de una biología real, más allá de las palabras que se usen para denominarla. Si bien hay algo que parece nuevo, resulta esclarecedor releer sus obras fundacionales a la luz de los ensayos que escribió sobre la pandemia. No es que cambió su posición de pronto. Siempre estuvo ahí.

El romanticismo es un pasajero permanente de los vuelos de la modernidad occidental, y su nostalgia por los “objetos perdidos” que nunca pueden alcanzarse vacila entre la melancolía y la rebelión. El desagrado estético del romanticismo respecto de la racionalidad y la tecnología tiene menos que ver con sus efectos que con lo que revelan sobre cuán diferente funciona el mundo respecto del mito. Su verdadero enemigo no es la alienación, sino la desmitificación, por lo que siempre aceptará colaborar con los tradicionalistas.

No es sorprendente que Agamben se haya ganado el agradecimiento tanto de la Liga Norte, el partido político italiano de extrema derecha, como de los movimientos antivacunas. Además, sus conclusiones son similares a las de Bolsonaro, quien ve al virus como una conspiración inflada por los tecnócratas de la medicina que apoyan la globalización con el objetivo de socavar la autoridad tradicional y la coherencia natural del cuerpo y la comunidad. ¿Cuál es el objeto perdido? Las contribuciones de Agamben, en definitiva, son una defensa elaborada de un concepto predarwiniano de lo humano y de los mitos aparejados. En última instancia, no defiende la vida, la rechaza.

Hoy en día, los principales seguidores online de Agamben no son sus lectores de siempre, sino un grupo nuevo, básicamente una coalición de hombres inmaduros con egos lastimados. Desde reaccionarios vitalistas que citan a Julius Evola y Aleksandr Dugin, hasta el compañero de cuarto antivacunas que pone bebidas energizantes en su pipa de agua, estos y otros antihéroes solitarios cargan con la condena de poder ver con claridad a través de las hipocresías de nuestra realidad, al estilo Matrix. Para ellos, la defensa y las convicciones de Agamben los une con el legado romántico de rechazos gloriosos y desconocidos. No es tanto que los extremos de la derecha y la izquierda se tocan, sino que hay una relación entre los marginados y los idiotas.

En mi libro The Revenge of The Real: Politics for a Post-Pandemic World hago una evaluación de los orígenes y del futuro destinado al fracaso de la biopolítica negativa de Agamben. “A pesar de que la propia cosmovisión de Agamben es clásicamente europeísta y chorrea una estridente teología heideggeriana, su influencia en las humanidades es mucho más profunda y extensa”, por lo que el ajuste de cuentas que se debe hacer va mucho más allá de la revisión de su obra. “La pregunta es cuánto deberá archivarse de las tradiciones filosóficas relacionadas con Agamben en las últimas décadas. ¿Qué hacer entonces con los artefactos de la obra de Agamben? Es una estructura doctrinaria tradicionalista, culturalista, enraizada en lo local, que protege el significado ritual de las cosas frente a la desnudez explícita de su realidad: al igual que los monólogos desafiantes de un predicador del sur de los Estados Unidos, su teoría triste y solemne es innegablemente hermosa, como una literatura política gótica, y es probable que solo pueda leerse de esa manera”.Pandemia1806 II

Aun así, hace tiempo que era necesario hacer una evaluación tanto de su proyecto como de otros proyectos relacionados. Su modo de crítica biopolítica aventura alegremente que la ciencia, los datos, la observación y las demostraciones son de manera intrínseca, y en última instancia, formas de dominación y juegos de relaciones de poder. Los números son injustos, las palabras son hermosas. Se considera que es ingenuo aceptar que los procesos reales y subyacentes de la bioquímica pueden ser accesibles y generar razonamientos e intervenciones.

Esta disposición también se halla con diferentes tonalidades y variaciones en la obra de Hannah Arendt, Michel Foucault y en especial en la de Ivan Illich, que murió a causa de un tumor facial por no tratarlo, en contra de la recomendación de sus médicos. Incluso aquí, en la Universidad de California, en San Diego, un centro de investigación biotecnológica interdisciplinario, muchos colegas insisten en que la “digitalización de la naturaleza” es una “fantasía imposible”, a pesar de que aceptan una vacuna con tecnología mRNA basada en un prototipo bioimpreso a partir de un modelo computacional del genoma del virus subido a la red desde China antes de que el virus real llegase a Estados Unidos.

Como ya sugerí en otro momento,4 esta orientación es un ejemplo de la influencia desmedida de la teoría Boomer. La generación de los baby boomers tiranizó la imaginación de la izquierda, legando una enorme capacidad para deconstruir y criticar a la autoridad, pero no para crear ni construir. Quizá la última venganza de la generación del 68 sobre quienes heredaron sus desastres es el axioma intelectual de que la estructura es siempre más sospechosa que su desmantelamiento, y que la composición es más problemática que la resistencia, no solo en términos de estrategia política sino como norma metafísica. Su proyecto fue y sigue siendo la multiplicación horizontal de los puntos de vista condicionales tanto como medios y fines, a través del desmantelamiento imaginario de la razón, decisión y estructuración públicas. Así es como pueden hacer un culto de lo “político” y al mismo tiempo rechazar lo “gubernamental”.

Crecí dentro de esta tradición, pero el mundo funciona de manera muy diferente a la que imaginaron los soixante-huitards y sus asistentes. Espero que la filosofía no siga fallándoles a quienes deben crear, componer y proporcionar una estructura aplicable para un mundo futuro diferente al actual.

Los exabruptos pandémicos de Agamben son extremos, pero también son un ejemplo de este fracaso más amplio. La filosofía y las humanidades le fallaron a la pandemia porque están demasiado atadas a un conjunto inamovible de fórmulas, sospechan de la cuantificación significativa y no pueden dar cuenta de la realidad epidemiológica de los contagios mutuos o de cómo articular una ética de la inmunidad pública. ¿Por qué? En parte, porque el lenguaje disponible de la ética está monopolizado por la intencionalidad moral subjetiva y un protagonismo narcisista por el que el “yo” es el agente moral de los resultados.

La pandemia forzó otro tipo de ética. La distinción idealista entre zoē y bios como modos de “vida” alrededor de los cuales Agamben construye su crítica biopolítica es un concepto que no resiste lo más mínimo frente a la visión epidemiológica de la sociedad. ¿Por qué nos cubrimos la cara? ¿Porque sentimos que nuestros pensamientos más profundos se externalizarían?, ¿para protegernos? ¿O tiene que ver con que nos reconocemos como organismos biológicos que viven juntos y que somos capaces de dañar y ser dañados?

La diferencia es profunda. Cuando nos cruzamos con un extraño, ¿cómo cambia la ética de la intención subjetiva del daño o el afecto a la circunstancia biológica objetiva del contagio? ¿Cuál es entonces la ética de ser un objeto? Lo tendremos que descubrir. Pero cuando se presentó la necesidad de racionalizar y modelar servicios sociales específicos para las personas afectadas, muchos intelectuales reconocidos no supieron qué decir y solo ofrecieron algunas perogrulladas sobre la “vigilancia”.

Lo que está en juego no es una oscura lucha académica, sino nuestra capacidad para articular lo que significa ser humano, o sea, ser homo sapiens en conjunto, en conexión con todas las difíciles historias de esa cuestión. Considero que necesitamos una biopolítica positiva, basada en una nueva racionalidad de inclusión, cuidado, transformación y prevención, y necesitamos que la filosofía y las humanidades ayuden a articular esta biopolítica.

Por suerte, ya estamos haciendo eso de alguna forma. Una lista corta e incompleta de este hecho incluye el mapeo de Sylvia Wynter de “quién cuenta” como humano en la modernidad colonial de maneras que abren la categoría a protesta: “nosotros” se definió por la exclusión. Incluye a quienes estudian el microbioma y el rol de la vida microbiana para mantener con vida a los cuerpos humanos: el humano de por sí incluye a lo no humano. Incluye a quienes estudian el origen y la evolución de la especie humana y del futuro planetario: lo humano es continuo, migratorio y cambiante. Incluye a quienes estudian astronáutica experimental y las condiciones límites de supervivencia en un ambiente artificial frágil: en los límites de la supervivencia el humano es como un pez descubriendo agua. Incluye a quienes estudian la técnica CRISPR y otras tecnologías de retejido de terapia genética: el humano puede rearmarse en los niveles más profundos de sí mismo.

La afirmación o negación de qué es el ser humano también abre la ventana a qué puede llegar a ser. Esto anima las controversias culturales sobre las terapias y técnicas de reasignación de género. El humano es también un ensamblaje contingente, complejo y pluralista que puede modificarse para que cada cual se sienta cómodo en su propia piel. Pero la disponibilidad general de andrógenos, estrógenos y progesterona sintéticos parte de la biotecnología moderna de los laboratorios que la biopolítica de Agamben considera invasiva y antinatural.

Si la filosofía y las humanidades quieren tener legitimidad ante los desafíos presentes y futuros, es completamente esencial la concepción colectiva de otro tipo de biopolítica positiva, basada en la realidad de nuestras circunstancias técnicas y biológicas.

Sobre este último punto, quiero concluir con otro pasaje de The Revenge of The Real: “Un vitalismo laissez-faire para el cual ‘la vida encontrará su propio camino’ no es una opción; es un cuento de hadas de una clase cómoda que no vive con la acción diaria de paisajes de alcantarillas y cuerpos expuestos”. En cambio, “la biopolítica positiva es inclusiva, materialista, restauradora, racionalista, basada en una imagen desmitificada de la especie humana y que anticipa un futuro diferente de aquel definido por muchas tradiciones culturales. Acepta la relación evolutiva de los mamíferos y los virus. Acepta a la muerte como parte de la vida. Por lo tanto, acepta la responsabilidad del conocimiento médico para prevenir y mitigar las muertes y miserias injustas como algo diferente de la inmunización nativista de una población sobre otra. Esto incluye no solo el derecho a la privacidad individual, sino también las obligaciones sociales de participar de un patrimonio biológico activo y planetario. Es, rotundamente, una biopolítica en un sentido positivo y proyectivo”.

La pandemia tiene el potencial de ser un llamado de atención para entender que la nueva normalidad no puede ser igual que la vieja normalidad. Esto significa cambiar la manera en la que las sociedades humanas (que siempre son planetarias en alcance e influencia) se piensan, modelan y componen a sí mismas. Este proyecto es tanto filosófico como político. El fracaso no es una opción.

* Benjamin Bratton es profesor de Artes Visuales en la Universidad de California, San Diego. Es el director del programa The Terraforming en el Instituto Strelka de Medios, Arquitectura y Diseño, Moscú. Es el autor de varios libros, entre ellos, La Terraformacion (Caja Negra 2021). Este artículo fue publicado originalmente como “Agamben WTF, or How Philosophy Failed the Pandemic” el 28 de julio de 2021 en Verso y Review lo reproduce gracias a la gentileza del autor. Disponible en: https://bit.ly/36OKqDk

Notas

  1. La mayoría de estos editoriales se pueden leer en el sitio web italiano Quodilibet.it. (N. de la E.)
  2. Jean-Luc Nancy, «Eccezione virale», en Antinomie, Roma, 27 de febrero de 2020. Disponible en: https://bit.ly/3iFwEpu
  3.  El QAnon es una de las principales teorías conspirativas de la extrema derecha estadounidense. Alega que el mundo es gobernado por una camarilla de pedófilos que, al conformar el deep state [Estado profundo
  4. Disponible en: https://bit.ly/3Dbsqzm