Ciencia – La nueva vacuna de Covid-19 es más barata, más fácil de fabricar y no tiene patente. [Erum Salam]

Los doctores Peter Hotez y Maria Bottazzi. Foto: Bayler College of  Medicine.

La nueva vacuna de Covid-19 de los científicos de Texas es más barata, más fácil de fabricar y no tiene patente

A l’encontre, 18-1-2022

Traducción de Correspondencia de Prensa, 19-1-2022

Científicos de Texas están desarrollando una nueva vacuna contra el virus Covid-19 utilizando un método convencional de hace décadas. La vacuna será más barata y fácil de producir y distribuir en los países más afectados por la pandemia y donde es probable que surjan nuevas variantes debido a los bajos índices de vacunación.

El equipo, dirigido por los doctores Peter Hotez y María Bottazzi, del Centro para el Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas, en la Universidad de Medicina Baylor, viene desarrollando prototipos de vacunas contra el SARS [síndrome respiratorio agudo severo] y el MERS-CoV [coronavirus relacionado con el síndrome respiratorio de Oriente Medio] desde 2011, y los ha reconstruido para crear la nueva vacuna Covid, apodada Corbevax, o «la vacuna Covid-19 del mundo».

Aunque se están desarrollando más de 60 vacunas con la misma tecnología, la Dra. Maria Bottazzi dijo que su vacuna es única porque no tienen intención de patentarla, lo que permite a cualquiera que tenga la capacidad de hacerlo, de producirla.

«Cualquiera que sea capaz de fabricar vacunas contra la hepatitis B o de producir proteínas de origen microbiano, como bacterias o levaduras, puede reproducir lo que hacemos nosotros», afirma la doctora Maria Bottazzi.

La guerra de patentes sobre las vacunas de ARN mensajero se ha intensificado recientemente. Moderna y los Institutos Nacionales de Salud se disputan el mérito de algunos de los descubrimientos que condujeron a la vacuna Covid-19, administrada a más de 73 millones de estadounidenses. Si, finalmente, se descubre que Moderna infringió la patente del gobierno federal, este Big Pharma podría verse obligado a pagar más de mil millones de dólares.

Al mismo tiempo, los activistas les pidieron a Pfizer y a Moderna que compartieran la tecnología y los conocimientos técnicos necesarios para producir sus vacunas, y piensan, incluso, presentar sus exigencias ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). Los países de bajos ingresos, que cuentan con pocas instalaciones de investigación y producción de vacunas, sólo han vacunado a una de cada nueve personas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estados Unidos ha vacunado completamente al 67% de la población y ya ha suministrado una tercera dosis de la vacuna a más de un tercio de sus habitantes.

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Los datos de los ensayos clínicos de Corbevax aún no han sido aún publicado debido a la limitación de recursos, pero el hospital infantil de Texas informó de que la vacuna era más del 90% eficaz contra la cepa original del SARS-CoV-2 y más del 80% contra la variante Delta. Actualmente se está probando la eficacia de la vacuna contra la variante Omicron.

El proceso de creación de la vacuna implica el uso de levadura, el mismo método utilizado para producir vacunas contra la hepatitis B.

Las vacunas de Moderna, Pfizer y Johnson & Johnson, actualmente autorizadas en los Estados Unidos, utilizan diferentes tecnologías de vacunas, o «plataformas». Moderna y Pfizer utilizan la tecnología del ARN mensajero (ARNm). Esta plataforma introduce el SARS-CoV-2 en el sistema inmunitario proporcionando instrucciones sobre cómo producir su característica más reconocible: las proteínas de espiga (Spike) que envuelven su superficie. Esto ayuda al sistema inmunitario a reconocer y a combatir el virus, luego, si la persona está expuesta al mismo. La vacuna de Johnson & Johnson introduce células inmunitarias en la proteína Spike a través de un virus del resfrío humano, por lo demás inofensivo; una tecnología denominada «vector viral».

La vacuna Corbevax utiliza una plataforma denominada tecnología de sub-unidad de proteína recombinante, que introduce un fragmento real de la proteína Spike del SARS-CoV-2 en células de levadura. Luego, las células de la levadura copian la proteína vital y ésta se introduce en el sistema inmunitario.

«Fabricamos la proteína, directa y sintéticamente, en el laboratorio utilizando el sistema de la levadura», explica la Dra. Maria Bottazzi. «Le pedimos a la levadura que produzca una proteína que sea exactamente igual a la que produce el virus. Entonces inmunizamos la proteína y el cuerpo procesa esta proteína y la presenta al sistema inmunológico. Por lo tanto, no le pedimos al organismo que haga ninguna manipulación importante de la codificación».

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La vacuna Corbevax sólo requiere una refrigeración estándar, a diferencia de la vacuna de Pfizer, que requiere un almacenamiento ultra frío en tránsito.

Biological E, una empresa farmacéutica india acostumbrada a producir vacunas contra la hepatitis B, con la que el equipo del Dr. Bottazzi mantiene una larga relación, ya ha producido 150 millones de dosis de la nueva vacuna Corbevax y pronto va a poder producir 100 millones de dosis al mes.

Según la Dra. Bottazzi, los creadores de Corbevax tuvieron que recurrir a donaciones filantrópicas para lograr su objetivo, después de haber sido ignorados por los organismos gubernamentales. El Centro para el Desarrollo de Vacunas del Texas Children’s Hospital es una institución académica y científica por naturaleza, pero Bottazzi dijo que el desarrollo de Corbevax los obligó a ampliar sus recursos para ganar visibilidad y llegar a ser candidatos serios para el desarrollo de la vacuna Covid.

«Nosotros mismos, aprendemos a dezsarrollar un trabajo que cumpla las normas, que permita una buena calidad, una buena reproducción, un registro correcto y eficiente de los dossiers… imitamos a los otros, como si fuéramos una pequeña entidad de biotecnología o de fabricación», dijo. «Cada tecnología tiene sus ventajas e inconvenientes. Nadie pretende que una de ellas sea la única solución. Todas [las vacunas] son parte de la solución. Pero cuando nos enfrentamos a una situación tan grave, y en el mundo entero, no podemos elegir una sola solución, sino que tratamos de utilizar todas las soluciones posibles», dijo la Dra. Bottazzi.

La doctora explicó que ella y su equipo no habían patentado la vacuna basándose en la filosofía humanitaria, compartida por su propio equipo, y por la voluntad de comprometerse con la comunidad científica en general.

«Queremos hacer el bien en el mundo. Eso es lo correcto y lo moral. No tenemos ninguna duda. Ahora nos damos cuenta de que si, como nosotros, otros hubieran sido más conscientes de que el mundo es tan desigual y de que podríamos haber ayudado en tantos lugares del mundo desde el principio, sin pensar en «cuánto voy a ganar», quizá no hubiéramos visto aparecer estas variantes».

La Dra. Bottazzi espera que su manera de proceder inspire a otros para seguir ese ejemplo y para crear vacunas asequibles y accesibles para otras enfermedades y virus, como la anquilostomiasis [una enfermedad parasitaria que afecta principalmente el tracto gastrointestinal y que es generada por los parásitos Necator americanus y Ancylostoma duodenale, y que afecta a más de 600 millones de personas en todo el mundo].

«Tenemos que romper esos paradigmas que establecen que los factores económicos o el rendimiento económico de la inversión son los únicos que determinan las inversiones. El rendimiento sólo puede ser medido en términos de salud pública».

(Artículo publicado en The Observer, 15 de enero de 2022.)