Nicaragua – La dimensión del fraude electoral. Proyección lo registra: 81.5% de abstencionismo. [Observatorio Urnas Abiertas]

Con 1400 observadores Urnas Abiertas confirma proyección de abstencionismo: 81.5%

Observación ciudadana se realizó en medio de vigilancia y asedio de las fuerzas de seguridad del régimen

Confidencial, 11-11-2021

Correspondencia de Prensa, 11-11-2021

El Observatorio Ciudadano Urnas Abiertas presentó la metodología que utilizaron durante el proceso de observación electoral de las votaciones de este 7 de noviembre, destacando la valentía y discreción de sus observadores y el respaldo de las redes ciudadanas para documentar el abstencionismo, la coacción a trabajadores de Estado y sus familiares para ir a votar, vigilancia de paramilitares y la policía y la violencia política ejecutada por el orteguismo.

Urnas Abiertas estableció hasta en un 81.5% de abstencionismo ciudadano, contrastando completamente con los datos del Consejo Supremo Electoral —controlado por el régimen orteguista— que en sus informes establece este renglón en tan solo un 35%.

De acuerdo a un informe emitido por Urnas Abiertas, su red de observadores tuvo presencia en todos los departamentos del país, en el 78% de los municipios, destacando además los siete distritos de Managua.

“El porcentaje promedio de participación ciudadana presentado por Urnas Abiertas es una aproximación como resultado de la observación ciudadana a partir del diseño de una muestra estadística representativa a nivel nacional que involucró la participación de 1450 personas distribuidas en todo el país”, cita el informe.

Urnas Abiertas utilizó la cartografía electoral 2021 publicada por el Consejo Supremo Electoral (CSE) para diseñar una muestra nacional con un nivel de confianza de 95% y un grado de error estadístico del 4%.

“El tamaño de la muestra fue de 563 centros de votación, que se encuestaron a través de un método de conteo del flujo de votantes que ingresaron a los Centros de Votación (CV) durante seis horas en promedio, en tres períodos de dos horas cada uno: por la mañana, a mitad del día y durante la tarde.  Luego se multiplicó ponderando el flujo por hora y por corte para extrapolar a 11 horas de asistencia, tiempo durante el cual estuvieron abiertos los centros de votación”, destaca el informe.

Los horarios de observación de Urnas Abiertas fueron entre 7 a.m. a 9 a.m.; 11 a.m. a 1 p.m.; y 4 p.m. a 6 p.m. “Estos reportes fueron alimentando una base de datos que posteriormente fue procesada para extrapolar a esa cantidad de horas de observación, dependiendo de la participación que hubo en cada uno de esos momentos del día”, explicó Ligia Gómez, vocera del organismo y quien estuvo a cargo de realizar la explicación de la metodología.

Sumados a la labor de sus observadores, Urnas Abiertas informó que contaron con la colaboración de tres redes ciudadanas, además de un sistema de chat bots, para recopilar información sobre incidentes e irregularidades en los Centros de Votación. Fue por medio de este canal que se recopilaron videos, fotografías y reportes de los ciudadanos sobre estos incidentes.

Comparados con los registrados en los CV

“La cantidad de votantes que asistieron en el día a cada uno de los CV observados fue comparada con la cantidad de electores registrados para votar en cada uno de los mismos CV, según la cartografía electoral oficial. Obteniéndose un porcentaje de participación promedio nacional del 18.5% y un nivel de abstención promedio nacional del 81.5%”, resalta el informe de Urnas Abiertas.

Gómez explicó que se seleccionaron para estos ejercicios aquellos CV que tuvieron la mayor cantidad de Juntas Receptoras de Votos, porque esto permitía que sus observadores pudiesen realizar su trabajo con discreción, en medio de la vigilancia de la policía y los paramilitares que operaban a favor del régimen.

Como parte del control del proceso de votaciones desarrollado por el régimen, este prohibió la observación electoral tanto nacional como internacional. El orteguismo intentó suplir la observación con la figura de los “acompañantes electorales”, conformados por miembros de grupos de izquierda, desconocidos simpatizantes del régimen u organizaciones sin credibilidad por su fidelidad al orteguismo, como la Procuraduría de Derechos Humanos y el Consejo Nacional de Universidades.

“A pesar el clima generalizado de violencia política y de las redadas que se llevaron a cabo en vísperas de la jornada de votación, que dejó como resultado más de 30 detenciones arbitrarias entre el 1 y el 7 de noviembre, el 85.67% de las personas que fueron convocadas a la observación ciudadana lograron finalizar con éxito el proceso, y es gracias a estas personas que en Nicaragua y el mundo se pueden conocer estos datos”, añade el informe de Urnas Abiertas.

Ligia Gómez también fue entrevistada en el programa Esta Noche, que se transmitió este miércoles por Facebook y YouTube, en donde destacó la importancia de la discreción y fidelidad de su red de colaboradores para evadir el control y la vigilancia del aparato de seguridad del régimen.

“Lo más importante fue el sigilo, el silencio, que no se alertará al régimen que se estaba preparando esta labor, porque la represión se hubiese incrementado de una manera impresionante. Ellos no querían que nadie observara como se estaba desarrollando este fraude. Era importante este compromiso ciudadano tan importante para levantar y procesar esta información y tener este respaldo estadístico tan robusto que tenemos”, dijo Gómez en su intervención en Esta Noche.

La vulnerabilidad del proceso de observación

Urnas Abiertas, y la misma Gómez en sus intervenciones, reconocieron que el proceso de observación que desarrollaron enfrenta la vulnerabilidad de que tuvo que ser realizado desde las afueras de los CV, debido precisamente a la vigilancia del régimen, para no exponer a su red de observadores

“Estuvimos observando desde fuera de los Centros de Votación. Por lo mismo, aquellos que llegaban más de una vez al centro, ya sea porque les llevaban comida a los funcionarios electorales o eran parte del tendido movilizador del Frente Sandinista, era gente a las teníamos que contar como parte de las personas que entraban a los Centros de Votación. El método era registrar cuantas personas entraban al centro de votación, y no se podía determinar si estas personas iban a votar, o dejar la comida, o eran de los que acarreaban votantes”, dijo Gómez.

“La vulnerabilidad del dato se encuentra en el proceso, ya que la observación se realizó desde afuera de los CV, lo que pudo generar que se contabilizarán personas que ingresaron a los recintos y no iban a votar, lo que en todo caso podría significar que se observó una participación mayor a la real”, cita el informe oficial de Urnas Abiertas sobre este punto.

Gómez también reconoció que el organismo todavía no ha hecho un análisis de los reportes oficiales del CSE, con el fin de dimensionar el alcance del fraude electoral para favorecer la permanencia en el poder del binomio familiar de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

La dimensión del fraude electoral

El CSE finalmente le asignó a Ortega y Murillo un 75.87 % del porcentaje de votos de estos comicios irregulares, aduciendo que un total de 2 921 430 ciudadanos registrados en el padrón electoral, votaron a favor de la continuación del dictador y su esposa al frente del Gobierno.

El politólogo Manuel Orozco, en un artículo de opinión publicado este miércoles en Confidencial, explicó que el CSE ocultó la cifra real de votos nulos y la abstención para favorecer a Ortega y Murillo.

“La cantidad de votos reportada a favor de Ortega se ubica fuera de las encuestas nacionales (que oscilaban entre 500 000 y no suman más de 1.2 millones), y el sentimiento popular. El CSE le agregó a Daniel Ortega cerca de tres cuartos de un millón extra de votos que se obtienen de la abstención y posiblemente el voto nulo”, escribió Orozco.

Tomando como referencia los datos de abstención de Urnas Abiertas y los del CSE, Orozco señala que se demuestra que el voto a favor de Ortega no superaría los 1.4 millones, cantidad similar a la elección municipal de 2017 y menor a la elección presidencial de 2016.

“La segunda etapa del fraude no solo consiste en adulterar la abstención en al menos un millón de votos, sino en destinar la totalidad aritmética de esta a Daniel Ortega. El espíritu democrático nicaragüense prevaleció toda vez que la población se quedó en casa. Los nicaragüenses han votado con sus pies, con más de 100 000 personas que han salido del país (más de tres cuartos de éstos mayores de 16 años), y la mayoría con su convicción de no hacerle el juego al régimen”, añadió en su artículo de opinión el politólogo.