Uruguay
Un expreso cuenta su pasaje por Libertad y Comcar
Sobreviviendo a Saigón, Gabriel Pereyra
El Observador, Montevideo, 1-4-2016 http://www.elobservador.com.uy/
Está, o estaba, muy lejos de ser un hijo de la marginalidad o del cantegril (1) Padres profesionales, hermanos integrados. A los 16 años se peleó y apuñaló a otro. Entrar al INAU (Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay) fue la puerta al vacío. Volvió a ingresar a los 17 años ya por rapiña, se fugó, lo agarraron, se fugó y lo volvieron a agarrar.
Veinte días después de cumplir los 18 cayó por otra rapiña y fue al Comcar aunque terminó en Libertad (2) cumpliendo una inusual pena de más de seis años, teniendo en cuenta su condición de primario (las anotaciones como menos no cuentan) y que la mayoría sale con media sanción.
Los otros ocho meses que estuvo por receptación e intento de hurto fueron casi una anécdota. En una parranda con amigos chorros, en un auto robado, le dieron dos tiros. Zafó de la parca y a poco de salir del CTI (Centro de Tratamiento Intensivo) voló de nuevo para la cárcel. Tiene 29 años, hace dos que está en libertad y ya no consume pasta base (pasta base de cocaína). Nunca trabajó ni piensa hacerlo. Se tatuó los brazos para que no se le vean los infinitos cortes que tiene en los antebrazos y que son como una señal de identidad de algunos presos o de menores infractores, una autolesión que encierra depresión y angustia. Con su pequeño hijo jugando cerca, dio su testimonio para El Observador:
«Me drogaba mucho, mucha base y base. Unos amigos me fueron a buscar en un auto robado, la cana (3) nos empezó a perseguir y nos acribillaron. Tirado en el piso me dieron otro balazo. Pensaron que estaba muerto y metieron una pistola HK adentro del auto, de esas que llevan ellos como las que encontraron hace poco en un allanamiento de la tercera zona. Estuve cuatro meses pero antes de salir cotejaron mi huella con la de una caja fuerte y quedé por tentativa de hurto cuatro meses más. Ahora hace dos años que estoy afuera y dejé la droga.
La droga es tremenda, Cuando caí por intento de homicidio fue un lío de gurí en el interior, agarré una cuchilla, yo era chiquitito y el otro era grande, y lo apuñalé. Pero yo ya estaba muy violento, me doy cuenta ahora que soy adulto, pero ya estaba con una cabeza estúpida.
Del INAU salí hecho un loco. Pensaba, estoy acá por un gil que no juno (4) en ningún lado, estaba como loco. Estaba lleno de pibitos chorros (5), ‘vamo arriba la delincuencia’, ‘vamo arriba los pibes chorros’. El otro día vi a uno que se hizo hurgador. De aquellos el que no está muerto está en la cárcel. Cuando llegué a la cárcel los veía a todos ahí. El INAU no rehabilitó a ninguno y la cárcel tampoco rehabilita a nadie. Todo lo contrario. Y me dicen que ahora está peor, que es todo tranca (encierro) y tranca. Te quieren rastrillar todo el tiempo y tenés que pararte de manos, hacerte el loco o ser un gil. Pero estar todo el día de tranca te enloquece. Claro que no por eso rapiñás. Yo te repito, estaba casi siempre drogado, loco por la vida.
¿Fierros?, te rescatás. Acá con plata conseguís lo que querés. Una 9 milímetros como la de la Policía puede costar 40 mil pesos, pero si un pibe la robó te la vende por 10 o por cinco y de ahí para abajo encontrás de todo. Cuando ya no iba al INAU sino a la cárcel fue una locura. Llegué ahí, había cuatro policías y montones de presos, y los negros todos gritando ‘uhhh, uhhh, qué hacés bo’. Ahí me cayó la ficha, encima tuve una cana complicada, andaba drogado de acá para allá, me quise escapar. Me sancionaban porque yo saltaba de un módulo a otro a ver amigos. Ahí adentro hacés lo que querés, ¡si estás preso! No hay orden ni filas ni nada, hacés la tuya.
Y adentro hay droga todo el tiempo, y si te drogás mucho tenés que robar mucho. Adentro si no tenés plata tenés que conseguirla de vivo, rastrillas teléfonos, le cobras peaje a uno. Un día mi madre me llevó medicación contra la droga y dos blíster de clonoten que me dejó desaparecieron. Eso provocó toda una situación con un milico que se metió a separar, un lío entre dos presos, y le partieron la cabeza y lo dejaron vegetal. Querían que yo cantara a no sé quién o me llevaban para Libertad. Les dije que me llevaran y allá marché. Me dieron un mameluco naranja y ahí sí que era bravo.
El penal era Saigón: muchos policías golpeadores, verdugos, escopetas y jaulas. Te hacían caminar atrás de una línea amarilla o te tiraban con la escopeta. Seis años. Me fui una semana antes de que cerraran las latas. (6) Ahí estábamos tres por celda. Te cagabas de calor en verano y te partías de frío en invierno, tanto que no te querías levantar de la cama en todo el día, impresionante, impresionante. No había luz ni agua. No podías cocinarte. Los negros (otros presos) cortaban un pedazo de frazada, le envolvían nylon y con ese mechero cocinaban, a todo le quedaba gusto a plástico. El agua te la daba el fajinero, unos bidones para el wáter, cocinar, el mate, bañarte. Duchas nunca hubo.
¿Y sabés lo que es no tener luz con 22 horas de encierro tres tipos en una caja de lata? Porque ahí por lo menos teníamos dos horas de patio, pero ahora están encerrados 24 horas. Con tus compañeros de celda puede que esté bien o no. Después de los motines que andaban matando gente entre los escombros, un director ponía a los de una banda o de un barrio con los de otro, con los enemigos. Así hubo muertos.
También conozco que a uno lo querían matar y el de la banda dijo que no, que no le iban a hacer el trabajo a la Policía. Si la cosa con tu compañero de celda está mal no podés convivir, te tenés que hacer cambiar de vivo, te cortás, hacés que te lleven a enfermería o te terminan cambiando de tanto pedirles. Ahí hay tipo que tienen para toda la vida, y están los que lo llevan bien y están los otros.
Algunos se rodean de perros, los perros son peligrosos porque le dicen andá y partíle el pecho y van y lo hacen por nada. Sabés como vi dar puñaladas a diestra y siniestra. Conocí pibes que perreaban para tipos que tenían 60 años de cana, que estaban de por vida. Un día a un perro de estos le ordenaron matar a un pobre viejo porque había tenido un lío afuera con un caballo, y fue y lo mató. ¿Para qué? Para que le den 20 años y seguir perreando para el otro. Yo siempre tuve cortes porque ahí tenés que ser una rata. Tuve dos peleas con cuchillo pero terminaron todo bien.
Lo peor era cuando las cosas estaban tensas y se trasladaban a las visitas. Yo nunca vi, pero me contaron de lanzazos y cuchilladas entre presos delante de toda la familia y los pibes. Cuando ven que va a pasar eso tienen que abrir las celdas y si se tiene que partir la cárcel que se parta, pasará una vez, pero no pasa más.
En vez de eso encierran y trancan. Si caés ahora en el Comcar vas para el módulo 10, lleno de pibitos chorros que andan a mil. O podés hacer conducta o comprar un pase. Eso se hace, yo lo vi: un tipo cayó y tenía la línea que había que tener para un jerarca y con tres lucas gringas (7) pagó para que lo pasaran a otro módulo, el 6 o el 4. Donde hay más veteranos y gente más tranquila.
Yo nunca trabajé, soy un desastre. Y la verdad, soy sincero, no se me pasa por la cabeza laburar. Creo que se puede vivir sin laburar, te tenés que rebuscar de la vida: viene aquel que tiene eso para vender se lo ofreces aquel otro. Los viernes voy a la feria a vender alguna porquería y sigo viviendo. En mi barrio hay un cante donde debe haber dos chorros, el resto es gente de laburo, pero en la cárcel la mayoría son de clase baja. Eso sí, a la pasta base no le entro más.
Tengo un hijo de 4 años y yo soy un pobre diablo, y su madre es una pobre diabla, que cuando se tenía que ir a hacer los controles yo nunca iba y cuando iba la esperaba cinco minutos y me borraba. Un hijo de puta era. Mi hijo me va a necesitar siempre y solo por eso trato de ser un poco menos pobre diablo. Cuando quiero mandar todo a la mierda pienso en él”.
Notas de Correspondencia de Prensa
1) La mayoría de la población asocia el término “cantegril” o “cante” a marginación social y cultural, a basural y desempleo crónico, cuando no a delincuencia y drogadicción. Los “cantegriles” comenzaron a instalarse entre 1948 y 1949 en la zonas periféricas de Montevideo. Sus habitantes los autodenominaron irónicamente “cantegriles” en alusión al exclusivo barrio que, por aquellos años, se construía en Punta del Este, balneario de los ricos y la farándula en el departamento de Maldonado. En la actualidad, el término se usa menos, dando paso a denominaciones más sociológicas, como por ejemplo, “asentamientos irregulares” y “barrios vulnerables”. La Policía los encasilla indiscriminadamente bajo el estigma de “zonas rojas”. En todo caso, se trata de calificaciones que identifican espacios socio-urbanos donde predominan la pobreza y la precariedad laboral.
2) El Comcar (Montevideo) y el Penal de Libertad (departamento de San José), son los establecimientos penintenciarios más grandes del país, albergan a más 3.500 presos. En marzo de 2009, Manfred Nowak, relator especial de Naciones Unidas contra la tortura, los calificó como “entre las peores del mundo”. Los centros de detención para adultos están bajo la órbita del Ministerio del Interior, comandado por el tupamaro Eduardo Bonomi y el “anarquista libertario” Jorge Vázquez, hermano del presidente de la República.
3) Cana, sinónimo de policía en la jerga popular.
4) Juno o junar, igual a mirar, ver a alguien.
5) Ladrón, ratero, en el lunfardo argentino y uruguayo.
6) Contenedores de hierro usados como celdas en el penal de Libertad. El relator de Naciones Unidas recomendó cerrarlos y que los presos fueran trasladados a otros lugares. El gobierno del Frente Amplio lo cumplió dos años después.
7) Igual a 3 mil dólares estadounidenses.