Estados Unidos – La brecha racial en la campaña de vacunación: «casi criminal» y una «vergüenza nacional». [Antonia Laborde]

A. Laborde, desde Washington

El País, 4-2-2021

Correspondencia de Prensa, 4-2-2021

Los primeros datos de los vacunados contra el coronavirus en Estados Unidos han encendido una alarma por la disparidad racial en el acceso al tratamiento. Los grupos prioritarios de afroamericanos, latinos y nativos -los más castigados por la pandemia- están significativamente subrepresentados entre los que han recibido las dosis, mientras que los blancos reciben el tratamiento acorde a su proporción en la población. La Administración de Joe Biden ha puesto en marcha un plan para revertir la inequidad del sistema, que incluye colocar centros de vacunación en barrios de alto riesgo e invertir en clínicas móviles que lleven las dosis a áreas desatendidas.

Un mes y medio después del arranque de la campaña de vacunación, apenas el 8,3% de los estadounidenses han recibido al menos una dosis y solo el 2% de la población (6,7 millones) ha completado el tratamiento. La mayoría de los Estados no han publicado a qué etnia pertenecen los vacunados, pero los datos de los territorios que sí lo han hecho dejan en evidencia la brecha racial. Según las cifras actualizadas del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), el 60,4% de quienes han recibido lo vacuna son blancos, el 11,5% hispanos, el 6% asiáticos y el 5,4% afroamericanos. El resto pertenece a otra etnia.

En Estados Unidos el virus se ha cebado con las minorías. Afroamericanos, hispanos y nativos muren por coronavirus a una tasa casi tres veces mayor que los blancos y los hospitalizados son cuatro veces más, según los datos del CDC. Thomas La Veist, copresidente del grupo de trabajo para la equidad ante la covid-19 en Louisiana, cree que el problema más grande es la desconfianza “real y justificada” de las minorías ante el Gobierno. Pone de ejemplo, que al comienzo de la pandemia no llegaban los test a sus vecindarios, ellos querían saber si tenían el virus, pero no podían. “Ahora les dicen que se pongan una vacuna que en vez de desarrollarse en 10 años, tardó 10 meses”, explica.

Por ahora, la vacuna está disponible solo para grupos de alta prioridad, lo que en términos generales significan adultos mayores y personal médico. Los primeros datos han encendido la alarma porque los afroamericanos, latinos y asiático-estadounidenses constituyen el 41% de los trabajadores de la salud. Si las cifras reveladas ya indican una brecha racial significativa, es probable que solo se vaya acrecentando a medida que los grupos siguientes sean más jóvenes y no tan familiarizados con la ciencia. “Tenemos un problema de desconfianza, que seguramente se va a agrandar cuando la vacuna esté disponible para todos”, advierte La Veist, quien está contactando a líderes afroamericanos y latinos para que informen a sus comunidades sobre la importancia de vacunarse.

Los patrones actuales son “señales de alerta temprana sobre posibles disparidades raciales en el acceso y la aceptación de la vacuna”, según un informe de la Kaiser Family Foundation. Los expertos enumeran, entre los factores posibles de brecha, además de una profunda desconfianza al sistema médico arrastrado por un historial de trato discriminatorio; el acceso deficiente a las vacunas en los barrios negros; y una disparidad digital que dificulta el acceso a la información. La mayoría de los registros para conseguir la vacuna lo hace a través de internet.

La jefa del Grupo de Trabajo sobre la Equidad y la covid-19 de la Casa Blanca, Marcella Nunez-Smith, urgió a los Estados a incorporar la equidad en sus planes de vacunación y se comprometió a que el Gobierno aumentará la información de las zonas a las que no están llegando las dosis. También aseguró que están trabajando para que el transporte a los centros médicos sea gratuito y el tiempo utilizado en el traslado y el tratamiento sea remunerado. Con esto se quiere evitar que las personas tengan que elegir entre trabajar o vacunarse.

Para construir confianza en la comunidad afroamericana, la Casa Blanca estudia asociarse a líderes comunitarios, pastores y otros miembros cercanos a las minorías para que sirvan de transmisores de información sobre cómo obtener la vacuna y la necesidad de recibir el tratamiento. Con 90.000 fallecimientos, Estados Unidos registró en enero el mayor número mensual de muertes por covid desde el inicio de la pandemia. En total el virus ya ha destruido 441.000 vidas y los contagios, aún descontrolados, superan los 26 millones.

La disparidad en los Estados que han detallado las cifras es mayúscula algunos casos. Por ejemplo, en Pensilvania, los blancos han sido vacunados cuatro veces más que los afroamericanos, según un análisis de CNN. En Mississippi, los negros han recibido el 15% de las vacunas, cuando representan el 38% de la población y el 42% de los fallecidos en el Estado. En Texas, donde el 39,7% es hispano, solo el 15% ha recibido la vacuna. La comunidad representa casi la mitad de las muertes en ese Estado, según un análisis de Associated Press.

La disparidad de Nueva York

De los casi 300.000 residentes de Nueva York que ya han recibido la vacuna, y de los que se sabe su etnia, el 48% son blancos, 15% latinos, 15% asiáticos y 11% afroamericanos. Los datos no representan la población de la ciudad cosmopolita, que en su día el epicentro de la pandemia: el 29% son latinos y el 24% negros. “Claramente, vemos una profunda disparidad que debe abordarse de manera agresiva y creativa”, sostuvo este domingo el alcalde Bill de Blasio en una conferencia de prensa en la que alertó que se estaban quedando sin vacunas. Solo le quedaban unas 53.000 primeras dosis. El alcalde dijo que la “mejor cura” para el problema de la brecha racial era aumentar el suministro de dosis.

El defensor público del Ayuntamiento de Nueva York, Jumaane Williams, y el supervisor de las cuentas públicas en Nueva York y candidato a la alcaldía, Scott Stringer, calificaron el plan de distribución de vacunas de “casi criminal” y una “vergüenza nacional”. “Este es un fracaso moral y administrativo del más alto nivel”, acusó Stringer. Ambos solicitaron a De Blasio que proporcione una paga a los trabajadores esenciales para cuando vayan a vacunarse, mejore los sitios web para agendar una cita para recibir el tratamiento y no permitiera que se vacunen las personas que viven fuera de la ciudad.