Hotel Habana Libre, propiedad nacionalizada en la década del 60. Xinhua, Joaquín Hernández.
Cuba y el giro completo al capitalismo
Brecha, 24-7-2026
Correspondencia de Prensa, 28-7-2026
Los actores empresariales privados surgidos en los últimos años y sus circuitos de articulación de pensamiento se han convertido en una nueva fuerza política en Cuba.
El núcleo principal de 176 «medidas» anunciadas recientemente por el Consejo de Estado, bajo el título de «transformaciones sociales», en realidad son intenciones desde hace tiempo buscadas por una élite económica con capacidad de sacar beneficio de ellas: legalización de una banca privada, venta privada de combustibles, liquidación de las empresas estatales con pérdidas (con la privatización de sus infraestructuras y actividades), conversión de las empresas estatales en sociedades por acciones y su compra por actores privados, entre otras.
El estado de shock ininterrumpido bajo el que se encuentra la sociedad cubana desde la pandemia de covid-19, pero más aún desde el ataque de Estados Unidos a Venezuela en enero, el bloqueo petrolero total y las amenazas de agresión militar washingtoniana, permite implementar políticas de transición al capitalismo que no hubieran sido tan fácilmente planteadas bajo otras circunstancias. No es la escalada de agresividad de Estados Unidos la que obliga a realizarlas, pues son planes de hace tiempo. Es el estado de shock que esta produce el que permite aprovechar el momento para naturalizarlas.
Durante los últimos 15 años, desde el inicio de las reformas impulsadas por Raúl Castro en 2011, se había buscado un modelo de economía mixta que mantuviera una coexistencia entre economía estatal socialista y mercado capitalista. Pero el Estado cubano, bloqueado económicamente por Estados Unidos, no logró mantener sometidas a las fuerzas capitalistas que las propias reformas fueron generando y sucumbió bajo el empuje de estas.
Los actores privados fueron penetrando dentro de las estructuras estatales y del propio Partido Comunista de Cuba (PCC), a través de la corrupción, los vínculos familiares o de amistad con dirigentes, ante la pérdida de identidad ideológica, la ingenuidad y la impotencia socialista frente al bloqueo.
LOS GURÚS
Este empresariado organizó un eficiente aparato mediático privado, articulándose con un circuito de economistas liberales –conocidos como Los Gurús o los Havana Boys (en referencia a los Chicago Boys)–, que durante años ha formulado propuestas de privatización, desmantelamiento del Estado y desmontaje del socialismo disfrazadas de soluciones frente a una militancia revolucionaria, comunista y fidelista, todavía defensora del socialismo, pero exhausta, aplastada y sin opciones, y especialmente, sin liderazgo.
El propio presidente de la república y primer secretario del PCC se ha convertido en un defensor acrítico del empresariado privado y sus intereses, repitiendo que las nuevas políticas van a «salvar el socialismo». En cambio, la prensa privada habla abiertamente de «transición» y de cómo administrar el proceso de «ganadores y perdedores» entre la población.
La Asamblea Nacional del Poder Popular se reunió durante una única sesión para aprobar el documento, entregado con solo un día de antelación. En ese corto tiempo no hubo ninguna intervención en contra ni siquiera de una de las 176 acciones. Solo la de comenzar a aplicar el IVA –cuando el gobierno ha sido incapaz de cobrar debidamente los impuestos a las empresas privadas, lo que acumula un enorme déficit fiscal– hubiera merecido varios días de un intenso debate.
Entre el preámbulo de las reformas en 2008 y la Constitución de 2019, la Asamblea Nacional tuvo su época de debates más notables en resistencia al avance capitalista, pero el espacio parlamentario ha sido copado por el discurso de diputados empresarios, apoyados por el funcionariado, con un discurso seudopatriótico e intervenciones garantizadas en cada sesión, que la televisión y la prensa oficiales convierten en el centro de sus cámaras y portadas.
Desde hace tiempo cualquier expresión de resistencia a la transición es censurada en los medios oficiales. Los pocos que se animaron a escribir artículos críticos tuvieron que publicarlos en medios extranjeros. Gran parte de la intelectualidad cubana, pródiga para hablar de capitalismo fuera del país, pero parca para mencionarlo dentro, también ha sido ganada por las ideas de transición.
En los últimos años, como parte de la estrategia estadounidense de desestabilización interna que acompaña al bloqueo, el gobierno fue arrastrado a una guerra sucia que permite a Washington usar como recurso en la arena internacional cifras de presos políticos como si fueran piezas de un tablero de ajedrez. Los sectores universitarios fueron a su vez intoxicados por intentos de golpes blandos, reclamos de artistas censurados y periodistas «independientes» –con dinero y apoyo estadounidenses– mientras los disidentes de mucho ruido y pocas nueces eran enjuiciados y encarcelados, o acosados para empujarlos a abandonar el país al tiempo que sus acciones y vínculos financieros eran expuestos en programas de la televisión estatal. En cambio, los gurús del libre mercado, los ideólogos de la transición capitalista y las privatizaciones, respaldados por los mismos intereses estadounidenses a través de invitaciones a eventos en universidades y pago de publicaciones de libros, eran vistos como respetables economistas y académicos o inocentes emprendedores, y no como lo que realmente eran: el brazo intelectual y empresarial del bloqueo.
Mientras la atención se enfocaba en las protestas callejeras y alguna trasnochada lancha con armamento salida de Miami, una contrarrevolución mucho más poderosa organiza sus cónclaves, con cientos de asistentes, rentando salones en los más modernos hoteles de La Habana para sus foros de empresariado privado. Quedará para la historia que aquellos que en este tiempo estaban haciendo el verdadero trabajo para ponerle punto final a la revolución cubana nunca fueron interrogados por la Seguridad del Estado.
EL DOMADOR DE LEONES Y EL DUEÑO DEL CIRCO
Este año se cumple un siglo del natalicio del líder histórico del socialismo cubano, Fidel Castro. Parafraseando una de sus expresiones, pareciera que sus ideas van a morir en el año de su centenario. De hecho, su frase «cambiar todo lo que debe ser cambiado» ha sido secuestrada por quienes impulsan la transición al capitalismo.
La incógnita no es ya el modelo económico, sino el modelo político. El partido único, el sistema electoral, las controversiales restricciones a libertades y derechos, y muchos otros aspectos, se consideraban inevitables por ser garantes del socialismo. ¿Es posible sostenerlos cuando el modelo ya no es socialista? Para un país como Cuba, que a diferencia de China o Vietnam está sometido a una presión externa para derrocar a su gobierno, ¿es posible pretender que cambios económicos no lleven a cambios políticos? Una vez perdido el poder cultural y el poder económico, ¿se puede mantener el poder político?
La integración de la burocracia tradicional con los nuevos poderes económicos, usando el viejo pero efectivo control sobre la sociedad, puede tratar de sustituir el socialismo antimperialista por un capitalismo nacionalista. Solo que esto no satisface a Estados Unidos. Otros elementos que no pueden sacarse de la ecuación son el pueblo, en una situación interna que se convierte cada vez más en combustible y dependiente de la contención policial, y el efecto en la base política revolucionaria, que se siente cada vez menos representada por el gobierno.
El principal cambio en Cuba es que los que tienen aún el control político ya no son los que tienen el poder económico, por lo que, si existe alguna certeza, es que ya el domador de leones no es el dueño del circo.