Sotsialnyi Rukh (Movimiento Social): “Trabajadores, trabajadoras, sois importantes para el futuro de Ucrania”
Texto aprobado el 28 de septiembre de 2025 durante la conferencia anual del Movimiento Social – Sotsialnyi Rukh
Traducción y edición francesa: A l’encontre, 14-11-2025
Traducción: Faustino Eguberri
Correspondencia de Prensa, 19-11-2025
El lunes 10 de noviembre de 2025, la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU) y la Fiscalía Especializada en Corrupción de Ucrania (SAPO) revelaron un sistema de corrupción masiva, entre otros sectores, en el sector energético del país. Le Monde del 13 de noviembre escribía: “La prensa ucraniana identificó rápidamente a uno de los individuos como Timur Mindich, empresario cercano al jefe de Estado y copropietario de la empresa de producción de este último, Kvartal 95. Los investigadores sospechan que dirigió una red criminal que habría malversado 100 millones de dólares (86 millones de euros), al obligar a los subcontratistas de la empresa nuclear nacional Energoatom a pagar sobornos para mantener su condición de proveedores. El lunes, misteriosamente logró salir del país unas horas antes del inicio de los registros realizados por los investigadores”.
En un mensaje publicado en las redes sociales, Vladimir Zelensky pidió al exministro de Energía, German Galushchenko, nombrado para la Justicia en julio, y a su sucesor, Svitlana Hryntchouk, que presentaran su dimisión. Lo que hicieron el miércoles 12 de noviembre.
Ante esta situación, que se perfilaba desde hacía cierto tiempo, por no decir un tiempo cierto, el Movimiento Social (Sotsialnyi Rukh) había adoptado a finales de septiembre una resolución cuya traducción publicamos a continuación. En noviembre, cuando se anunció públicamente el «escándalo de corrupción» de los círculos oligárquicos en el poder, el Movimiento Social declaró:
«Después de que NABU y SAPO revelaran información sobre un sistema de corrupción en Energoatom, la confianza en el gobierno actual está en su punto más bajo.
Las personas de las capas más ricas han demostrado que no son capaces de gobernar el país y velar por el bien comsún. Mientras que las y los trabajadores normales (médicos, profesores, ferroviarios) llevan el peso de la guerra, los miembros del gobierno se ocupan de los intereses de sus allegados, ignorando los problemas estratégicos. Los sectores estratégicos (energía e industria de defensa) se han convertido en terrenos de enriquecimiento y son incapaces de responder a los desafíos actuales.
Por eso, el futuro está en manos de las y los trabajadores, las capas de la población que no están contaminadas por acuerdos secretos y que más sufren a causa de la oligarquía.
El Movimiento Social exige decisiones que impidan la usurpación de la política por parte de un pequeño grupo de empresarios y obliguen a las autoridades a cuidar a las personas que defienden, construyen y desarrollan directamente Ucrania”.
El Movimiento Social llama a debatir su resolución titulada «Trabajadores, trabajadoras, sois importantes para el futuro de Ucrania». Organiza discusiones sobre esta resolución, por ejemplo en Kiev el domingo 16 de noviembre al mediodía. (Red. A l’Encontre)
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Ucrania está atrapada en un callejón sin salida de neoliberalismo corrupto que impide el fin de la guerra y condena a la población a la pobreza. El trabajo de todas las instituciones públicas está marcado por la búsqueda de beneficios personales, la falta de planificación y la falta de transparencia hacia las masas populares. Un sistema así no puede ganar.
Las y los trabajadores ucranianos resisten masiva y heroicamente al enemigo, lo que contrasta con el modelo de Estado que se basa en un pequeño círculo de personas y es incapaz de velar por el bien común. Los recursos del país son agotados no solo por los ocupantes, sino también por grandes empresarios ávidos que se aprovechan de las necesidades básicas de la sociedad, especialmente en los campos de la energía y la industria de defensa. La reacción de la sociedad a estos abusos tomó la forma de manifestaciones en julio de 2025 con un telón de fondo de eslóganes anticorrupción.
La llamada «reorganización» del gobierno no ha hecho más que acelerar el riesgo de que se aprueben leyes favorables a los oligarcas. La llegada a puestos clave de Yulia Svyrydenko [primera ministra desde el 17 de julio, como ministra de Economía negoció con la administración Trump la venta de numerosos recursos], Oleksiy Sobolev [ministro de Economía, Medio Ambiente y Agricultura desde el 17 de julio], Taras Kachka [ministro dedicado a la integración euroatlántica desde el 17 de julio] y otros seguidores del capitalismo desenfrenado de la Escuela de Economía de Kyiv (KSE) es una prueba flagrante. La mayor amenaza proviene del ministerio dirigido por O. Sobolev, que busca privar a las y los trabajadores de sus derechos mediante la elaboración de un proyecto de código laboral y que, al mismo tiempo, se ha arrogado poderes en el ámbito de la ecología, facilitando así la explotación de los recursos naturales por parte de las empresas. Nuestro país se está volviendo poco a poco inhabitable, y las esperanzas de una reconstrucción justa disminuyen día a día.
Esta situación se hace eco de las tendencias internacionales. La presión de las fuerzas reaccionarias en todo el mundo y el comportamiento pérfido de la administración estadounidense han hecho que todos los ucranianos sientan una falta de seguridad. Las interrupciones en la entrega de armas para repeler al agresor ruso inclinan la balanza mundial de fuerzas a favor de los opresores. Pero la seguridad no se reduce a la cuestión del armamento. También se refiere a la seguridad social: el buen funcionamiento de las infraestructuras esenciales, una remuneración correcta por un trabajo concienzudo, así como una protección a largo plazo para quienes luchan en condiciones de vida difíciles. Todo esto constituye la base sobre la que puede basarse una autodefensa eficaz.
La defensa y el bienestar son las principales funciones del Estado. El capital privado no pone en ellas ningún interés debido a su orientación hacia el beneficio y su voluntad de pagar el menor número posible de impuestos. A pesar de las esperanzas del pueblo ucraniano de que el Estado se preocupe más por resolver los problemas de los ciudadanos, ha ocurrido lo contrario. Los escándalos se suceden, involucrando a empresarios que se enriquecen con todo lo que pasa por sus manos, incluida la producción de armas. Todo esto es el resultado de la centralización del poder, la ocultación de la información bajo la “niebla de la guerra” y la erosión de los principios democráticos. Desgraciadamente, el Estado no actúa como un escudo social para el pueblo, sino como una superestructura corrupta. La falta de apoyo se siente de forma aguda por todos, especialmente los militares, las personas obligadas a abandonar sus hogares, así como las que educan a las nuevas generaciones de ucranianos y ucranianas en este momento de incertidumbre.
La clase trabajadora, cuyo potencial político no se explota, ha sido y sigue siendo una fuerza masiva capaz de cambiar el curso de la historia en un momento crítico. Las masas trabajadoras fueron excluidas de la política, convirtiéndose en juguetes de las clases dominantes. Si los trabajadores se unen, pueden cambiar las reglas de la política y, a la larga, arrebatar el poder a las élites actuales. en efecto, la influencia social de los ferroviarios, los médicos, los trabajadores del sector energético y los profesores ha aumentado considerablemente gracias a su colosal contribución al bienestar. La vida cotidiana depende del riguroso desempeño de sus funciones, por lo que será difícil para las autoridades cuestionar su opinión.
Por el contrario, el capital no juega ningún papel en el mantenimiento a flote de la sociedad. El presupuesto del Estado no está alimentado por los impuestos sobre los beneficios: estos siempre han estado escondidos en paraísos fiscales y, desde el inicio de la invasión, han caído debido al colapso de las exportaciones. El presupuesto se basa en gran medida en los impuestos sobre la nómina (13,11% de los ingresos), que financian la defensa, así como en la ayuda internacional, que financia el sector social. [Aquí se deja de lado el endeudamiento relacionado con las entregas de armas.]
El papel de los sectores de infraestructura críticos, que funcionan fuera de la lógica del mercado pero son esenciales para la estabilidad en el campo de batalla y en la retaguardia, ha aumentado. Los trabajadores empleados en estos sectores suelen ser víctimas de ataques rusos, pero el Fondo de Pensiones ucraniano no les paga las indemnizaciones prometidas debido a problemas burocráticos relacionados con la obtención del estatus de infraestructura crítica. La existencia de tal problema anula cualquier pretensión de una política centrada en el ser humano.
El nivel de apoyo a los jubilados y a las personas con discapacidad, dados los enormes volúmenes de ayuda financiera internacional, es inaceptable. Para justificar las lamentables normas sociales, se difunden falsos clichés ideológicos sobre la amenaza de un aumento de los “sentimientos paternalistas/asistencialistas” (tanto por parte del poder como de la oposición).
La falta de cambios positivos en el ámbito de la asistencia social, combinada con los bajos salarios, provoca un éxodo masivo hacia el extranjero, especialmente entre los jóvenes menores de 22 años. [Merz pide a Zelensky que impida la emigración a Alemania de una capa de jóvenes ucranianos de 18 a 22 años.]
Durante décadas, el Estado ha llegado a ententes con inversores y empresarios, ya que generan beneficios. Pero se hace evidente que es imposible generar beneficios actualmente, es decir, en el contexto de una economía devastada por la guerra. Ya es hora de que grandes capas de la población reclamen la prioridad de sus necesidades, porque todo depende de ellas. El nivel de bienestar no estará determinado por la eficiencia económica, sino por la medida en que la población exija ser tratada como seres humanos. La influencia desproporcionada que la oligarquía sigue ejerciendo sobre el poder debe desaparecer para no obstaculizar el desarrollo de Ucrania.
Considerando que solo la superación del capitalismo permitirá garantizar plenamente los intereses de los trabajadores y trabajadoras, el “Movimiento Social” insiste en la prioridad de las siguientes reivindicaciones:
1.- Una economía común para una victoria común. Nacionalización bajo control obrero de los sectores de infraestructura, industria de defensa y empresas que explotan recursos minerales. Una cuota del 50% para la representacion de los colectivos de trabajo en los consejos de supervisión de estas empresas servirá de guardia contra los abusos de corrupción y la suplantación de poder por parte de los servidores del capital. Esto permitirá contabilizar los recursos que pueden utilizarse para la defensa. La socialización de las empresas del sector energético permitirá, entre otras cosas, prevenir la crisis ecológica que se traducirá en el deterioro de la calidad del agua, el suelo y el aire. Es especialmente necesario nacionalizar al 100% el complejo militar-industrial para evitar que los particulares se beneficien de los pedidos y garanticen condiciones de trabajo estables para el personal. Durante el período de estado de guerra, no puede haber un mercado de alquiler de viviendas, medicamentos o tecnología militar: todos los procesos deben ser regulados por organismos públicos independientes, que no estén guiados por la búsqueda de beneficios. Hay que renunciar a la financiación de los establecimientos médicos según criterios de rentabilidad, ya que esto lleva a transformar la ayuda médica de un derecho garantizado en una mercancía. La expansión del sector público en la economía será un puente hacia el pleno empleo, a condición de que los servicios de empleo y los sindicatos cooperen. El sistema fiscal debe cumplir una función social luchando contra la diferenciación excesiva de la riqueza a través de la imposición de la fortuna.
2.- Relanzamiento del Estado de bienestar. Una guerra que se alarga debe considerarse un factor de riesgo social para toda la población, y la protección social debe ser reconocida como una obligación del Estado. Los organismos de protección social deben ser proactivos y ofrecer su propia ayuda a las familias de los militares, a los trabajadores afectados y a los estratos vulnerables de la población, incluso antes de que estas personas se dirijan a ellos. Las viviendas nuevas desocupadas deben ponerse a disposición de los desplazados y de los militares mientras persista la crisis de la vivienda. En tiempos de guerra, el Estado no puede imponer a la población el pago de las deudas relacionadas con los servicios públicos y el aumento de las tarifas. El período de residencia en las zonas fronterizas, así como la condición de persona desplazada dentro del país después del 24 de febrero de 2022, deben tenerse en cuenta como período de cotización al seguro, independientemente de su empleo oficial. Para evitar el riesgo de déficit intelectual de la población, debe fomentarse el trabajo en la educación, garantizando a todos los profesores un salario al menos igual a la media nacional y el acceso a refugios seguros y cómodos [para continuar la enseñanza]. Es necesario establecer un seguimiento independiente de las deficiencias educativas, especialmente en las regiones cercanas al frente.
3.- Renacimiento de la democracia de masas. Las autoridades deben escuchar a los ciudadanos y ciudadanas en la aplicación de políticas a todos los niveles, creando nuevas instituciones de representación popular y eligiendo representantes del personal para gestionar las empresas. Es necesario garantizar a los trabajadores el derecho a una licencia anual remunerada de 14 días para actividades voluntarias, para que puedan apoyar al ejército y resolver los problemas sociales. El Parlamento, cuyo mandato ha expirado, no tiene derecho a examinar los proyectos de ley para los que los representantes de la sociedad civil han expresado su preocupación por la restricción de los derechos y libertades de los ciudadanos. Garantizar la fuerza vinculante de las peticiones dirigidas a las autoridades públicas. Organizar elecciones lo antes posible después de que se levante el estado de emergencia. Para evitar la llegada al poder de políticos que se han desacreditado por sus vínculos con los oligarcas, es necesario eliminar los requisitos patrimoniales, reducir el umbral de elegibilidad de los partidos políticos al 1% [proporcional integral] y garantizar la libertad de presentarse a las elecciones. La resolución de los problemas sociales cotidianos debe convertirse tanto en un objetivo político como en un incentivo para una mayor participación de las masas en la vida política. Las contradicciones acumuladas en la sociedad deben resolverse mediante el fortalecimiento de la competencia política real, a condición de respetar los derechos humanos y el pluralismo ideológico.
Son las y los trabajadores -obreros, profesores, médicos, ferroviarios, trabajadores de la energía- quienes deben convertirse en el motor de la renovación de Ucrania: “Creáis toda la riqueza del país, lo defendéis, tenéis derecho a decidir cómo dirigirlo”.
El “Movimiento Social” llama a todos los trabajadores y trabajadoras a unirse: “Cread sindicatos en vuestras empresas. Exigid participar en las decisiones que os conciernen. Organizad consejos en vuestras comunidades. No esperéis la autorización desde arriba, tomad este derecho por vosotras y vosotros mismos”.
Solo una organización masiva y la solidaridad permitirán ganar la guerra y garantizar una reconstrucción justa después de ella. La historia muestra que todas las transformaciones sociales importantes se obtuvieron por la lucha desde abajo y no por arriba.