Dnipro, miércoles 9-4-2025. Foto: MYKOLA MIAKSHYKOV/NURPHOTO VIA AFP
Muerte desde arriba, resistencia desde abajo. La paz de los cementerios no es en absoluto paz
Tempest, 9-4-2025
Entre les lignes, entre les mots, 20-4-2025
Traduccion, Faustino Eguberri
Correspondencia de Prensa, 6-5-2025
Kris Parker informa desde Ucrania y afirma que, como quienes luchan en Palestina, Siria, Sudán o en otros lugares, las y los ucranianos merecen el apoyo de las y los internacionalistas de todo el mundo.
En medio del frío y la oscuridad de la madrugada del 23 de febrero, el ejército ruso lanzó el mayor ataque con drones de su guerra contra Ucrania hasta la fecha, coronando el tercer año de agresión con una ola de 267 drones suicidas y señuelos. La línea del horizonte sobre Kiev se iluminó cuando las fuerzas de defensa aérea dispararon largas ráfagas contra los drones, con los ruidos de las explosiones y las ametralladoras mezclándose con el incomparable zumbido de los Shaheds de diseño iraní. Tres personas murieron en todo el país, a pesar de que 138 drones fueron derribados y otros 119 neutralizados por sistemas de interferencia electrónica. Los rusos también dispararon tres misiles balísticos durante el ataque.
Hoy, mientras las y los ucranianos entran su cuarto año consecutivo de defensa contra estos ataques cotidianos, una nueva amenaza dinámica se está desarrollando rápidamente bajo la cobertura de una administración Trump abiertamente favorable al régimen de derechas de Putin y que está trabajando rápidamente para socavar la capacidad de Ucrania para defenderse, al tiempo que afirma que están presionando por la «paz».
La paz del cementerio no es una paz en absoluto, y si las amenazas que se ciernen sobre quienes en Ucrania luchan por un futuro seguro y democrático son anteriores al protofascismo que avanza en los Estados Unidos, la magnitud de las medidas tomadas recientemente por la administración Trump presagia un futuro que estará definido por todo menos por la paz.
Para la gente que en Ucrania está atrapada entre los tanques rusos, los bancos occidentales, su propio estado profundamente defectuoso y neoliberal, además del abandono en curso por parte de Estados Unidos bajo Trump, la situación difícilmente podría ser más grave.
A pesar de estos desafíos, la gente sigue luchando por un futuro mejor, a menudo pagando con sus vidas en este proceso. Aunque a menudo es ignorado por los comentaristas de salón de izquierdas y de derechas, el hecho de que las y los ucranianos luchen por defender sus hogares y su derecho a la autodeterminación es fundamental para comprender la guerra. Y como quienes luchan en Palestina, Siria, Sudán o en otros lugares, las y los ucranianos merecen el apoyo de la gente internacionalista de todo el mundo.
Después de tres sangrientos años de guerra a gran escala, la defensa relativamente exitosa de Ucrania puede atribuirse a dos factores principales. El primero es la motivación, la valentía y la autoorganización de gran parte de la población, y el segundo es la ayuda humanitaria y militar internacional que proporcionó gran parte del material necesario para apoyar esta defensa. Grandes redes de voluntarios han organizado el apoyo material para las necesidades humanitarias y las unidades militares subequipadas, a menudo con la ayuda de voluntarios internacionales.
Durante el primer año de la guerra, cientos de miles de ucranianos, hombres y mujeres, de todos los ámbitos se ofrecieron como voluntarios para el servicio militar, pero la intensidad de los combates modernos comenzó rápidamente a tener su triste precio. El gobierno ucraniano no publica sistemáticamente información sobre las pérdidas, pero al menos 46.000 soldados ucranianos han muerto, mientras que otras estimaciones son mucho más altas. Cientos de miles de personas resultaron heridas y decenas de miles de civiles también murieron o resultaron heridos.
Para reponer las bajas y permitir que las tropas agotadas descansen, el gobierno ha puesto en marcha un sistema de movilización cada vez más draconiano, ya que los más motivados suelen estar ya enrolados. Se han documentado casos de abuso y corrupción. Superados en número por las fuerzas invasoras rusas, se supone que la mayoría de las y los soldados sirven hasta el final de la guerra o hasta que sean heridos o asesinados, lo que naturalmente es objeto de controversias en la sociedad ucraniana.
A finales del año pasado se redactó un proyecto de ley sobre la desmovilización, pero aún no se ha presentado a la Rada de Verkhovna debido a las preocupaciones sobre la insuficiencia de las reservas militares. Actualmente, los hombres ucranianos no pueden ser movilizados a la fuerza antes de los 25 años, con el objetivo de proteger a la generación más joven en medio de preocupaciones frente a las tendencias demográficas a largo plazo, pero tanto las administraciones de Biden como la de Trump han pedido al gobierno ucraniano que reduzca la edad de movilización a 18 años. Volodymyr Zelensky rechazó esta petición, argumentando que la necesidad más importante es el equipo de vanguardia: “Dígame, por favor, si una persona está frente a usted sin arma, ¿qué diferencia hay si esa persona tiene 20 o 30 años? No hay ninguna diferencia”.
A pesar del agotamiento y el dolor extremos que se sienten en toda la sociedad ucraniana, no hay indicios de que la gente esté considerando la capitulación. Una encuesta realizada en noviembre de 2024 indicó que una ligera mayoría de las personas encuestadas estaba a favor de una solución negociada de la guerra lo antes posible, y este porcentaje aumentó en las zonas cercanas a las líneas del frente. Una encuesta más reciente realizada por The Economist indicó algunos cambios de opinión, y la mayoría declaró que apoyaba la lucha contra Rusia incluso con la pérdida de la ayuda estadounidense. La naturaleza aparentemente contradictoria de estas posiciones sugiere un deseo de repeler a los rusos, al tiempo que se enfrenta a la realidad de que tal vez no sea posible rechazarlos por completo dentro de los parámetros del actual desequilibrio de poder.
La dependencia de Ucrania de la ayuda extranjera es su mayor vulnerabilidad. Rusia tiene una población más grande de la que extraer tropas y una economía movilizada para la guerra. Aunque sufrió enormes pérdidas en Ucrania, el ejército ruso es más numeroso que las fuerzas ucranianas en la mayoría de los sectores del frente, y avanza lentamente. Aunque Ucrania ha mejorado el fortalecimiento de sus propias industrias militares, la magnitud del material consumido por los combates requiere ayuda externa.
Aunque la administración Biden haya organizado la provisión de asistencia militar, económica y humanitaria, un informe completo del enfoque defectuoso y oportunista de la administración Biden iría más allá del alcance de este artículo. La retórica de la administración que defiende el derecho internacional y condena la agresión imperial de Rusia sonó vacía cuando Washington autorizó la campaña de exterminio israelí en Gaza y más allá después de los ataques del 7 de octubre.
En el fondo acechaba el espectro de Trump y de un movimiento MAGA de extrema derecha, que mostraba una creciente hostilidad hacia Ucrania, con figuras clave que blanqueaban la propaganda rusa e intentaban repetidamente bloquear la ayuda en el Congreso. Como señal de los problemas que se avecinan, los republicanos retrasaron seis meses una votación sobre la crucial ayuda militar ucraniana durante el otoño e invierno de 2023-24, lo que probablemente contribuyó a la pérdida de la ciudad estratégica de Avdiivka y al avance ruso resultante, que luego se ha ralentizado pero aún no se ha detenido por completo alrededor de Pokrovsk.
Ahora que MAGA ha tomado el control del estado estadounidense, esta hostilidad creciente está madurando rápidamente hasta convertirse en una alineación abierta con la Rusia de extrema derecha de Putin, trayendo cada día su parte de malas noticias para quienes se han implicado con una Ucrania liberada de toda dominación extranjera. Aunque el ritmo reciente de las acciones de Trump puede ser vertiginoso de entender o seguir, éstas demuestran claramente las prioridades de la administración y presagian un futuro difícil para Ucrania.
Trump se pasó 2024 culpando… a Zelensky y Biden por la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Desde su toma de posesión, calificó a Zelensky de dictador, aunque se negó a caracterizar a Putin como tal. Él y sus partidarios se han alineado abiertamente durante años con el aliado húngaro de extrema derecha de Putin, Viktor Orban. Una de las primeras medidas de la administración fue poner fin a la financiación de la USAID, que ha interrumpido los tratamientos vitales para los pacientes con tuberculosis y VIH/SIDA en Ucrania y en todo el mundo.
El 3 de marzo, tras los estúpidos ataques de Trump y J. D. Vance contra Zelensky en una conferencia de prensa convocada para anunciar la cesión de los recursos naturales de Ucrania al control efectivo de Estados Unidos dos días antes, toda la asistencia militar estadounidense a Ucrania se detuvo por tiempo indefinido, como castigo por atreverse a desafiar los dictados imperiales de Trump.
El 5 de marzo, la administración Trump detuvo todos los intercambios de inteligencia con el gobierno ucraniano, lo que redujo la capacidad de Ucrania para atacar a las fuerzas rusas con misiles de mayor alcance y detectar ataques aéreos rusos entrantes. El enviado especial de Trump para Ucrania y Rusia, el teniente general retirado Keith Kellogg, justificó la acción diciendo que los ucranianos la habían «provocado ellos mismos» y describió este corte como «golpear una mula con un palito en la nariz, habéis atraído su atención”. Kellogg no se detuvo en esta deshumanización de una población que lucha por defender su vida, pero llegó a insinuar que los rusos, el agresor, son en realidad más razonables que los ucranianos.
El 6 de marzo, Reuters informó que la administración Trump estaba considerando eliminar la protección de 240.000 ucranianos como parte de la eliminación de los derechos de los 1,8 millones de migrantes que viven en los Estados Unidos en el marco de los programas de libertad condicional humanitaria temporal, haciéndolos elegibles para la deportación a una zona de guerra activa. (Este plan se habría considerado antes de la reunión del 1 de marzo en la Casa Blanca).
El 7 de marzo, el mismo día en que los ataques rusos mataron a 11 civiles e hirieron a 47 en Dobropillia, una pequeña ciudad del oblast de Donetsk, Trump dijo a los periodistas: “Me parece más difícil, francamente, tratar con Ucrania. Y no tienen las cartas en la mano… En cuanto a obtener un acuerdo definitivo, tal vez sea más fácil tratar con Rusia”.
Luego justificó aún más la agresión rusa: “Creo que él [Putin] quiere que las cosas se detengan y se solucionen y creo que les está golpeando más fuerte que nunca y creo que probablemente cualquiera en esa posición lo haría en este momento.»
El 9 de marzo, la NBC informó que el equipo de Trump ahora estaba tratando de ampliar la intensidad de sus extorsiones antes de considerar la reanudación de la ayuda en inteligencia y asistencia militar, ya que las medidas tomadas para adquirir el control de los recursos naturales de Ucrania ya no son suficientes para saciar el apetito de la administración Trump.
El 18 de marzo, Trump habló por teléfono con Putin para discutir ostensiblemente las perspectivas de un alto el fuego de 30 días que los líderes ucranianos habían aceptado el 11 de marzo después de una reunión en Arabia Saudita. Tras esta reunión, la administración Trump acordó reanudar la entrega de la ayuda militar asignada bajo la administración Biden, al tiempo que, al parecer, reanudó el intercambio de información. Pero en ese momento, las fuerzas ucranianas que luchan en la región rusa de Kursk se habían visto obligadas a retirarse, perdiendo así otra palanca para futuras negociaciones. Si bien no es posible atribuir el avance ruso únicamente a las acciones estadounidenses, sigue siendo cierto que las fuerzas ucranianas dependían en gran medida de la inteligencia satelital y los misiles estadounidenses de largo alcance para identificar y apuntar a las concentraciones de tropas rusas, dos elementos que se les quitaron durante este período crítico. Además, la administración Trump impidió que Ucrania utilizara imágenes satelitales comerciales.
Otro regalo hecho a Putin es que Estados Unidos ha puesto fin a la financiación de la investigación sobre el secuestro de niñas y niños ucranianos por parte de las autoridades rusas en los territorios ocupados. Esto se suma al fin de una iniciativa del Departamento de Justicia lanzada bajo Biden para rastrear los crímenes de guerra rusos en Ucrania, la reducción de los esfuerzos para contrarrestar el sabotaje ruso y la pausa de las ciberacciones ofensivas contra Rusia, todo mientras miembros clave de la administración siguen presentando a Zelensky como el obstáculo para la «paz».
Tras la llamada telefónica del 18 de marzo con Trump, Putin emitió sus propias exigencias para participar en todo alto el fuego. Incluyen el «cese completo» de la ayuda militar extranjera a Ucrania y la desmovilización de las fuerzas ucranianas, dos medidas que comprometerían gravemente la capacidad de Ucrania para defenderse de nuevos ataques rusos. Mientras la administración Trump difundió declaraciones en las que Putin había aceptado un descanso de 30 días en los ataques a la infraestructura, las oleadas de drones rusos atacaron Kiev y otros objetivos en el país. Estos ataques han proseguido.
Después del ataque del 18 de marzo, el hombre de mano de Trump, Steve Witkoff, enviado especial de Oriente Medio, dijo a los medios de comunicación que creía que Putin había dado una orden al cabo de 10 minutos a las fuerzas rusas de no atacar, y que cualquier ataque habría tenido lugar antes de esta orden:
“De hecho, los rusos me han dicho esta mañana que siete drones estaban en camino cuando el presidente Putin dio su orden, y que fueron derribados por las fuerzas rusas, así que tiendo a creer que el presidente Putin está actuando de buena fe, dijo que actuaría de buena fe al presidente ayer, y creo en su palabra”.
De hecho, los ataques tuvieron lugar unas seis horas después del final de la llamada entre Trump y Putin, y no hay ninguna razón lógica para que Rusia derribe sus propios drones, ni pruebas de que lo haya hecho. La declaración de Witkoff, más que mostrar una estupidez sin fusuras, revela una dinámica más preocupante en juego. La administración se esfuerza claramente por favorecer a los rusos, retórica y materialmente, sobre los ucranianos.
Durante una entrevista con el fan de Putin Tucker Carlson, Witkoff duplicó su ignorancia y regurgitó los argumentos más peligrosos del Kremlin:
“En primer lugar, creo que el mayor problema en este conflicto son estas llamadas cuatro regiones; Donbas, Crimea, ya sabes los nombres, Lugansk, y hay otras dos. Son de habla rusa, hubo referéndums en los que la gran mayoría de la gente indicó que quería estar bajo el dominio ruso. Creo que esta es la cuestión clave del conflicto. Así que eso es lo primero. Cuando se arregle tendremos conversaciones muy, muy positivas”.
Además del hecho de que Witkoff no puede nombrar las regiones de Ucrania ocupadas y que corren el riesgo de una nueva anexión rusa ilegal, que para que conste son los óblasts de Luhansk, Donetsk, Zaporizhzhia y Kherson, impulsa la idea extremadamente reductiva y objetivamente incorrecta de que estas regiones son intrínsecamente y activamente prorrusas porque hay muchos ucranianos de habla rusa viviendo allí. Se trata de una propaganda perniciosa, una de las más difundidas entre los campistas y la movida roji-parda. Dicho esto, el movimiento separatista organizado y financiado por las fuerzas rusas ha recibido cierto apoyo orgánico de los residentes dentro de las fronteras proclamadas, aunque se caracteriza por la violencia autoritaria y el programa político reaccionario.
Crimea también es ucraniana, aunque fue tomada en 2014 y llenada de colonos principalmente rusos, una práctica que también continúa dentro de los territorios tomados desde 2022. No ha habido referendums legítimos que muestren apoyo a la adhesión a Rusia. El 21 de marzo, Putin decretó que todos los ucranianos que viven «ilegalmente» en las zonas ahora ocupadas por el ejército ruso tenían hasta septiembre para aceptar la ciudadanía rusa o marcharse. Putin también insistió en que cualquier negociación estuviera supeditada a la cesión por parte de Ucrania de los cuatro óblasts a Rusia. Los combates también continúan en algunas partes del óblast de Kharkiv.
Sin embargo, la población ucraniana ha mostrado poco interés en aceptar un escenario en el que a Rusia se le permita dominar sus vidas. Una encuesta realizada en octubre de 2024 por el Instituto Internacional de Sociología de Kiev mostró que el 93% de los ucranianos tienen una opinión negativa de Rusia, y solo el 3% una opinión positiva. En vísperas de la invasión total de 2022, solo el 50% expresaba una opinión negativa sobre Rusia. El aumento del desprecio por Rusia muestra claramente que la agresión brutal y asesina de Rusia no es bien recibida en toda la sociedad ucraniana.
La creciente alineación entre MAGA y la Rusia de Putin debería ser motivo de preocupación para todos, no solo para quienes defienden Ucrania. Con el auge de la extrema derecha en toda Europa, la lucha de Ucrania, a pesar de sus numerosos defectos, tiene implicaciones considerables. Su abandono será una victoria para la derecha autoritaria.
Cualquier negociación, realizada por encima de las cabezas de las y los ucranianos y que no tenga en cuenta las preocupaciones legítimas de las personas que viven aquí, tiene pocas posibilidades de traer una paz digna de ese nombre. Hay pocas pruebas de que Rusia busque algo más que una capitulación total, y todos los esfuerzos de la administración Trump para facilitar esta política deben combatirse enérgicamente.
Mientras tanto, se están realizando esfuerzos desde abajo para apoyar a quienes más lo necesitan, tanto soldados como civiles. Grupos como Solidarity Collectives, Radical Aid Force, Street Aid Daily, Base Ukraine, Eco Platform, la Red Europea de Solidaridad con Ucrania y Ukraine Solidarity Network-US, entre otros, ofrecen buenos puntos de partida para involucrarse más. Revistas como Commons también ofrecen un punto de vista crítico.
Hay mucho que aprender de la lucha de Ucrania, y el tiempo apremia.