Amigos, familiares y militantes en una protesta solidaria en apoyo a Ella Keidar Greenberg frente al centro de reclutamiento de Tel Hashomer, antes de que ella declarara su negativa a enrolarse en el ejército israelí, 19-3-2025. (Oren Ziv)
A l’encontre, 12-4-2025
Traducción de Correspondencia de Prensa, 14-4-2025
Nadie puede dar cifras precisas. Ningún partido político ni ningún dirigente lo reclama explícitamente. Pero cualquiera que haya participado en las últimas semanas en manifestaciones antigubernamentales o en las redes sociales en hebreo lo sabe: cada vez es más legítimo negarse a presentarse al servicio militar en Israel, y no sólo entre los que se reivindican de la izquierda radical.
En el período anterior a la guerra, los debates sobre la negativa, o más precisamente sobre el «abandono del servicio voluntario» para los reservistas, se habían convertido en un rasgo importante de las manifestaciones masivas contra la reforma judicial del gobierno israelí. En el apogeo de esas manifestaciones, en julio de 2023, más de 1000 pilotos y miembros de la Fuerza Aérea declararon que dejarían de presentarse al servicio si no se suspendía la legislación, lo que llevó a altos mandos militares y al jefe del Shin Bet a declarar que la reforma judicial ponía en peligro la seguridad nacional.
Todavía hoy, la derecha israelí sigue afirmando que esas amenazas de desobediencia no sólo incitaron a Hamás a atacar Israel, sino que también debilitaron al ejército. Pero, en realidad, todas las amenazas se desvanecieron el 7 de octubre, cuando los manifestantes se presentaron voluntarios en masa y con entusiasmo para enrolarse.
Durante 18 meses, la gran mayoría de la población judía de Israel abrazó la bandera para apoyar el ataque a Gaza. Pero empezaron a aparecer grietas, sobre todo después de que el Gobierno decidiera romper el alto el fuego el mes pasado (18 de marzo).
En las últimas semanas, los medios de comunicación han informado de una disminución significativa en el número de soldados que se presentan para cumplir el período de reserva. Aunque las cifras exactas son un secreto bien guardado, el ejército informó al ministro de Defensa, Israel Katz, a mediados de marzo, que la tasa de asistencia era del 80 %, en comparación con el 120 % inmediatamente después del 7 de octubre. Según Kan 11, el canal de televisión nacional israelí, esta cifra era falsa: el porcentaje real se acerca más al 60 %. Otros informes hablan de tasas de movilización del 50 % o menos, y algunas unidades de reserva incluso han intentado reclutar soldados a través de las redes sociales.
«Las negativas se suceden, y es la mayor oleada desde la primera guerra del Líbano en 1982», declaró a +972 Ishai Menuchin, uno de los líderes de la campaña de rechazo Yesh Gvul («Hay un límite»), fundada durante aquella guerra.
Como el reclutamiento está fijado a los 18 años en las fuerzas regulares [duración del servicio de 2 años y 8 meses para los hombres y 2 años para las mujeres], los israelíes están obligados a servir en las reservas cuando son convocados y hasta los 40 años (aunque esto puede variar según el rango y la unidad). En tiempos de guerra, el ejército depende en gran medida de estas fuerzas.
Al comienzo de la guerra, el ejército declaró haber reclutado a unos 295.000 reservistas, además de los aproximadamente 100.000 soldados en servicio regular. Si los informes que hablan de una tasa de participación del 50-60 % en las fuerzas de reserva son exactos, eso significa que más de 100 000 personas han dejado de presentarse al Servicio de Reserva. «Es una cifra enorme», señaló Menuchin. «Significa que el gobierno se enfrentará a dificultades para continuar la guerra».
«El 7 de octubre creó primero un sentimiento de «Juntos vamos a ganar», pero ahora ese sentimiento se ha erosionado», declaró Tom Meagher, un activista que se negó a servir durante la segunda Intifada [de septiembre de 2000 a febrero de 2005] y que ahora administra una página de redes sociales donde se publican vídeos de antiguos refuseniks que explican su decisión. «Para atacar Gaza, basta con tres aviones, pero la desobediencia (rechazo) siempre traza líneas rojas. Obliga al sistema a comprender los límites de su poder».
«Todos los días veo declaraciones de rechazo»
La mayoría de los que desafían las órdenes de enrolamiento parecen ser lo que se conoce como «objetores grises»: personas que no tienen una objeción ideológica real al conflicto, sino que están desmoralizadas, cansadas o hastiadas de que el conflicto se prolongue tanto tiempo. Paralelamente, existe una minoría, pequeña pero en aumento, de reservistas que se niegan por razones éticas.
Según Ishai Menuchin, Yesh Gvul ha estado en contacto con más de 150 objetores de conciencia desde octubre de 2023, mientras que New Profile, otra organización que apoya a los refuseniks, ha tratado varios cientos de casos similares. Pero mientras que los adolescentes que se niegan a cumplir el servicio militar obligatorio por motivos ideológicos pueden ser condenados a penas de varios meses de prisión, Ishai Menuchin sólo tiene constancia de un reservista que fue sancionado por su reciente negativa: fue condenado a dos semanas de libertad condicional.
«Tienen miedo de meter a los objetores en la cárcel, porque si lo hacen, podrían enterrar el modelo de «ejército del pueblo»», explica. «El Gobierno lo entiende, y por eso no ejerce demasiada presión. Basta con que el ejército dé de baja a algunos reservistas, como si eso fuera a resolver el problema».
En consecuencia, a Ishai Menuchin le resulta difícil estimar el verdadero alcance de este fenómeno. «Durante la guerra del Líbano, estimamos que por cada objetor que iba a la cárcel, había otros ocho o diez objetores ideológicos. Por lo tanto, si 150 o 160 personas declaran que no se presentarán al ejército por razones ideológicas, se puede estimar razonablemente que hay al menos 1500 objetores ideológicos. Y esto es sólo la parte visible del iceberg [dada la cantidad mucho mayor de rechazos no ideológicos]».
Sin embargo, según Yuval Green, que se negó a seguir sirviendo en Gaza después de desobedecer una orden de incendiar una casa palestina, y que ahora dirige un movimiento antiguerra llamado «Soldados por los rehenes», con 220 reservistas que firmaron su declaración de rechazo, esta clasificación en dos grupos sólo refleja parcialmente la realidad.
«Cada vez hay más gente que no se siente necesariamente preocupada por los palestinos, pero que sí está en desacuerdo con los objetivos de la guerra», explicó. «Yo lo llamo el «rechazo ideológico gris». No tengo forma de saber cuántos son, pero estoy seguro de que son muchos. Antes, la gente que conocía estaba muy enojada conmigo [por haber hecho un llamamiento de rechazo]. Ahora me siento mucho más comprendido. Hemos adquirido más relevancia. Los medios de comunicación nos dan espacio; nos han invitado a Channel 13 y Channel 11. Todos los días, veo declaraciones de rechazo».
Los ejemplos recientes abundan. La semana pasada, Haaretz publicó una tribuna libre (1 de abril) de la madre de un soldado que declaraba: «Nuestros hijos no lucharán en un guerra mesiánica querida [por las fuerzas gubernamentales]». Otro editorial publicado (30 de marzo) en el mismo periódico por un soldado anónimo declaraba: «La guerra actual en Gaza tiene como objetivo comprar la estabilidad política con sangre. Yo no voy a participar».
Otros son menos explícitos, pero el resultado es similar. En una entrevista reciente, la exjueza del Tribunal Supremo Ayala Procaccia se abstuvo de aprobar las negativas, pero llamó a la «desobediencia civil». El 10 de abril, cerca de 1000 reservistas de la Fuerza Aérea publicaron una carta abierta pidiendo un acuerdo sobre los rehenes que pusiera fin a la guerra. Pronto se les unieron cientos de reservistas de la Marina y de la Unidad 8200 de Inteligencia (de élite). El primer ministro Netanyahu respondió: «La negativa es una negativa, aunque se exprese implícitamente y en lenguaje ambiguo».
La legitimidad del régimen está en peligro
Yael Berda, socióloga de la Universidad Hebrea y militante de izquierda, explicó que la creciente reticencia a presentarse al Servicio de Reserva se debe sobre todo a preocupaciones económicas. Se refiere a una reciente encuesta realizada por el Servicio de empleo de Israel, que reveló que el 48 % de los reservistas declararon haber sufrido una pérdida importante de ingresos desde el 7 de octubre, y que el 41 % declararon haber sido despedidos u obligados a dejar su trabajo debido a períodos prolongados en el Servicio de reserva.
Ishai Menuchin atribuye tambiénun peso significativo a los factores económicos, pero propone una explicación adicional: «Los israelíes no quieren tener la sensación de ser tontos, y ahora están llegando a un punto en el que se sienten engañados. Ven a otros que se benefician de exenciones y piensan que si algo les sucede, nadie los apoyará a ellos ni a sus familias. Tienen una sensación de abandono: ven a las familias de los rehenes solicitando donaciones para sobrevivir. Al final, el Estado no está realmente presente y esto se hace evidente para cada vez más israelíes.
«Hay mucha desesperación», continúa Ishai Menuchin. «La gente no sabe adónde va a llevar esto. Vemos cómo se acelera la demanda de pasaportes extranjeros, incluso antes del 7 de octubre, y la búsqueda de los «mejores» lugares para emigrar. Asistimos a un creciente repliegue hacia su propio grupo de interés. Y, sobre todo, los rehenes no son repatriados».
En cuanto a la negativa ideológica, Yael Berda identifica varias categorías. «Un tipo de rechazo se deriva de lo que he visto en Gaza, pero es una minoría», explicó. «Otro tiene que ver con la pérdida de confianza en los dirigentes, sobre todo cuando el Gobierno no ha hecho todo lo posible para recuperar a los rehenes. Existe una brecha insostenible entre lo que el gobierno dijo que estaba haciendo y lo que realmente hizo. Y esta brecha hace que la gente pierda la confianza».
Otra categoría, continuó Yael Berda, es el repudio al discurso del sacrificio promovido por la extrema derecha religiosa, liderada por figuras como Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich. «Es una especie de reacción contra el discurso de los colonos que dice que hay que sacrificar la vida por algo más grande. La gente reacciona ante la idea de que el colectivo es más importante que el individuo: «Los objetivos del Estado son importantes, pero yo tengo mi propia vida».
Aunque señaló que las amenazas de rechazo constituían un elemento importante de las manifestaciones antigubernamentales de 2023, Ayel Berda afirmó que «ahora, tras la ruptura del alto el fuego, se puede decir que el conjutno del movimiento de protesta se opone a la continuación de la guerra porque es la guerra de Netanyahu. Esto es realmente nuevo; nunca ha habido una ruptura así, en la que la legitimidad del régimen esté en peligro».
Yaël Berda añade: «En 1973, decían que Golda [Meir] era incompetente, que había cometido errores, pero nadie dudaba de su lealtad. Durante la primera guerra del Líbano, había dudas sobre la lealtad de [Ariel] Sharon y [Menahem] Begin, pero eran marginales. Hoy en día, sobre todo a la luz del «Qatargate» 1, la gente está convencida de que Netanyahu está dispuesto a destruir el Estado en beneficio propio».
Sin embargo, la ola de rechazo y las ausencias no han puesto aún de rodillas al ejército. «La gente dice: «Está el gobierno y está el Estado»», explica Yael Berda. «Esas personas siguen sirviendo porque se aferran al Estado y a sus instituciones de seguridad, porque si no creen en ellas, no les queda más nada.
El público entiende que, en cuanto se pierde la confianza en el ejército, la historia se acaba, y eso le da miedo. Tienen miedo de verse implicados en la caída del ejército, porque eso los convertiría en cómplices. Bibi obliga a los israelíes a tomar una decisión terrible. Hagan lo que hagan, serán cómplices de un crimen: ya sea el crimen de genocidio o el crimen de desmantelamiento del Estado».
-Artículo original publicado en +972 Magazine, 11-4-2025
Nota de A l’encontre
- Le Monde del 4-42025 resume, en la introducción de un artículo, el «Qatargate» de la siguiente manera: «Dos asesores cercanos al primer ministro del Estado hebreo son sospechosos de haber llevado a cabo operaciones de influencia en beneficio del emirato del Golfo, un país considerado hostil por los israelíes». Además, como indica Le Monde del 12 de abril, Netanyahu pidió la cabeza del jefe del Shin Bet, Ronen Bar. Sin embargo, «los solicitantes advirtieron sobre la existencia de un conflicto de intereses por parte de Benyamin Netanyahu, que despide a su director de servicios de inteligencia en el momento en que estos investigan los vínculos entre los asesores del primer ministro y Catar». ↩