Chile – Plebiscito constitucional: Ecos de una campaña sucia. [Cristian González Farfán]

Manifestación contra el proyecto de la nueva Constitución, en Santiago de Chile, el 30 de julio. Foto: AFP, JAVIER TORRES

Las fake news de cara al plebiscito constitucional

Ecos de una campaña sucia

A solo tres semanas de la votación de una nueva carta magna, la estrategia de desinformación de los grupos más conservadores se potencia, con anuencia de la mayoría de los medios tradicionales.

Cristian González Farfán, desde Valparaíso

Brecha, 12-8-2022

Correspondencia de Prensa, 12-8-2022

«Los trabajadores ya no serán dueños de sus ahorros previsionales.» Esta declaración, del entonces convencional de derecha Bernardo Fontaine, apareció el 31 de marzo a portada completa en el popular diario Las Últimas Noticias (LUN) y marcó un hito en la denominada «campaña de desprestigio» contra el proceso constituyente. Ese proceso culminará el 4 de setiembre con una jornada histórica: el plebiscito de salida en que el pueblo chileno decidirá si aprueba o rechaza la propuesta de nueva Constitución que emanó de la ahora disuelta Convención Constitucional.

El titular, extraído de una entrevista que Fontaine concedió a dicho medio de comunicación –integrante del consorcio periodístico ultraconservador El Mercurio–, fue desmentido al instante por varios exconvencionales de las listas más progresistas de la asamblea. «Lamentable el nivel de desinformación de Fontaine, que siembra incertidumbre cuando más trabajo colaborativo necesita el país. Esto es falso», comentó ese mismo día en Twitter el expresidente de la Convención Jaime Bassa.

Hasta entonces, las fake news y de-sinformaciones sobre las propuestas constitucionales eran pan de cada día. El comentario de Fontaine atizó aún más el fuego, ya que «permeó en un medio tradicional», cuando las noticias falsas «se movían principalmente en el espectro digital», señaló al portal El Mostrador en aquella oportunidad el periodista y analista de datos de la fundación Interpreta Patricio Durán.

Este análisis surgió como resultado de un estudio elaborado por la fundación Interpreta y la Plataforma Contexto acerca de noticias falsas y desinformaciones emitidas por convencionales en las redes sociales entre el 1 de enero y el 23 de junio de 2022. Si en el período estudiado hubo 876 publicaciones de 103 convencionales referidas a fake news y desinformaciones, el 31 de marzo, cuando apareció la entrevista a Fontaine en LUN, ocurrió el peak de menciones (32). Según el citado estudio, a partir de ese día se produjo un incremento del 671 por ciento de conversaciones sobre esta temática con respecto a los meses anteriores.

«Se puede hablar de una “guerrilla digital” contra la Convención que se inició su primer día de funcionamiento, e incluso antes, cuando empiezan a difundirse hashtags como #rechazodesalida y ataques a ciertos convencionales. Creemos que no es un fenómeno aislado, sino una estrategia de un sector político, en línea con la forma en que se están usando las campañas de desinformación en el mundo. Para decir esto nos basamos en que el movimiento de estos hashtags es coordinado por parte de ciertos grupos, que hacen llamados a difundir publicaciones en las que se ataca a la Convención Constitucional», comenta Durán a Brecha.

Coincide en esta apreciación el coordinador de la Plataforma Contexto y académico de la Universidad Diego Portales (UDP) Claudio Fuentes, quien, en conversación con este medio, identifica dos etapas dentro de esta campaña deliberada de desprestigio: «Una, entre julio de 2021 y febrero de 2022, cuando la campaña se orientó, tanto en redes sociales como en el debate público, a de-sacreditar a la Convención. Dentro de la derecha, había un grupo más proclive a generar propuestas y otro que ridiculizaba el proceso. Desde febrero de 2022 se abre una nueva etapa de desinformación en cuanto a los contenidos de la nueva Constitución. Esto ocurrió cuando empezaron a aparecer las primeras normas, el primer borrador y la propuesta final».

Fuentes, no obstante, hace una precisión respecto de los contenidos que circulan por las redes. «Hay que distinguir las fake news, que son noticias falsas de distinta procedencia, de gente anónima, generalmente embanderada con la opción Rechazo, de la desinformación, que es informar parcialmente algunos elementos o mostrar de forma parcial lo que dice el texto constitucional, así como también hacer exageraciones respecto de la propuesta y sus efectos», arguye el experto de la UDP. Durán comparte ese juicio, en el sentido de que no toda información imprecisa califica como fake news.

Como sea, agrega Durán, el contexto de crisis social experimentado en Chile y la seguidilla de procesos eleccionarios de la última etapa constituyen un caldo de cultivo para este tipo de campaña sucia digital, cuyo origen histórico se sitúa en el otro hemisferio. «Estas campañas de desinformación comenzaron en 2016 y 2017, respectivamente, con el Brexit y la elección de Donald Trump. Esos fueron los casos más bullados; en 2017 se acuña el concepto fake news y es elegida palabra del año. En Chile, tras un estallido social, y con muchas votaciones, las fake news han sido parte de las campañas políticas y priman entre los sectores de derecha», asegura el analista de la fundación Interpreta.

Para Fuentes, en tanto, es difícil pesquisar el origen de las campañas de desinformación, por lo que no se puede determinar a ciencia cierta si habría, por ejemplo, un partido de derecha que financie noticias falsas; lo que sí se puede advertir, según el profesor de la UDP, es que los actores de derecha son mayoritarios en la difusión de esta clase de contenidos.

Según Durán, las «aberraciones» más mediáticas difundidas por convencionales y representantes de la derecha chilena van de la expropiación de los fondos de pensiones aludida por el exconvencional Fontaine a la insistencia en que la nueva Constitución decretaría el fin de la propiedad privada, cuando, muy por el contrario, el texto constitucional consagra explícitamente ese derecho. En octubre de 2021, una representante derechista externa a la Convención, la exsenadora Ena von Baer (2014-2022), difundió incluso una fake news acerca de una presunta propuesta aprobada por ese órgano con la que se pretendía cambiar la bandera, el escudo y el himno nacional. Tal iniciativa ni siquiera se había discutido en el pleno de la Convención y no figura en la propuesta final de nueva Constitución.

Además, en los últimos meses se ha registrado la existencia de volantes con el logo de la propuesta constitucional que reparten contenidos falsos y que parecen destinados a sembrar confusión entre el público.

El opaco rol de los medios tradicionales

El discurso de la «campaña sucia» hacia el proceso constituyente ha encontrado eco, en varias oportunidades, en los medios de comunicación tradicionales, como en el citado caso de la portada de LUN. En tal sentido, la vicepresidenta del Colegio de Periodistas de Chile, Rocío Alorda, comenta a Brecha que «la prensa escrita ha mantenido una agenda bien conservadora en cuanto a los contenidos y en cómo da espacio a ciertos sectores. Es básicamente lo que ha hecho toda la vida. En Chile tenemos un oligopolio de dos consorcios (Copesa y El Mercurio) a los que les cuesta abrirse a otras representaciones debido a sus propias líneas editoriales. Lo que aparece en prensa escrita tiene peso en la agenda informativa porque, entre otras razones, es lo que luego se comenta en la radio».

En tanto, para Fuentes, «es esperable que los medios de comunicación sean más proclives al Rechazo, ya que existe una alta concentración en su propiedad, con grupos económicos particulares que tienden más hacia la derecha». La televisión, plantea Fuentes, tiene un «efecto amplificador» de ese discurso, toda vez que «todavía es el principal medio para informarse». Fuentes extraña en los programas televisivos de debate sobre el próximo plebiscito una contraparte de chequeo de datos, a fin de no caer precisamente en más desinformaciones o en fake news ya instaladas en la coyuntura política.

Alorda percibe, eso sí, cierta apertura en el espacio televisivo hacia nuevas representaciones y nuevos contenidos en esta coyuntura. «Esta nueva experiencia de la Convención Constitucional implica salir de la lógica binominal en que nos hemos venido relacionando desde la recuperación de la democracia», dice la vicepresidenta del Colegio de Periodistas. Dicha apertura, agrega, no brota naturalmente de la televisión, sino que obedece a las exigencias de una ciudadanía más activa y demandante.

«A los medios de comunicación les ha costado visibilizar en su total dimensión a estos nuevos actores y actrices sociales, pero en el último tiempo ha habido más representación de otros rostros de la Convención, no solo de los que tienen orígenes más mediáticos. Hay que decir que estos nuevos sujetos, por ejemplo, convencionales de regiones, tienen más presencia justamente en medios regionales», añade Alorda.

A pesar de todo, plantea la periodista, prevalece una lógica binaria televisiva que en un intento de equilibrio ofrece tribuna, por ejemplo, a personeros de la ex-Concertación y de la derecha, en detrimento de las voces de los movimientos sociales. «A esas voces todavía les cuesta entrar a los medios de comunicación», dice Alorda, quien espera una discusión más abierta sobre aquellos artículos de la nueva propuesta que impactan directamente en los territorios y en la vida pedestre de las personas, ya que «se habla mucho de salud y vivienda, pero la Constitución tiene muchos temas más, como conflictos ambientales y el acceso a bienes comunes».

Fuentes, en tanto, observa que el relato de las noticias falsas, amplificado por varios medios de comunicación, se ha diluido en el tiempo. Lo tantea en terreno en sus recorridos como coordinador de la Plataforma Contexto: «En las primeras semanas uno notaba esta conversación con base en fake news.Ahora mucha gente llega directamente a preguntar con escepticismo si esa noticia es falsa o verdadera. El hecho de que se empiece a distinguir quiere decir que se está consciente. Las informaciones falsas alcanzaron un momento de saturación, al punto de que algunas son demasiado ridículas».

La Constitución: un hit de ventas

Una de las fórmulas para contrarrestar la campaña de agravio contra la Convención pasa por la difusión del verdadero texto constitucional. Y en eso Chile se ha anotado un registro sin parangón: hasta la semana entre el 29 de julio y el 4 de agosto, la propuesta de nueva Constitución figuraba como el libro de no ficción más vendido en el país, según el ranking elaborado por El Mercurio. Un best seller.

«Efectivamente, hay un interés genuino de la gente por informarse sobre lo que dice realmente el texto. Eso es lo que ha generado esta explosión de ventas», comenta Fuentes. Las impresiones de los textos varían en sus formatos y no solo se dan en el comercio formal, sino en el comercio callejero, en las plazas, en los parques; en fin, en el espacio público. Sobre el primer ejemplo, la conocida editorial LOM comenzó imprimiendo 1.000 ejemplares del texto oficial, que fue entregado en ceremonia oficial al presidente Gabriel Boric el 4 de julio. Se vendieron en un par de horas. El último balance de julio hablaba de 80 mil copias vendidas e interminables filas fuera de la librería de LOM, situada en el pintoresco barrio santiaguino de Concha y Toro.

La Libre Arte es otra librería que desde el primer minuto se puso al servicio de la divulgación del texto. Incluso desde el primer borrador, que aún no pasaba por la revisión de la Comisión de Armonización, hasta llegar al documento definitivo. «Lo imprimí en fotocopias y, si alguien lo quería, le pedía que pagara lo que pudiera. Hay gente que pagó 1.000, 5 mil o 10 mil pesos [1, 6 y 11 dólares, respectivamente]. Se me acabaron en dos horas y decidí hacer el libro. Hice 1.000 libros y se me acabaron en una semana», recuerda el dueño de La Libre Arte, César Padilla. Luego, cuando se aprobó el texto final que será sometido a plebiscito dentro de tres semanas, lo imprimió masivamente en cuatro modelos, entre los que destacan uno tapa dura y otro en formato revista, con letra pequeña, pero a un valor de 990 pesos (menos de un dólar). La Libre Arte ha despachado ejemplares a los lugares más recónditos del país, cuyos municipios y organizaciones populares los solicitan para distribuirlos entre la comunidad. Han llegado a Arica, en el extremo norte, y a Punta Arenas, en el extremo sur, pasando por la isla Robinson Crusoe, en el archipiélago Juan Fernández, territorio insular chileno.

Sin embargo, el caso que más desgarra a Padilla, y que revela el interés genuino por formarse una versión propia del texto, es el de un vendedor ambulante que una mañana cualquiera pasó por el local a preguntar por el precio de uno de los ejemplares de la nueva Constitución. «Cinco mil pesos», le respondió Padilla. A las seis de la tarde del mismo día, el hombre reapareció por la tienda, ubicada en la calle San Antonio, en pleno centro de Santiago. «Me entregó 3 mil pesos en monedas de 500, 100, 50 y diez pesos. Y, como no le alcanzaba la plata, me regaló 20 calugas [caramelos] que él hacía y vendía. Me pagó con calugas porque no tenía plata», recuerda emocionado Padilla.