Brasil – ¿Ni golpe, ni impeachment? [Esquerda Online – Editorial]

Esquerda Online, editorial, 15-10-2021

Traducción de Correspondencia de Prensa, 16-10-2021

La escena política se encuentra en un punto muerto. En este momento, Bolsonaro no es lo suficientemente fuerte como para avanzar en su estrategia golpista, pero tampoco es lo suficientemente débil como para que el impeachment sea una amenaza para él.

La gran mayoría del pueblo trabajador está en oposición al gobierno, pero hasta ahora el “Fuera Bolsonaro” no ha generado una revuelta de masas. La clase dirigente, en su mayoría, no apoya el plan dictatorial de Bolsonaro, pero para mantener el avance de las (contra)reformas y privatizaciones, prefiere la continuidad del gobierno (y la actual política económica) hasta las elecciones. La clase media está dividida: una parte importante constituye la base más activa de Bolsonaro, otra parte dejó de apoyar al gobierno durante la pandemia, pero no está dispuesta a movilizarse contra Bolsonaro.

En resumen: se ha formado una mayoría social contra el gobierno, con dislocaciones en todas las clases sociales, pero esta mayoría no se ha convertido en un movimiento con millones en las calles. A lo largo de este año, el rechazo al gobierno ha aumentado considerablemente, pero Bolsonaro conserva la capacidad de movilizar a su base social, como demostró el 7 de septiembre.

En 2021, por lo tanto, se afirmó una dinámica de debilitamiento político y social del gobierno, que se expresó en las calles a través de los seis grandes actos por el “Fuerra Bolsonaro”. Sin embargo, no hubo una explosión social radicalizada, como ocurrió en Chile en 2019 o en Estados Unidos en 2020, con el levantamiento antirracista. Bolsonaro perdió fuerza, pero también mostró resistencia.

La formación de una mayoría social contra el gobierno se explica principalmente por la trágica experiencia vivida por la mayoría del pueblo durante la pandemia. Los más afectados, debido al racismo estructural y al machismo, son los sectores más oprimidos de la clase trabajadora: los negros y las mujeres. La dolorosa experiencia de la pérdida de seres queridos y los terribles efectos de la crisis social (desempleo, hambre, pobreza y carestía) es la razón fundamental del aumento del rechazo a Bolsonaro, especialmente entre los más pobres.

Sin embargo, el avance de la conciencia de los trabajadores tiene sus límites objetivos y subjetivos. El escenario de la pandemia, el desempleo, la precarización y la fragmentación de la clase trabajadora ha dificultado las luchas de resistencia en los centros de trabajo. Las derrotas políticas y los retrocesos ideológicos acumulados en los últimos años, desde el golpe de Estado de 2016, tuvieron también un efecto negativo. Pero la conciencia popular ha avanzado, aunque sea parcialmente. Hay, en este momento, una opinión popular mayoritaria contra Bolsonaro que acusa, en mayor o menor medida, a su gobierno por la tragedia vivida durante la pandemia.

Como la apertura del proceso de impeachment parece muy difícil (por varias razones, entre ellas el blindaje de sus aliados en el Congreso), para un sector importante de la clase trabajadora y de la juventud es imposible derrocar a Bolsonaro en este momento. Esto dificulta una mayor adhesión a los actos. Así, prevalece la expectativa de que el futuro del gobierno de Bolsonaro se decida en las elecciones de 2022.

El liderazgo de Lula en las encuestas, con una amplia ventaja, refuerza la perspectiva electoral en la conciencia de millones de personas. El líder del PT está trabajando para consolidar la primacía de su candidatura, buscando ampliar las alianzas, incluso con los representantes del MDB y del Centrão en el (bloque de partidos clientelistas  y oportunistas que cambian cargos y favores por apoyo parlamentario al gobierno, ndt) de la región nordeste. Lula se ha reunido varias veces con líderes de la derecha, pero hasta ahora no ha discutido con los movimientos sociales y los partidos de izquierda un programa para enfrentar el proyecto económico ultraliberal que se instaló en el país tras el golpe de Estado de 2016. Pero no sólo eso. Lula no fue y no convocó a ningún acto del “Fuera Bolsonaro”, señalándole a la gran burguesía un compromiso con la estabilidad política y económica.

La centralidad de la lucha en las calles

Si el gobierno de Bolsonaro fuera una gestión “normal”, la tendencia sería hacia una resolución pacífica del impasse político en las elecciones. Pero no estamos ante un gobierno burgués “normal”, estamos ante un presidente neofascista. Bolsonaro efectuó un repliegue táctico tras el acto del 7 de septiembre. Pero su estrategia golpista sigue intacta, y tarde o temprano volverá a la escena política.

¿Aceptará Bolsonaro el resultado si pierde en las urnas? ¿Intentará una acción golpista antes o durante el proceso electoral si está seguro de perder frente a Lula? ¿Actuará para movilizar a sus millones de seguidores para impugnar el proceso o el resultado electoral? Puede que no tenga la fuerza necesaria para imponer un golpe de Estado, pero ¿quién duda de que lo intentará si tiene las condiciones mínimas para hacerlo?

El mayor problema de la estrategia de Lula, que deja en segundo plano las movilizaciones populares, es la subestimación del peligro neofascista. Para derrotar a Bolsonaro, incluso para asegurar el resultado de las encuestas, se necesitará algo más que tener una mayoría de votos. Se necesitará la fuerza de las masas en las calles.

La crisis social, intensificada por la inflación, no va a ceder en el próximo periodo. El costo de la vida es una amarga realidad para la mayoría de los brasileños. Hasta las elecciones de octubre de 2022, tenemos mucho por hacer. Y la lucha por el empleo, la alimentación, los salarios, la vivienda, los derechos, la salud, la educación, entre otros, no puede esperar. La lucha por “Fuera Bolsonaro” no puede esperar hasta las urnas.

¿Quién puede garantizar, en un escenario de estancamiento económico y crisis social, que todo permanecerá sin grandes peligros o explosiones hasta octubre del año que viene? El enemigo fascista está activo: se ha debilitado, pero no está muerto. El frente único de la izquierda en las luchas y en las elecciones, para derrotar a Bolsonaro y defender las demandas de la mayoría trabajadora, sigue siendo la principal tarea.

Fortalecer y unificar las luchas en curso: ¡a la calle en el día de la conciencia negra! (20 de noviembre)

Hay varias luchas en curso en este momento. Los trabajadores de la administración pública se movilizan contra la PEC 32 (Proyecto de Enmienda Constitucional) que avanza en la destrucción de la función pública. Hay varias categorías de trabajadores en lucha por la recuperación salarial ante la escalada de la inflación. Los 5.000 trabajadores del metal de General Motors en São Caetano do Sul (municipio ubicado en la zona industrial de San Pablo: ndt), por ejemplo, realizaron una fuerte huelga de nueve días. Los repartidores de aplicaciones están organizando huelgas en varias ciudades, en el llamado Breque dos APPs. También hay movilizaciones por la vivienda, como las realizadas por el MTST (Movimiento de los Trabajadores Sin Techo). El movimiento de mujeres está comprometido en la lucha para anular el veto de Bolsonaro a la distribución de toallas higiénicas para las mujeres pobres. Consideramos que es fundamental que el frente único reunido en la campaña “Fuera Bolsonaro” fortalezca estas luchas, buscando unificarlas cada vez que sea posible.

El 20 de noviembre está previsto el importante acto del movimiento negro en el Día de la Conciencia Negra. Los hombres y mujeres negros fueron los más afectados por la crisis social y las muertes por covid-19. Durante la pandemia, se radicalizó el genocidio de jóvenes negros en las periferias y barriadas, con un aumento de la letalidad policial. Pero también cabe destacar en este periodo las movilizaciones antirracistas, tanto en junio del año pasado, como este año, tras la masacre de Jacarezinho (Río de Janeiro). El movimiento negro, con el liderazgo de la Coalición Negra por los Derechos, se fortalece, demostrando el poder de la lucha antirracista en el país. Es esencial que todas las organizaciones de la clase trabajadora se comprometan en la construcción del 20 de noviembre. ¡Vamos a la lucha!