Paraguay: El quiebre de Lugo y el caso Curuguaty

Paraguay

Antecedentes

El quiebre de Lugo y el caso Curuguaty

El ex presidente paraguayo Fernando Lugo, quien llegó al poder en 2008 gracias a una campaña contra la reelección presidencial, dio un giro de 180 grados para aliarse con quienes lo destituyeron en 2012 y promover la enmienda constitucional.

Andrés Colman Gutiérrez, desde Asunción

Brecha, 7-4-2017 http://brecha.com.uy/

Gran parte de la crisis que hoy padece Paraguay tiene sus raíces en el cambio político ocurrido en abril de 2008, cuando el ex obispo Fernando Lugo, al frente de una alianza del Partido Liberal Radical Auténtico (Plra) y agrupaciones de izquierda, ganó las elecciones y puso fin a seis décadas de permanencia del Partido Colorado en el poder.

El gobierno de Lugo cumplió poco de lo prometido en su campaña electoral, pero le dio un sentido de gratuidad a la salud pública, mejoró las políticas de asistencia a sectores humildes y vulnerables de la población, y desde el Estado le dio una proyección popular a la cultura. Su mayor error fue descuidar la alianza con sus socios liberales, creyendo quizás que la izquierda tendría la fuerza suficiente para sostenerlo.

La masacre de Curuguaty, el 15 de junio de 2012, que dejó 11 campesinos y seis policías muertos, fue maquiavélicamente aprovechada por una mayoría de legisladores colorados y liberales para expulsar a Lugo del poder, con un golpe parlamentario revestido de juicio político exprés, dejando la presidencia en manos del liberal Federico Franco, cuyo gobierno fue un festín de corrupción que abrió las puertas para que el Partido Colorado retornara al gobierno en 2013, con el controvertido y multimillonario empresario outsider Horacio Cartes al frente.

Aquel golpe a la institucionalidad democrática, además de acarrearle sanciones internacionales a Paraguay, dejó heridas profundas en la sociedad. Se instaló una nueva división entre golpistas y anti golpistas, se replanteó una cultura de la resistencia ante un reinventado gobierno colorado que avanzaba como aplanadora con su imagen de modernidad, eficiencia empresarial y macroeconomía neoliberal exitosa, logrando aprobar leyes de militarización y alianzas público-privadas, mientras se criminalizaba la lucha social y se intentaba frenar y perseguir todo proyecto con olor a socialismo.

Uno de los conflictos más traumáticos en esta etapa fue la farsa del juicio sobre la masacre de Curuguaty, parcial y politizada, que sólo investigó la muerte de los seis policías y no de los 11 campesinos, condenando a los labriegos a altas penas carcelarias, reafirmando la imagen de una justicia totalmente sometida al mismo poder político y económico que había dado el golpe contra Lugo.

Esquizofrénico

La posición actual de Fernando Lugo resulta algo esquizofrénica, al menos desde el punto de vista político. El ex obispo siempre mantuvo una postura crítica contra la reelección, ya que fue precisamente su participación en una campaña contra la reelección del colorado Duarte Frutos la que lo catapultó a la presidencia, en 2008. Como senador, tras ser destituido de la presidencia, su voto también ha sido constante en contra de la enmienda.

Entonces, ¿cómo se explica que haya respaldado una campaña a favor de su propia reelección, cuando él siempre estuvo en contra de esa posibilidad? La estrategia impulsada fue que Lugo siguiera sosteniendo no estar de acuerdo con la enmienda de la Constitución, mientras sus cuatro senadores del Frente Guasú se aliaban con el cartismo y el llanismo para operar a favor de dicha enmienda, con el argumento de que el ex obispo es el único líder con una opción socialista, capaz de enfrentar y de vencer al modelo neoliberal de los colorados. Cartes y Llano fueron dos de los principales políticos que impulsaron el golpe parlamentario que destituyó a Lugo en 2012, pero ante las insistentes críticas por la incoherencia de asociarse con sus ex verdugos, el ex obispo respondió católicamente que había llegado “el tiempo de perdonar”.

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