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Venezuela – Los obstáculos de Oslo. [Ociel Ali López*]

31/05/201909/06/2019 ~ Correspondencia de prensa

Las negociaciones entre el gobierno y la oposición

Ociel Ali López, desde Caracas

Brecha, 31-5-2019

Correspondencia de Prensa, 31-5-2019

Esta semana, las delegaciones del gobierno y la oposición viajaron a Noruega con la finalidad de buscar una solución pacífica para la compleja disputa que se ha agudizado desde enero. Después de cinco meses de lucha agónica y de un intento de golpe de Estado, ambas fuerzas lucen débiles. El gobierno, atrincherado y con poca capacidad de maniobra para gobernar el país, ha sufrido escisiones importantes en su seno, como la de Manuel Cristopher Figuera, el director de la policía política Sebin, quien fue una pieza clave en la tentativa de golpe del 30 de abril, y la sospechosa remoción de dos directores de las principales policías, la protagónica Fuerzas de Acciones Especiales y la Policía Nacional Bolivariana.

La oposición va prácticamente desnuda a Oslo. El factor de poder que sostiene al interinato de Juan Guaidó ‒es decir, el gobierno de Estados Unidos‒ no parece tan empecinado, como a principios de año, en lanzarse a una acción bélica. Después del intento de golpe del 30 de abril, del levantamiento militar del 23 de febrero, de las sanciones, el embargo petrolero, las provocaciones fronterizas y las decenas de marchas y movilizaciones, la carta que queda es una invasión militar facturada desde la potencia del norte. Esta opción, que parecía inminente en enero, ahora parece lejana, y otros países cobran protagonismo para afrontar el caso de Venezuela desde un enfoque de negociación, y no de fuerza. El vicepresidente estadounidense, Mike Pence, y el secretario general de la Oea, Luis Almagro, han aconsejado a Guaidó no sentarse a negociar otra cosa que no sea la rendición total de Nicolás Maduro. En tanto, la cita en Oslo, de tres días, ya terminó, y Maduro sigue en su despacho.

¿Puede tener éxito este proceso de negociación?

En intentos anteriores de dialogar, otros personajes han prestado su figura para servir de mediadores, pero ni el papa ha salido bien parado cuando ha intentado acercar a las partes. A finales de 2017 y comienzos de 2018, varias fuerzas internacionales intentaron crear procesos de intermediación, que fueron rechazados, según los organizadores, por la propia oposición. El papa advirtió en un video que la oposición estaba dividida, por lo que costaba llegar a acuerdos concretos para realizar las presidenciales, que terminaron haciéndose el 20 de mayo de 2018. La oposición protestó contra ese adelanto electoral (los comicios estaban programados, al principio, para diciembre), una jugada de Maduro que le salió bien para dividir a la oposición, pero no para gobernar de manera estable.

En tanto, Estados Unidos avanzó tremendamente en bloquear los ingresos del Estado venezolano, lo que profundiza la crisis económica ya existente. Dejó de comprar petróleo venezolano y presiona a bancos y gobiernos con los que Venezuela triangulaba para comprar productos básicos. Pero nada de esto, ni la escasez de gasolina, electricidad y agua, asegura la salida de Maduro. Hasta ahora, sólo lo viene endureciendo en el terreno militar y político. La agresión de Estados Unidos, Colombia y Brasil incluso lo ha atornillado en su puesto. Es decir, el Maduro soñado por la oposición, que manda sus cuadros a Oslo para buscar una capitulación honrosa, por ahora no existe. Por lo tanto, los opositores enfrentan la negociación en un escenario que no está controlando y deben sincerarse sobre sus expectativas para poder seguir en la pelea política, una vez que han fracasado todos los intentos de sacar a Maduro por la fuerza y la participación militar de Estados Unidos ha quedado en pausa.

¿Por qué una parte de la oposición es tan renuente al diálogo?

Para comprender la dificultad del diálogo en Venezuela, a pesar de que nunca ha habido un enfrentamiento armado de proporciones siquiera comparables con los de Centroamérica y Colombia, hay que comenzar entendiendo lo que supone para las elites empresariales y el uso que el chavismo les ha dado a las negociaciones: exasperar y dividir a los sectores políticos y económicos de la oposición, aprovechando una división de larga data, histórica, que da cuenta de la incapacidad de estos últimos para tomar las riendas del Estado. A diferencia de otros países de la región, aquí las oligarquías nunca han podido detentar el poder político y han necesitado siempre negociar con sectores políticos para usufructuar la renta, los viejos partidos con los que pactaba la gobernabilidad. Hoy en día, se sienten ultrajadas por el avance del chavismo y han diseñado un programa “mínimo”, que comprendería no sólo la salida de Maduro, sino también el exterminio de esa fuerza política. En cambio, el sector político de la oposición, acostumbrado al pragmatismo, conoce de cerca la realidad social y sabe que esto es imposible: para llegar al poder y mantenerlo, es menester negociar con el chavismo. Sin embargo, son los actores económicos los que tienen el financiamiento y los medios de comunicación para imponer sus criterios.

Oslo, Noruega.jpg
Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega

Las elites económicas y las clases medias que las siguen, muchas de ellas ubicadas en el exterior, no aceptan el diálogo. Entre otras cosas, porque han construido la figura del chavismo no como un adversario, sino como un enemigo; no como un sujeto colectivo con el que sostienen diferencias ideológicas, sino como un criminal al cual le dirigen epítetos que se agudizan a medida que va ocurriendo la refriega: “corruptos”, “comunistas”, “asesinos“, “narcotraficantes”, “genocidas”. Así que el antichavismo radical termina ubicándose fuera de la política y sin participar en las últimas elecciones presidenciales, regionales y locales, lo que ha sido, confesado por muchos sectores, un error garrafal, cuya superación costará bastante tiempo.

Se suponía que líderes como Leopoldo López, hijo de la alta burguesía, vendría a resolver ese problema, puesto que, por primera vez, las elites podrían tener acceso directo al poder político. Pero esta convocatoria al diálogo, impulsada desde el propio partido de López, es un balde de agua fría, no tanto para la oposición política, que la entiende como un camino lógico, como para la elite económica, que se niega a aceptarla.

¿Por qué el diálogo sirve a los intereses del gobierno?

Desde que se filtró la información del diálogo en Noruega, pero especialmente desde que Guaidó reconoció públicamente su autoría, le ha llovido una andanada de críticas, insultos y desprecio comandada por opinadores, periodistas e influencers que hasta hace pocas semanas adulaban al autoproclamado presidente. No es algo nuevo. Incluso líderes, como Henrique Capriles y Ramos Allup, han sufrido los peores insultos de la oposición radical. Lo nuevo es que este intento de acercamiento está comandado por el partido que se consideraba más radical, que anteriormente ganó popularidad justamente por negarse a dialogar. Con este giro, los radicales quedan huérfanos.

Dado este panorama interno en la oposición, el diálogo siempre será una herramienta del gobierno para dividir, provocar y romper cualquier alineación antichavista. Además de una especie de capitulación de la salida rápida, de la invasión, es también un reconocimiento al gobierno de Maduro, una bombona de oxígeno para su administración hasta que se planteen como posibilidad real nuevas elecciones como salida a la crisis, algo que incluso ya divide al chavismo: buena parte de él y de la gente otrora cercana a Chávez las considera una salida plausible, aunque para Maduro difícilmente sea una opción, mucho menos después de salir airoso de las últimas contiendas. La gente que rodea al presidente, sobre todo su ala dura y militar, entiende que el descontrol del país puede ser gestionable.

Alejada la sombra de los portaaviones, Maduro nada tiene que ganar en un nuevo escenario electoral. Mientras tanto y desde la tranquilidad de Miami, la oposición radical no esconderá sus pretensiones de barrer al chavismo. Quienes viven en Venezuela esperan que el encuentro en Noruega sirva para atenuar el clima conflictivo y mejorar la calidad de vida. El único consenso es que Oslo aún está muy lejos.

* Sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela.

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