Irán – La crisis económica alimenta las protestas. [Babak Dehghanpisheh]

Mercado popular en Teherán, 29 de diciembre 2022.

A l’encontre, 12-1-2023

Traducción de Viento Sur

Correspondencia de Prensa, 18-1-2023

Puesto que el importe del alquiler no cesaba de aumentar en Teherán, el programador informático y su mujer decidieron que había llegado el momento de partir. Así, al igual que otras muchas parejas jóvenes, hicieron las maletas a finales de 2020 y se mudaron a una población de fuera de la capital. Allí el alquiler era menos caro, pero las viviendas estaban mal construidas debido al rápido desarrollo de la región. Cerca no había escuelas ni campos de deportes, e incluso los servicios más elementales se hallaban lejos.

Dos años más tarde, su situación económica no hizo más que empeorar. El programador, de 38 años de edad, dice que la idea de poseer una casa en esta ciudad satélite es un sueño casi inalcanzable. Esperaba comprar un coche de segunda mano, pero incluso ese Kia con portón trasero al que había echado el ojo está fuera de su alcance. Con el dinero que él y su mujer, enfermera de 38 años de edad, apartan cada mes, tardarían más de dos años en pagar ese coche.

«Siento rabia, mucha rabia y falta de perspectivas. Es una desgracia”, declara el programador en una entrevista telefónica. Al igual que otras personas citadas en este artículo, se expresa bajo promesa de anonimato, temiendo represalias del gobierno. “Y si salimos a protestar, reprimen de la peor y más vil de las maneras”, afirma. “De verdad que no sabemos qué hacer. No podemos protestar. No podemos mejorar nuestra situación».

Desde hace casi tres meses, en Irán proliferan las manifestaciones a raíz de la muerte en septiembre de Mahsa (Jina) Amini, una mujer de 22 años de edad, bajo custodia de la policía moral. Lo que comenzó como un movimiento centrado en los derechos de las mujeres se ha transformado rápidamente en un levantamiento más amplio contra los dictados de la República Islámica, y en las manifestaciones se reclama una mayor libertad cultural y política y el fin de los abusos del Estado obsesionado con su seguridad.

Observadores y manifestantes piensan que el descontento económico también alimenta la movilización. Este descontento ha aumentado enormemente desde la primavera pasada, cuando los precios empezaron a dispararse y el valor de la moneda se hundió con respecto al dólar, alcanzando niveles récord en diciembre. La inflación rebasó el 48 % en diciembre, según cifras oficiales –la cota más alta desde 1995– y la mayoría de la población iraní tiene que reducir fuertemente sus gastos. Para numerosos hogares, alimentos básicos como la carne y los huevos se han convertido en productos de lujo.

“La primera consecuencia de esta inflación afecta a los medios de subsistencia de la gente”, ha declarado Saeed Leylaz, economista y analista político residente en Teherán, durante una entrevista telefónica. “Hasta ahora, el gobierno no ha podido hacer nada para reducir la inflación debido a la corrupción.”

La República Islámica se caracteriza desde hace tiempo por una mala gestión económica, según los analistas, pero la situación se ha agravado notablemente después de que el presidente Donald Trump se hubiera retirado del acuerdo nuclear multilateral en 2018 e impuesto una serie de sanciones severas sobre Irán. El país ha tenido dificultades para encontrar compradores para su petróleo, que es su principal producto de exportación. [Claro que existe un mercado gris de exportación, y China también compra, pero la cantidad de dólares obtenidos de esta manera es menor y se halla en manos del poder.] A finales de 2019, el alza de los precios de los carburantes provocó protestas generalizadas y una represión mortífera por parte del gobierno.

Muchas personas en Irán habían esperado que un nuevo gobierno estadounidense restablecería el acuerdo nuclear y ofrecería una mitigación de las sanciones, pero las protestas actuales, y la respuesta violenta del Estado, han complicado aún más las negociaciones. “Diría que [el acuerdo] no está del todo muerto”, ha declarado Djavad Salehi-Isfahani, profesor de economía en Virginia Tech. “Si ambas partes quieren, nada fundamental ha cambiado. Lo que ha cambiado es la escena sociopolítica, y esta escena puede modificarse”, ha añadido haciendo referencia a la revuelta.

Sin embargo, los dirigentes religiosos no han hecho ademán de querer plantear reformas que pudieran calmar a las y los manifestantes, a pesar de la presión internacional. Las fuerzas de seguridad han matado a más de 500 personas y han detenido a unas 19.000, según la agencia de prensa de defensa de los derechos humanos HRANA (Human Rights Activists News Agency, creada en 2009). Cuatro hombres han sido ejecutados en relación con las manifestaciones.

Mientras se intensifica la represión, la gente de la calle no sabe por qué lado decantarse. En Teherán, un joven que trabaja de chófer para Snapp, una popular aplicación para compartir coche similar a Uber, ha declarado que las actividades han caído en picado desde el comienzo de las manifestaciones porque el gobierno ha restringido el acceso a Internet a fin de impedir que las y los manifestantes se comuniquen y divulguen vídeos y fotos de la represión.

“Desde que no funciona Internet y no puedo acceder a las aplicaciones, mis ingresos se han reducido drásticamente”, ha declarado el joven. “La situación no ha mejorado, al menos para mí.” Su actividad se ha visto afectada además porque ciertas manifestantes han dejado de utilizar sus servicios porque sospechan que los conductores les denunciarán a las fuerzas de seguridad. “La represión tiene su coste”, ha declarado Ali Vaez, director del proyecto Irán del International Crisis Group. “Lo mismo ocurre con el castigo autoinfligido que implica el cierre de Internet, que ha expulsado a cientos de miles de personas del mercado de trabajo.”

Las regiones de Irán habitadas por las minorías étnicas, como la región kurda en el oeste y la región baluchí en el sureste, han sido golpeadas todavía más duramente. En el pasado, Chiman, una mujer de 37 años originaria de Mahabad, en la región kurda, tenía un empleo en el comercio que le permitía pagarse la atención sanitaria y la ropa, e incluso asistir a clases de música y adquirir un abono para la piscina. Hoy no tiene ningún ingreso regular y ha perdido su seguro de enfermedad. Necesita la ayuda de la familia para alimentarse, pero la inflación hace que no puedan permitirse más que una parte de la carne, el pescado y la fruta que antes abundaban en su hogar. Esto es tanto más fastidioso, dice, cuanto que la región kurda es rica en tierras agrícolas, pero el caso es que ella ha sufrido años de discriminación y de desinversión. “Tengo sensación de inseguridad, una profunda ansiedad y  estoy furiosa”, ha declarado Chiman. “Una de las principales razones de las protestas radica en estos problemas económicos.”

A finales de diciembre, el gobierno nombró a un nuevo presidente del Banco Central [Mohammad Reza Farzin, exdirector general del banco Melli, primer banco nacional y antiguo banco central hasta 1960], aparentemente para tratar de evitar la caída libre de los tipos de cambio [1 euro equivale a 45.000 riales; la base es hoy el tomán, unidad que equivale a 10.000 riales], pero es poco probable que esto surta efecto a corto plazo, según los observadores.

Para numerosas iraníes, no queda más que una solución. “Después de 44 años, la gente ve que no hay ni la menor racionalidad en las decisiones de las autoridades y que no hay ni la menor esperanza de reforma”, ha declarado el programador de la ciudad cercana a Teherán. “Ahora, toda la discusión gira en torno al derrocamiento del gobierno.”