África – Agricultores en lucha contra el «agro-colonialismo». [Fanny Pigeaud]

Agnès Kalibata, presidenta de la AGRA, habla en la inauguración del Foro Internacional de la  Alianza para la Revolución Verde en África, en Abiyán el 6 de septiembre de 2017. Foto Sia Kambou.

Mediapart, 23-9-2021

Traducción de Ruben Navarro – Correspondencia de Prensa, 25-9-2021

Frente a la estrategia de una «revolución verde» que promueve la agricultura tecnoindustrial, los productores africanos abogan por la agroecología y boicotean la cumbre de las Naciones Unidas sobre sistemas alimentarios que se inauguró el jueves 23 de septiembre en Nueva York.

«El futuro de los sistemas alimentarios de África debe estar en manos de los africanos. Este lema de la Alianza por la Soberanía Alimentaria en África (AFSA, del inglés Alliance for Food Sovereignty in Africa), una amplia coalición de 200 millones de productores y otros actores de la sociedad civil africana, acompaña una de las principales batallas agrícolas que se libran actualmente en el África subsahariana.

Esta lucha opone a una parte del mundo rural con poderosos intereses, principalmente extranjeros, que pretenden imponer la agricultura tecnoindustrial en el continente, el que concentra el 60% de las tierras cultivables del mundo. Algunos denuncian un «agrocolonialismo» que impide una política de apoyo más realista y adaptada a las realidades del terreno.

La AFSA está en campaña contra la Alianza para la Revolución Verde en África (AGRA, del inglés Alliance for a Green Revolution in Africa). Lanzada en 2006 por la Fundación Bill y Melinda Gates y la Fundación Rockefeller, la AGRA se basa en el uso de insumos de alta tecnología para «transformar» la agricultura africana.

A través de dos cartas1, la AFSA les acaba de pedir a los donantes de la AGRA que dejen de financiar la organización. Estos donantes, entre los que se encuentran las fundaciones Bill y Melinda Gates, Rockefeller e IKEA, la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAid) y la cooperación alemana y británica, «deben dejar de imponer sus planes de agricultura industrial a las comunidades y agricultores africanos», afirma.

Ningún agricultor en el consejo de dirección

El sector agrícola da empleo a cerca del 70% de la población del continente, sobre todo bajo la forma de pequeñas explotaciones familiares dedicadas a la producción de alimentos, pero sólo representa un promedio del 15% de su PIB. Los agricultores, ya devastados por los planes neoliberales de ajuste estructural de las instituciones financieras internacionales, se enfrentan a múltiples obstáculos: el cambio climático, el empobrecimiento de los suelos, la competencia de las importaciones subvencionadas, el escaso acceso al crédito, el acaparamiento de tierras a gran escala, etc.

Mientras los agricultores luchan duramente en sus campos, la AGRA se ha convertido rápidamente en una organización influyente gracias a los considerables recursos de que dispone: mil millones de dólares recibidos desde 2006, dos tercios de los cuales fueron aportados por la Fundación Gates. Como muestra de su omnipresencia en temas agrícolas, su presidenta, Agnès Kalibata, fue nombrada «enviada especial» del Secretario General de la ONU para la cumbre de la ONU sobre sistemas alimentarios celebrada el jueves 23 de septiembre en Nueva York.

En sus orígenes, la AGRA, que no cuenta con ningún agricultor en su consejo de dirección y que no respondió a nuestras preguntas, afirmaba que sus soluciones permitirían duplicar el rendimiento agrícola y los ingresos de 30 millones de hogares de pequeños agricultores en menos de 15 años, y reducir a la mitad el hambre en los países que recibieran sus servicios.

Su presupuesto enorme fue utilizado para promover la difusión y la adopción de semillas comerciales, de abonos petroquímicos y de pesticidas. Los gobiernos africanos implicados han tenido que pagar sumas muy elevadas en subvenciones a los agricultores para ayudarlos a comprar dichos insumos.

En su informe anual de 2020, la AGRA explica que, por ejemplo, los tanzanos que ha apoyado «han visto un aumento espectacular en el rendimiento de las alubias y el arroz» y que los agricultores ghaneses han constatado «aumentos en la soja y la mandioca».

Sin embargo, según los cálculos de un grupo de organizaciones africanas y europeas (véase el informe “Una mancha oscura en la narrativa de la AGRA”, publicado el pasado mes de julio) el rendimiento de los cultivos básicos sólo ha aumentado un 18% en los últimos 12 años en la docena de países en los que interviene la AGRA. Peor aún, la desnutrición se ha agravado (+30%). Las propias evaluaciones internas de la AGRA, obtenidas a través de la Ley de libertad de información de Estados Unidos, confirman estos datos.

Dependencia y endeudamiento

El método de la AGRA, que impone los monocultivos, especialmente de maíz, en detrimento de cultivos locales más nutritivos y resistentes al clima, como el sorgo y el mijo, resulta además costoso y deja a los agricultores en riesgo de endeudamiento en caso de que se pierdan las cosechas. Según una de las evaluaciones, los agricultores de Ghana gastan más del 80% de sus ingresos de las cosechas en pagar a los proveedores de semillas y fertilizantes, incluso cuando obtienen buenos rendimientos.

La estrategia de la Alianza para la Revolución Verde en África aumenta la dependencia de los agricultores con respecto a las empresas y a las cadenas de suministro de insumos, al tiempo que perjudica al medio ambiente, e impide una verdadera transformación del sistema agrícola actual, afirma la AFSA.

Las organizaciones que siguen de cerca a la AGRA también temen que esté utilizando su influencia para difundir el uso de semillas transgénicas en África, ya que en algunos países ha utilizado su influencia para que se aprueben leyes sobre semillas que favorecen a la industria. La AGRA lo niega y, por el momento, se limita a promover las semillas híbridas, desarrolladas por los seleccionadores, que los agricultores tienen que comprar año tras año.

Pero el interés de la fundación Gates por los OGM es bien conocido y los industriales están claramente llevando adelante operaciones de presión. Esto se observa en el ámbito de la Unión Africana, que ha lanzado un proceso de armonización de los marcos reglamentarios para el uso de semillas y biotecnologías y que parece querer alinearse con los intereses del agronegocio.

«Observamos que el impacto más profundo y a largo plazo de las iniciativas de donantes y fundaciones como la AGRA en términos de política agrícola es la transformación de nuestros marcos políticos y legislativos», afirma Ange-David Baïmey, de la organización internacional GRAIN en Costa de Marfil. Cada vez más países africanos aceptan los transgénicos como opción para alimentar a su población y privatizan las semillas, como en Nigeria y Ghana, en beneficio de las empresas multinacionales.»

Las organizaciones de agricultores africanos y sus aliados no se oponen a la idea de mejorar el rendimiento del sector agrícola, siempre que las inversiones sean el resultado de un proceso democrático y que tenga en cuenta las aspiraciones de los agricultores.

Decenas de otras organizaciones y redes de la sociedad civil también lo manifestaron el 13 de agosto en una declaración en la que critican la cumbre de sistemas alimentarios de la ONU, que decidieron boicotear. También acusan a sus organizadores de favorecer al agronegocio.

Los productores africanos saben perfectamente lo que necesitan: apoyo a «soluciones arraigadas en los territorios, que integren y refuercen los derechos de los pequeños productores»; apoyo a la mejora de las semillas locales y a la adopción de prácticas sostenibles con bajos insumos, utilizando recursos locales, etc.

Sus organizaciones militan por la soberanía alimentaria y la agroecología, que, según un número creciente de estudios, es la mejor solución para resolver las crisis alimentaria y climática que afectan a varios países del continente.

«Las políticas agrícolas no liberales, al margen de las prescripciones de la Organización Mundial del Comercio y del Banco Mundial, bastarían para que los sistemas alimentarios africanos fueran más sólidos y autosuficientes y para alimentar a África», afirma Ange-David Baïmey.

La AFSA, que espera poder invertir la relación de fuerzas, está ahora a la espera de las respuestas a su última carta dirigida a los donantes de la Alianza para una Revolución Verde en África.

La Fundación Gates, que dice querer «ayudar a los pequeños agricultores a obtener ingresos para sus familias y proporcionar a los consumidores alimentos nutritivos y a precios accesibles», mantiene su postura. A la pregunta de Mediapart, respondió: «Apoyamos a organizaciones como la AGRA porque se asocian con los países para ayudarlos a aplicar las prioridades y las políticas de sus estrategias nacionales para el desarrollo agrícola. También apoyamos los esfuerzos desplegados por AGRA para supervisar continuamente los avances realizados y para recoger datos que permiten saber qué funciona y qué no funciona».

Nota