Fernando Luz *

 Correio da Cidadania, 12-9-2018, http://www.correiocidadania.com/br

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

Es impresionante como Lula viene acumulando errores políticos, desvíos éticos/morales, oportunismos económicos y vacilación de clases en los últimos años.

Entre 2006 y 2015, Lula acumuló un patrimonio de 10 millones de reales. La mayor parte, después que salió de la presidencia, haciendo conferencias para las grandes empresas, nacionales e internacionales (una casta extremamente podrida de la burguesía fue agra­ciada con empalagosas ponencias de Lula).

Estas mismas empresas, luego en seguida, apoyaron con todo su peso el conjunto de regresión social en curso; ellas siempre arrancaron la piel de los trabajadores brasileros y de otros países. Fue de los meandros de esta impudicia de Lula con la burguesía que la operación Lava Jato encontró los indicios que precisaba para condenar sin pruebas al ex presidente.

Desde que salió de la presidencia, Lula no articuló ninguna campaña en defensa de los intereses concretos de los trabajadores. Hasta usó actividades preestablecidas como tribuna, pero no articuló nada.

Todavía en 2012, venía indicando a Henrique Meirelles para ministro de Dilma, a fin de atender los intereses de la gran burguesía monopolista financiera con la cual se complacía en salones lujosos por el mundo. Fue el fiador mayor de la guiñada a la derecha del segundo gobierno Dilma, que lanzó al país en una recesión profunda y aplicó un ajuste severo contra los trabajadores (es siempre bueno recordar que en el primer trimestre de 2016 el desempleo ya estaba por encima de 11%).

En la secuencia, Lula acomodó el cuerpo contra el golpe y no movió una pala para derrumbar al golpista Temer y su conseciuencias. Buscó, todo el tiempo, algún tipo de solidaridad con el tramposo mandatario con la idea de enfrentar la Lava Jato por lo alto.

Luego, con la cú­pula del PT levantó la tesis del golpe dentro del golpe, aliviando la barra de Temer. Sólo vino en busca de los sectores populares cuando la situación jurídica ya estaba complicada, pero mismo así nunca abandonó las tentativas de zafarse a través de un acuerdo por arriba.

Para resumir, fue cobarde y antipedagógico en la forma que se entregó al ser condenado. La masa de los trabajadores pasando por horrores para sobrevivir y Lula colocándose como víctima central de la coyuntura, pero sin moverse en defensa de la clase trabajadora. Es cierto que Lula es víctima de una persecución jurídica insana, pero no es cristo crucificado, mucho menos el salvador. Lula es cómplice de cada milímetro de esta coyuntura adversa para la clase trabajadora del país.

El ex presidente usa su sagacidad para sacramentar los intereses imperdonables de la cúpula petista y esterilizar cualquier posibilidad de crítica y autocrítica por la izquierda. No aprendió nada con los reveses que sufrió y continúa, incluso preso, su articulación espuria con lo que hay de peor en la política brasilera.

Acabó de refrendar un nuevo poste para disputar la presidencia, después de ver todas sus apuestas ingenuas derrotadas en el STF (Supremo Tribunal Federal, donde buena parte de los ministros habá sido indicada por él.

Ahora, Lula despolitiza intencionalmente a las masas, entrega un candidato con fuertes inclinaciones hacia el PSDB, que besó las manos de banqueros y golpistas, y que no tiene un proyecto claro de resistencia para el momento regresivo por cual pasa el país. Para peor, Haddad es el candidato que más favorece las chances de elección de Jair Bol­so­naro.

* Fernando Luz es historiador y profesor en João Pessoa (Paraiba).