Tiene fuerza la tentación de calificar de “fascista” al nuevo presidente americano. El tono agresivo empleado por Donald Trump, su hosquedad, su mentón crispado evocan a Mussolini. Sus teatrales llegadas en avión (estrategia electoral inventada por Hitler) y sus arengas ante una multitud que grita consignas simplistas (“¡USA”! “¡USA”!, “¡Métela en la cárcel!”, a propósito de Hillary Clinton, pintada como una candidata corrupta) recuerdan los mítines nazis de comienzos de los años 1930...