La clase dominante sabe que Lula no atacaría sus intereses fundamentales si fuese electo nuevamente, al final, los gobiernos petistas garantieron un nivel de enriquecimiento a los grandes empresarios y banqueros como nunca antes en la historia del país. Pero el pacto conciliatorio inscrito en el lulismo, las pequeñas concesiones sociales combinadas con la preservación de la estructura de dominación burguesa, no es deseable a la clase dominante ahora, que prefiere un gobierno “pura sangre” para proseguir el exterminio de derechos. En el contexto económico actual, no es posible la política del “gana-gana”, los capitalistas quieren la torta entera...