Viento Sur, 13-6-2026
Correspondencia de Prensa, 17-6-2026
Después de celebrarse las elecciones generales, Perú se encuentra en la incertidumbre. Al margen de las cifras que configuran un país dividido al 50 % por dos candidatos supuestamente antagónicos, Perú no gira a la derecha, sino que no resuelve lo esencial. La transformación de las estructuras. Un país que vota con el estómago vacío y la cabeza que le da vueltas, un día vota a un maestro rural y otro día vota a una conductora mafiosa defensora del autoritarismo y la mano dura.
Por otro lado, a la izquierda todavía no ha configurado, o no se ha configurado, una alternativa a este régimen corrupto y con rasgos fascistas. La alternativa sigue siendo una tarea a desarrollar.
Y, por último, Estados Unidos. En estas elecciones han expresado sin tapujos su papel de gendarme, aplicando todas las recetas del imperialismo más odioso. La injerencia de EE UU ha sido insolente y despreciable. Pero vayamos por partes.
El fraude
El fraude, que hoy se vocea desde las trincheras de la izquierda, en verdad se inició ya hace mucho tiempo en las esferas institucionales, en el Congreso de la República. El fujimorismo y sus aliados han trabajado en estos últimos años en preparar el terreno para ganar, sea como fuere, estas elecciones.
En principio, aprobaron en el Congreso reformas electorales a su medida. Estas reformas permiten postular simultáneamente a la Presidencia, al Senado o a la Cámara de Diputados. Así, independientemente de los resultados, se aseguran una cuota de poder.
En todos estos años el fujimorismo –con la actual candidata Keiko Fujimori que reivindica el papel de su padre, un dictador corrupto condenado a 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad- ha ido copando todas las instituciones clave del Estado y en especial el poder judicial y las estructuras que gestionan los procesos electorales.
En paralelo, el fujimorismo y la ultraderecha han estado alentando e instrumentalizando el miedo a favor de sus posiciones de orden, ocultando su verdadera intención: el autoritarismo.
El miedo como arma
La derecha ha utilizado el miedo como arma. “Te van a quitar tus propiedades”, “con el comunismo vendrá el caos”, “habrá más extorsiones”. Siempre ofreciendo mano dura pero sin tocar las causas que engendran ese desorden. Ofrecen apagar el incendio arrojando más gasolina. En este sentido, el Congreso (controlado por la mafia fujimorista) aprobó la ley 32108 que protegía a la delincuencia común, extorsionadores y sicarios. Además blindaba con impunidad a la corrupción que se diera en partidos políticos.
No cabe duda que con hechos como el asesinato del dirigente Ricardo Cruz Mauro Antón, que elevó a 27 la cifra de líderes de la Federación de Trabajadores en Construcción Civil del Perú asesinados por mafias dedicadas al sicariato y la extorsión en el sector, o que sicarios asesinaran al alcalde del distrito 26 de octubre, en el departamento de Piura, la violencia, la extrema violencia, está presente en el día a día. Un vendedor de panes fue asesinado en la puerta de su domicilio en el distrito de Villa María del Triunfo. Por otro lado, la Policía Nacional intervino en el Callao a un menor de 14 años alias Juanka, presunto cabecilla de la banda Los Calacos Nueva Generación, implicado en homicidios y extorsiones, incautándole una metralleta mini Uzi y marihuana.
Una muestra con lo que la derecha utiliza el instinto y no la razón. Ante estos hechos propone orden, pena de muerte, represión, pero no propone resolver las causas.
El Perú ocupa el segundo lugar a nivel mundial en comercialización de productos eléctricos falsificados, un mercado ilegal vinculado a redes criminales que mueve cerca de 700 millones de dólares.
La pobreza, una bomba de relojería
Por otro lado, el Perú está sentado en una bomba de relojería. Más del 70% de la economía es informal. Casi 3 de cada 10 peruanos son personas empobrecidas. En el mundo rural, la informalidad roza el 85 %. La mayoría del país vive fuera del Estado, pero vota dentro de él.
El Informe Anual de Resultados 2025 de la ONU describe la situación actual en Perú, revelando que 9,4 millones de personas viven en pobreza y el 43,7% de los niños y niñas de 6 a 35 meses padece anemia.
Un total de 318 productos de la canasta básica familiar elevaron sus precios en Lima Metropolitana durante mayo, a pesar de que la inflación general del mes cerró con una reducción de 0,16 %.
La inflación acumulada en Lima Metropolitana entre enero y mayo alcanzó un 3,56 %, superando los niveles registrados en los mismos periodos de 2024 y 2025.
A decir de Héctor Béjar, ex Ministro de Exteriores con Pedro Castillo, “es un Perú desconfiado del Estado, golpeado por la pobreza, atravesado por el racismo y centralismo y acostumbrado a sobrevivir sin nadie. Ese Perú vota, pero no cree, participa, pero no se siente representado, elige, pero no se siente parte, por eso cada elección parece una ruleta rusa”.
El papel de Estados Unidos
Por otro lado, analizar el papel de Estados Unidos (EE UU) es determinante para comprender y entender los intereses en juego teniendo presente la influencia China y su enfrentamiento con la Administración Trump.
Alrededor de 580 empresas estadounidenses tienen presencia en Perú. El principal instrumento de penetración que utiliza EE UU es AmChamPerú, la Cámara de Comercio Americana del Perú que forma parte de la Asociación de Cámaras de Comercio Americanas en América Latina (AACCLA), que cuenta con 24 cámaras de comercio en 28 países de América Latina y el Caribe.
La AACCLA reúne a más de 20 000 empresas, concentra el 80 % de la inversión estadounidense en la región y forma parte de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos (USCC), la federación de empresarios más grande del mundo con más de 3 millones de asociados.
Estados Unidos es el cuarto mayor inversor extranjero de Perú (con el 11 % del stock total de inversión). Y un dato muy interesante: concentra el 68 % de su inversión en la minería.
En este marco, el embajador de Estados Unidos nombrado por Trump en Perú juega un papel determinante.
La injerencia del embajador de Estados Unidos
El embajador de Estados Unidos en Perú es Bernie Navarro. Designado por el presidente Donald Trump en mayo de 2025, confirmado por el Senado el 18 de diciembre, juramentó en Washington el 13 de enero de 2026 y llegó a Lima a finales de ese mismo mes para iniciar oficialmente su gestión. No es un diplomático de carrera, sino un empresario de Miami con experiencia en finanzas y desarrollo económico, un perfil poco habitual para este cargo en el país.
Habla español con fluidez, mantiene un vínculo personal con el Perú —su esposa, Carmen Navarro, peruana nacida en el barrio pituco de Miraflores en Lima- y ha visitado el país en múltiples ocasiones por motivos familiares y empresariales.
En sus primeras declaraciones públicas mencionó que uno de sus primeros planes era disfrutar de comida china en Lima, como dando entender que los chinos son buenos sólo para cocinar, un comentario que llamó la atención por el contexto en el que hoy se analiza la relación entre Perú, China y Estados Unidos.
Pero Bernie Navarro es un estrecho colaborador de Marco Rubio, Secretario de Estado de EE UU, miembro del núcleo duro de la administración Trump. Navarro ha sido el recaudador de fondos de Rubio y ha desarrollado su carrera profesional entrelazando las finanzas y la promoción inmobiliaria
El embajador norteamericano tiene como tarea fundamental poner en marcha el puerto del Callao en favor de los intereses comerciales de EE UU en detrimento del puerto de Chancay, desarrollado con capital chino.
En los últimos años, China ha ganado un espacio determinante en la economía peruana a través de inversiones en minería, energía, infraestructura y, especialmente, con el megapuerto de Chancay, llamado a convertirse en un punto clave del comercio en el Pacífico. Las empresas chinas han incrementado su presencia en sectores estratégicos y su influencia empresarial es cada vez más visible.
Dos meses después de que Navarro llegara a Lima -y a doce días de la celebración de las elecciones en Perú- el 30 de marzo de 2026, el medio británico The Guardian denunció que el Departamento de Estado de Estados Unidos, encabezado por Marco Rubio, habría enviado un cable diplomático a sus embajadas y consulados para que impulsen campañas coordinadas de propaganda y recluten influencers y periodistas. El cable además sugiere un canal para la difusión de estos mensajes pagos: la plataforma privada X (antes Twitter), propiedad del magnate y exfuncionario del gobierno Trump, Elon Musk. Rubio señala la eficiencia de la plataforma para estos fines, especialmente la función de Notas de la Comunidad, «como un instrumento colaborativo para desacreditar la propaganda antiestadounidense».
El actual embajador estadounidense en Lima se estrenó amenazando directa y públicamente al Gobierno de Perú si no se daba autorización a la compra de aviones militares. «Si negocian con mala fe con EE UU y socavan los intereses estadounidenses, tengan la certeza de que como representante de la Administración Trump utilizaré todas las herramientas disponibles para proteger y promover la prosperidad y la seguridad de nuestro país y la región». El Gobierno de Perú de José María Balcázar bajo la cabeza.
Fondos estadounidenses financiaron a organismos electorales
Tras la suspensión de los fondos de la USAID, el periodista Paolo Benza publicó que diversos periodistas habrían sido financiados por USAID a través de la ONG Idea Internacional mediante proyectos como «Diálogo político en Perú» (que recibió 7,5 millones de dólares) y «Expresión ciudadana en Perú» (que recibió 2,3 millones). Entre los medios estaban Radio Programas del Perú (RPP), Epicentro, El Comercio, La Encerrona, El Búho, Ojo Público, además de diversas ONG como la Fundación Mohme, Ashanti Perú o Transparencia. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) que dan los resultados electorales también recibió dinero de la USAID.
Antes, durante y después de las elecciones Bernie Navarro, el embajador nombrado por Trump, ha estado muy activo visitando mesas electorales, reuniéndose con el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) y dejando evidencia de su interés por hacer un seguimiento muy estrecho del proceso electoral. A su paso dejó muy claro que Perú es parte del patio trasero de EE UU. La injerencia imperialista ha sido muy evidente y ha despertado la conciencia antiyanqui adormecida.
Teniendo en cuenta que el primer favorito para la presidencia era Rafael López Aliaga (RLA), el alcalde de Lima, miembro del Opus Dei, ultraderechista acérrimo, amigo de Abascal de Vox en España, racista y supremacista. RLA fue el predilecto de Trump. Coincidió en actos públicos y masivos en Estados Unidos y siempre fue la referencia de Trump y su círculo.
Pero EE UU siempre se ha llevado muy bien con el fujimorismo. Antaño con el corrupto y condenado por crímenes de lesa humanidad, Alberto Fujimori, y ahora con la hija, Keiko, que estudió en EE UU y mantiene estrechas relaciones con miembros del grupo MAGA y representantes republicanos.
Las previsiones era que tanto RLA y Keiko pasaran a la segunda vuelta. Así, obligaban a elegir entre derecha y ultraderecha y ultraderecha y derecha. Pero las previsiones se torcieron con la irrupción de la candidatura unitaria de izquierda: Roberto Sánchez, discípulo de Gustavo Gutiérrez, referente de la Teología de la Liberación.
Los norteamericanos amenazaron con un viaje relámpago de Marco Rubio para arreglar el entuerto entre Rafael López Aliaga (que había llamado a la “insurrección”) y Keiko Fujimori. Finalmente las aguas volvieron a su cauce y RLA comprometió su apoyo y votos a Keiko Fujimori con los norteamericanos detrás.
La alternativa
A estas elecciones se llega sin una alternativa creíble y que afronte los problemas estructurales (y no sólo de gestión) que tiene el Perú.
La alianza unitaria de Roberto Sánchez, que tanta ilusión ha levantado, es bastante débil al interior. Las viejas, obsoletas y sectarias batallas en la izquierda se siguen dando mientras el pueblo desangra y ve cómo la reacción, la corrupción, la represión, el expolio, el extractivismo van a seguir medrando.
Si Sánchez llegara al gobierno, los problemas a lo mejor se multiplican. Los riesgos de captación de nuevos y flamantes diputados/as y senadores con el dinero de la mafia fujimorista es un riesgo más que probable.
El asesor técnico Pedro Francke afirmó que el partido de Roberto Sánchez, Juntos por el Perú, no tiene una «hoja de ruta», descartó la inclusión de Antauro Humala (etnocacerista, nacionalista populista) en un eventual gobierno y respaldó la continuidad de Julio Velarde al frente del Banco Central de Reserva. Es decir, un Gobierno progresista que no cambia para nada la política económica en favor de las grandes corporaciones y el capital.
Las elecciones no resolverán los problemas. Coincido con Héctor Béjar cuando dice: “Mientras no se transforme la base material del país -las desigualdades, la informalidad, el centralismo, la exclusión, el racismo- seguiremos en lo mismo. Un país que vota cada cinco años pero no decide nunca su destino”. “No. El Perú no gira a la derecha. El Perú oscila como un péndulo enfermo porque nadie resuelve lo esencial”.
Si Keiko Fujimori asume la presidencia la situación en Perú empeorará, habrá conflictos por todos lados. El sur andino ha marcado el camino: resistencia y movilización. La derecha liberal, que en el último momento apoyó la candidatura de Sánchez, advierte del riesgo de guerra civil.
La democracia se debilita cuando un solo poder captura las instituciones, cuando olvidamos nuestra historia y cuando los derechos humanos dejan de ser una prioridad.
Sin embargo, el rumbo de un eventual gobierno seguirá en disputa entre la moderación socialdemócrata y la consolidación de una nueva izquierda popular.