Comparando a China, Cuba y Vietnam. Reseña crítica a un libro de Carmelo Mesa-Lago (I)
Samuel Farber*
Cuba X Cuba, 3-9-2025
Correspondencia de Prensa, 14-9-2025
Carmelo Mesa-Lago, profesor jubilado de Economía de la Universidad de Pittsburgh, es el decano de los estudios sobre Cuba en el extranjero, fundador y editor por muchos años de la revista Cuban Studies/Estudios Cubanos, y autor de numerosos libros y artículos enfocados en la economía cubana. Ha ejercido significativa influencia entre los estudiosos de la realidad cubana, tanto fuera como dentro de Cuba, particularmente entre los economistas, dada su crítica del uso oficial de las estadísticas en la Isla hace varias décadas.Mis propios trabajos sobre Cuba han dependido en grado considerable de las contribuciones de Mesa-Lago. El presente análisis es una reseña crítica a su libro Comparing Socialist Approaches. Economics and Social Security in Cuba, China and Vietnam, Pittsburgh, Pa.: University of Pittsburgh Press, 2025, 342 pp.
¿Qué dicen las estadísticas sobre China, Vietnam y Cuba?
Mesa-Lago señala que antes de los cambios económicos que Den Xiaoping inició en China en 1978 y que Vietnam inauguró con la política de Doi Moi (renovación o innovación) en 1986, ambos países estaban por debajo de Cuba en la gran mayoría de índices socioeconómicos y bienestar social. Sin embargo, después del colapso del bloque soviético y la profunda crisis por la que atraviesa Venezuela ―que bajo los gobiernos de Chávez y Maduro se convirtió en la fuente de ayuda más importante para la isla―, la situación ha cambiado de manera radical.
Actualmente los dos países mencionados aventajan por mucho a Cuba en la mayoría de los referidos índices. De hecho, la Isla atraviesa una gran crisis, con la emigración de cientos de miles de cubanos, y el deterioro del acceso a artículos de consumo,alimentos, y a servicios públicos como la electricidad y la recogida de basura. Para Mesa-Lago, la razón principal que explica tal cambio es que los países asiáticos han permitido el libre funcionamiento de la empresa privada mucho más de lo que lo ha hecho el gobierno cubano.
Según cifras presentadas en este volumen, el 96.7 % de las empresas vietnamitas y el 89.7 de las chinas no son propiedad del estado, [1] mientras que en Cuba ese es solamente el caso del 21.9 % de las empresas. Al mismo tiempo, la proporción del PIB (Producto Interno Bruto) por parte del estado ha declinado al 37.3 % en Vietnam y al 40 % en China; a diferencia de Cuba, donde la contribución del estado al PIB es del 90.8 % (51). Como parte de esta realidad, Mesa-Lago señala que las empresas cubanas no-estatales, tanto en el campo como en las ciudades, han sido sometidas a muchas restricciones, impuestos, inspecciones y cambios de política económica que obstaculizan su desarrollo. (24).
Solamente una proporción minoritaria de la agricultura cubana está en manos privadas; mientras que en Vietnam y China la gran mayoría lo está, con el resultado, según Mesa-Lago, de que aquellas naciones son autosuficientes en la producción de alimentos, en tanto Cuba tiene que importar la mayor parte de ellos. Quizás el mayor problema de la agricultura insular es que las reformas se acompañaron de muchos obstáculos creados por el gobierno, los cuales contribuyeron significativamente a una baja productividad agrícola, a tal grado que, incluso cuando el 17 % de la fuerza laboral trabaja en la agricultura, esta solo genera el 2.6 % del PIB. (23).
En términos de producción industrial, China y Vietnam son, respectivamente, países muy avanzados y avanzados, mientras que Cuba atraviesa un proceso de desindustrialización, que incluye el colapso casi total de la industria azucarera, acompañado por una gran construcción de hoteles al mismo tiempo que sigue disminuyendo el turismo.
Simultáneamente, las exportaciones han aumentado en los dos países asiáticos y descendido en Cuba, que es exactamente lo opuesto respecto a lo ocurrido con la inflación, que descendió en China y Vietnam, pero aumentó en Cuba. (51)
En lo concerniente al crecimiento económico de los tres países entre 2009 y 2020, i.e. ―es decir, antes de la pandemia―, si bien China y Vietnam crecieron 7.4 y 5.9 % respectivamente, Cuba lo hizo solo un 0.9 %. [2] Esto no es sorprendente, dado que las tasas de formación bruta de capital ―un índice crítico para el crecimiento económico―, habían sido en 2019: 43.1% del PIB en China, 26.8 % en Vietnam y solamente 11.5 % en Cuba. (57)
El declive de la economía cubana no parece haber afectado el alto grado de alfabetismo en dicho país (100 %), la misma proporción que en Barbados y 99 % en Argentina y Uruguay, según estadísticas provistas por Mesa-Lago y la UNESCO, aunque sí ha afectado mucho ―quizás paradójicamente―, el estado físico de las escuelas y el éxodo de maestros de su profesión.
Este escenario también ha tenido, en conjunto con el crecimiento de la empresa privada, un efecto significativo en el notable ascenso de la desigualdad, con un aumento del coeficiente de desigualdad (coeficiente Gini). La socióloga cubana Mayra Espina Prieto lo estima en 0.407, comparado con 0.357 en Vietnam y 0.385 en China (57). En el caso de Cuba, las remesas enviadas por familiares en el exterior han jugado un rol significativo en el aumento de la desigualdad, especialmente si consideramos que los cubanos de ascendencia africana reciben menos remesas que el resto de la población.
Mesa-Lago provee datos sumamente importantes respecto a la salud en Cuba, dada su jerarquía en la imagen positiva que el gobierno ha proyectado hacia el exterior. El estudioso señala que existen varios sistemas de salud en la Isla. El más grande es el sistema público, pero existen otros, por lo general mejores, como el de las Fuerzas Armadas, Seguridad del Estado, y el de los altos oficiales del Partido Comunista. Adicionalmente, los extranjeros que pagan en dólares y euros, tienen acceso a instituciones médicas y servicios de mayor calidad. (91)
En términos del número de médicos por cada diez mil habitantes, hallamos que Vietnam está en primer lugar, con un índice de 8.8; que en Cuba es de 8.6 y solamente de 2.0 en China. En lo referido al número de camas en hospitales, es exactamente al revés: China en primer lugar, con un índice de 5.5, Cuba en segundo con 3.0 y Vietnam en tercero, con 2.8 (115). Respecto a la tasa de mortalidad infantil (por cada 1,000habitantes) Cuba sigue a la cabeza de los tres países con la cifra de 5.0 [3] seguida por China con 5.6 y Vietnam con 13.9.
Sin embargo, varios artículos académicos cuestionan la confiabilidad de las cifras ofrecidas por el gobierno cubano al argüir que subestiman el número de muertes infantiles. [4] Al mismo tiempo, la Isla se coloca muy por detrás de los otros dos países respecto a la tasa de mortalidad post partum de las madres, con una cifra de 176.3 (por cada 100,000 nacimientos), mientras Vietnam tiene 46.2 y China 17.8 (117) La tasa actual de Cuba es peor que la existente en 1955, que era de 145.0 (116-7 ynota 19, p. 273).
Fue con la pandemia de Covid-19 que el gobierno cubano tuvo la mayor falla con su propio pueblo. En 2021, cuando la pandemia ya se había destapado en los tres países, se estima que Cuba tuvo la cifra más alta de muertes excesivas ―criterio usado internacionalmente para medir el impacto de la Covid. China tuvo el menor número, seguida por Vietnam, y Cuba tuvo el mayor promedio, con 163, el triple de la tasa de Vietnam y 82 veces la de China. (119) [5] La razón principal de la alta incidencia de muertes en Cuba fue que el gobierno esperó demasiado hasta que la vacuna desarrollada en el país estuviera lista para su uso. Durante esa espera, rechazó la ayuda ofrecida por la Organización Mundial de la Salud, organización con la cual ha tenido buenas relaciones a través de muchos años.
Cuando Mesa-Lago examinó los cambios ocurridos en Cuba entre 2008 y 2019, encontró un descenso significativo en el número de hospitales, de camas disponibles en los centros médicos que todavía funcionan, de centros de atención médica locales, y en el número de enfermera(o)s y técnicos. El número total de médicos no disminuyó porque se convirtieron en artículos de exportación. (115) El estado cubano cobra por los servicios médicos a los países extranjeros basados en su capacidad de pago, lo que incluye que algunos países reciben el servicio de manera gratuita. Pero del dinero que los países receptores pagan al gobierno cubano, este solamente ha transmitido al personal médico aproximadamente una cuarta parte.
Por tanto, el número de médicos disponibles para atender a los cubanos ha disminuido, como es el caso de los médicos de familia, la mitad de los cuales trabaja fuera del país, lo que explica la escasez de dicho servicio. Aun así, muchos profesionales desean esos trabajos en el exterior por varias razones, incluyendo el acceso a artículos que pueden comprarse en el extranjero.
Igualdad de género
Mesa-Lago toma nota de las diferentes proporciones de la fuerza laboral constituida por mujeres en los tres países. Vietnam ocupa el primer lugar, con una proporción de 47.4%, China el segundo, con 43.5, y Cuba el tercero, con 39.4 % (138). Aunque la cifra cubana sea más baja que en los otros dos países, hay que tener en cuenta que es mucho más alta que la de la Cuba prerrevolucionaria, donde según el censo de 1953 (último realizado antes de 1959), solamente el 13.7% de las mujeres trabajaba fuera de la casa y, de estas, más del 25 % eran trabajadoras domésticas.
Cuba se encuentra en segundo lugar respecto al número de semanas con licencia de maternidad concedidas por el estado, con 18; Vietnam ocupa el primer lugar, con 24 y China está en tercero con 14-23, una variación significativa basada en diferencias regionales. (138)
Las pensiones, por su parte, han sido un gran problema dada la alta inflación sufrida por los cubanos en los últimos años. A pesar de que la Isla tiene el más alto grado de cobertura de pensiones para hombres y mujeres de los tres países (68 %) ―comparado con 45 % en China y 28 % en Vietnam―, las pensiones en Cuba, a diferencia de las de Vietnam y China, consisten en cantidades fijas que no ascienden según el grado de inflación. (128, 138) Como resultado, la incidencia de pobreza es más notable entre los ancianos cubanos.
Finalmente, con respecto a las mujeres, quizás el índice más útil sea el de Desigualdad de Género (IDG), medida usada por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas para estimar las disparidades de género en muchos países. Cuba ocupa el tercer lugar bajo ese índice, con un coeficiente de 0.304, Vietnam está en segundo, con 0.296, y China aparece en primer lugar, con un índice de 0.168. (138)
Para resumir la enorme cantidad de datos utilizados en su libro, Mesa-Lago trata de presentar un resumen según varias categorías. Por ejemplo, en el área de Seguridad social el autor seleccionó 51 índices basados en su importancia y comparabilidad. El «ranking» de estos tres países, con los números más bajos siendo los mejores, es: primero China con 1.57, segundo Vietnam con 1.74 y Cuba en tercero con 2.20. (187) La situación es diferente en lo que Mesa-Lago llama «solidaridad social», que se refiere a la igualdad de beneficios y creación de comunidad de intereses entre los diferentes sectores de la población. Este renglón, en el cual Cuba ocupa el primer lugar (1.50), Vietnam el segundo (1.79) y China el tercero (2.25), incluye la atención a la salud, la asistencia social que no está basada en contribuciones, y las pensiones. (139)
Aparte de las muy informativas comparaciones entre China, Vietnam y Cuba, Mesa-Lago presenta datos sumamente útiles respecto a varios aspectos de la realidad cubana. El tema principal en este último contexto es el del bloqueo económico establecido a principios de los sesenta del pasado siglo. No hay duda de que estas represalias abominables por parte del imperio estadounidense no fueron motivadas por amor a la democracia y los derechos humanos, sino para eliminar la amenaza de un país que había permanecido bajo varios grados de control estadounidense desde 1898, y que entonces estaba estableciendo su independencia y aliándose con otro imperio hostil a los Estados Unidos.
Como reconoce Carmelo Mesa-Lago, el embargo (o bloqueo) estadounidense, que se fortaleció bajo Donald Trump, ha durado con más fuerza y por más tiempo en Cuba que en Vietnam, y ha resultado en efectos más adversos para la Isla (20). Sin embargo, hay que notar que esta aseveración necesita calificación en el sentido de que, aunque el impacto económico de las acciones contra Cuba ha sido indudablemente más dañino, Mesa-Lago aclara que Vietnam sufrió veintinueve años de guerra contra Francia (1946-1954) y contra los Estados Unidos (1955-1975), lo que devastó su economía y lo convirtió en uno de los países más pobres del mundo.
Si bien durante la invasión a Playa Girón, patrocinada por los Estados Unidos en abril de 1961, muchos cubanos resultaron muertos y heridos, y han existido víctimas de los ataques terroristas llevados a cabo en tierras cubanas por la CIA, y por supuesto existen numerosas víctimas de la represión gubernamental contra disidentes pacíficos; no caben dudas de que las grandes pérdidas de vidas y de la economía de Vietnam fueron mucho más extensas que las de Cuba.
Respecto a China, los grandes daños causados por las guerras entre caudillos tras el establecimiento de la república en 1911, la guerra contra la invasión japonesa y entre los ejércitos liderados por Chiang Kai Shek y Mao Zedong fueron desastrosos. A todo eso hay que añadir las increíblemente costosas políticas de Mao Zedong, especialmente el llamado «Gran Salto Adelante» (1958-1961), que provocó una hambruna con millones de víctimas, y la denominada Revolución Cultural (1966-1976), que produjo entre uno y dos millones de muertes; ambas fueron no menos destructivas que las atrocidades cometidas por los imperialismos francés y estadounidense en Vietnam.
Finalmente, mientras que según Mesa-Lago el gobierno cubano estimó en 2021 los daños causados por el bloqueo estadounidense en 130 mil millones de dólares, estas pérdidas fueron compensadas en parte por la URSS, lo que incluyó subsidios a través de los precios más altos que pagó por productos cubanos: 65 mil millones de dólares entre 1960 y 1990. Cuba también recibió de Venezuela 100,000 mil millones de dólares entre 2005 y 2017. A lo anterior se suma que la deuda de la Isla con otras naciones, como Rusia, China, México y el llamado Club de París, fue perdonada en la suma de 42,470 millones de dólares.
Además, las relaciones económicas activas con Canadá y la Unión Europea compensaron parcialmente los daños ocasionados por el bloqueo estadounidense (21-22). Sin embargo, hay que tener en cuenta que estas compensaciones no han remediado los efectos estructurales del bloqueo, como por ejemplo la prohibición a empresas estadounidenses de invertir en Cuba y sus efectos respecto al desarrollo económico del país.
En todo caso,en los últimos años ningún otro país ha jugado el rol de la URSS y Venezuela respecto a Cuba, a pesar de las promesas de Rusia.
Notas Parte I
1] Sin embargo, el Centro de Investigación de la Universidad de Stanford mantiene que la propiedad estatal en China está muy mezclada con la privada. Según un reporte de dicho centro, firmas que han invertido en otras firmas representan aproximadamente el 80 % del capital total en la economía china. Dentro de este 80 % de las firmas, el capital total de firmas con algún grado de inversión estatal ha aumentado del 61 % en 1999 al 85 % en 2017. Al mismo tiempo, el capital total de las firmas exclusivamente propiedad del estado ha declinado de 41 % en 1999 a 25 % en 2017.
2] Según fuentes oficiales cubanas (1 y 2), el PIB declinó 1.1 % en 2024 y 11 % en los últimos cinco años.
3] Datos publicados por el ministro de Salud, José Ángel Portal Miranda, refieren que la mortalidad infantil aumentó a 8.2 muertes por cada 100 nacimientos en la primera mitad de 2025, por arriba de la cifra de 7.4 durante el mismo período en 2024.
4] Ver las fuentes para apoyar dicho argumento en Carmelo Mesa-Lago y Sergio Díaz-Briquets, «Healthcare in Cuba: Sustainability Challenges in an Ageing System», Journal of Latin American Studies, 53, no. 1, 133-59.
5] Esta comparación está basada en los datos muy poco confiables provistos por el gobierno chino. Después que dicho gobierno relajó sus muy fuertes restricciones, en diciembre de 2022, hubo una verdadera explosión del virus. Los investigadores consideran que la cifra oficial de 83,150 muertes (hasta febrero 9 de 2023) es sumamente baja, pues solo cuenta a los chinos infectados que murieron en hospitales, sin considerar a los que murieron en sus hogares. Adicionalmente, el gobierno solamente contó las muertes debidas a fallos del sistema respiratorio, mientras ignoró a los infectados que murieron debido a fallos del hígado, riñones o sistema cardíaco. En conclusión, cuatro grupos de académicos independientes estimaron que el número de muertes debidas al COVID, sumaron un millón a millón y medio de personas en China.
*Samuel Farber, doctor en Sociología por la Universidad de California en Berkeley. Profesor Emérito del Brooklyn College de la City University of New York. https://www.facebook.com/samuel.farber.3
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¿Deben ser Vietnam y China modelos para Cuba? Reseña crítica a un libro de Carmelo Mesa-Lago (II)
Samuel Farber
Cuba X Cuba, 5-9-2025

Muchos de los simpatizantes en Cuba de los sistemas económicos asiáticos, pretenden ignorar que estos no son menos antidemocráticos y autoritarios que el régimen cubano. La organización independiente de derechos humanos Human Rights Watch (HRW), en su World Report 2025, señaló que el ascenso al poder de un nuevo líder en Vietnam, luego de una intensa lucha interna, no alivió la implacable represión a los derechos humanos por aquel gobierno. Según dicho reporte, las autoridades vietnamitas siguen prohibiendo las organizaciones de derechos humanos independientes, así como a los sindicatos, grupos religiosos, medios de comunicación y todas las organizaciones que operan fuera del control gubernamental.
Durante el año 2024, el líder comunista To Lam, que había estado a la cabeza del notorio Ministerio de Seguridad Pública, obtuvo la posición mucho más importante de secretario general del Partido Comunista de Vietnam después de que logró reemplazar a cinco miembros del Buró Político. Bajo el ministerio encabezado por Lam, la policía encarceló a muchísimos disidentes, lo cual fue facilitado por el control que el gobierno mantiene sobre el sistema de justicia que, como en Cuba, no es imparcial ni independiente.
Otro reporte de HRW informa que Vietnam está proveyendo información falsa respecto a la libertad sindical en el país, con el fin de obtener o mantener aranceles preferenciales en sus actividades comerciales internacionales. Según el reporte, Vietnam no permite que sindicatos independientes representen a los trabajadores. Los líderes y funcionarios de la Confederación de Trabajadores de Vietnam son nombrados por el gobierno y, al nivel de las empresas, sus líderes son designados casi todos por las gerencias.
De hecho, en abril de 2024, la policía arrestó a Nguyen Van Binh, alto funcionario del Ministerio de Trabajo que había abogado por reformas laborales más sustantivas y más autonomía para los sindicatos. Es importante subrayar que el control que el estado vietnamita ejerce sobre la clase trabajadora y campesina de ese país, y la prohibición de sindicatos independientes, facilita considerablemente la acumulación de capital.
El modelo político y económico de China, como el de Vietnam, descienden del modelo unipartidista y totalitario que Stalin estableció en la URSS, aunque por supuesto con ciertas adaptaciones nacionales. Dados esos orígenes comunes, no es de sorprender que las características más importantes de Vietnam existan también en China, como el sistema unipartidista y la supresión de toda actividad política y sindical independiente del estado.
Como en Cuba y Vietnam, en China existe una sola central sindical, la Federación de Sindicatos de toda China, controlada por el estado a través del Partido Comunista y cuya función es mantener la disciplina de los trabajadores en sus centros de trabajo, impuesta desde arriba para facilitar su explotación.
Aunque es necesario reconocer que China se ha modernizado en gran medida y que el nivel de vida ha mejorado substancialmente, en especial en las grandes ciudades, el precio que la población ha pagado por ese «progreso» ha sido comparable, si no peor, que el que otros países capitalistas avanzados, como Gran Bretaña, experimentaron en su pasado industrial.
Entre muchos horrores, hay que mencionar el sistema llamado «hukou», que, aunque relajado hasta cierto punto por funcionarios locales en ciudades de segunda y tercera categoría, sigue implementándose estrictamente en las grandes ciudades como Beijing. Tal sistema segrega a los inmigrantes de zonas rurales y los registra como personas que viven en el campo, lo cual los excluye de servicios sociales urbanos respecto a la vivienda, escuelas, cuidado de los niños y subsidios gubernamentales. Este sistema ha jugado un rol sumamente importante en la explotación y opresión de esos inmigrantes, tanto por el capital nativo como por el extranjero.
A diferencia de Vietnam, China ha registrado mucha resistencia en forma de numerosas huelgas obreras ilegales, así como de protestas campesinas contra las expulsiones de sus tierras para varios propósitos, especialmente expansión de empresas y áreas urbanas. Estos disturbios sociales aumentaron desde fines de los noventa y principios del siglo XXI. Durante esa época, millones de trabajadoras y trabajadores del sector público fueron despedidos y lanzados a un mercado laboral para el cual no estaban preparados, lo que provocó una crisis de subsistencia. El gobierno chino admitió que hubo 87,000 incidentes de protesta que involucraron a más de veinticinco personas en 2005.
Finalmente, hay que señalar la paradoja de que, aunque China es un productor importante de equipos para la protección del medio ambiente, se ha convertido en el mayor emisor mundial de dióxido de carbono en los últimos veinte años. La industrialización China ha provocado considerable contaminación del aire, tierra y aguas. Asimismo, no se debe ignorar la opresión que sufren naciones minoritarias como el Tibet y Xinjiang, recientemente extendidas a la importante ciudad costera de Hong Kong.(1 y 2)
Los cambios que Mesa-Lago propone para Cuba
Aunque este libro no desarrolla diseños programáticos para la solución de los problemas económicos que confronta Cuba, sí esboza ciertas ideas que tienen implicaciones prácticas. Así, por ejemplo, Mesa-Lago propone: 1) la legalización total de los PYMES (pequeña y mediana propiedad privada), autorizándolas para que se expandan y puedan absorber el excedente de la fuerza laboral estatal; 2) permitir que los agricultores privados y cooperativas sean verdaderamente autónomos, liberándolos de la entrega obligatoria al estado, a precios fijados por este,de la mayor parte de su producción a través de la institución estatal «Acopio»; 3) consentir que los cubanos residentes en el exterior puedan invertir en Cuba; 4) acceder a que las empresas decidan libremente en qué invertir y que puedan importar y exportar directamente con independencia del estado. (199, 230)
Desde el punto de vista que promueva una salida socialista democrática para la Isla ―la cual incluye la defensa del auto gobierno de los que trabajan, tanto en la ciudad como el campo, así como la soberanía nacional―, este no es un programa compatible con dicha perspectiva, aunque hay unas que si lo son, especialmente en lo referido a la agricultura.
A los pequeños agricultores, en particular, hay que dejarlos en paz y que cultiven y vendan sin las imposiciones de Acopio, una agencia que debe ser abolida. En este contexto, la intervención estatal debe limitarse a las regulaciones relacionadas con la sindicalización libre, condiciones de trabajo y salud de los productores y consumidores, y, por supuesto, al medio ambiente.
Quizás lo más importante en este contexto sería instituir un sistema progresivo de impuestos sobre el ingreso con el fin de limitar y evitar el crecimiento incontrolable de la desigualdad económica en el campo y, al mismo tiempo, crear un fondo de desarrollo agrícola para introducir técnicas modernas de cultivo, especialmente aquellas que protejan el medio ambiente y disminuyan los trabajos más onerosos y el alto deterioro físico que comúnmente desarrollan los campesinos.
Respecto al derecho a importar libremente del exterior sin control alguno por parte del estado, es necesario considerar que ya existe en Cuba una importante diferenciación clasista que fácilmente pudiera producir una ola de importaciones de automóviles (como parece que está ocurriendo) y artículos de lujo que harían muy poco para promover el desarrollo económico. La ciudadanía debe tener el derecho de importar artículos, pero si eso involucra el uso de las escasas divisas del país, como dólares y euros, debe haber limitaciones suntuarias para maximizar la contribución de estos artículos importados tanto al bienestar general como al individual.
En lo referente a las PYMES, hay que tener en cuenta que el gobierno cubano considera como mediana empresa aquellas que tienen hasta cien trabajadores. Ese número implica que se trataría de una empresa capitalista con una jerarquía burocrática para administrarla, lo cual tendría consecuencias muy serias para el tipo de sociedad que se desarrollaría después del «socialismo» burocrático y unipartidista.
Lamentablemente, no ha habido señal en la Isla de los gérmenes de un movimiento obrero orientado al sindicalismo organizado y, por tanto, a la posibilidad de control obrero de los centros de trabajo desde abajo. El descontento real de los trabajadores se ha manifestado en un éxodo dramático al extranjero, sobre todo desde 2022, y en manifestaciones en las calles para protestar contra los apagones y la falta de artículos de consumo. Esto es ya una tradición que comenzó el 11 de julio de 2021 con grandes manifestaciones callejeras a través de todo el país, seguidas de otras más locales en años siguientes, aunque todas severamente reprimidas por el régimen.
Propuesta de Mesa-Lago para los sistemas de salud
Lamentablemente, Mesa-Lago hace ciertas recomendaciones sin considerar sus consecuencias sociales y políticas. Por ejemplo, recomienda que Cuba permita un sistema de salud privado para competir con el sistema público (224, 227). Las experiencias de otros países han demostrado claramente que dicho sector privado, dadas las desigualdades clasistas, contaría con una clientela de clase alta y media con los recursos para obtener un tratamiento de lujo sin las esperas y otras incomodidades típicas de un sistema público masivo en un país relativamente pobre.
Una consecuencia aún más grave de sus recomendaciones sería la disminución del apoyo político al sistema público de salud, el que inevitablemente se convertiría en el usado principalmente por los pobres y personas de menos recursos. Eso puede verse en los Estados Unidos, donde existen el sistema Medicaid ―para los pobres y personas con menos recursos―, y el sistema Medicare para todas las personas que tienen más de 65 años, independientemente de sus recursos económicos.
La gran mayoría de los políticos no se atreve a proponer de manera pública que se recorten los beneficios del Medicare, mientras que repetidamente intentan recortar los beneficios del Medicaid. Como es un programa de índole universal en su cobertura y sin evaluación de recursos económicos de sus usuarios, Medicare se ha convertido en una especie de «vaca sagrada» que pocos se atreven a atacar abiertamente. Es por eso que los recortes a Medicare son por lo general disfrazados con subterfugios, como es el caso de la presente privatización y reducción de beneficios de Medicare bajo el mendaz título de «Medicare Advantage».
El mismo Mesa-Lago confirma la validez de mi crítica cuando cita el caso de Vietnam y afirma que hay largas colas para obtener servicios médicos en los hospitales públicos, donde aun las familias pobres, los niños menores de seis años, discapacitados y estudiantes tienen derecho a recibir atención médica gratis, pero están sujetos también a las largas esperas.(92) Entre tanto, es mucho más fácil acceder a los hospitales privados; de hecho, los hospitales privados patrocinados por instituciones extranjeras (como los franceses y japoneses) son mejores y más caros.
Propuesta de Mesa-Lago para la edad de jubilación
Hay un problema similar respecto a las jubilaciones y las edades en que los trabajadore(a)s pueden obtener ese beneficio. Mesa-Lago tiende a tratar el tema como un problema puramente económico, y ciertamente no social. En el caso particular de China, a pesar de que se está convirtiendo de manera rápida en un país más rico, el economista recomienda que las pensiones deben ser ajustadas a la expectativa de vida de la población, y que el gobierno debe crear incentivos y alentar a la gente para que se jubile más tarde. Las normas para la jubilación más temprana deben ser reforzadas para evitar «su uso indebido».(206)
Hace poco más de dos años, en enero de 2023, el tema de la jubilación captó la atención pública internacional cuando el presidente de Francia, Emmanuel Macron, subió la edad de jubilación de 62 a 64 años. Esto provocó grandes manifestaciones y huelgas, así como una gran discusión pública sobre la necesidad del retiro desde un punto de vista sindicalistayhumano. En otras palabras, la vida no debe ser solamente los años de trabajo, sino también el tiempo en que se pueda disfrutar y proseguir otros intereses mientras las personas todavía están relativamente saludables. Eso amerita que se considere seriamente el subsidio público a los fondos de retiro si esto es necesario para, al menos, mantener las conquistas sociales previamente obtenidas como fruto de luchas sindicales y ciudadanas, en vez de mermarlas, aunque sea de manera gradual.
El cuidado a la salud, educación, y a una jubilación digna y relativamente temprana, entre otras, constituyen altas prioridades sociales y políticas, dignas de ser receptoras del financiamiento público si fuera necesario, más allá de los fondos dedicados específicamente a esos propósitos, como en el caso de las jubilaciones. Hay que tener en cuenta que la defensa de las jubilaciones, la salud pública, y otras conquistas, como la educación pública, constituirían una valla protectora adicional en defensa del bienestar publico si el capitalismo triunfa en Cuba, sea a través de instituciones estatales como Gaesa (la poderosa rama económica de las Fuerzas Armadas), o a través del capitalismo privado.
En conclusión, este texto de Carmelo Mesa-Lago es verdaderamente enciclopédico y sumamente útil. Su carácter, amplio y exhaustivo, ha obligado al autor de esta reseña a presentar una relativamente pequeña cantidad de datos en una selección inevitablemente influida por sus intereses y preocupaciones respecto a estos tres países.