Argentina – Crimen de Susana Montoya, 74 años: símbolos nazis, el rol policial y la sombra del terrorismo de Estado en tiempo presente.
La vaca, 5-8-2024
Correspondencia de Prensa, 6-8-2024
Susana Montoya, de 74 años, fue brutalmente asesinada en su casa del barrio Ampliación Poeta Lugones, en Córdoba, donde le escribieron en la pared: “Los vamos a matar a todos. Ahora vamos por tus hijos. #Policía”. Era esposa de Ricardo Albareda, un subcomisario y militante del PRT que fue secuestrado, cruelmente torturado, y desaparecido por una patota de la policía cordobesa en dictadura. El cuerpo de Susana lo descubrió su hijo, militante de HIJOS Córdoba, amenazado desde 2009 tras las condenas a los genocidas responsables de la desaparición de su padre. Las últimas, con simbología nazi, llegaron en diciembre luego del triunfo presidencial de Milei. Hace tres meses el gobierno provincial había decretado la reparación histórica del legajo laboral de Albareda. “El reajuste era millonario y ese es para mí el móvil de todo esto”, dijo Fernando a la prensa. La historia de una familia atravesada por el horror del terrorismo de Estado. Y la advertencia de los organismos: “Los discursos de odio que permanentemente circulan en nuestra sociedad son el peligro latente de cuando verdaderamente pasan a la acción”.
Todo el viernes Fernando Albareda estuvo llamando por teléfono a su mamá, Susana Beatriz Montoya, para preguntarle cómo le había ido en sus estudios. El día anterior la había acompañado al cardiólogo, quien le recomendó que se hiciera algunos chequeos.
Susana no le respondió.
Luego de ir a buscar a su hijo donde juega al fútbol, Fernando fue a la casa de su madre, en el barrio Ampliación Poeta Lugones. Las ventanas estaban cerradas y no era lo normal, porque Susana las dejaba abiertas para que entrara el sol.
Fernando no tiene llaves de la casa y le pidió permiso a la vecina para subirse al techo: desde allí vio el cadáver de su mamá tirado en el patio, contó a la prensa.
“Le reventaron la cabeza a ladrillazos y le clavaron un cuchillo en el cuello”, declaró en eldoce.tv.
Contó que había una pintada en una de las paredes de la casa, “aparentemente con lápiz labial”, que decía: “Los vamos a matar a todos. Ahora vamos por tus hijos. #Policía”.
La noticia comenzó a circular este domingo y causó horror en todo el movimiento de derechos humanos. Fernando es integrante de HIJOS Córdoba. Su papá, Ricardo Fermín Albareda, era subcomisario de la policía de Córdoba y militante del PRT: desde ese rol advertía y salvaba a compañeros para evitar que fueran secuestrados. Tenía 37 años cuando él mismo fue secuestrado el 25 de septiembre de 1979 por la brutal patota del Departamento 2 de Informaciones de la Policía provincial (D2). Lo llevaron al centro clandestino conocido como Casa de Hidráulica, a la vera del lago San Roque, en Villa Carlos Paz, un chalet construido en la década del ‘40 para reuniones de la Dirección Provincial de Hidráulica.
Secuestro, mutilación y juicio
Ricardo sigue desaparecido. Su secuestro y desaparición fueron juzgados en el segundo proceso por crímenes de lesa humanidad en Córdoba, en la causa justamente conocida como “Albareda”. Uno de los testigos fue Ramón Roque Calderón, un ex policía del D2, que declaró que Albareda fue trasladado “esposado y con uniforme de policía” la medianoche del 26 de septiembre del 1979 por el entonces jefe del D2, Raúl Pedro Telleldín, y los policías Américo Pedro Romano y Hugo Cayetano Britos. Dijo que lo ataron a una silla con alambre y le “arrancaron las insignias y lo degradaron”. Que lo golpearon por horas. Y que Telledín le cortó los testículos, se los introdujo en la boca, y le cosió los labios. Mientras Albareda se desangraba, sus torturadores y asesinos se fueron a comer un asado fuera de la casa.
El juicio finalizó el 11 de diciembre de 2009 con las condenas a prisión perpetua a Luciano Benjamín Menéndez (entonces comandante del Tercer Cuerpo del Ejército); al jefe de la policía de Córdoba, coronel retirado Rodolfo Aníbal Campos; al subdirector de la Dirección General de Inteligencia, comisario César Armando Cejas; y al exagente Britos. El excabo de policía Miguel Ángel Gómez fue condenado a 16 años. El expolicía Calixto Flores fue absuelto, pero luego Casación la revocó y lo condenó a seis años de prisión. Telledín y Romano murieron impunes.
La amenaza perpetua
La causa fue paradigmática porque fue la primera condena a policías por delitos de lesa humanidad en Córdoba. Fernando fue su principal impulsor y cuenta que desde ese momento recibió constantes amenazas. Durante tres años tuvo una consigna policial en la puerta de su casa y una custodia de civil que lo acompañaba arriba del auto donde fuera. En diciembre del 2023, luego de las elecciones presidenciales, Fernando se encontró con carteles intimidatorios en la puerta de su casa, que decían: “Se te terminaron los amigos en la Policía”, “Te vamos a juntar con tu papito”, “Vas a morir”.
Estaban escritos en fibra negra, con cruces esvásticas y seis balas de calibre 22 largo. El fiscal a cargo de la investigación de esa causa por “amenazas calificadas”, que no tuvo avances, es Juan Pablo Klinger, el mismo que ahora tiene en sus manos la investigación por el asesinato de Susana Montoya.
En mayo, el gobierno provincial publicó en el Boletín Oficial la “reparación histórica del legajo laboral” de Albareda, en el marco de la Ley N° 10.874 de “Reparación Histórica del Legajo de los Trabajadores que fueron Víctimas del Terrorismo de Estado”, y decretó su “ascenso por mérito extraordinario por pérdida de la vida en acto de servicio”, al grado de Comisario.
En ese marco el Gobierno le reconoció a Susana Montoya, su viuda, los subsidios previstos y la actualización de la pensión. “El reajuste era millonario y ese es para mí el móvil de todo esto”, dijo Fernando a eldoce.tv. El deseo de la familia era ayudar, entre otras cosas, a los hijos de la hermana de Fernando que se suicidó años atrás.
Un medio cordobés (Cba24N) publicó el monto y eso, contó Fernando, había puesto nerviosa a Susana. El cobro debía efectivizarse en estos primeros días de agosto: “Adentro de la policía hizo mucho ruido. Hace 20 días empezó a recibir llamadas. No eran amenazas, pero sí como un amedrentamiento: la llamaban y cortaban, o le dejaban el teléfono levantado. Ella no quería salir. Estaba muy angustiada. Tenía 74 años. Se transformó, de una solución o una reparación, a un problema”.
El ruido y la furia
Fernando declaró que no detectaron cerraduras forzadas ni rotas, ni tampoco elementos robados en la casa. Precisó que en la cuadra había una consigna policial, un dato que la justicia deberá investigar para ver si detectó algún movimiento extraño. Consultado por sospechas, remarcó que nunca hubo una depuración de la policía provincial, y que muchos de los hijos de los policías condenados están trabajando en la fuerza: “No creo ni descreo de ninguno de ellos, pero mis sospechas apuntan a ese lugar porque, por conocidos que tengo dentro de la policía, la reparación del legajo de mi padre hizo mucho ruido”.
Fernando dice, también, que sabe que no está solo, por el acompañamiento de la militancia y los organismos. La mesa de organismos de derechos humanos de Córdoba expresó en un comunicado que se encuentran “consternados, preocupados y ocupados” por el violento asesinato de Susana, y exigieron:
-“La urgente investigación y esclarecimiento de este hecho, como así también las amenazas sufridas por todos los integrantes de su familia, denunciadas con anterioridad”.
-La seguridad y protección efectiva de manera urgente para Fernando y toda su familia.
Y cierran: “Los discursos de odio que permanentemente circulan en nuestra sociedad son el peligro latente de cuando verdaderamente pasan a la acción. Ya dijimos Nunca Más”. El velorio de Susana Montoya continuará hasta este martes al mediodía.