Estados Unidos – Luisiana: «No es sólo un apagón»: el huracán Ida dejó gente sin casa y sin trabajo. [Mike Ludwig]

A l’encontre, 13-9-2021

Traducción de Ruben Navarro – Correspondencia de Prensa, 16-9-2021

Nueva Orleans, Luisana. Los habitantes y los defensores de los derechos de las personas minusválidas ya se preparaban para una oleada de dificultades y desalojos, en una región económicamente vulnerable, cuando el huracán Ida se abatió sobre el sudeste de Luisiana la semana pasada (30 y 31 de agosto), destruyendo casas y negocios y provocando el desplazamiento de decenas de miles de personas durante una nueva ola de Covid. El huracán dejó a comunidades enteras sin electricidad ni agua potable durante más de una semana. Muchísimos trabajadores no cobraron sus salarios mientras que llegaba la fecha de vencimiento de los alquileres y se esfumaban las ayudas federales especiales ante la pandemia.

Para los habitantes de Luisiana que se encontraban en la trayectoria del huracán Ida, la decisión de última hora de evacuar sus hogares o refugiarse en sus casas en previsión de la tormenta fatal no fue más que el principio del problema. Tras el paso de la tormenta, tuvieron que soportar días sofocantes sin electricidad, cubrir con una lona los techos rotos y esperar a que se restablecieran el teléfono e Internet, necesarios para solicitar la ayuda federal para casos de catástrofe, que muchos aún no han recibido. Para los que evacuaron sus casas, además del problema de vivir en la calle tuvieron que soportar la ansiedad de decidir cuándo volver a las vidas desestabilizadas y a los hogares afectados.

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Ante la agudización de la crisis de la vivienda, una coalición encabezada por un sindicato de inquilinos de Nueva Orleans pide ahora ayudas directas de dinero en efectivo para los inquilinos en apuros y una nueva moratoria de las expulsiones hasta que se distribuyan todas las ayudas federales para los que no pudieron pagar el alquiler durante la pandemia. Mientras el Congreso debate el proyecto de ley de «reconciliación presupuestaria» de 3,5 billones de dólares, los grupos de justicia climática de la zona sur, en torno al Golfo de México, piden que se realicen inversiones audaces en infraestructuras ecológicas, en energías sostenibles y para ayudar a las personas que viven en primera línea para que se preparen para las futuras tormentas, cuya frecuencia e intensidad no hacen más que aumentar debido al calentamiento global.

«La planificación y la recuperación después de una catástrofe climática deben ser más equitativas y sostenibles, y las soluciones climáticas deben venir de las personas que están en primera línea», dijo Colette Pichon Battle, directora ejecutiva del Gulf Coast Center for Law & Policy, en un intercambio con la prensa el jueves 9 de septiembre.

Los activistas que trabajan sobre el terreno temen que ya se esté desvaneciendo el interés público en la zona de la catástrofe, dejando a los habitantes de un estado ya duramente afectado por la pandemia de Covid expuestos al hambre generalizada y a la falta de vivienda. La costa Este se convirtió en el centro de atención nacional cuando el huracán Ida provocó fuertes lluvias e inundaciones generalizadas en Nueva York y Nueva Jersey, provocando decenas de muertos.

Madeline Peters, organizadora de la Asamblea por los Derechos de los Inquilinos de Nueva Orleans, el sindicato de inquilinos que pide una nueva pausa en los desalojos, dijo que el sudeste de Luisiana estaba ya atravesando una crisis de la vivienda y una inseguridad económica antes de que llegara el huracán.

«Con la pandemia, ahora que hemos tenido una tormenta, todo el mundo está en apuros», dijo Madeline Peters en una entrevista tras la reunión del sindicato de inquilinos del miércoles 8 de septiembre. «No es sólo un apagón, es una pérdida de puestos de trabajo que desestabiliza aún más los hogares y las personas».

En las localidades bajas y costeras, donde la tormenta fue más fuerte, la recuperación podría llevar años, según August Creppel, jefe principal de la United Houma Nation (población indígena de Luisiana). Al menos 11.000 de los 19.000 miembros de la tribu Houma, que viven en los cinco municipios más afectados por la tormenta resultaron perjudicados. August Creppel, un bombero que trabajó noche y día durante las dos últimas semanas para brindar ayuda los damnificados, declaró que la United Houma Nation lleva años luchando para conseguir el reconocimiento federal y un mayor apoyo de los servicios de auxilio en caso de catástrofe natural.

«A algunos de nuestros conciudadanos no les queda más que una parte de su casa, otros ya no tienen dónde ir», dijo August Creppel a los periodistas el jueves. «Una solución rápida es imposible, esto va a llevar años».

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De vuelta a Nueva Orleans, los organizadores temen que se produzca una oleada de desalojos después del 24 de septiembre, fecha en que expira la orden del gobernador demócrata del estado por la que se suspenden los procedimientos legales, lo que supondría un nuevo desplazamiento de las personas que sobrevivieron al paso del huracán o que intentan regresar después de haber sido evacuadas. 

Muchos habitantes de Crescent City y de todo el sudeste de Luisiana ocupan puestos de trabajo mal pagados en los sectores de servicios, del turismo y del comercio minorista. Es probable que durante varias semanas no tengan ni trabajo ni salario. El estado de Luisiana suprimió las prestaciones de desempleo por la pandemia a finales de julio. El Tribunal Supremo anuló una moratoria federal sobre desalojos, ya de por sí débil, pocos días antes de la la llegada de Ida. Según la National Low-Income Housing Coalition, hasta ahora se ha distribuido menos del 14% de los 248 millones de dólares de ayuda federal de emergencia para los inquilinos de viviendas en Luisiana, en comparación con el 67% en Texas y el 100% en Nueva York.

El jueves 9 de septiembre, la Asamblea por los Derechos de los Inquilinos de Nueva Orleans hizo pública una lista de exigencias en la que le pide a la ciudad que mantenga cerrado el tribunal de desalojos hasta que sean distribuidas todas las ayudas federales para los alquileres, y al menos hasta finales de año. El sindicato de inquilinos dijo que se necesitan 500 millones de dólares más en ayudas para el alquiler en todo el estado. El verano pasado, los manifestantes bloquearon y cerraron el tribunal de desalojos de la ciudad después de que expiraran las moratorias de desalojos local y estatal. Esta acción fue noticia a nivel nacional y presionó a los responsables políticos federales para que aplicaran una moratoria nacional sobre las expulsiones.

Según los activistas, el programa de ayuda al alquiler, administrado por el estado en las zonas rurales y por las autoridades municipales en Nueva Orleans, debe ser revisado. En lugar de exigir que los inquilinos presenten un una costosa documentación y de que se les otorgue una ayuda a los propietarios, los activistas de la justicia en materia de vivienda de Nueva Orleans y de otros puntos afirman que las personas que se han retrasado en el pago del alquiler durante los periodos de confinamiento a causa de la pandemia deberían recibir una ayuda directa en efectivo, un modelo que ya ha dado buenos resultados en otras localidades. El sindicato de inquilinos dice que la ciudad también debe poner a disposición personal multilingüe dedicado a ayudar a las personas con discapacidad a tramitar los pedidos de ayudas al alquiler y de auxilio en caso de catástrofe.

«Necesitamos que el gobierno se concentre en la ayuda y haga un seguimiento que no sea sólo una reacción al hecho, sino que sea duradera», dijo Madeline Peters.

El sindicato de inquilinos reclama también el «derecho al regreso» de todos los residentes desplazados por el huracán, incluidos los que viven en viviendas dañadas. Incluso si los desalojos legales se interrumpen temporalmente, los organizadores temen que los propietarios no realicen las reparaciones indispensables, y que la gente se vea obligada a vivir en casas inhabitables o a trasladarse a otro lugar. Las protecciones legales para los inquilinos son muy pocas en el estado de Luisiana. Pueden recibir una notificación de desalojo si por cualquier motivo no pagan el alquiler, incluso si ese motivo es un agujero gigante en el techo. Los «desalojos invisibles», que nunca pasaron por los tribunales, seguían ejecutándose en Nueva Orleans y en todo el país aún cuando estaba en vigor la moratoria federal sobre los desalojos.

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Haciéndose eco de múltiples grupos por la justicia climática, el sindicato de inquilinos también reclama una transición rápida a las energías renovables para una región que ha estado dominada durante mucho tiempo por la industria de los combustibles fósiles. Según los informes, se registraron al menos 350 derrames de petróleo en el sudeste de Luisiana y en el Golfo de México con el paso de Ida. Los días sin electricidad bajo un sol abrasador hicieron que aumentaran los llamados a la utilización de la energía solar como solución obvia para mantener a la gente con energía durante un desastre natural. Si más hogares y empresas estuvieran equipados con paneles solares conectados a micro redes comunitarias y a bancos de energía, miles de personas podrían haber mantenido en funcionamiento refrigeradores y aparatos de aire acondicionado, lo que puede salvar vidas durante las olas de calor y otras catástrofes climáticas.

Jennifer Crosslin, organizadora regional de Southern Communities for a Green New Deal, dijo que los responsables políticos deberían inspirarse de las comunidades del sur del Golfo, como Nueva Orleans. Existe una larga tradición de respuesta colectiva a las catástrofes en el sur del Golfo, donde los activistas llevan años forjando relaciones mediante la organización y la ayuda mutua. Esas coaliciones se unen ahora en torno al Green New Deal, un marco para conseguir la resiliencia climática y la energía renovable necesarias para sobrevivir en una época de catástrofes naturales.

«Dejemos que las personas que están arraigadas -y que están llenas de amor- encaminen a esta nación hacia el tipo de transformación que sabemos que necesitamos, por nuestro bien y por el de todos», dijo Jennifer Crosslin a los periodistas el jueves.

Los habitantes de Nueva Orleans siguen limpiando los escombros y reparando las casas que quedaron dañadas después de que la mayor parte de la ciudad se quedara sin electricidad durante más de una semana. Muchos hogares vaciaron sus heladeras durante el corte de luz. El olor a basura flota en el aire estival. En el Seventh Ward, un barrio de clase trabajadora que se encuentra a un kilómetro y medio del French Quarter [barrio francés], los coches hacían cola el jueves para recibir agua en botellas y un plato de comida caliente de manos de Step Up Louisiana [@StepUpLA], un grupo que lucha por la justicia económica y racial. De pie, junto a una parrilla llena de pollo, Ben Zucker, codirector del grupo, dijo que cada día vienen cientos de personas.

«La pandemia fue el primer golpe, y ahora nos llega esto», dijo Ben Zucker a Truthout. «La gente ya tiene hambre. Lo vemos después de cada tormenta».

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La ayuda de la Agencia Federal de Gestión de Urgencias (FEMA) no llegó a muchos residentes de Luisiana, otros recibieron pagos de entre 500 y 1.000 dólares por viviendas dañadas y otros gastos. Este reportero [el autor del artículo] intentó presentar una reclamación en línea tres veces la semana pasada, pero cada vez, el sitio web de la FEMA se bloqueó, recién volvió a funcionar normalmente el martes 7 de septiembre, más de una semana después de la tormenta. Otros pasaron horas esperando por teléfono para solicitarla. Los «cupones de alimentos» para remplazar los alimentos en mal estado aún no han sido aprobados para las personas que no están inscritas en el programa estatal de asistencia nutricional suplementaria.

Kisha Edwards, miembro del comité político Step Up Louisiana, dijo que la respuesta de la FEMA fue lenta y que los miembros de su comunidad siguen esperando la ayuda. Los pedidos de fondos a la FEMA siguen pendientes de respuesta y Kisha Edwards no entiende por qué. Mientras prepara comida caliente para distribuir, Edwards dice que el voluntariado después de una tormenta es parte de la vida en Luisiana.

«Estoy aquí para retribuir lo recibido, porque eso es lo que hacemos», dijo. (Artículo publicad en Truthout, 10-9-2021.)

* Mike Ludwig es periodista de Truthout en Nueva Orleans. También es autor y presentador de «Climate Front Lines», un podcast sobre las personas, los lugares y los ecosistemas en primera línea de la crisis climática.