Brasil – Cierre de Ford: más de 100 mil puestos de trabajo destruidos. [Sidivaldo Borges – Entrevista]

Gabriel Brito

Correo de la Ciudadanía, 28-1-2021

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa, 29-1-2021

Después de 100 años en Brasil, uno de los mayores símbolos del capitalismo industrial y del propio siglo XX abandona sus operaciones de ensamblaje de vehículos en Brasil y de forma directa e indirecta, destruye más de 100 mil puestos de trabajo. La salida de Ford da lugar a discusiones de varios matices. Sin embargo, a pesar de los billones de subvenciones gubernamentales de los últimos años, éste es otro caso en el que la búsqueda de mayores ganancias define el cambio de ubicación de la empresa. Correio da Cidadania habló con Sidivaldo Borges, Escort, dirigente del Sindicato de Metalúrgicos de Taubaté, que trabajó 26 años en la multinacional.

-¿Cómo recibieron los trabajadores la noticia del cierre de las operaciones de montaje de vehículos Ford en Brasil?

Con sorpresa. Nadie imaginaba una decisión tan drástica. Estábamos de vacaciones pagas y, alrededor de las 14:30 horas del día 11, Ford anunció el cese de su producción en Brasil. Son muy malas noticias para los trabajadores, las ciudades afectadas y, en mi opinión, para la economía de Brasil en su conjunto.

-Correio da Cidadania: ¿Hubo especulaciones que anticiparan lo ocurrido? Entre los empleos directos e indirectos, ¿cuántas personas han perdido su empleo?

No había ninguna expectativa de cierre, hasta hicimos recientemente un acuerdo de estabilidad laboral por dos años, renunciamos a derechos, aceptamos la congelación salarial, la reducción de la PLR (Participación en los Lucros y Resultados) y el plan médico, todo para reducir los costes de la empresa. Siempre con la intención y el compromiso de Ford de continuar la producción. No había ninguna expectativa de cierre, al contrario, esperábamos más inversiones, incluso porque Ford tiene el 8% del mercado de automóviles en Brasil.

Aquí en Taubaté hay unos 800 empleados directos, 400 subcontratados, fuera de los agregados, aquello que gira en torno a nuestra producción. Aquí en Taubaté hay 32 empresas que trabajan para Ford. Ya en Camaçari hablamos de algo mucho mayor: 5000 mil empleados directos y 2800 indirectos.

Según la encuesta del DIEESE (Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Sociales y Económicos), la finalización de la producción de Ford en Brasil termina con 120 mil empleos directos, indirectos y asociados.

-Correio da Cidadania: ¿Cómo se entienden las alegaciones de la empresa, que ahora invertirá en la producción de vehículos en Argentina?

La empresa sigue plantando incógnitas en su justificación. En primer lugar, dijo que procuró al gobierno federal para hablar de las posibilidades de competitividad a través de la reducción de impuestos. Luego afirmó que la pandemia afectó a las ventas. Finalmente, llegó a un acuerdo con el gobierno argentino. Quiere seguir en Brasil, pero sólo vendiendo, lo que para nosotros es muy malo, peor aún en medio de la pandemia, aspecto que hace que todo sea aún más relevante.

Es una decisión muy triste para nosotros y aún no podemos digerirla.

-Correio da Cidadania: ¿Cómo fue la audiencia pública de este miércoles 27 en la Asamblea Legislativa de São Paulo? ¿Podrían los gobiernos, o todavía pueden, tener alguna reacción de apoyo a los trabajadores?

Fue una audiencia de 4 horas, mediada por el diputado Vincentinho (Partido de los Trabajadores), y tenía como objetivo explicar al parlamento la salida de Ford del país, ya que el Congreso aprobó desde 2014 incentivos fiscales para la fábrica para generar empleo, incluyendo crédito del BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), para que se quedara en Brasil.

Pensamos convocar a la empresa Ford a la discusión, involucrar a la Fiscalía del Trabajo, al Congreso y a su líder, David Alcolumbre (partido Demócratas), para hacer el debate sobre el programa automotriz en Brasil. Teníamos el InovarAuto que estuvo en vigor hasta 2017, en el que las empresas estaban obligadas a producir el 60% del contenido en Brasil. Entonces se tomó este elemento y se permitió a las empresas producir fuera y vender dentro, lo que es terrible para nosotros.

Queremos llevar al gobierno federal la responsabilidad de discutir un programa de industrialización nacional, ya que vemos que cada día más empresas y empleos se van de Brasil, sin ninguna respuesta.

-Correio da Cidadania: ¿Cómo se ubica este acontecimiento en la coyuntura económica brasileña de los últimos años?

Los gobiernos de todas las esferas tienen que hacer un llamamiento a la responsabilidad en relación con el desarrollo nacional y una política en este sentido. No es posible hacer política sólo para el agronegocio y olvidarse del resto. Es obligación del gobierno abordar la cuestión del desarrollo nacional e industrial con vistas a erradicar la pobreza y hacer de Brasil un país mejor y más desarrollado. Esto es lo que el pueblo espera, más aún

en el contexto de la pandemia. Pero lo que vemos la irresponsabilidad del gobierno, como en el coronavirus, sobre el que se hacen declaraciones negacionistas de la gravedad.

No podemos tener un presidente que juegue con las situaciones, que diga que el país está roto y, si las empresas se van, no pasa nada. El gobierno tiene la obligación de generar empleo, ingresos y riqueza. Debemos defender nuestra economía. No podemos pensar que es así, «si da beneficios, si no los da, no pasa nada, que se vayan». Ford obtuvo lucros durante mucho tiempo. No puede dar la espalda en el primer momento de adversidad, abandonar a los trabajadores y consumidores y decir «sigan ahí».

Vamos a interpelar a las autoridades, exigiendo la intervención.

-De todas formas, ¿cómo se podrían aprovechar las plantas industriales y la estructura básica que quedan en los lugares donde Ford deja de operar? ¿Hay posibilidad de que algún nuevo capital invierta en ello?

Existen condiciones. Para hacernos una idea, Ford abrió dos líneas de producción en Taubaté en 2016, de alta tecnología, con nueva maquinaria y gran capacidad de producción. También en Camaçari, en 2015. Innovaron la tecnología y la capacidad de producción.

Hacerse cargo de las plantas está un poco fuera de nuestro alcance, pero el sindicato siempre ha estado abierto a la discusión con cualquier empresa, para permitir el empleo y los ingresos, en Taubaté, Camaçari u Horizonte. Abrimos la puerta a cualquier esfuerzo que nos ayude a revertir lo ocurrido y atraer inversiones.

El tema es muy amplio. Como he dicho, sólo aquí en Taubaté hay 32 empresas que viven gracias a Ford. El efecto cascada es fuerte. Necesitamos una contribución general de los brasileños, en la defensa del empleo y del ingreso, en la defensa de la industria de una de las mayores economías del mundo, y también de uno de los mayores productores y consumidores de vehículos del mundo.

-Independientemente de las justificaciones, ¿no estamos hablando de una industria inexorablemente decadente, tanto en lo que respecta a la generación de empleo, debido a la creciente automatización, como a los cambios culturales de la sociedad, que quizás ya no ve la compra de un auto y el uso del vehículo individual como se veía en el pasado?

Ciertamente. Las cosas están cambiando, la tecnología trae nuevas posibilidades y productos, hoy hablamos del auto eléctrico, menos contaminante y más económico. Necesitamos esta producción en Brasil.

No se puede comparar el mercado brasileño con el argentino. Son cosas muy diferentes. Ford decidió quedarse en Argentina, algo contradictorio en apariencia, ante los gobiernos de ambos países, porque aquí estamos viviendo bajo falacias, afirmaciones y proposiciones sin ninguna verdad. Tenemos que preocuparnos por el desarrollo de Brasil.

La empresa tiene un mercado de 120 mil vehículos al año en Brasil, no va a despreciar eso. Quiere seguir vendiendo aquí, pero produciendo afuera, ya que sus márgenes de ganancia son mayores. Y las empresas apuntan cada vez más exclusivamente a esto e ignoran su responsabilidad social. Pagamos el precio de sacar del programa de incentivos a los fabricantes de automóviles, la obligación de producir al menos el 60% de los autos en Brasil. Bueno para la empresa, peor para el empleado, el trabajador brasileño. Necesitamos un gobierno que mire al pueblo y a su desarrollo, a su población, a su economía, sea de izquierda o de derecha.

La vacuna es un ejemplo. Miles de familias perdiendo a sus seres queridos y el gobierno debatiendo que la vacuna tiene que venir de este país y no de aquel. La vacuna debía fabricarse en Brasil porque tenemos la capacidad y los profesionales para desarrollarla. Pero para ello necesitamos políticas públicas que tengan en cuenta los intereses de Brasil, no de grupos políticos y económicos específicos.