El flamante jefe de campaña cuestionó los antecedentes de las coaliciones opositoras y dijo que el balotaje exige “una estrategia de polarización”

Mario Tocar

El Observador, 2-11-2019

Correspondencia de Prensa, 3-11-2019

A pedido del candidato Daniel Martínez, el intendente del departamento de Canelones Yamandú Orsi (Movimiento de Participación Popular – MPP) se convirtió esta semana en jefe de campaña del Frente Amplio. Su arribo al comando es parte de un cambio de estrategia del oficialismo para dar vuelta la pisada y ganar el balotaje.

Orsi, que se tomará licencia en la comuna a partir de la semana que viene, dijo que la elección de noviembre exige “una estrategia de polarización” y “mensajes claros”, señaló que Martínez “sí o sí” debe ser el vocero en este tramo de la campaña y dijo que la última vez que la oposición firmó un acuerdo de coalición, terminó en un “escándalo”. “El día que Batlle precisó una mano sacaron los cuadros de los ministerios y se borraron”, afirmó. También asumió que la izquierda se “malacostumbró” a la mayoría parlamentaria, concedió que el FA “ninguneó” en un principio el descontento del interior y dijo que en seguridad deben “seguir aprendiendo”. A continuación, la entrevista.

 

-¿Qué le faltaba al comando que tuvo que recurrir a usted?

No sé si le faltaba algo. Pasa que en este momento la campaña tiene otra puntería. La idea es generar un equipo más operativo que articule con todo lo que hay por ahí, pero siempre con la conducción de Daniel. Yo sigo los lineamientos que Daniel me plantea. Él es el jefe y yo soy el que articula.

-Hasta ahora no había una figura de jefe de campaña. ¿Era una carencia?

No creo. Fue una decisión que tomó Daniel en su momento. Se manejaban con coordinadores, pero el balotaje exige otra puntería y fue Daniel quien me planteó que lo acompañara.

-En el Frente había cuestionamientos acerca de cómo se estaba dirigiendo la campaña y algunos desaciertos con el mensaje.

No sé, la campaña que se hizo fue desde el propio FA. Ahora la cosa se simplifica. El balotaje es una propuesta contra otra y eso cambia un poco la forma de pararte. La tarea fundamental es ordenar las piezas del puzzle para un tiempo muy acotado.

-Martínez dijo que la gente le pidió “más claridad” en el mensaje. Usted dice que la idea es simplificar. ¿Eso quiere decir que el fuerte del candidato no es la comunicación?

No, es reconocer que la resolución de un balotaje es mucho más clara: una opción o la otra.

-¿Para usted Martínez comunica bien?

Sí, claro que comunica bien. El tema es en qué ámbitos y el tiempo que tenés. Hay gente que comunica bien en un lugar y otros comunican bien en otros. En el mano a mano y el diálogo con la gente Daniel es muy bueno y muy claro. Pasa que en una estrategia de balotaje no sé cuánto espacio hay, por ejemplo, para analizar los programas o las grandes cosas. El balotaje es una estrategia de polarización. Es un diseño de polarización y en ese diseño hay que ser muy claro y contundente. No hay espacio para relativizar o dar un diálogo muy concienzudo. De ahí los mensajes que Daniel está mandando. Él comunica bien; como ingeniero que es, y que le gusta escuchar, ahora tiene que tener la capacidad de ser sintético.

-Mujica dijo que Martínez, por ingeniero, no tenía el don del “viru viru”.

Claro.

-Topolansky agregó esta semana que “no es tan buen orador”. ¿Precisaba un vocero?

Pero voceros tenía montones, por cada tema. Y eran buenos, pero ahora sí o sí el vocero fundamental en una campaña de balotaje es el candidato. Es la clave. El Frente tiene su programa ya armado, y en la oposición lo están armando ahora. Tenemos que llevar todo eso a discursos cortos y mensajes claros. Eso está haciendo Daniel ahora.

-Pero en esta semana el que está dando la cara es usted y no el candidato.

Eso fue por el arranque.

-La oposición dice que es un “candidato intervenido”.

Es lo que tiene que decir el Partido Nacional porque está en campaña. Tiene que debilitar la figura del oponente.

-¿No queda debilitado con estos cambios, con estos movimientos?

Al revés, se fortalece. Se desentiende de un montón de temas porque ahora tiene más gente trabajando directamente. Hay que concentrar todas las baterías en el discurso de Daniel y que él salga a la cancha.

FA identifica “problemas de comunicación” y planea enviar “mensajes claros” a segmentos específicos

Hablaba de que el balotaje supone una estrategia de polarización. El FA está diciendo hoy que los integrantes de la oposición proponen un “ajuste salvaje” y promueven “el caos y la tristeza”. En caso de gobernar, sin mayorías, ¿cómo van a negociar con esa gente?

-¿Quién no va a tener mayorías?

El Frente Amplio.

-¿Y la oposición sí va a tener mayorías?

Está sellando una coalición para ello. Los votos los tiene.

Después hay que verla funcionar. Yo me remito a los antecedentes: se firmó un acuerdo en el año 1999 que voló en pedazos. Los blancos se fueron todos cuando se le complicó la vida a Jorge Batlle.

-Pero en el caso de que gane el Frente Amplio, ¿cómo va a hacer?

Tenemos experiencia. Este es un país que tiene tradición de acuerdos. Y aparte acuerdos son una cosa, pseudocoaliciones como las de la oposición es otra cosa. La historia nos ha demostrado que las veces que se han formado coaliciones de ese tipo terminan por lo menos en un escándalo. No creemos que sea viable un país pegando con cinta adhesiva propuestas que eran contradictorias. No hablamos de Japón, hablamos del último antecedente de Uruguay. El día que Batlle precisó una mano sacaron los cuadros de los ministerios y se borraron.

-Astori dijo hace unas semanas en Búsqueda que era un “disparate total” afirmar que Uruguay terminaría como Argentina o Brasil en caso de una victoria opositora. ¿Hoy el candidato no está acercándose a ese discurso?

Lo único que sé es que Bolsonaro está contento si gana Lacalle. Y cuando ganó Macri Lacalle se puso muy contento. No digo otra cosa más que eso.

-¿Eso no es como decir que dado que el Foro de San Pablo respaldó la fórmula Martínez-Villar, entonces vamos a terminar como Venezuela?

No sé si hubo respaldo.

-Lo hubo en el último congreso.

Puede ser. El Foro de San Pablo no es ningún país tampoco.

-Pero tiene líderes cuestionados también.

Ah sí, claro. Y yo los cuestiono. Ahora, yo lo que digo es que Macri, legítimamente electo, fue elogiado por los que hoy están en la oposición y Bolsonaro se muere en halagos si gana Lacalle. Hay afinidad ideológica y no está mal. Las veces que hubo inestabilidad en Uruguay fue porque se siguió una línea económica similar a la que se plantea ahora en los países vecinos. Capaz los referentes de la oposición cambiaron radicalmente su pensamiento. Yo creo que no, pero me puedo equivocar.

-¿Usted cree que si gana Lacalle Pou hay peligro de terminar como Argentina o Brasil?

No, no, porque son países distintos. Sí hay riesgos de que la estabilidad política y económica se resienta. Son líneas económicas similares. No digo que sean mala gente, simplemente piensan distinto. Yo no pienso igual a Maduro, nada más lejos de mi forma de pensar. Pero los gestos de Lacalle para con Macri o de Bolsonaro para con Lacalle no los estoy inventando.

-Martínez dijo este viernes que el FA “no cambia figuritas con nadie” y criticó la lógica de “yo te doy algo, vos me das otra cosa”.

Sí, yo creo que están hasta por crear un ministerio para dividir mitad y mitad.

-¿Pero la política no es justamente intercambiar figuritas? No me refiero a cargos, sino ganar y conceder…

Si solo es cambiar figuritas vamos derecho al fracaso. Si lo que hay es acuerdos estratégicos claros sobre el mismo proyecto de país, primero se empieza a caminar y en el Parlamento se ve de acordar. Ahora, si lo primero que se negocia son los ministerios, solo hay reparto de cargos.

-¿Usted dice que el compromiso de la oposición es solo negociar ministerios? Hay un documento borrador que habla de acuerdos programáticos.

En un día lo hicieron. No me convence. Firmaron un documento en el año 1999 también. ¿Cómo terminó?

-¿El FA estaría dispuesto a cambiar figuritas con la oposición?

Mirá, salvo por el primer gobierno de Sanguinetti, nosotros como oposición no pudimos integrar los entes. No me olvido de eso. Con el Frente, en el período de Mujica, se integró a la oposición en los entes.

-¿A nivel legislativo no pecó un poco de encerrarse en su propia mayoría?

Sí, claro. Le erramos en eso. Debimos haber negociado más allá de la mayoría que teníamos. El 70% de las leyes salen por unanimidad, pero las leyes más pesadas, las que hacen más ruido, en algunos momentos duros elegimos sacarlas con nuestras mayorías. No deja de ser una ventaja en teoría, pero en la práctica puede generar, como nos pasó, una especie de confort que te perjudica. El haber tenido esa mayoría sin duda nos malacostumbró.

-Según la consultora Cifra, uno de cada cuatro votantes de Manini había votado al FA en 2014. ¿Por qué cree que pueden haber pasado de un lado al otro?

Creo que hay enojos y una visión muy crítica de los partidos constituidos. Cabildo sacó un poco de todos lados, con un mensaje simple y antisistema, diciendo cosas como “se termina el recreo”.

-Pero usted en varias oportunidades salió un poco del blanco y negro respecto a Manini. Dijo que es un hombre “sensato” e “interesante”. ¿Se siente capaz de hablarle a ese electorado de cara a noviembre?

Claro que sí. Lo que terminó construyendo Manini es muy distinto a lo que empezó. Terminó siendo un discurso demasiado radical. No me olvido que fue comandante en jefe de mi fuerza política en un período donde se votó la ley de Defensa. Después entró a buscar un perfil que le servía.

-¿De qué forma el Frente Amplio puede seducir esos votantes en estas semanas que quedan?

El tema es muy simple como todo balotaje: los riesgos que implica un gobierno que no ofrece ninguna certidumbre. Cuando Lacalle dice que va a recortar US$ 900 millones no se sabe de dónde y realmente asusta. Esas cosas la gente las ve y no se olvida. Los jubilados y trabajadores saben cuánto cobraban antes y cuánto ha aumentado en estos años. Tienen dificultades, claro. Nos quedamos cortos en algunos temas, como la seguridad. Pero si uno mira lo que pasaba en otros tiempos también se te ponen los pelos de punta.

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Y. Orsi y el candidato del FA, Daniel Martínez

-En caso de que el FA gobierne, la coalición de oposición va a tener mayorías y podrá promover medidas como las que se incluyen en el documento “Compromiso para el país”. ¿Cómo va a lidiar con eso el FA?

Yo leí un montón de cosas del borrador de documento (con el) que estoy de acuerdo. Más del 50% de las cosas que están ahí, yo estoy de acuerdo. Algunas me consta que el FA ya las hizo. No estamos tan lejos. Claro, hay otras que no coincido, como la idea de liberar la importación de combustible refinado.

-Y por ejemplo en ese caso, si el FA es gobierno y la coalición lo promueve en el Parlamento, ¿se podría aplicar el veto?

No sé, habrá que ver.

-El otro día señaló que había que prestar más atención al interior. En este período hubo movilizaciones importantes del campo, por ejemplo, y el FA se puso en la vereda de en frente. A la luz de la votación en el interior, ¿considera que se ninguneó un poco ese descontento?

Al principio sí, que fue espontáneo y creo que debimos estar más atentos. Después el movimiento Un Solo Uruguay se ubicó en un punto demasiado evidente contra el gobierno y con el mismo discurso del arco opositor. Yo creo que el FA tiene la tendencia de ‘montevideizarse’ demasiado. Hay propuestas que en lugares del interior no son llevadas por la gente, como sí en otros puntos del país. Esas cosas las aprendí con el viejo Mujica. Hay gente que piensa que vivir en el interior es ser peón rural, o que ser empresario es tener la vida resuelta, cuando hay empresarios que ganan menos que un asalariado.

-En estos días se dijo que la fórmula Martínez-Villar “entendió el mensaje de las urnas”. ¿Qué dice ese mensaje?

El fundamental es que hay un porcentaje de gente que votaba al FA y ahora no nos acompaña. Es un mensaje fuerte. El otro es que una propuesta de reforma por el tema de seguridad, sin el apoyo de ninguno de los presidenciables, tuvo un 47% de apoyo, incluyendo frenteamplistas.

-¿Y eso qué implica de cara al futuro?

Que tenemos que profundizar nuestras propuestas de seguridad. El FA planteó 12 medidas claras pero habrá que afinar bastante más. Hay que reforzar la Guardia Republicana, aumentar el patrullaje, aumentar la cantidad de tobilleras, cambiar la política carcelaria. La Policía ha avanzado muchísimo pero sin duda mucha gente está cansada.

-¿No pasa también que mucha gente le perdió la confianza al FA en esa materia?

Claro. Algo de eso debe pasar, sí. Yo considero que ha habido avances, pero insuficientes.

-¿Gustavo Leal (1) es un cambio de paradigma?

Sin duda. Ya vino para hacer un cambio en el propio ministerio y su línea debe fortalecerse. Estamos trabajando juntos en el equipo.

-En 2014 él decía en El Observador que el FA había “aprendido de los errores” y que estimaba “posible” bajar 30% las rapiñas. A la luz de lo que pasó en estos años, ¿qué lectura hace?

Que tenemos que aprender mucho más. Y que de la seguridad no se encarga solo la Policía. La Justicia tiene que hacer lo suyo. Acá hay penas de 30 años más 15 de seguridad, o sea 45. Quiero saber cuántas veces se han dictado sentencias por 45 años.

-¿Se tendría que aplicar más?

Yo lo que estoy diciendo es que la ley establece cierto rigor. Hay que ver después la aplicación de eso. Puede haber un tema de recursos, de demoras en la aplicación del nuevo código, pero todo el mundo sabe que en seguridad no solo actúa la Policía. De repente hay que fortalecer alguna institución. El volumen de trabajo en la Justicia es muy grande y habrá que repensar los recursos.

Nota

1) Gustavo Leal, militante del MPP, actual director de Convivencia y seguridad ciudadana del Ministerio del Interior, se anuncia como futuro ministro de esa cartera en caso de ganar el Frente Amplio. (Redacción Correspondencia de Prensa)