Suiza – Seguro de vejez, supervivencia e invalidez y la demografía: el arte de transformar la pseudo-evidencia en perfectos engaños. [Benoit Blanc]

A l´encontre, 27-8-2022

Traducción de Viento Sur

Correspondencia de Prensa, 2-9-2022

“La estabilidad financiera del AVS se ve amenazada porque los baby boomers se acercan a la edad de jubilación y la esperanza de vida aumenta”. Esta es la primera frase de la presentación por el Consejo Federal del “contexto” de la votación sobre el AVS21 [AVS: seguro de vejez, subrevivientes e invalidez, ndt] el próximo 25 de septiembre. Y es el ejemplo perfecto de cómo los partidarios de subir la edad de jubilación de las mujeres manipulan los datos, a veces indiscutibles, a veces sesgados, para hacerlos decir engaños. Veamos un poco en detalle.

Un boom que no es eterno

Los baby boomers acechan al debate sobre las pensiones. Las estadísticas de nacimientos muestran que estos superaron los 80.000 a partir de 1943, los 90.000 a partir de 1957 y los 100.000 entre 1962 y 1969. A partir de 1975, su número volvió a estar por debajo de los 80.000.

Esto significa que la mayoría de los baby boomers estará jubilado en 2035. Desde 2040, las cohortes que se jubilarán serán significativamente menos numerosas. Por lo tanto, el aumento más rápido en el número de personas que llegan a la jubilación está limitado en el tiempo, alrededor de dos décadas. Por otro lado, a partir de 2035, las generaciones nacidas después de 2010, más numerosas, entrarán de lleno en el mercado de trabajo.

El eventual problema que plantea la generación de los baby boomers es, por tanto, coyuntural; no puede justificar una medida definitiva, como elevar la edad de jubilación de las mujeres a los 65 años y después a todos los demás a los 66 o 67 años.

Además, el fuerte desarrollo del AVS a principios de los años 1970, con la octava revisión [ver artículo publicado en Correspondencia de Prensa el 21-8-2022)  que multiplicó por dos el importe de las pensiones, se produjo con la jubilación de una generación anterior de baby-boomers (entre 1897 y 1912, más de 90.000 nacimientos al año), mientras que las siguientes generaciones, que financiaban sus pensiones, correspondían a años de baja natalidad (menos de 70.000 nacimientos al año entre 1927 y 1940). Por supuesto, la gran inmigración de la posguerra también contribuyó a la financiación de la seguridad social. Sin embargo, en ese momento, nadie planteó este espectro…

Esperanza de vida: un río largo y tranquilo… ¿verdaderamente?

La segunda amenaza a la estabilidad financiera sería el aumento de la esperanza de vida, presentado como inexorable. En 2020, ciertamente cayó 0,5 años para las mujeres y 0,9 años para los hombres, como resultado de la pandemia de la COVID-19. Pero no importa: “Según los escenarios demográficos, la tendencia alcista se mantendrá, a pesar de la caída observada en 2020 por la pandemia de la COVID-19”, afirma la Oficina Federal de los Seguros Sociales (OFAS) en su hoja informativa “AVS 21: desafíos demográficos y situación financiera”.

Se pueden tener algunas dudas. En 2019, unas 68.000 personas murieron en Suiza. En 2020 este número ha aumentado a más de 76.000. En 2021, el número de muertes se mantuvo significativamente más alto que el nivel de 2019, con 71.000 muertes. Finalmente, desde enero hasta principios de agosto de 2022, el monitoreo semanal de la mortalidad de la Oficina Federal de Estadística (FSO) ha registrado alrededor de 3.000 muertes más de lo esperado. La pandemia de la COVID-19 explica parte de este exceso de mortalidad. Pero entre mediados de junio y principios de agosto han muerto más de 1.300 personas que las previstas: la ola de calor ha desempeñado un papel determinante durante este período y este exceso de mortalidad sobrepasa al observado durante la gran ola de calor de 2003 (alrededor de 1.000).

El nivel de esperanza de vida en 2021 (y obviamente en 2022) aún no ha sido publicado por el FSO. Pero parece poco probable, con estas cifras, que los valores de 2019 puedan recuperarse de inmediato. En cuanto a volver de forma sostenible a la senda de crecimiento de décadas precedentes… En su informe sobre  Los escenarios de la evolución de la población de Suiza y de los cantones 2020-2050, publicado en 2020, la OFS observa que las “evoluciones de las esperanzas de vida son cada vez más irregulares” (p. 30).

A poco que se tomen en serio las advertencias de los climatólogos, las olas de calor se repetirán, probablemente con mayor frecuencia. Las olas de calor provocan sistemáticamente picos de exceso de mortalidad entre las poblaciones más vulnerables, las personas de más edad en primer lugar. La evolución de la pandemia de COVID-19 es incierta y no es modelizable la aparición de nuevas pandemias. Pero estas últimas están en parte ligadas a la evolución del clima así como a las actividades humanas en el origen de su perturbación. Confiar en la continuación del crecimiento lineal de la esperanza de vida se basa en un optimismo discutible.

Una sobreestimación sistemática… mata sistemáticamente…

El exceso de mortalidad provocado por las olas de calor afecta casi exclusivamente a las personas mayores. La relacionada con la pandemia de COVID-19 también afecta principalmente a las personas mayores de 65 años. Esto solo puede reforzar una tendencia observada por la OFS con respecto a sus escenarios demográficos: sobreestiman sistemáticamente a la población de 65 años y más.

El Monitoreo de los escenarios de población de Suiza 2020-2050, publicado en septiembre de 2021, señala así, para el año 2020, que “la población de 65 años o más está sobreestimada por estos tres escenarios [de base]” (p. 4). La constatación fue la misma con respecto a los escenarios anteriores, de 2015, cuya evaluación se realizó en 2020 por el FSO en su publicación  Los escenarios de la evolución de la población de Suiza y de los cantones 2020-2050 : “Hay que señalar que la población de 65 años o más está sobreestimada [entre 2015 y 2019] por estos tres escenarios [de base]” (pág. 29). Sin embargo, esta constatación, que va más allá del efecto de un año excepcional marcado por la pandemia de la COVID-19, no encuentra su lugar en los argumentos del Consejo Federal cuando se trata de vender AVS21.

Tasa de dependencia sesgada

Esto nos lleva de nuevo a la famosa tasa de dependencia. Así la presenta el Consejo Federal en su mensaje pro-AVS21: “La relación entre el número de cotizantes y el número de beneficiarios es, por lo tanto, muy importante, ya que los ingresos y los gastos deben estar equilibrados. Desde 1948, esta relación ha sido cada vez más desfavorable: en ese momento, había en promedio 6,5 personas en edad de trabajar por 1 jubilado; en 2020, esta relación ha caído a 3,2 a 1 y, según el FSO, caerá aún más para 2050, de 2,2 a 1”.

Acabamos de ver que la OFS reconoce que tiende a sobrestimar a la población de 65 años y más. ¿Y cómo está la situación de la población en edad de trabajar? En este caso, el truco está en la propia fórmula: “en edad de trabajar” no es sinónimo de “trabajar”.

La población “en edad de trabajar” se refiere, por convención, a las personas entre 20 y 64 años. Pero la proporción de ellas que ejercen una actividad lucrativa, y por tanto contribuyen a la financiación de la AVS, ha evolucionado considerablemente a lo largo de las décadas. Entre 1970 y 2020, la población activa ocupada ha aumentado así un 62%. Esto es mucho más que el aumento del 49% en la población en “edad de trabajar”. Una de las causas –junto con la inmigración– de esta diferencia es obviamente el fuerte aumento del número de mujeres que ejercen una actividad profesional: ¡el aumento es del 118 % entre 1970 y 2020!

Sobrestimar el número de personas mayores y subestimar el número de personas que contribuyen a través de su actividad profesional a la financiación de las pensiones: ¡la receta para exponer una alarmante tasa de dependencia es una garantía “satisfecha o reembolsada”!

Al final, es la productividad lo que decide…

La presentación de la situación demográfica está sistemáticamente sesgada para alimentar el discurso alarmista de quienes quieren imponer el aumento de la edad de jubilación. Pero la manipulación decisiva es la siguiente: centrar la atención en la demografía para ocultar mejor lo esencial, el aumento de la productividad del trabajo y, en consecuencia, de la riqueza disponible para la sociedad. Pero es sobre ella sobre lo que se basa la financiación de las pensiones.

¿Cuál es la magnitud de esta evolución? En 2020, la productividad horaria del trabajo (descontada la inflación) fue un 41 % superior a la de 1991. Ello corresponde a un aumento medio del 1,2 % anual. Durante el mismo período, la riqueza total, medida por el Producto Interior Bruto (PIB), creció un 58% (después de la inflación). Esto corresponde a un aumento promedio anual del 1,6%, una combinación del aumento de la productividad 1 y el crecimiento de la población activa. ¡Este es el secreto de la financiación del AVS, del que el Consejo Federal tiene cuidado de no hablar!

¿Qué significan estos datos para el futuro? Si la riqueza producida anualmente continúa creciendo al ritmo de las últimas tres décadas, el PIB de Suiza será un 21% más alto en 2032 (descontada la inflación) que en 2020. La cotización salarial suplementaria del 1% es suficiente para garantizar la estabilidad financiera del AVS (el 0,5 % descontado de la nómina, el otro 0,5 % pagado directamente por el empleador) representaría, por lo tanto, solo una pequeña parte de este aumento de la riqueza disponible: ¡el 1 % de cotización al AVS constituye menos del 0,6 % del PIB! No quedarían afectados ni la renta disponible de los y las asalariados/as ni la posibilidad de invertir en actividades útiles al desarrollo de la sociedad.

Por lo tanto, la futura financiación del AVS no plantea ningún problema y no hay razón para aumentar la edad de jubilación. ¡NO al AVS21 el próximo 25 de septiembre!

Nota

  1. Sobre la confusión productividad/productivismo, ver el artículo de Jean-Marie Harribey, “La productivité est-elle synonime de productivisme?” (Redacción A l’encontre).