El objetivo “securitario” son, evidentemente, las “clases peligrosas”. Esas que deambulan en medio de la pobreza, entre la “apropiación de lo ajeno” y la limosna. Que “asolan contra los bienes y la propiedad privada” y generan la “inseguridad ciudadana”. Que sobreviven sin sindicatos corporativos que las defiendan, ni convenios colectivos para negociar alguna migaja, ni ámbitos institucionales donde hacer escuchar su voz. Para el discurso dominante, y la estrategia represiva, en el “núcleo duro” de la “pobreza estructural” se concentra el delito...
