A l’encontre, 25-4-2020

Traducción de Correspondencia de Prensa, 28-4-2020

El año pasado, la industria farmacéutica había llegado a un punto de confianza muy bajo por parte de los consumidores, debido al aumento de los precios de los medicamentos, pero su reputación aumenta de nuevo a medida que los investigadores del mundo entero trabajan en el desarrollo de una vacuna contra el nuevo coronavirus. Una reciente encuesta nacional da cuenta de que la pandemia del Covid-19 ha mejorado la imagen de la industria farmacéutica, ya que el 40% de los encuestados dijo tener una opinión más positiva de las empresas farmacéuticas privadas que antes de la pandemia.

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Sin embargo, los expertos en salud pública nos advierten desde hace años que la amenaza de una pandemia de gran magnitud sobre el mundo es muy grande. Pero dicen también que las grandes empresas farmacéuticas se mostraron poco interesadas en el desarrollo de vacunas -o incluso de antibióticos y antivirales- hasta que la aparición de este último brote permitió recaudar fondos públicos, lo que les abre las puertas para obtener beneficios masivos con un riesgo mínimo.

Los antibióticos y los antivirales suelen recetarse por períodos cortos y por lo tanto, no generan ventas masivas, según Patients for Affordable Drugs. Por otra parte, la industria farmacéutica ha abandonado progresivamente el desarrollo de vacunas en los últimos 50 años, ya que se ha centrado en los medicamentos vinculados a la vida diaria, el confort de vida y los tratamientos de enfermedades crónicas como el cáncer, que cuentan con una demanda constante. Las empresas farmacéuticas también han reducido considerablemente sus inversiones en tratamientos y vacunas para las enfermedades infecciosas emergentes en la última década. En 2018, sólo el 1% del gasto en investigación y desarrollo de la industria farmacéutica mundial fue dedicado a las enfermedades infecciosas emergentes, según la Fundación por el acceso a los medicamentos.

En enero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la falta de interés y de innovación de la industria en el desarrollo de nuevos antibióticos estaba perjudicando los esfuerzos mundiales por combatir las infecciones resistentes a los medicamentos. El año pasado, las Naciones Unidas emitieron también otra grave advertencia en ese sentido.

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Según Dana Brown, directora del Next System Project, un laboratorio de investigación y desarrollo de alternativas políticas y económicas, las empresas farmacéuticas siempre se han mostrado como interesadas ante los investigadores, promoviendo incluso programas de desarrollo de vacunas durante las epidemias para después abandonarlos discretamente. A pesar de la epidemia que hace estragos en la República del Congo, el fabricante británico de medicamentos GlaxoSmithKline abandonó recientemente sus esfuerzos por desarrollar una vacuna contra el virus del Ébola y le confió su investigación a un laboratorio sin fines de lucro. El virus del Ébola es mortal pero relativamente raro en el mundo, por lo tanto el mercado era demasiado pequeño para generar ganancias interesantes. En 2017, el gigante francés de los medicamentos, Sanofi, abandonó una colaboración con el Ejército de los Estados Unidos para desarrollar una vacuna contra el virus Zika, transmitido por los mosquitos.

“El modelo económico de las grandes farmacéuticas consiste en maximizar el valor de las acciones – y se basa en los beneficios obtenidos a corto plazo”, dijo Dana Brown en un correo electrónico. “Cuando las empresas invierten en el desarrollo de una vacuna, las ganancias para los accionistas son limitadas o inexistentes… Varias empresas informan que pierden dinero con los programas de desarrollo de vacunas contra el Ébola o el SRAS”.

El año pasado, hubo solamente seis estudios clínicos activos de vacunas y de productos terapéuticos contra el coronavirus en los que participaron empresas farmacéuticas privadas, pero todos esos programas dependen en gran medida de la financiación pública, según Public Citizen. Si hubiera habido un mayor interés del sector privado, los investigadores habrían podido contar con más instrumentos para luchar contra la epidemia actual, como más tecnologías de plataforma para el desarrollo de vacunas.

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Ahora que el Covid-19 se ha extendido por todo el mundo, los grandes laboratorios se vanaglorian anunciando que hay al menos 310 ensayos clínicos para tratamientos y vacunas contra el virus en todo el mundo, 40 de ellos en los Estados Unidos. Los contribuyentes estadounidenses ya han invertido 700 millones de dólares en la investigación pública sobre el coronavirus y la vacuna desde el brote de SRAS en 2002, en gran parte a través de los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus siglas en inglés). Desde el brote de la pandemia, el Congreso ha otorgado 1,8 miles de millones de dólares a los NIH para las investigaciones sobre el coronavirus.

“Con el Covid-19, el gobierno de los Estados Unidos ha conseguido eliminar muchos de los riesgos que a menudo disuaden a las empresas farmacéuticas de invertir en vacunas”, escribieron David Mitchell y Ben Wakana de Patients for Affordable Drugs en una entrada de su blog de la semana pasada (la del 20 de abril). “Al financiar la investigación, patrocinar los ensayos clínicos y eliminar la responsabilidad de las compañías farmacéuticas, los contribuyentes estadounidenses están subsidiando considerablemente a las compañías farmacéuticas en la investigación sobre una vacuna contra el Covid-19”.

Las compañías farmacéuticas dicen que podrían pasar de dos a tres años antes de que una vacuna eficaz de Covid-19 esté ampliamente disponible. Y los críticos dicen que no hay ninguna garantía de que las compañías farmacéuticas privadas sigan el ejemplo. Los incentivos gubernamentales han convertido la pandemia en una enorme oportunidad de negocio, pero las empresas farmacéuticas privadas sólo seguirán participando si pueden ganar dinero.

De hecho, los dirigentes de las grandes empresas farmacéuticas ya están preocupados porque los gobiernos podrían llegar a recortar la financiación cuando la crisis empiece a disminuir. Las compañías piden entonces miles de millones de dólares en gasto público adicional. La Autoridad Federal de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado (BARDA) donó 721 millones de dólares a tres empresas farmacéuticas privadas en una semana durante el mes de marzo, y los NIH acaban de anunciar una masiva asociación público-privada para acelerar el desarrollo de un medicamento contra el Covid-19 con más de una docena de empresas biofarmacéuticas privadas.

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El lugar importante que ocupan las empresas privadas en la investigación para una vacuna es motivo de preocupación tanto por su participación en la investigación como por el acceso de los pacientes a la vacuna propiamente dicha. Los expertos dicen que una vez que se haya encontrado una vacuna contra el Covid-19, la misma deberá estar disponible gratuitamente en todo el mundo para poder detener la pandemia. Sin embargo, según Dana Brown, la colaboración público-privada de los NIH no cuenta con “disposiciones de acceso” que obliguen a las empresas privadas beneficiarias de fondos públicos a que los medicamentos que elaboren sean accesibles y vendidos a precios razonables a los pacientes. Es probable que las empresas privadas quieran obtener licencias exclusivas y derechos de comercialización a cambio de su participación en el desarrollo de un medicamento contra el Covid-19, lo que podría crear una enorme escasez de la vacuna, especialmente en los países de bajos ingresos.

“Es esencialmente una donación de fondos públicos a empresas privadas -las mismas que ya reciben cantidades masivas de financiamiento público, más los derechos de monopolio, más los subsidios y las deducciones fiscales- sin condiciones”, dijo también Dana Brown.

Dana Brown citó a las empresas privadas beneficiadas financieramente con la inversión del gobierno canadiense en el desarrollo de la vacuna contra el Ébola, pero que hicieron poco o nada para desarrollar una vacuna propiamente dicha y que incluso pueden haber atrasado su lanzamiento.

“Frente a una pandemia mundial que modificará para siempre nuestras sociedades -en la que estamos perdiendo miles de personas cada día- no podemos permitirnos tales retrasos”, añadió Dana Brown.

Por ello, Dana Brown y otros partidarios de reformar el sistema proponen una “opción pública” para el desarrollo de productos farmacéuticos cuyo objetivo sea el de beneficiar a la salud pública y no a los márgenes de ganancias. Según los defensores de dicha reforma, los contribuyentes de los Estados Unidos están obligados a pagar por los medicamentos dos veces: primero financiando la investigación a través de agencias como la BARDA y los NIH, y luego en la farmacia. En lugar de utilizar el dinero público para apoyar la investigación con fines de lucro, el Congreso podría crear y financiar una empresa farmacéutica pública. Dana Brown dijo que esto no significaría la abolición de la industria privada, la que podría seguir centrada en las drogas de la vida diaria y en los medicamentos eficaces. Tengamos claro, dijo, que cuando se trata de pandemias, los intereses de las empresas públicas y privadas no convergen.

“Éste es un caso ejemplar en el que un entorno de mercado competitivo no es un medio apropiado para resolver el problema”, dijo Dana Brown. “Sólo un enfoque abierto y colaborativo en el desarrollo de la vacuna contra el coronavirus puede garantizar que una vacuna segura y eficaz esté disponible para todos, y ese enfoque permitiría acelerar el proceso de investigación y posterior fabricación”.

– Mike Ludwig es periodista de Truthout. Colaboró en la antología Truthout, Who Do You Serve, Who Do You Protect?. Artículo publicado en Truthout, 23-4-2020  https://truthout.org/articles/before-covid-19-big-pharma-was-neglecting-vaccine-and-antiviral-research/