Más allá de la conciencia del presidente, que es un energúmeno, la economía política del genocidio arroja sobre las espaldas de los trabajadores toda la carga del ciclo de inmunización del virus y el colapso de la economía. Es una política cobarde que causará una catástrofe humanitaria de proporciones dantescas. Derrumbar a Bolsonaro se ha convertido en un imperativo humanitario. Es la tarea del momento...
