La idea de combatir a los migrantes con cárcel o expulsiones no es original. Hoy, como siempre, estas ideas van de la mano de un vocabulario bélico o de purificación que no escudriña la nacionalidad: están los puros y están los malvados. Pero si el malvado es extranjero, se le aplica una regla distinta que al malvado nacional porque, al final, lo que define es la sangre, la xenofobia...