Michel Husson

A l’encontre, 29-4-2020

Traducción de Ruben Navarro, Correspondencia de Prensa, 2-5-2020

“Todo lo que era sólido y estable se desvanece en el aire; todo lo que era sagrado es profanado y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas.” [1]

Esta crisis es la combinación de una crisis sanitaria y de una crisis económica a escala mundial. Por lo tanto, es probable que la interacción entre estas dos dimensiones de la crisis desencadene un ciclo específico que alterne frenadas y nuevos arranques y que ambos formen parte de una trayectoria recesiva. Esta es la hipótesis examinada en esta contribución.

El difícil ajuste de la salida del confinamiento

Las medidas de contención afectan ahora a casi 2.700 millones de trabajadores, o sea alrededor del 81% de la fuerza de trabajo mundial [2]: estamos ante una crisis sin precedentes. El efecto de cerrar una gran parte de la actividad económica se multiplica a través de sus efectos indirectos, poniendo en marcha un círculo vicioso. Sin embargo, el confinamiento no puede, por supuesto, ser total, ni tampoco puede prolongarse de manera indefinida, ya que de lo contrario se pondrían en peligro las condiciones mismas de subsistencia de la población. Es una retroalimentación (feedback) de gran envergadura que lleva a un necesario y difícil arbitraje. [3]

Frente a esta verdadera disyuntiva, podemos distinguir tres formas de reacción de los Estados, basándonos en la clasificación propuesta por Jérôme Baschet: “minimalismo sanitario liberal-darwinista; reducción aplicada por Estados bien preparados y dotados de importantes medios materiales y técnicos; medidas de confinamiento generalizadas, aplicadas de manera más o menos autoritaria”. [4]

La primera opción minimalista fue inicialmente la de Boris Johnson o de Donald Trump. En los Países Bajos también fue considerada y lo que es menos conocido, en México, país por el que vamos a hacer un pequeño desvío esclarecedor: Su presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), mostró en su momento imágenes religiosas como el mejor baluarte contra el virus. [5] Eso fue el 18 de marzo. Pero la deriva de AMLO también es política. Cuando fue alcalde de la capital, entre 2000 y 2005, obtuvo un fuerte apoyo popular gracias a sus programas sociales [6]. Pero ese mismo AMLO suprimió, a partir del 1º de enero de este año, el programa de Seguro Popular, que hasta entonces había brindado protección social a las personas sin cobertura sanitaria, sustituyéndolo por un fantasmagórico “Instituto de salud para el bienestar”. Contraste nítido con la posición de la dirección zapatista que, dos días antes de esta famosa conferencia presidencial, había declarado la alerta roja en los territorios rebeldes y había pedido “a los pueblos del mundo que tomaran conciencia de la gravedad de la enfermedad y que adoptaran medidas sanitarias excepcionales, sin abandonar por ello las luchas en curso”. [7]

La línea “liberal-darwinista” ha ido siendo abandonada poco a poco frente a la realidad y sólo la siguen realmente Trump (en el fondo) y Jair Bolsonaro, que acaba de despedir, en total acuerdo con su propia lógica, a su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta. En ambos casos, la crisis crea un conflicto entre el gobierno federal y algunos estados. Por consiguiente, en la práctica, la política de contención se lleva a cabo en la mayoría de los países.

En principio, se trata obviamente de la manera más eficaz de reducir las posibilidades de transmisión, como se ilustra en este gráfico de un epidemiólogo (muy) aficionado. A la izquierda, cada persona infectada contamina a otras tres, en función de la evaluación de la tasa de reproducción inicial (R0) del virus. A la derecha, el confinamiento bloquea la propagación del virus.

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“Querida: Es increíble, mis amigos expertos en economía que se transformaron en expertos del cambio climático son ahora expertos en virología”

Este mecanismo de disminución depende obviamente de la duración del confinamiento, como lo explicó Angela Merkel en una intervención muy clara. [8] Pero el confinamiento no puede mantenerse durante demasiado tiempo, por razones no sólo económicas, sino también sociales, en todos los sentidos de la palabra. Sin embargo, al mismo tiempo, sigue habiendo muchas incertidumbres sobre el modo exacto de transmisión del virus, sobre la proporción de personas infectadas pero asintomáticas, sobre la eficacia de las pruebas, sobre la posibilidad de reinfección, etc. Un internauta hizo al respecto un cuadro bastante divertido:

Las insolubles contradicciones del confinamiento  [9]

  1. No puede salir de su casa, pero si tiene que hacerlo, puede.
  2. Las máscaras son inútiles, pero tal vez debería usar una, puede salvarle la vida. Pueden ser inútiles, pero también podrían ser obligatorias.
  3. Los comercios están cerrados, excepto los que están abiertos.
  4. Este virus es mortal, pero no tanto, excepto que se podría morir a causa de él, o podría haberlo tenido ya sin saberlo siquiera.
  5. Los guantes no son necesarios, pero pueden ser útiles.
  6. Hay que quedarse en casa, pero se puede salir para hacer ejercicios físicos, sepa que es riesgoso, a menos que usted sea el único que hace ejercicios en ese lugar.
  7. El supermercado está bien surtido, pero faltan muchos productos, excepto por la mañana. A veces.
  8. El virus no tiene ningún efecto en los niños, excepto en aquellos que están afectados.
  9. Tendrá muchos síntomas si se enferma, pero puede estar enfermo sin presentar síntomas, o tener síntomas sin estar enfermo.
  10. Puede comer inmediatamente la comida que el repartidor de un restaurante le entrega en su casa, pero descontamine los alimentos afuera de su casa durante tres horas.
  11. Por su seguridad manténgase a un metro de distancia de los demás, si son extraños. Está prohibido ver a sus amigos incluso a una distancia segura.
  12. El virus se mantiene activo en diferentes superficies durante dos horas, no, cuatro, no, seis, no, ¿tal vez unos días? Para que el virus se mantenga activo, necesita un ambiente húmedo. Pero también un ambiente seco.
  13. Estamos contando los muertos pero no sabemos cuántas personas están infectadas porque sólo hacemos pruebas a los que estaban casi muertos para saber de qué se van a morir.
  14. No tenemos un tratamiento, pero puede haber un tratamiento que funcione, a menos que no se tome la dosis correcta. No hay modo de saberlo.
  15. Deberíamos quedarnos en casa hasta que el virus desaparezca, pero eso sólo retrasará la inmunidad colectiva, el efecto manada, lo que significa que tiene que salir de su casa. Así que salga con moderación.

Vistas estas incertidumbres, se puede prever una sucesión de fases de re/des/confinamiento, como aparece ilustrado en el siguiente esquema del Imperial College. [10]2

Esta posibilidad provocaría una trayectoria de reactivación y luego un enlentecimiento de la actividad económica, lo que llevaría a una recuperación titubeante de la economía, en forma de una sucesión de W. Los economistas utilizan toda la imaginación que les va quedando para distinguir los diferentes perfiles posibles: algunos hablan de la sigla de una famosa marca de calzado deportivo e incluso la letra Baa en el alfabeto árabe (ب).3

Podemos suponer una flexibilización del confinamiento con, por ejemplo, la reanudación gradual de las actividades (pero con al menos el 50% de las actividades no esenciales detenidas), con las escuelas cerradas y los ancianos aislados. Este es el escenario previsto en un meticuloso estudio del Inserm (Instituto Nacional de Investigaciones Médicas, por sus siglas en francés) [11] que brinda información complementaria. La primera información es que el nivel actual de inmunidad sería bajo -del 1 al 6% de las personas ya infectadas- [12] mientras que el umbral de por lo menos 60% es necesario para garantizar la inmunidad colectiva y la erradicación del virus.

Por otra parte, ese modelo sólo puede funcionar si va acompañado de una campaña masiva de tests con máscaras disponibles para todo el mundo. Sin embargo, los recursos materiales y logísticos no están disponibles de inmediato, al menos en Francia. En resumen, podemos, en el mejor de los casos, ahorrar tiempo y “aplanar” las curvas, pero es imposible evitar una recaída; a lo sumo, podría  posponerse y disminuir su impacto. Como dice Vittoria Colizza, una de las personas a cargo del estudio: “el confinamiento durará mucho tiempo porque no podemos vivir normalmente con esta epidemia.” [13]

El análisis comparativo de las políticas aplicadas en diversos países no permite eliminar la incertidumbre. Algunos logros no pueden transponerse tan fácilmente: incluso si admitimos la veracidad de las estadísticas oficiales, China utilizó medidas ultra autoritarias o incluso totalitarias. Es probable que el éxito de Alemania se base (como en Corea del Sur), al menos en parte, en una política de tests sistemáticos, imposible de aplicar en otros países. Suecia es citada como ejemplo de un país que puso en práctica un confinamiento muy moderado, pero resulta menos claro si se la compara con países vecinos como Dinamarca, Noruega o Finlandia. [14]

Según Annie Thébaud-Mony, especialista en enfermedades profesionales, la escasez de análisis no basta para explicarlo: “nuestros gobernantes alegan una razón técnica, cuando en realidad hicieron una elección estratégica: la de no hacer análisis”. [15] Habría que introducir algunos matices en la fórmula: el gobierno francés mostró por cierto una profunda desorganización, como en el caso de las máscaras, pero también mintió descaradamente. [16] Pero esta debacle tiene que ver también con la elección del método, es decir, el rechazo -o la incapacidad- de asumir las responsabilidades, mediante el inventario de las capacidades de producción, la requisición, en resumen, la planificación.

En este contexto de incertidumbre, la posibilidad de un nuevo – también es motivo de preocupación para los bancos, como el Morgan Stanley, que prevé una segunda ola a principios de 2021. [17] Es lo que aparece en el gráfico siguiente, que se muestra aquí sólo como un ejemplo de la complejidad y del riesgo que presentan los modelos aplicados.4

Idas y vueltas del virus a escala mundial

El modo en que la producción mundial está organizada, bajo la forma de cadenas de valor, está siendo brutalmente impactado por la crisis de varias maneras. Dentro de un territorio o país, la caída de la demanda lleva inevitablemente a la quiebra a corto y mediano plazo de aquellos productores que no tienen suficiente respaldo financiero. Este fenómeno, que se extiende a las empresas de transporte, puede incluso provocar la pérdida de alimentos ya producidos al no poder ser entregados a los compradores.

En los Estados Unidos, el fenómeno ya es una realidad. Por un lado, algunos agricultores se ven obligados a destruir sus cosechas y por otro lado, hay habitantes pobres de las ciudades que hacen cola en los bancos de alimentos para conseguir qué comer. La imagen siguiente, que pone frente a frente dos artículos del New York Times, simboliza lo absurdo de tal situación. [18]5

O también, una variante francesa reveladora: para algunas cosechas falta mano de obra porque anteriormente, estaba compuesta por trabajadores temporeros extranjeros que ya no pueden ingresar al país para garantizar esta producción. [19] Lo mismo ocurre en el Reino Unido, que intenta “reimportar” trabajadores extranjeros expulsados por el Brexit.

El comercio internacional ya se ha reducido considerablemente, pero es probable que se reduzca aún más debido a las perturbaciones en las cadenas de suministro. En cuanto a los alimentos básicos, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) teme que “algunas cadenas de suministro de alimentos puedan verse seriamente perturbadas, en particular por la falta de trabajadores para la siembra o la cosecha de cultivos esenciales, debido a las exigencias logísticas y a las medidas sanitarias.” [20]

Estas perturbaciones ya son una realidad, como lo demuestra un informe del Banco Mundial sobre el África subsahariana. [21] La propagación del virus comenzó más tarde y sigue siendo relativamente limitada (5425 casos en 45 de los 48 países). Pero sus efectos económicos ya son efectivos y el Banco Mundial pinta un panorama muy sombrío, con un crecimiento negativo para 2020 de entre -2,1 y -5,1%. Más allá de las cifras estimadas, el informe detalla los principales canales de transmisión de la crisis.

El primer canal es la interrupción del comercio y de las cadenas de valor. Éste afecta tanto a los exportadores de productos básicos de la región, con la caída de los precios internacionales de las materias primas, como a países que están muy integrados en las cadenas de valor, como por ejemplo Etiopía o Kenia. El segundo choque se debe a la retirada brutal de capitales y en general, a la reducción de todos los flujos de financiamiento externo (inversiones directas, ayudas, remesas de dinero, ingresos por turismo). En suma, esos países se van a ver enfrentados a graves crisis de la balanza de pagos, con aumento de los déficits comerciales y caída de los tipos de cambio. Luego están las consecuencias sobre la salud, que tendrán un efecto multiplicador, dada la dificultad de organizar un confinamiento. [22]

Para completar este cuadro que ya es de por sí sombrío, hay que añadir la fuerte dependencia de varios países africanos de las importaciones agrícolas. Efectivamente, se puede observar que algunos países productores están adoptando medidas de autoprotección que consisten en restringir sus exportaciones de productos agrícolas. Esto podría desencadenar una crisis alimentaria en países como Argelia, Egipto, Marruecos o Níger, muy dependientes de los suministros externos. [23]

Por razones similares, muchos países de América Latina están expuestos a los mismos peligros. Como apunta Pierre Salama, “se producirán bajas considerables en sus ingresos fiscales debido a la disminución de las exportaciones de materias primas combinada con la caída de los precios mundiales de las mismas”. Esto podría conducir a una crisis fiscal, lo que reduciría aún más su capacidad presupuestaria para responder a la crisis económica y social”. [24]

Como podemos ver, todos los países en vías de desarrollo se ven afectados: encuentran las mismas dificultades y tienen que pedir prestado al mismo tiempo. Las salidas de capitales ya han comenzado, en proporciones sin precedentes, ya que los mercados financieros prefieren reducir los riesgos y financiar a los Estados Unidos, la China o los países europeos. Es por eso que la pandemia es una “bomba de tiempo de los defaults soberanos.” [25] No es de extrañar, por lo tanto, que muchos países ya hayan solicitado ayuda financiera de emergencia al FMI, que se las otorgó a pesar de la oposición de Trump. Pero esta ayuda es suministrada con cuentagotas, y la suspensión de la deuda acordada a algunos países es provisoria.

Podríamos decir que la pandemia presenta, al igual que la economía mundial, un “desarrollo desigual y combinado” y en los hechos es el revelador del mismo. Los intercambios internacionales van a estar sujetos a los mismos zigzags que las circunstancias nacionales, porque es imposible adaptar las cadenas de valor mundiales en tiempo real. Si un país de la “periferia” ya no puede abastecer a un país del “centro” porque a su vez está afectado por la pandemia, esa interrupción repentina de la producción en el primer país repercutirá en la actividad económica del segundo.

El efecto rebote

Las observaciones anteriores no son compartidas por quienes hablan de una recuperación en forma de “V”, la que permitiría, ya en 2021, cerrar la brecha de 2020. La versión más radical de esta tesis es sin duda la del Office for Budget Responsability, el equivalente británico de la Cour des Comptes (Tribunal de Cuentas) en Francia. El organismo británico pronostica una caída del -12,8% del PIB en 2020, seguida de una recuperación del +17,9% en 2021, lo que se puede ver en el gráfico siguiente. [26]6

En el mismo registro cómico, podemos citar la entrevista “trumpoide” de Larry Summers, ex Secretario de Estado de Clinton, ex asesor de Obama, etc. Su intuición, “sin duda optimista”, dice, es que “la recuperación puede ser más rápida de lo esperado, porque es similar a lo que sucede después de la depresión total que golpea la economía de Cape Cod cada invierno (Cape Cod es el lugar turístico –caro- preferido de las élites de Boston y Nueva York) o la recuperación del PIB estadounidense cada día lunes”. Después de su “humorada”, Summers añade: “Yo creo que si podemos controlar la situación sanitaria, la vuelta a la normalidad será más rápida que después de las crisis financieras o de las recesiones habituales”, y añade con un dejo de prudencia: “pero no estoy seguro”. [27]

No todas las previsiones cuantificadas alcanzan ese grado de ridículo, si bien es cierto que hace falta mucho valor para practicar ese tipo de ejercicios. En todo caso, podemos ver que la mayoría de estas proyecciones se esfuerzan en presentar trayectorias optimistas. Es difícil saber si esto se debe a un método que subestima el alcance de la crisis actual, o si es para tranquilizar (¿a los inversores?) minimizando la mplitud del impacto. En cualquier caso, los gráficos que siguen se acercan más a una ilusión que a la realidad, wishful thinking, como se dice en inglés. A la izquierda vemos el pronóstico de Xerfi para Francia, a la derecha aparece el pronóstico del FMI, más bien en forma de “swoosh.” [28] Según el FMI, los países emergentes y en desarrollo deberían, salir rápidamente de la depresión con un crecimiento del 10% para finales de 2021, algo que resulta totalmente incomprensible.7

Para completar el muestrario, podemos citar un artículo muy esclarecedor, [29] en el que el autor establece un paralelismo (de gusto dudoso) con el juego del topo (whack a mole), en el que hay que deshacerse, golpeándolos con un martillo, del mayor número posible de topos que sacan constantemente la cabeza por los agujeros.8

La fábula del ahorro forzado

Uno de los efectos del confinamiento es que el gasto de los consumidores cae más que los ingresos. En el caso de Francia, la tasa de ahorro, que oscilaba en torno al 15%, debería subir al 35% en el segundo trimestre de 2020. [30] Este “ahorro forzado” representaría unos 55.000 millones de euros por ocho semanas de encierro. [31] Si la tasa de ahorro volviera a su nivel anterior a la crisis, el consumo que no fue posible durante el confinamiento recuperaría el atraso ocasionando una rápida recuperación “en forma de V”. El siguiente gráfico, que fue tomado del mencionado estudio de Xerfi, ilustra con claridad este escenario ultra optimista cuya probabilidad es cercana a cero (nos gustaría ver la “ecuación” que produce ese resultado).9

Hay que saber que este optimismo fue inmediatamente matizado por el propio autor del estudio: “en teoría”, explica, se podría contar con “el famoso ahorro para fin de mes, bajo el colchón” pero “pese a eso, no veremos un final feliz. No habrá un mañana feliz, ni tampoco un impacto atenuado.” [32]

El problema de estas tres hipótesis es que suponen implícitamente el fin completo del confinamiento y un reinicio inmediato de la producción. En esto subestiman el circuito pandemia/economía y el de demanda/oferta. Además, se enfrentan a una dificultad clásica en cuanto a la tasa de ahorro. Incluso antes de la crisis, ésta era una de las variables determinantes en todo ejercicio de previsión económica, y probablemente una de las más difíciles de modelizar. La razón es que no existe una tasa de ahorro que pueda ser determinada por el comportamiento de un “agente representativo”, es decir, un consumidor medio. Desde Keynes, se sabe que son los ricos los que más ahorran. El gráfico siguiente lo ilustra perfectamente: el 20% de los hogares con ingresos más bajos (quintil Q1) tienen incluso una tasa de ahorro negativa (se endeudan), el 20% siguiente tiene una tasa de ahorro nula, y la mayor parte del ahorro proviene de los ingresos más altos. [33] Algunos estudios puntuales muestran que el comportamiento de ahorro depende de la estructura de ingresos: en general, los asalariados ahorran menos. [34]10

Contar con la liberación de esos “ahorros forzados” para impulsar la economía es, por tanto, un indicio de una forma de distanciación social, que equivale a ignorar la suerte de los más desfavorecidos, los que están pasando apuros porque perdieron el trabajo y los ingresos, los que hacen cola para conseguir algo para comer. Basándose en la encuesta sobre la vivienda del INSEE (Instituto Nacional de Estadísticas y Estudios Económicos, por sus siglas en francés) y en una encuesta del Ifop (Instituto Francés de Opinión Pública), [35] Pierre Concialdi muestra que la disminución de la actividad ha tenido “un impacto en los ingresos de más de un tercio de la población activa”, sumiéndola en graves dificultades financieras. Aunque hayan sido adoptadas algunas medidas con respecto al seguro de paro parcial, esos dispositivos “están lejos de compensar la totalidad de la pérdida de ingresos. En promedio, para los trabajadores afectados, se puede estimar que la pérdida es de 400 euros por mes, o sea 800 euros al cabo de dos meses de confinamiento”. Concialdi estima que “alrededor de 2,5 a 2,8 millones de hogares (6 a 7 millones de personas) se ven muy afectados por la recesión” y recomienda “una intervención más enérgica de los poderes públicos a nivel nacional, ya sea mediante una moratoria de los alquileres y/o la creación de un fondo de solidaridad.” [36]

Es cierto que diversas medidas evitaron una caída brutal de los salarios, pero son sobre todo los ricos los que podrán impulsar el consumo y el empleo de los demás. Pero como van a soportar pérdidas en su patrimonio, va a ser poco probable, en esas condiciones, que vuelvan a consumir en exceso en lo inmediato.

Los estudios mencionados (OFCE y Xerfi) proporcionan una calibración minuciosa, pero señalan otra dificultad. El OFCE (Observatorio Francés de las Coyunturas Económicas) indica que “las ocho semanas de confinamiento llevarían a una reducción de la tasa de margen de las empresas de 2,9 puntos de valor agregado a lo largo del año, lo que equivale a una pérdida de 35.000 millones de euros”. Uno de los efectos inmediatos de la crisis es, en efecto, la reducción de la rentabilidad de las empresas, de su tasa de margen (para las que no hayan dado quiebra). La recuperación en forma de “V” no sólo implica un repunte del consumo, sino también, a mediano plazo, de la inversión. Excepto que “no se puede obligar a beber a un burro que no tiene sed”. La inversión estará limitada de forma duradera por el endeudamiento de las empresas y por la falta de visibilidad en la demanda. Después de la crisis de 2008, las empresas se habían visto enfrentadas a la misma necesidad de reducir su deuda y lo hicieron frenando la inversión, los salarios o el empleo. Estas evoluciones “corren el riesgo de reproducirse después de la crisis del coronavirus” como advierte Patrick Artus. [37]

Rebote, ¿qué rebote?

Podríamos imaginar un efecto de rebote, en principio favorable a la recuperación económica: aliviados por haber salido al fin de la crisis, los consumidores decidirían compensar los pesares vividos gastando sus “ahorros forzados” y consumiendo más para ponerse al día, por así decirlo. La confianza volvería y la actividad económica podría empezar de nuevo, enérgicamente. Ya expusimos las razones por las que tal hipótesis, que supone implícitamente un desconfinamiento total e inmediato, no tiene en cuenta las ruinas sobre las que tendría lugar esta recuperación.

Este escenario pasa por alto otro factor: el miedo a la enfermedad. Es lo que destaca el análisis del epidemiólogo Johsua Epstein que propone el concepto de “contagio acoplado”, que combina la enfermedad en sí y el miedo a la enfermedad. [38] Según este modelo, el temor a la enfermedad lleva en un primer momento a tomar medidas que limiten la propagación de la epidemia. Cuando las cosas parecen mejorar, el miedo se desvanece y las medidas de protección son flexibilizadas gradualmente o se abandonan. Es entonces “cuando aparecen los estragos del retroceso del miedo. Aunque sean pocos los casos infectados que siguen circulando, la reanudación de las actividades tiene el efecto de echar combustible sobre las brasas de la infección (bajo la forma de personas expuestas), lo que provoca una segunda ola de casos”.

Hay que prever un tipo de rebote completamente diferente, el de un restablecimiento de las políticas de reequilibrio presupuestario. Vamos a abrir, con suma prudencia, un breve paréntesis para evaluar las medidas tomadas o anunciadas hoy. Puede decirse, al menos en lo que respecta a Europa, que los gobiernos han aceptado, o al menos se han resignado, a hacer un esfuerzo presupuestario importante. El alcance de esto puede medirse comparando la tasa de desempleo, que se está multiplicando en los Estados Unidos mientras que se mantiene relativamente contenida en Europa. Las medidas adoptadas son evidentemente insuficientes, con una orientación que no es la adecuada y no están suficientemente coordinadas. Pero, a pesar de estas limitaciones, implican en todo caso un aumento significativo de la deuda pública.

Las evaluaciones del FMI [39] representadas en el cuadro dan una idea del orden de magnitud: para el conjunto de la zona euro, la deuda pública pasaría del 84,1% al 97,4% del PIB, es decir, un aumento de 13 puntos. Pero este impacto sería aún más fuerte – y dramático – para Grecia, seguida por los países “del sur”, Italia, España, Portugal y… Francia. Para otros países, como Alemania y los Países Bajos, el impacto sería más leve.11

Nuestra hipótesis es que los gobiernos aprovecharán la más mínima tregua para justificar las medidas de “saneamiento” con formas que pueden diferir de un país a otro. La experiencia de la crisis anterior respalda esta hipótesis: las políticas de austeridad llevadas a cabo a partir de 2010 y 2011 ocasionaron un retorno de la recesión. Es probable que los gobiernos hayan aprendido y que traten de no hacer los ajustes demasiado pronto. Pero el debate se centrará más bien sobre el momento adecuado y no en la necesidad o no de tales ajustes. La oposición entre países “frugales” y “dispendiosos” será seguramente exagerada, a pesar de las intervenciones del BCE (Banco Central Europeo), y a pesar de las diversas propuestas que ya están floreciendo (y que tendrán que ser estudiadas). El vaivén de las políticas presupuestarias no sincronizadas, combinado con los flujos y reflujos de la epidemia, puede contribuir a una recuperación vacilante y en forma de dientes de sierra.

Por otra parte, no se puede decir que no hayamos sido advertidos, como lo muestra esta pequeña antología [40]: “Habrá que esforzarse para reducir la deuda” (el ministro francés de Economía); “trabajar más que antes” (su secretario de Estado); “el tratamiento de las deudas heredadas de la crisis supondrá necesariamente un esfuerzo presupuestario riguroso con un gasto público que tendrá que ser por fin más selectivo” (el gobernador del Banco de Francia); “tarde o temprano habrá que plantearse la cuestión de la jornada laboral, de los días feriados y de las licencias pagadas para acompañar la recuperación y facilitar, trabajando un poco más, la creación de un crecimiento suplementario” (El presidente de la patronal francesa, MEDEF, Movimiento de Empresas de Francia).

Pero sin duda alguna, Philippe Aghion encontró la clave esencial. (P. Anghion, economista reconocido. Apoyó al socialista -PS- Hollande en 2012 y a Macron en 2017). En una entrevista radial, repitió varias veces la idea de que, cuando se trata de la deuda pública, “lo importante es la confianza que se inspira en los mercados.” [41] Puso el dedo en un aspecto fundamental: más allá de los debates técnicos, la realidad es que las deudas públicas que deberían financiar las necesidades sociales (y medioambientales) deben someterse a la evaluación de los mercados financieros, es decir que, al fin de cuentas, deben ajustarse a los intereses privados de los que los famosos mercados no son más que los portavoces.

Nuestros dirigentes nos están preparando el siguiente paso. Y con ellos el coro de las exhortaciones de editorialistas como Eric Le Boucher, quien afirma que “la preservación de la vida es un principio sagrado, pero la vuelta al trabajo y la defensa de las libertades individuales también representan un valor humano.” [42] Para otro, presidente de un instituto ultraliberal, “la vida es un riesgo y éste es su precio. [43] El premio se lo lleva el periodista de Libération, Jean Quatremer, con su tweet del 9 de abril, en el que dijo: “Si lo pensamos un instante, es una locura: sumir al mundo en la recesión más grave desde la Segunda Guerra Mundial por una pandemia que ha matado a menos de 100.000 personas (y ni hablemos de la avanzada edad de las víctimas) en un mundo de 7.000 millones de personas”. Dos minutos después, reiteró su indignación: “Me pregunto cuándo volveremos a la razón… ¿Cuando la recesión haya llegado a -20%?” [44]

Los buitres también acechan. En los Estados Unidos, el Wall Street Journal [45] constata que “un número creciente de inversores se están preparando para lo que creen que es una oportunidad única de comprar bienes inmuebles en dificultades a bajo precio”. Empresas de inversión como Blackstone Group Inc, Brookfield Asset Management y Starwood Capital Group tienen miles de millones de dólares (y) están buscando hoteles y comercios bajo hipotecas y otros activos que hayan sufrido tensiones en las últimas semanas. La crisis podría ser entonces un regalo del cielo, una “bonanza”, como explica David Schechtman del Meridian Capital Group. Antes que nada, expresa su profunda compasión: “Nuestros pensamientos y oraciones van a todos nuestros conciudadanos americanos y sabemos que nadie trata de aprovecharse de la desgracia ajena”, y luego “deja de lado la emoción” para expresar sus propias ideas: “Pero le diré que muchos inversores inmobiliarios han estado esperando esto desde hace una década”. Este ejemplo, entre otros, muestra que la salida de la crisis será un desafío político y social.

El capitalismo ha sido sacudido

El capitalismo ha recibido un golpe serio, y no le será fácil recuperarse. Este rápido panorama revela al menos cinco mecanismos que van a representar un freno para una eventual recuperación:

  1. Las empresas, por estar endeudadas y debido a las oportunidades de mercado inciertas, se mostrarán reacias a invertir y tratarán de reducir los puestos de trabajo y los salarios;
  2. Los hogares, empobrecidos o preocupados, reducirán el consumo, privilegiando el ahorro preventivo o posponiendo la compra de bienes duraderos;
  3. Los gobiernos acabarán tratando de “sanear” las finanzas públicas;
  4. Las cadenas de valor están desorganizadas y el comercio internacional va a resultar frenado;
  5. Los países emergentes, afectados por las salidas de capitales y la caída de los precios de las materias primas, van a contribuir a la contracción de la economía mundial.

Como vemos, la crisis está exacerbando las tendencias o tensiones que existían antes de que estallara. Pero ahora, se combina con la crisis sanitaria, que tiene el efecto de introducir un clima general de incertidumbre y un perfil incierto en la recuperación.

El siguiente gráfico ilustra el pronóstico que se puede hacer al día de hoy: obviamente, es una conjetura más que una predicción imposible. La curva verde corresponde a la tendencia anterior a la crisis. La curva azul es una representación estilizada de la posible trayectoria de la actividad económica. Durante un primer período, observamos fluctuaciones (podríamos hablar de oscilaciones) causadas por la alternancia de confinamiento y desconfinamiento. Estas fluctuaciones contribuyen a generar (en combinación con las contradicciones económicas) una tendencia recesiva. La magnitud de estas oscilaciones se reduce gradualmente permitiendo a la economía que pueda volver aproximadamente a la tendencia anterior a la crisis, pero a un nivel inferior.12

Notas

[1] Karl Marx, Friedrich Engels, Le manifeste du parti communiste (Manifiesto del Partido Comunista), 1848. Traduction de Laura Lafargue revue par Friedrich Engels.

[2] ILO, “COVID-19 and the world of work. Updated estimates and analysis“, 7 April 2020.

[3] Véase Michel Husson, “Sobre la vacuidad de la ciencia económica oficial: la diferencia entre la actividad económica y los riesgos para la salud.”, Correspondencia de Prensa, 25-4-2020.

[4] Jérôme Baschet, “Qu’est-ce qu’il nous arrive“, LundiMatin, 13 avril 2020.

[5] “AMLO usa imágenes religiosas como ‘escudo protector’ contra el Covid-19″, Diario de México, 18 de marzo de 2020. Ver fragmento (alucinante de la conferencia de prensa): aquí.

[6] En particular, había instaurado una pensión para los adultos de más de 70 años (Pensión Universal Alimenticia para Adultos Mayores), las madres solteras y los minusválidos ; y había abierto los derechos a la atención médica gratuita a 750 000 familias pobres sin protección social.

[7] EZLN, “POR CORONAVIRUS EL EZLN CIERRA CARACOLES Y LLAMA A NO ABANDONAR LAS LUCHAS ACTUALES“, 16 de marzo de 2020.

[8] Angela Merkel, “Conférence de presse du 15 avril 2020“, extraits transmis par @BenjAlvarez1 (subtítulos en inglés).

[9] Rapporté par Jane Maher, une oncologiste, sur twitter.

[10] Imperial College, “Impact of non-pharmaceutical interventions (NPIs) to reduce COVID-19 mortality and healthcare demand“, March 16, 2020.

[11] Laura Di Domenico et al., “Expected impact of lockdown in Île-de-France and possible exit strategies“, Inserm, 12 avril 2020.

[12] Cette proportion serait « très vraisemblablement inférieure à 15%, y compris dans les zones les plus touchées par la première vague de l’épidémie » estime le Conseil scientifique COVID-19 dans son avis du 2 avril 2020 : “Etat des lieux du confinement et critères de sortie“.

[13] cCtée par Paul Benkimoun, “Une levée du confinement sans mesures strictes de tests et d’isolement serait inefficace“, Le Monde, 12 avril 2020.

[14] Hans Bergstrom, “The Grim Truth About the Swedish Model“,  Project Syndicate, 17 avril 2020.

[15] Annie Thébaud-Mony, “Le gouvernement affaiblit notre capacité collective à lutter contre le virus“, Bastamag, 10 avril 2020.

[16] Yann Philippin, Antton Rouget, Marine Turchi, “Masques: les preuves d’un mensonge d’Etat“, Mediapart, 2 avril 2020; Ismaël Halissat et Pauline Moullot, “Masques : un fiasco et des mensonges“, Libération, 28 avril 2020.

[17] Morgan Stanley, “COVID-19: A Prescription To Get The US Back To Work“, April 3, 2020.

[18] Merci à Gilles Raveaud d’avoir signalé ce montage réalisé par Matt Huber.

[19] C’est le cas des fraises et des asperges rendues célèbres par l’inénarrable porte-parole de notre gouvernement qui évoquait au passage les enseignants confinés “qui ne travaillent pas”. Voir: Sibeth Ndiaye, “Fraises et asperges“, BFMTV, 25 mars 2020.

[20] OCDE, “Covid-19 and International Trade: Issues and Actions“, April 2020.

[21] The World Bank, “Assessing the Economic Impact of Covid-19 and Policy Responses in Sub-Saharan Africa“, April 2020.

[22] Sarah Diffalah, “Comment gérer l’impossible confinement en Afrique“, L’Obs, 13 avril 2020.

[23] Antoine Bouët, “Coronavirus et sécurité alimentaire en Afrique“, Telos, 9 avril 2020.

[24] Pierre Salama, “En Amérique latine, la pandémie s’ajoute à d’autres crises“, Libération, 8 avril 2020.

[25] Pierre-Olivier Gourinchas, Chang-Tai Hsieh, “COVID-19 : Une bombe à retardement de défauts souverains“, Project Syndicate, 9 avril 2020.

[26] Office for Budget Responsibility, “OBR coronavirus reference scenario“, April 14, 2020.

[27] Larry Summers, “Recovery Could Be Faster Than Anticipated” , Vanity Fair, April 2, 2020.

[28] Olivier Passet, “”Covid-19 : la contagion sectorielle de l’économie réelle L’ampleur du choc, les limites du rebond, Xerfi, 20 avril 2020 ; FMI, “The Great Lockdown“, World Economic Outlook, April 2020.

[29] Ed Yong, “How the Pandemic Will End“, The Atlantic, March 25, 2020.

[30] Olivier Passet, “Covid-19 : la contagion sectorielle de l’économie réelle L’ampleur du choc, les limites du rebond“, Xerfi, 20 avril 2020.

[31] OFCE, “Évaluation de l’impact économique de la pandémie“, 20 avril 2020.

[32] Olivier Passet, “Le rattrapage après-crise : les illusions perdues” Xerfi, 24 avril 2020.

[33] Mikael Beatriz, Thomas Laboureau, Sylvain Billot, “Quel lien entre pouvoir d’achat et consommation des ménages?“, Note de conjoncture, Insee, juin 2019.

[34] Jean-François Ouvrard et Camille Thubin, “La composition du revenu aide à comprendre l’évolution du taux d’épargne des ménages en France” Bulletin de la Banque de France, février 2020.

[35] Ifop/Fondation Jean Jaurès, “Les actifs et le télétravail à l’heure du confinement “, mars 2020.

[36] Pierre Concialdi, “Confinement, récession et baisse des revenus“, Ires, avril 2020.

[37] Patrick Artus, “Comment les entreprises se désendettent-elles“, 21 avril 2020.

[38] Joshua M. Epstein, Jon Parker, Derek Cummings, Ross A. Hammond, “Coupled Contagion Dynamics of Fear and Disease: Mathematical and Computational Explorations“, PLoS ONE, Volume 3, Issue 12, 1st December 2008.

[39] FMI, “Policies to Support People During the COVID-19 Pandemic“, Fiscal Monitor, April 2020.

[40] Dans l’ordre d’apparition : Bruno Le Maire,”Il faudra faire des efforts pour réduire la dette“, Reuters, 10 avril 2020 ; Agnès Pannier-Runacher, “Travailler plus que nous ne l’avons fait avant“, AFP, 11 avril 2020 ; François Villeroy de Galhau, “Il n’y a pas de miracle : nous devrons porter plus longtemps des dettes publiques plus élevées“, Le Monde, 8 avril 2020 ; Geoffroy Roux de Bézieux, “La reprise, c’est maintenant” Le Figaro, 10 avril 2020.

[41] Philippe Aghion, “Penser l’économie de demain“, France Culture, 24 avril 2020.

[42] Éric Le Boucher, “Il faut sortir la France du confinement“, Les Echos, 10 avril 2020.

[43] Jean-Philippe Delsol, “Confinement : jusqu’où peut-on aller“, Les Echos, 10 avril 2020.

[44] Jean Quatremer, “Une sélection de tweets” tweet, avril 2020.

[45] Konrad Putzier and Peter Grant, “Real-Estate Investors Eye Potential Bonanza in Distressed Sales“, The Wall Street Journal, April 7, 2020.