La corrupción es no sólo la forma más representativa y acabada del Estado-patrimonio que impide el Estado de derecho y el funcionamiento de la democracia, sino el más formidable obstáculo para hacer realidad la tan manoseada paz estable y duradera. Los guerrilleros suponían que su enemigo real era la fuerza pública y la conocían muy bien, pero no imaginaron que el otro enemigo era la corrupción de un Estado de derecho que no puede ejercer a plenitud al que para bien o para mal se han acogido...