La afirmación de que la crisis de opioides es producto de la migración mexicana y centroamericana, en lugar de un producto de la desregulación de la Big Pharma y de los fracasos de un sistema privado de salud, no solo es absurda, sino malintencionada. Sustituye los hechos por el mito racial, racionalizando así una maquinaria de castigo en constante expansión al tiempo que absuelve a uno de los grupos de presión empresariales más lucrativos y políticamente influyentes de los Estados Unidos...
