Cualquier referencia al color de la piel de Joaquim Maria Machado de Assis, un monumento nacional de la literatura, estuvo prohibida durante mucho tiempo.

Le Monde, 25-6-2020

Traducción de Ruben Navarro – Correspondencia de Prensa, 27-6-2020

 

Carta desde  Río de Janeiro

En sus tiempos del bachillerato, cuando tenía unos 17 o 18 años, André Tadao Kameda descubrió que el mayor escritor de su país era negro. “Hasta entonces, las cosas no estaban muy claras, recuerda el joven. Machado de Assis es un gran clásico en Brasil, pero el tema nunca había sido discutido en clase. Ese año, el profesor finalmente mencionó el color de su piel… pero sin insistir demasiado sobre el asunto.”

¿Cómo hubiera podido imaginarlo? En la foto oficial del autor que aparece en la mayoría de sus libros, Joaquim Maria Machado de Assis tiene una tez tan blanca como su camisa: la cara sobreexpuesta, el pelo liso, los labios cubiertos por la barba. “¡Es difícil encontrar el más mínimo rastro de sus orígenes africanos en esta fotografía!”, dice André, que tiene ahora 37 años y que está trabajando en una tesis sobre el gran autor.

En realidad, el tratamiento reservado a “Machado” (como se le llama en Brasil) no se debe para nada a la casualidad: el retrato del escritor, como el de muchas otras personalidades negras o mestizas, fue deliberadamente “blanqueado”, resultado del racismo dominante a principios del siglo XX.

Autodidacta genial

En Brasil, Machado es un monumento nacional. El autor de Dom Casmurro, de las Memorias Póstumas de Blas Cubas y de El Alienista es un escritor oficial, como Balzac en Francia, Tolstoi en Rusia, o Dickens en Inglaterra.

Es poco conocido en París pero es una verdadera estrella en los Estados Unidos, donde es comparado con Kafka y Nabokov, venerado por Woody Allen, Philip Roth e incluso Susan Sontag, quien lo describió como “el escritor más grande de todos los tiempos en América Latina”.

El legendario autor nació en 1839 en una familia modesta de Río de Janeiro, entonces capital del Imperio del Brasil. Era un mestizo de piel oscura, un mulato como se decía en aquella época. Su padre era negro, hijo de esclavos liberados, y su madre blanca venía de una familia portuguesa de las Azores. Miope, tartamudo, epiléptico y sobre todo negro, empezó su vida con serias dificultades.

Pero poco a poco este genio autodidacta empezó a destacarse. Su primera novela, Resurrección, publicada en 1872, fue un éxito. Su obra, llena de ironía e insinuaciones, describe de manera incisiva la hipocresía y las pequeñas crueldades de la buena sociedad carioca. En la Belle Époque, Machado de Assis formaba parte de la gran sociedad. En 1897, fundó la Academia Brasileña de Letras.

El sueño de un país de “sangre lavada”

El autor tuvo sus estatuas en vida, pero más bien de mármol blanco, no de basalto negro. En el Brasil de Machado, el racismo era omnipresente y la esclavitud reinó hasta su abolición tardía en 1888. La situación no mejoró con la República, proclamada al año siguiente. Los gobernantes de la época soñaban con un país de “sangre lavada” e implementaron una política muy oficial de lavado de la población: 4 millones de inmigrantes fueron “importados” de Europa (con una política que duró) hasta el año de 1929 para establecerse en Brasil.

En este contexto, el escritor nacional no podía ser un simple mulato. La élite blanca hizo todo lo que pudo para maquillar a un Machado cuya piel era demasiado oscura. Cualquier referencia al color de su piel estaba prohibida y la fotografía oficial, tomada en 1896, fue blanqueada (whitewashing). Cuando murió, en 1908, su máscara mortuoria fue esculpida en blanco alabastro y en su certificado de defunción, la administración registró al mestizo como “hombre blanco”.

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Retrato intencionalmente “blanqueado” del escritor Joaquim Maria Machado de Assis, realizado hacia 1896.

La imagen de un Machado blanco se impuso: un siglo después, en 2011, un actor blanco encarnó muy naturalmente las características del escritor en una publicidad para un banco público. Pero no sólo Machado de Assis recibió ese tratamiento. El mismo “blanqueado” fotográfico se aplicó nada menos que a Nilo Peçanha, presidente del Brasil entre 1909 y 1910, pero también al padre José Mauricio (1767-1830), compositor de música clásica, o al inmenso escritor y periodista Lima Barreto (1881-1922). Todos ellos eran mestizos y descendientes de esclavos.

“La civilización brasileña es estructuralmente racista. La negritud es combatida sistemáticamente, dice Adilson Moreira, profesor de la Universidad Mackenzie y especialista en discriminaciones. Sólo los blancos son vistos como capaces de producir obras de valor cultural. Es un privilegio exclusivo. Así, cuando una persona negra o mestiza hace algo extraordinario, hay que blanquearlo. El blanco debe seguir siendo el modelo. El negro no tiene lugar en la gran historia. Debe quedarse en el lugar que le corresponde.”

El país empezó a mirarse a la cara a partir de la década del 2000, bajo los gobiernos de izquierda de Lula y Dilma Rousseff. En ese momento, la identidad negra se estaba afirmando y algunas grandes figuras afro brasileñas fueron “desblanqueadas”. Nuevas fotografías del “verdadero Machado” fueron desenterradas de los archivos. En 2019, la Universidad Zumbi dos Palmares de Sao Paulo publicó una nueva versión de la fotografía oficial del escritor, en la que aparece su verdadero color de piel.

“Todo esto es estimulante y nos permite volver a leer a Machado con una nueva mirada, dice Saulo Neiva, profesor de la Universidad de Clermont Auvergne (Francia) y traductor al francés del escritor. Su obra está llena de ironía, de segundo sentido, de disimulación… Escribió poco sobre la violencia racial, pero los esclavos están muy presentes en su obra. Leyendo entre líneas, se nota que fue marcado por esta condición.”

Cabe preguntarse si este movimiento de emancipación resistirá la embestida de Jair Bolsonaro. Actualmente, el Brasil está viviendo un gran salto hacia atrás en la materia. Por ejemplo, un reciente cartel de propaganda del poder mostraba a cinco niños blancos con rasgos europeos bajo el lema “Brasil, patria amada”. Un nuevo “blanqueo” fotográfico, muy alejado de la realidad de una nación cada vez más mestiza.Brasil2706 III

* Bruno Meyerfeld, corresponsal de Le Monde en Brasil. Fue corresponsal en Kenia y trabajó para Monde Afrique, Radio France Internationale y France Culture.