Correspondencia de Prensa, 30-11-2019

E. Herrera, Montevideo, 29-11-2019

Confirmado. Desde el 1° de marzo de 2020, Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional, ejercerá como presidente de la República liderando un gobierno de coalición integrado por cinco partidos de derecha. (1)

Entonces, la llamada “era progresista”, abierta el 1° de marzo de 2005, con la primera presidencia de Tabaré Vázquez, quedará oficialmente cerrada. El Frente Amplio (FA) colgará su ropa de “partido de gobierno” para vestirse de “oposición responsable”.

En efecto, habrá sucesión en el poder. Bajo el formato de una “alternancia de partidos” en la gerencia del Estado capitalista. Legitimada por el inapelable veredicto de las urnas. Aún si la mínima diferencia entre las dos opciones en el balotaje del 24 de noviembre, señale un “empate técnico” entre “dos mitades de país”. (2)

La “transición” comienza el próximo lunes 2 de diciembre, con la reunión entre el presidente Tabaré Vázquez y Lacalle Pou. Prolija información, relación amistosa, Sin traumas ni crispaciones. Honrando la reconocida “tradición cívica” del país. Todo controlado.

Lejos del turbulento vecindario regional. Pertrechados contra el acecho insurreccional. No hay peligro de contagio, por ahora. La contrarrevolución ideológica operada durante los 15 años de progresismo gubernamental, desinfló la radicalidad de las demandas sociales, y la intensidad de la beligerancia entre las clases antagónicas. Enchalecando la idea de desobediencia civil.

La “paz social”, efectivamente, aparece como una adquisición ciudadana. Solo desafiada por los “marginados”, drogadictos, sicarios, delincuentes y “lumpenes-consumistas” que maltratan la seguridad pública. Por eso, la mayoría de la población requiere protección y autoridad del Estado. Con el nuevo gobierno, la represión aumentará todavía más. Las cárceles seguirán llenándose, principalmente de jóvenes. Cualquier insubordinación social estará penada con mano dura.

 Sin fuga de capitales o sabotaje de los “mercados”. Las “calificadoras de riesgo”, aunque vigilantes sobre el “déficit fiscal”, ya dieron su aprobación. Las instituciones financieras internacionales, apenas observan. Saben que el programa macroeconómico tendrá escasos cambios. Aunque la pugna retórica sobre los “dos modelos de país”, haya imperado en la campaña electoral.

Pero los pilares son los mismos, fueron colocados en los años de coalición entre el Partido Colorado y el Partido Nacional, en la llamada “década perdida” de 1990. Ley Forestal; Ley de Inversiones; Ley de Puertos, Ley de Zonas Francas; Sistema de Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (Afap).

Ninguna fue derogada en estos 15 años de “hegemonía progresista”. Por el contrario, el FA basó su programa económico en esa “matriz” heredada. Desregulación financiera; concentración-extranjerización de la tierra; exoneraciones tributarias a las multinacionales de celulosa y mineras; privatizaciones y subcontrataciones. Y las leyes de Participación Público-Privada (PPP) y de “Inclusión Financiera”, bajo el mandato de Mujica (2010-2015) como presidente.

Un plus para la coalición neoliberal. No tendrá que hacer el ajuste echando mano a una nueva batería de contrarreformas. A no ser la de la seguridad social, empezando por el aumento de la edad jubilatoria, Pero en esto, ya es sabido, cuenta con el inexorable acuerdo del Frente Amplio.

En el paréntesis o interregno progresista, convivieron neoliberalismo y “pos-neoliberalismo”, sin salirse de la misma lógica de acumulación de capital. Ahora, el núcleo duro, genuino, asume el mando directo. Con la intención de acelerar los mecanismos de apropiación privada de la riqueza. Sin llegar a fisurar las piezas del contrato básico: la democracia de mercado. En esto, también, la “clase política”, de todos los lados del tablero ideológico, concuerdan.

El blindaje funciona. Es la “ventaja comparativa” de una democracia liberal, muy arraigada en la sociedad. Organizada por los de arriba, consentida por los de abajo. A esto se remite el infranqueable “pacto republicano” que, tanto las elites progresistas como las derechistas, han venido y seguirán certificando. Dicho con lenguaje más añejo: el carácter del régimen político de dominación tiene consenso. Robusta musculación. Atornillando la estabilidad institucional. Dando las condiciones necesarias de “gobernabilidad”, independientemente de mayorías o minorías parlamentarias. Así viene ocurriendo desde la “restauración democrática” en 1985, luego de 12 años de dictadura militar.

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El presidenteTabaré Vázquez, José Mujica, la vice Presidenta Lucía Topolansky y el Ministro de Economía Danilo Astori

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Amargura, claro. Si ante todo, se piensa en los 400 mil trabajadores que no alcanzan dos salarios mínimos al mes (3); en los 120 mil jubilados con prestaciones “sumergidas”, esto es, miserables (4); en los 54 mil asalariados que perdieron su empleo en los últimos cinco años en la industria, la construcción, el comercio minorista, el agro. En ese 30% de jóvenes desempleados, menores de 25 años, empujados a sobrevivir en la desesperanza del no-futuro. En las más de 193 mil personas que habitan los 600 asentamientos precarios, donde se reproduce la “pobreza estructural”, afectando sobre todo a mujeres jefas de hogar, niños y adolescentes. O en las 20 mil personas que, en algún momento, durmieron en “situación de calle” durante los últimos tres años.

Son datos inocultables. Una fotografía nítida de la “fractura” socio-económica que el progresismo y sus planes asistenciales focalizados nunca saturaron. Suman centenares de miles. Componen ese segmento de la población clasificado en “condición de pobreza” (menos de 4 dólares diarios) y de “clase media vulnerable” (entre 10 y 15 dólares diarios), según el estudio más riguroso elaborado sobre ingreso, empleo, vivienda, salud, educación, núcleo familiar, y franjas etarias, de las llamadas “clases subalternas” en el país. (5)

No obstante, muchísimos de ellos y muchísimas de ellas repitieron el voto por el FA. Volvieron a sostener un hilo de confianza. Sobre todo la franja más joven, entre 18 y 34 años, que masivamente (55%) le dio apoyo a la fórmula Daniel Martínez-Graciela Villar.

Sabiendo, por un intuitivo olfato de clase, que sus condiciones de vida, ya de por sí frustrantes, no mejorarían con un gobierno de la coalición “multicolor”. Entendiendo, sin demasiada sofisticación analítica, el peligro de una avance de la ultraderecha. Aún descontentos, se atrincheraron en el sufragio para “evitar lo peor”, y cortarle el paso al “fascismo”.

Esta corajuda decisión, no asegura luchas inmediatas, ni masivas resistencias futuras. Tampoco presagia una ola de grandes huelgas o “estallidos sociales” invadiendo las calles. Solamente indica que hay una base social con capacidad de reacción, y una “acumulación democrática” que, incluso en medio del enojo, la confusión, el hastío, distingue las “fronteras ideológicas” que no pueden sortearse. Es una de las innumerables razones de porque tantos miles de votantes de Cabido Abierto y del Partido Colorado, el 27 de octubre, hayan optado, a último momento, por el FA en el balotaje. (6)

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No obstante, existen poderosas máquinas de amortiguar las expresiones de protesta y rebeldía popular. Los aparatos sindicales burocráticos y la mayoría del Secretariado del PIT-CNT que, seguramente, regularán el “aumento de la conflictividad” que anunciaron se venía si ganaba el neoliberal de Lacalle Pou. Aunque luego del 24 de noviembre, se hayan puesto más cautos. Y, por supuesto, los principales dirigentes del FA. Que ya proponen una orientación componedora con el nuevo gobierno, especialmente con su ala de “centro-derecha”.

Al ensayar una especie de perspectiva, el expresidente y senador electo, José Mujica, adelantó la posible estrategia: “no se debe bombardear inútilmente al nuevo gobierno, debe sí batirse por aquellas cosas que considere importantes para la gente”. (7) Argumento razonable, según dirigentes cercanos a Lacalle Pou, como el senador Álvaro Delgado, futuro secretario de la presidencia: Mujica es “un interlocutor fundamental” y “un actor clave en este proceso”. (8)

El presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, fue más explícito. Lo importante es “mantener un diálogo” con el futuro gobierno y “no empujar a Lacalle Pou a los brazos de sus socios de ultraderecha”, es decir, Cabildo Abierto liderado por el general (r) Guido Manini Ríos, aunque no lo considere un fascista como Bolsonaro. Si no más bien buscar entendimientos con las fuerzas democráticas de la coalición, donde están incluidos el Partido Nacional y el Partido Colorado. Y de ninguna manera, enfatizó, el Frente Amplio “incendiará la pradera”. (9) Hay un sólido y no tan lejano antecedente que da crédito a esa afirmación. Cuando la peor crisis económico-financiera en la historia del país (2001-2002), en medio de una espantosa crisis social, el Frente Amplio desalentó cualquier “proceso insurreccional” similar al “argentinazo” (2000-2001) y declaró su “lealtad institucional”.

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Luis Lacalle Pou secundado por los representantes de la coalición de derechas, incluido el general Manini Ríos

No son pura anécdota. Sino razones decisivas. Más todavía, si consideramos que la cúpula dirigente del Frente Amplio y su tropa de funcionarios y parlamentarios, luego del resultado del 27 de octubre, había tirado la toalla, dando por perdida la pelea. Por eso, fue tanto más indecoroso, su festejo la noche del 24 de noviembre. No hubo una “casi victoria”, sino al revés: una derrota política, sin atenuantes, del FA como “partido de gobierno”; administrador de los asuntos de Estado, de sus instituciones “representativas” y de sus aparatos coercitivos, en el cuadro “infranqueable” del orden del capital. Durante 15 años, esa cúpula dirigente funcionó como trituradora de las ideas revolucionarias, anticapitalistas. Como cerrojo de las luchas sociales radicales y de cualquier horizonte emancipatorio.

Es verdad. Continúa siendo la principal fuerza política del país, gobierna Montevideo, la capital, desde hace 29 años, y volvió a ganar en el departamento de Canelones, es decir, gerencia todavía la región donde se concentra más de la mitad de la población de Uruguay. Sin embargo, estos dos “contrapoderes fácticos”, no desequilibran la nueva correlación de fuerzas creada con la victoria de la derecha.

En octubre, el FA ganó en 9 departamentos; en noviembre, solamente en dos, la coalición encabezada por Lacalle Pou, en 17. Un dato estratégico que la militancia frenteamplista debería registrar. Sus jefes fueron desplazados. El poder, real, cambió de manos.

También, deberían registrarlo las decenas de académicos, militantes políticos y activistas sociales que, poco antes del balotaje firmaron una “Carta abierta a las izquierdas”, convocando, con tono resignado, a votar por el FA. Aún si durante los últimos tiempos, venían manifestando posiciones muy críticas, linderas con la ruptura, al evaluar la derechización política y económica del gobierno del FA.

En la Carta, decían: “Luego de tres gobiernos, quienes militamos a nivel social o político fuera del FA no hemos logrado construir una herramienta política que nos permita organizar los anhelos de cambio en una perspectiva socialista. Por el contrario, la primera vuelta de las elecciones nacionales nos mostró que el FA sigue siendo, guste o no, el principal instrumento político-electoral de los sectores subalternos. Por eso sus límites y deficiencias nos duelen como si fueran nuestras, porque somos parte activa del proceso político popular uruguayo”. (10)

Luego de la derrota, y de la responsabilidad que le cabe a la dirección del FA, y a sus aparatos mayoritarios, el dilema de ayer se convierte en un cruce de caminos. Porque la estrategia continúa siendo la de un partido del orden burgués. La metamorfosis no tiene vuelta atrás. Como herramienta de transformación social, el FA dejó de existir hace mucho tiempo. Su pase a la oposición no lo convierte, nuevamente, en una “opción de izquierda”. Su actual naturaleza no cambia.

Por su parte, la derecha triunfadora, sabe que no tiene un cheque en blanco. Sobre todo en cuestiones democráticas, derechos laborales, conquistas de nuevos derechos, seguridad pública. Menos que recibirá una tregua de los familiares de detenidos-desaparecidos en su incansable búsqueda de la verdad.

Pero está decidida a inclinar, decisivamente, la balanza en favor del gran capital. Y no dudará en usar, de ser necesario, a las corporaciones armadas del Estado. Por lo pronto, ya dio la primera señal: el nuevo Ministro del Interior será el senador Jorge Larrañaga, impulsor de la reaccionaria reforma constitucional “Vivir sin Miedo”, derrotada el 27 de octubre. (11) Una provocación, si se quiere. Al tiempo que un ruidoso cachetazo para Fernando Pereira, presidente del PIT-CNT, quien una semana antes del balotaje, consideraba a Larrañaga, dentro del “brazo izquierdo” de la coalición derechista, y posible socio en algunas temas. (12) Este solo ejemplo, bien podría simbolizar la debacle política de los dirigentes del FA y de su colateral sindical. Y una advertencia. La nula confianza que los trabajadores y los militantes de las izquierdas, pueden depositar en ellos.

Montevideo, 29 de noviembre 2019

Notas

1) La alianza que acordó “un documento programático” titulado “Compromiso por el país”, está conformada por el Partido Nacional, Partido Colorado, Cabildo Abierto, Partido Independiente, Partido de la Gente, todos con representación parlamentaria.

2) Lacalle Pou obtuvo el 48,8% del total de votos emitidos (1.189.313 votos) mientras que Martínez tuvo el 47,3% (1.152.271 votos). Así la diferencia de votos se saldó en 37.042 votos.

3) La fuerza laboral empleada es 1 millón 500 mil personas. El salario mínimo nacional es de $14.000, equivalente a 400 dólares.

4) Esta franja de jubilados, tiene una prestación de $12.400, unos 360 dólares Durante la campaña hacia el balotaje, Daniel Martínez, candidato del Frente Amplio, se comprometió, si resultaba electo, a darles un aguinaldo, sin anunciar el monto.

5) Progreso Multidimensional en Uruguay: Dinámica del bienestar de las clases sociales en los últimos años. Autores: Marco Colafranchesqui, Martín Leites y Gonzalo Salas. PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), Montevideo, julio de 2018

6) La coalición no pudo retener sus votos de la primera vuelta, que le daban una suma del 54%. Mientras que el Frente Amplio captó por la derecha. Ganó cerca de 200 mil votos. De ellos, 71 mil provenientes de Cabildo Abierto y 43 mil del Partido Colorado, y una gran cantidad de “indecisos” fueron al casillero progresista. Fuente: “Daniel Martínez recogió más adhesiones entre los votantes de Cabildo Abierto que del Partido Colorado”, La Diaria, 26-11-2019.

7) Declaraciones al informativo de Telenoche, canal 4, recogidas por el diario El País, 28-11-2019.

8) Declaraciones al Semanario Búsqueda, 21-11-2019.

9) Entrevista al semanario Búsqueda, 28-11-2019.

10) Carta abierta a las izquierdas.

11) Victoria sin miedo. Victoria tensa, derrota a medias.

12) Entrevista en el programa 7° día, Teledoce, 17-11-2019.