Colombia

Las Farc, el nuevo partido político

De las balas a los votos

Luego de haber entregado sus armas, la guerrilla colombiana fundada en 1964 se convirtió en un partido. A seis meses de las elecciones legislativas en Colombia todavía se está construyendo como tal. “No se puede comenzar a construir una pirámide por su vértice”, declaró su presidente, otrora comandante de las FARC.

Rafael Alonso Mayo, desde Medellín http://brecha.com.uy/

A un lado del emblemático Palacio de Justicia de Colombia, el mismo que una vez fue escenario de una cruenta toma guerrillera del M 19, se ubicó el evento que marcó el nacimiento de un nuevo partido político. Era la noche del viernes 1 de setiembre y la Plaza de Bolívar, de Bogotá, estaba atiborrada de unas 10 mil personas que bailaban y gritaban al ritmo de la música del acto que cerraba el congreso fundacional de las Farc. La organización que desde su creación, en 1964, se dedicó a la lucha armada, pasó así de ser una guerrilla al margen de la ley a convertirse en un partido político bajo las banderas de la democracia.

Se trata de un paso más en la implementación del acuerdo de paz alcanzado en noviembre de 2016 entre esa guerrilla y el gobierno de Colombia. Entre el 26 de agosto y el 1 de setiembre, más de 1.200 delegados de las Farc se reunieron en Bogotá para sentar las bases de su nuevo partido, con el que se presentarán a las elecciones legislativas en marzo de 2018.

Estaban invitados al cierre del congreso los líderes de los partidos políticos y los candidatos que ya se perfilan para las presidenciales de mayo de 2018. “Hemos abierto la puerta para que cada uno dé su visión sobre la paz del país. Nuestra apuesta es por ampliar la democracia, y estamos abiertos a escuchar la pluralidad de voces”, explicó Pablo Catatumbo, miembro del Secretariado de las Farc. Sin embargo, muy pocos políticos tradicionales participaron del evento, lo que fue visto con apatía por los opositores al acuerdo. Uno de los pocos personajes que aceptaron la invitación fue el ex presidente Ernesto Samper, quien señaló en su discurso que una de las principales tareas del nuevo partido debería ser “liderar la conformación de un gran bloque progresista por la paz”, que comprenda a todos quienes se comprometen con los acuerdos de La Habana.

Mencionó los puntos más importantes que condensan los acuerdos y que, según él, deberían ser los pilares de las nuevas Farc: el problema de la tierra, uno de los factores que desencadenaron el largo y sangriento conflicto armado que duró más de cinco décadas; el tema de los cultivos ilícitos en el contexto de una lucha contra las drogas que en su análisis ha sido un fracaso; el papel de las víctimas como centro del acuerdo de paz; la participación política en un escenario de desconfianza y donde la corrupción permea las instituciones.

Generalidades

En su discurso al cierre del congreso, el ex comandante de las Farc y ahora presidente del partido, Rodrigo Londoño Echeverri (antes conocido con los alias de “Timochenko” o “Timoleón”), habló sobre el interés de su partido porque todos los ciudadanos tengan acceso a educación, a salud de calidad, a una vivienda y un trabajo dignos; por el reconocimiento de los derechos de las mujeres frente a las oportunidades que han privilegiado a los hombres; por el respeto a la diversidad de género; por la importancia de la niñez y la generación de mayores oportunidades. A tan sólo seis meses de las elecciones legislativas, el partido todavía no ha presentado oficialmente sus propuestas políticas concretas a la ciudadanía.

El partido resaltó sobre todo su legado y rol en los diálogos que resultaron en la firma del acuerdo de paz con el gobierno. Así, el congreso llevaba el nombre “Por un gobierno de transición para la reconciliación y la paz”, y en su acto de cierre, Londoño Echeverri entregó una copia del acuerdo de paz a una chica que representaba a los jóvenes. Luego tomó el micrófono: “Proponemos a Colombia poner fin a la amarga realidad y lo hacemos presentando al país y al mundo nuestro partido político”. “En una demostración más de nuestro compromiso con la paz, la democracia y la justicia social para Colombia, dejamos las armas para construir política por las vías legales.”

El congreso resolvió conservar el nombre Farc, pero dándole otro significado a las siglas: Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, en lugar de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. También se decidió que la dirección general del partido estaría compuesta por 111 integrantes encargados de construir el plan de trabajo del partido en los próximos meses y de designar a sus diez representantes que ocuparán escaños en el Congreso, cinco en el Senado y cinco en la Cámara de Representantes, tal como fue acordado en el proceso de paz. “Está claro que después de dejar las armas las Farc tienen derecho a participar en política o a comenzar ese proceso, y el primer paso era crear el nuevo partido político”, comentó a Brecha Ariel Ávila, director de la Fundación Paz y Reconciliación.

Según Adrián Restrepo Parra, profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, la opinión pública observará con mucha expectativa el papel de las Farc en la vida democrática del país, como un partido político sin armas, y las estrategias que desarrollará el gobierno para garantizar su seguridad, sobre todo cuando distintos sectores de la sociedad denuncian un plan sistemático para acabar con la vida de líderes sociales y de personas cercanas a la ex guerrilla (véase Brecha, 14-VII-17).

El peso de un nombre

La ex guerrilla optó por mantener su viejo nombre porque estimó que representa la continuación de muchos de sus ideales. “Puede ser que para algunos la sigla arrastre una carga negativa, pero también representa nuestro acumulado histórico, nuestro pasado revolucionario que no se va a desdibujar”, explicó Iván Márquez, quien fuera jefe negociador de las Farc en el proceso de paz.

Pero varios analistas creen que a nivel comunicacional y de imagen esta decisión puede tener un costo político. Para Restrepo Parra la dificultad fundamental radica en cómo explicarle al ciudadano de a pie que ellos siguen siendo Farc pero no las mismas Farc de antes: “Creo que es un reto bastante alto que se pusieron, y creo que (…) a los ciudadanos del común les va a costar abrir los oídos para poder escuchar una propuesta de país que vaya más allá del nombre”. El analista político Miguel Jaramillo Luján coincidió: “La historia le está dando una oportunidad de oro a un movimiento antes insurgente, que ahora se ha desmovilizado en un momento de crisis para los partidos, para los políticos y para el sistema, y aparece una posibilidad para que las Farc se desmarquen de un pasado que ha sido doloroso, que ha generado muchas víctimas, mucha sangre y en el que las encuestas y la mala reputación que tienen en la opinión pública no los deja muy bien ubicados”, comentó a Brecha.

Estrategias

El gran desafío político para el partido Farc es lograr consolidarse como una fuerza poderosa en un contexto político desprestigiado por la corrupción y la falta de institucionalidad. En el momento de llegar con su propuesta política a las grandes ciudades, como Bogotá y Medellín –donde gran parte de la población tiene una imagen desfavorable de las Farc–, el partido ganaría apostando por los sectores populares y marginales, lo que tradicionalmente ha sido parte de su bandera política, apuntó Restrepo Parra. “Por ejemplo, en el caso de Medellín, con el tema de los servicios públicos domiciliarios (saneamiento, distribución de gas, red de electricidad y telefonía).” Para llegar a estos sectores será clave el uso de las emisoras comunitarias a las que, según el acuerdo firmado en La Habana, las Farc tienen derecho. Además, señaló el investigador, el partido tendrá que destacarse en temas como la lucha contra la corrupción –un problema que cobra cada vez más importancia en el debate público y en el que se precisa una nueva fuerza política que enfrente este problema–, pero también debe tener en cuenta el nicho importante que representan los jóvenes.

En palabras de Ariel Ávila, llegarle a los jóvenes implicaría hablarles a las nuevas generaciones críticas y progresistas: “Eso significa debatir los temas ambientales, de minorías sexuales, discutir los asuntos de equidad dentro de un modelo liberal, las nuevas ciudadanías, los nuevos grupos juveniles; significa comenzar a hablarle a ese público sobre la corrupción, la profundización de la democracia”.

A corto plazo, las posibilidades de las Farc de aliarse con otros partidos políticos son limitadas, dada la polarización que existe en el país sobre el proceso de paz. Adrián Restrepo Parra señaló que recién después de que las Farc se midan en las elecciones legislativas en marzo próximo se podrá especular sobre posibles alianzas, por ejemplo para la primera o segunda vuelta de las presidenciales, en mayo de 2018. “Antes (de eso) no creo que se la jueguen, y no tanto porque las Farc no estén interesadas, sino porque hay un cálculo de los partidos políticos de cuánto les puede costar, en términos electorales, ponerse de acuerdo con las Farc”, explicó. “Creo que todos los partidos calculan que hoy se pierde más votos de los que se ganan alineándose con las Farc”, apuntó Ariel Ávila.

El reto parece mayúsculo para una guerrilla que espera dar un paso exitoso en un terreno nuevo y pedregoso, pero las Farc están dispuestas a asumirlo mientras se les brinde todas las garantías para el ejercicio político. Así lo dejó claro Rodrigo Londoño: “Quién mejor que nosotros para saber que la perseverancia puede vencerlo todo. Habrá que ir por etapas, no se puede comenzar a construir una pirámide por su vértice”.