En las ventanas de muchos barrios, los más pobres colgaron trapos rojos como señal de auxilio. El SOS de la pobreza en medio del coronavirus.

Catalina Oquendo, desde Bogotá

El País, 17-4-2020

Correspondencia de Prensa, 18-4-2020

Por estos días de ciudades adormiladas y silenciosas, las ventanas de los barrios más pobres de Colombia gritan ayuda. Trapos, pedazos de tela, disfraces infantiles o camisetas rojas ensartados en palos cuelgan como banderas, como el más doloroso SOS de la pobreza y el hambre.

Empezó en Soacha, a las afueras de Bogotá, el lugar donde habitan cerca de 50.000 desplazados del conflicto armado, el municipio donde hace años el Ejército sacó a un grupo de muchachos pobres, los vistió como guerrilleros y los asesinó; el lugar donde viven miles de migrantes venezolanos y en el que un 36% de la población padece extrema pobreza. Soacha es hoy, por la estela del coronavirus, un enorme cúmulo de trapos rojos.

“Si usted ve un trapo rojo en la puerta de su vecino significa un llamado de solidaridad”, difundió la alcaldía de Soacha que comenzó con esta estrategia, que revela la desigualdad que supone el confinamiento.

—Buenas tardes, vecina —continúa el vídeo de la campaña —Es que les vi el trapito rojo y les traje una pequeña ayudita— dice una mujer acercándose a un par de personas mayores.

— Gracias, que dios la bendiga —responde otra que besa una bolsa de arroz.

Colombia es un país patriotero. La bandera se saca por todo: en las fiestas que recuerdan la Independencia, en los feriados o cuando gana la selección de fútbol. Recién comenzó la pandemia, María Juliana Ruiz, esposa del presidente Iván Duque, pidió colgar la bandera tiricolor en señal de entusiasmo para superar la pandemia. Pero la realidad convirtió a los trapos rojos en la bandera que se ondea por estos días. Basta mirar solo el edificio de la plaza La Hoja, en el centro de Bogotá. Una molicie de 14 pisos donde viven víctimas del conflicto armado cuyas ventanas están plagadas de trapos rojos, como si fueran un grito alto de hambre.

La postal se repite en los barrios altos de Medellín, donde suenan las cacerolas y la gente sale con banderas blancas pintadas de rojo; en la calurosa Ciénaga (Magdalena), ubicada en el norte del país; o en las laderas farragosas de Ciudad Bolívar, en la capital, donde se han presentado protestas y represión por parte de la policía antidisturbios. O en el barrio Bosa Porvenir, de Bogotá, donde decenas de personas bajaron los trapos rojos de las ventanas y salieron agitarlos y a cantar el himno de Colombia. “Somos una familia de nueve personas y no estamos en ningún listado del Gobierno, tengo una mujer embarazada y dos niños más en la casa y no tengo nada para darles de comer. Por eso estoy acá”, decía una mujer mientras sacudía una camisa roja de puntos blancos.

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Un edificio de la plaza La Hoja, en el centro de Bogotá, donde se exhiben varios trapos rojos como pedido de auxilio.

El factor común es que en esas casas habitan personas que usualmente viven del rebusque, de la informalidad —como un 45% de los colombianos— y que ante la cuarentena obligatoria no pueden salir de sus casas a buscar el sustento. Como ha dicho el alcalde de Soacha, Juan Carlos Saldarriaga, “podría morir más gente de hambre que de coronavirus”. Pero no son los únicos en usar el trapo. La alcaldía de Envigado, el municipio más rico de Colombia, colgó uno en la entrada de su sede administrativa. “Nos sumamos a esa iniciativa popular para pedir una ayuda más ágil del Gobierno nacional y a los empresarios”, dijo el alcalde, Braulio Espinosa.

La llamada “estrategia del trapo rojo”, que apuntaba a la solidaridad entre vecinos, es en sí misma una señal de protesta. El Gobierno de Iván Duque ha anunciado un subsidio de 160.000 pesos (unos 40 dólares, 36 euros) y la alcaldía de Bogotá, uno de 423.000 pesos, (100 dólares, 92 euros) a 350.000 familias. No les han llegado a todos, y a medida que la cuarentena se extiende, las ayudas no alcanzan. “Cuando íbamos llegando, la gente gritaba pongan el trapo rojo que llegaron los del censo a ver si nos dan algo”, contó un joven empleado de la alcaldía de Bogotá que estuvo en las calles de tierra de Cazucá, en Ciudad Bolívar. Ahí, como en muchos rincones de Colombia, la población más vulnerable parece atrapada entre dos losas de cemento que les va quitando el aire.

Como ocurre con los símbolos que nacen en lo popular los caminos que ha tomado el trapo rojo son impredecibles. Por momentos, recuerda el viejo trapo rojo que identificaba a los liberales en Colombia; en otros, esa idea de identificar las viviendas, trae a la memoria aquella D, de demolición, con que el Gobierno chavista de Nicolás Maduro tachaba las casas de los colombianos deportados desde Venezuela.

Como el pañuelo blanco de las madres de la Plaza de Mayo en Argentina o el verde del derecho a decidir de las mujeres, el trapo rojo va camino de convertirse en la bandera de la desigualdad que ha quedado expuesta con el coronavirus y trasciende las fronteras de Colombia.

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En barrios populares de Medellín, Bogotá y Cali

Coronavirus: saqueos y protestas en varias ciudades

El presidente Iván Duque ordenó el aislamiento obligatorio en todo el país. Sin embargo no está dando respuesta a la enorme cantidad de colombianos que se quedó sin su principal fuente de ingresos.

Página/12, 18-4-2020

Correspondencia de Prensa, 18-4-2020

Habitantes de los barrios pobres de las principales ciudades de Colombia protagonizaron intentos de saqueos y protestas. El presidente Iván Duque ordenó el aislamiento obligatorio en todo el país para enfrentar al Covid-19. Pero su gobierno no está dando respuesta a la enorme cantidad de colombianos que se quedó sin su principal fuente de ingresos. En Medellín hubo piquetes y saquearon camiones con ayudas humanitarias antes de que fuesen repartidas. En paralelo, en Bogotá y Cali los pobladores salieron a protestar e hicieron sonar cacerolas. Dicen no haber recibido las ayudas prometidas al comienzo de la cuarentena.

La situación se desbordó principalmente en Medellín, capital de Antioquia, donde un camión con víveres fue saqueado en el barrio Olaya Herrera. Escenas como estás se vienen viviendo desde el pasado fin de semana. La alcaldía de la ciudad comenzó a repartir en los últimos días 170.000 ayudas a familias de escasos recursos. Previamente debían inscribirse por internet o ser seleccionadas por funcionarios públicos que recorrieron los barrios. Pero muchas de esas entregas fueron saqueadas.

En Cali, capital del Valle del Cauca, un centenar de habitantes salieron a la calle para protestar ante las promeses incumplidas del municipio. “La gente tiene hambre, está saliendo de sus casa arriesgando sus vidas y no les han traído comida. Nos dijeron que nos habían mandado dos camiones y no nos han mandado nada, no nos ha llegado nada”, aseguró una coordinadora barrial, citada por la agencia EFE.

En el sur de Bogotá, la villa miseria Ciudad Bolívar realizó en la noche del viernes un nuevo cacerolazo para reclamar las ayudas prometidas por la municipalidad. La protesta fue dispersada con gases lacrimógenos por un escuadrón antidisturbios, lo que generó fuertes críticas desde diversos sectores políticos a la alcaldesa, Claudia López. “Responder con gases lacrimógenos sobre las casas de la gente de Ciudad Bolívar a un cacerolazo de protesta es irresponsable, es de tiranos. Claudia abandone la tiranía”, dijo el senador izquierdista Gustavo Petro, ex alcalde de la ciudad y jefe del movimiento Colombia Humana.

En las últimas horas el gobierno informó que la cuarentena se extenderá más allá del 27 de abril. El ministro de Salud Fernando Ruiz adelantó que habrá una apertura gradual y controlada de algunos sectores de la economía a partir de esa fecha. En Colombia hay 3.233 casos confirmados de coronavirus, de los cuales 144 fallecieron y 550 se recuperaron.