Gabriel Santos, desde Alagoas

Esquerda Online, 21-11-2018

https://esquerdaonline.com.br/

Traducción de Ernesto Herrera

Correspondencia de Prensa, 23-11-2018

El mapa de la violencia: juventud negra como víctima

Una breve mirada sobre el mapa de la violencia en nuestro país deja a descubierto las profundas desigualdades socio-económicas presentes en la sociedad brasilera del siglo XXI. No es posible hablar sobre la violencia cotidiana, o sobre la desigualdad existente en Brasil, sin hablar específicamente sobre la realidad que golpea a las negras y los negros brasileros.

Tratando directamente con los datos brutos, de acuerdo con el Atlas de la Violencia de 2018, en los últimos diez años, entre 2006 y 2016, 553 mil personas perdieron la vida víctimas de la violencia, Números estremecedores, que sólo se comparan a países que están en guerra civil. En Siria, por ejemplo, 511 mil personas perdieron la vida en los 7 años de guerra que asolan el país árabe.

Solamente el año pasado, el número de víctimas fatales de la violencia en Brasil fue 30 veces mayor de que en todos los países europeos juntos. Ocurrieron 62.517 asesinatos, algo que nunca había sucedido antes.

Durante ese período de diez años observado por el Atlas, 71,5% de las personas asesinadas en Brasil son negras o pardas. El número de víctimas negras aumentó en 23,1%, mientras el de personas no negras disminuyó 6,8%. O sea, cada 100 asesinatos, 71 son de personas negras.

Otro importante y asustador apunte que el Atlas hace, es que 33.590 mil jóvenes entre 15 y 29 años fueron asesinados solamente el año pasado.

Las tres mayores tasas de homicidios son de Sergipe, Rio Grande del Norte y Alagoas, respectivamente. Durante el año pasado, el asesinato de jóvenes registrado fue 65,5% cada 100 mil habitantes. Al ver los jóvenes de sexo masculino, esa tasa casi se duplica, llegando a 122,6. Si consideramos los jóvenes negros, esta tasa de homicidio sube a 280,6 cada 100 mil.

El número de asesinatos en sub-población de hombres negros muestra un verdadero genocidio de esa juventud negra, lo que puede ser fácilmente ligado a la política estatal de “guerra a las drogas”. Las personas que mueren en Brasil tienen color, faja etaria y clase social.

En lo que respecta a violencia fatal contra las mujeres, las mujeres negras representan 65% de las víctimas de feminicidio. Un número chocante.

El Anuario Brasilero de Seguridad Pública de 2017, divulgó que fueron analizados 5.896 boletines de ocurrencia de muertes causadas por intervención policial entre 2015 y 2016. Retirando aquellos casos en que no se informaba la raza de la víctima, fue identificado que 76,2% de las muertes causadas por el accionar policial son personas negras.

La policía brasilera es la que más mata en el mundo. Y ella mata específicamente negros. La policía actúa como un tribunal de calle, donde los jóvenes negros son culpables hasta que se pruebe lo contario.

Somos nosotros los vistos por la policía como sospechosos y criminales. El joven negro es siempre sospechoso, un potencial criminal, al portar un paraguas, libro, o cualquier otro objeto, este objeto es un arma hasta que se pruebe lo contario. La criminalización de los cuerpos negros y de nuestro lugar de vivienda es una de las facetas del racismo estructural brasilero.

La dura realidad de Alagoas

El caso del Alagoas es digno de atención. Alagoas presenta la tercera mayor tasa de homicidio entre los jóvenes, 122,4. Cuando consideramos los jóvenes de sexo masculino, el tercer lugar de nuestro estado se mantiene y las tasas prácticamente se duplican al absurdo de 240 asesinatos cada 100 mil habitantes.

En lo que atañe a violencia contra la población negra, Alagoas presentó en el año 2016 la tercera mayor tasa de homicidios de negros del país, 69,7. Pero al mismo tiempo, la tasa de muertes violentas entre los negros fue la menor de todo el país, 4,1%.

El Atlas de la Violencia pone en comparación como si los negros alogoanos viviesen en Estados Unidos, que tuvo en el mismo período un índice de 5,3% de homicidios cada 100 mil habitantes. Mientras que si los negros de nuestro estado vivieran en El Salvador, con una tasa de 60,1%.

Es necesario apuntar esta realidad. Alagoas está asesinando a sus jóvenes y en especial los negros. El derecho a la vida y a la seguridad es un tema recurrente para las negras y negros de Alagoas.

La importancia del debate de seguridad pública

En las elecciones de este año, la cuestión de la seguridad pública y como combatir la violencia tuvieron una relevancia nunca vista antes. De forma general en la sociedad existe un sentimiento de inseguridad y de creciente ondas de violencia, este sentimiento es comprobable y justificado por la realidad al estudiar los datos.

Al hablar de la agenda de seguridad pública, hablamos de una pauta en que el conjunto de la izquierda y de las fuerzas progresistas no consigue actuar. Siendo así, ella queda rehén de las ideas representadas por la extrema derecha, que tiene una amplia aceptación en las masas. La conocida frase “bandido bueno es bandido muerto”, consigna de  Jair Bolsonaro respecto a la seguridad pública, es considerada correcta por 50% de los brasileros, de acuerdo con una encuesta realizada por IBOPE.

La idea defendida por Lima Junior, coronel de la Policía Militar en Alagoas y Secretario de Seguridad Pública en el gobierno de Renan Filho, de que la violencia en el estado se daría por cuenta de la impunidad y la solución es reforzar las medidas penales y aumentar las fuerzas represivas, también tiene un peso en las masas.

La actual política de seguridad pública parte del combate militarizado a un enemigo interno: las drogas. Parte del combate al traficante y de la creación de las periferias y favelas brasileras como lugares de tráfico, de esta forma, los habitantes de estos lugares (que en inmensa mayoría son negros) son potenciales criminales.

La política de “guerra a las drogas” acaba por generar la criminalización de la misma, el comercio ilegal, la superpoblación de las cárceles, la creación y fortalecimiento de las facciones criminales y un número incontable de cuerpos negros tumbados en esta guerra. La población negra y pobre que mora en el lugar de conflicto entre facciones y policía militar, es al mismo tiempo el sujeto de esta confrontación. Sea por el lado policial o por el lado de las facciones.

Ante el problema de la seguridad pública son presentadas soluciones como el armamento, que da fruto a la impunidad, que son necesarias más medidas represivas. Este discurso fue presentado por Jair Bolsonaro, Joâo Doria (gobernador electo de San Pablo), Wilson Witzel (gobernador electo de Río de Janeiro) y tantos otros candidatos derechistas por todo el país. Estos, al ser electos, ya dijeron que la policía tendrá carta blanca para matar, y sabemos cuál será el color de aquellos que terminarán asesinados con esta política.

La idea de que falta represión es completamente falsa. Sea por el número gigantesco de la población carcelaria, sea por el número de muertes a cargo de la policía.

Por otro lado, un estudio hecho por el Tribunal de Cuentas de Rio Grande el Sur, apuntó que cuanto más es invertido en educación, menor son las tasas de violencia. El estudio critica los altos presupuestos destinados para la seguridad, mientras que vemos escuelas cerradas por falta de asignaciones.

Creemos que esto debe ser el marco inicial para comenzar a debatir el tema. Caso que la izquierda quiera realmente dialogar con amplias masas de trabajadores, tendrá que dialogar sobre el problema que estos sienten, en especial la demanda de seguridad pública, y tendrá que hacerlo presentando propuestas concretas.

La discusión sobre el tipo de seguridad que tenemos es necesaria. Es preciso tener una seguridad pública que sea preventiva, no punitiva. Así como la discusión acerca de la necesidad del fin de la “guerra a las drogas” y de más políticas públicas para educación y generación de empleos también son necesarias.

Cambiar la lógica de seguridad pública significa, también, que las fuerzas represoras del Estado dejen de tener los cuerpos negros como objetivos y como descartables.

Derecho a la vida, pauta urgente

De los números indicados podemos entender que la desigualdad racial en Brasil, se presenta de forma letal, cuando tratamos de la problemática de falta de políticas de seguridad pública..

Nosotros, los negros, en especial hombres negros y jóvenes, son el perfil de las víctimas de homicidio en nuestro país. La violencia en Brasil tiene color, clase social y franja etaria especifica.

Nosotros, jóvenes negros brasileros, estamos sujetos a problemáticas específicas que aquellos no negros no están, en especial el derecho a la vida, o a la falta de esto.

La conclusión que el Atlas presenta confirma que:

“los negros son también las principales víctimas de la acción letal de las policías y el perfil predominante de la población carcelaria del Brasil. Para que podamos reducir la violencia letal en el país, es necesario que esos datos sean tomados en consideración y objeto de una profunda reflexión. Es con base en evidencias que esas políticas eficientes de prevención de la violencia deben ser diseñadas y focalizadas, garantizando el efectivo derecho a la vida y a la seguridad de la población negra en el Brasil”. (Atlas de la Violencia, 2018)

Lo más cruel es que cada dato presentado por el Atlas de la Violencia, cada número, cada porcentaje colocado, no son meramente números y símbolos. Sino que representan vidas de negros que acaban asesinados. Sueños de jóvenes que fueron interrumpidos. Familias que fueron destruidas.

Transformar nuestras vidas en fríos datos estadísticos que representan la muerte, es algo en que el Estado brasilero se perfeccionó. Leer el Atlas de la Violencia no fue fácil. Fue doloroso. Triste. Asustador. Prácticamente todo joven negro, al llegar a sus 20 años, ya vivió o conoce a alguien que fue asesinado. Leer el Atlas fue recordar nuevamente ese dolor. Y saber que mientras yo lo leía, otro joven negro será muerto. Otro joven más que no tendrá nombre. Un número más a ser contabilizado por las frías estadísticas.

El racismo estructural de la sociedad brasilera hace que una de las principales pautas del movimiento negro, en plena segunda década del siglo XXI, sea el más democrático de los derechos, el derecho a la vida. Solo hace resistencia, sólo hace lucha, quien está vivo para eso. Por eso, el derecho a la vida de la juventud negra no puede ser desestimado. No puede ser olvidado.

La izquierda y las fuerzas progresistas deben denunciar el genocidio que ocurre con la juventud negra, y construir alternativas al desprecio de las vidas negras efectuado por el Estado.

Son nuestras vidas que están siendo arrebatadas, y ellas importan, mucho.