La lucha magisterial y la crisis política

AMLO en su laberinto

Manuel Aguilar Mora *

Ciudad de México, 28 de junio de 2016

La situación política se aceleró y se caldeó en estos últimos días con motivo de la masacre de Nochixtlán en la mixteca oaxaqueña el 19 de junio. La Gendarmería, un cuerpo policiaco creado especialmente por Peña Nieto y que recibe de él las órdenes, acribilló a ocho e hirió a otras tantas personas del pueblo que defendían la causa del magisterio insurgente del estado que lucha contra la (contra)reforma educativa impulsada por su gobierno. A partir de ese día, durante toda la semana se realizaron marchas y protestas multitudinarias en la Ciudad de México, en Oaxaca y en otros estados en una oleada de movilizaciones que recordaron las protestas con motivo de la otra masacre de la noche de Iguala y la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en septiembre del 2014. Se encarcelaron a varios dirigentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), entre ellos al secretario Rubén Núñez de la combativa Sección 22 de Oaxaca y una oleada de indignación se elevó nacionalmente, la cual de nuevo tuvo un gran eco internacional. E igual que con motivo de la crisis de hace dos años, Peña Nieto volvió a recurrir a su táctica conocida, emprendió un viaje internacional que lo ha llevado a Cuba y Canadá.

Un país hirviendo

Una semana después, el 26 de junio, fecha en que se cumplieron 21 meses de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa se realizaron dos movilizaciones en la Ciudad de México que señalan muy bien las condiciones en que se desarrolla la lucha política del movimiento de oposición al gobierno de Peña Nieto. Dos movilizaciones que representan dos expresiones de las orientaciones que toma dicha oposición. Una es la protesta firme, independiente e intransigente de los familiares de los 43 de Ayotzinapa que se viene realizando cada 26 de mes y que se inicia en el “Antimonumento” erigido precisamente en el Paseo de la Reforma avenida donde se encuentran las instalaciones centrales de la PGR, ante la cual se realiza el mitin que exige que se haga justicia al caso de los desaparecidos. La otra fue una movilización convocada por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su partido Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) explícita y directamente provocada por la crisis de Nochixtlán, pero que inevitablemente se transformó en un acto político de marcado tinte electoralista. Al representar AMLO y su partido la oposición dentro del régimen más importante, este acontecimiento ha venido a mostrar cómo el enfrentamiento de los maestros insurgentes con el gobierno de Peña ha elevado las contradicciones dentro del primero.

El país está hirviendo. Peña Nieto se enfrenta cotidianamente a conflictos de todo tipo con distintos sectores. Las elecciones del 5 de junio fueron un fracaso rotundo para el PRI que obligaron al poderoso político priista Manlio Fabio Beltrones a renunciar a su presidencia antes que lo corrieran. Hasta bastiones conservadores como son la iglesia católica y las organizaciones empresariales han tenido motivos poderosos para expresar sus quejas y oposición ante las medidas del gobierno peñista.

A los curas no les gustó nada la ley favorable a los matrimonios gays que votaron los diputados del PRI y que sorpresivamente Peña se encargó particularmente de apadrinar a principios de año. Y algo inusitado se pudo ver en los últimos días en la Ciudad de México: el tradicional lugar de inicio de las manifestaciones populares contra el gobierno, la columna de la Independencia de Reforma, se vio ocupada por un mitín organizado por los patrones (la Coparmex) que protestaban contra la ley contra la corrupción aprobada por los diputados priistas llamada Tres de tres, la cual según ellos es arbitraria y sólo se aplica al “sector privado”. Ante esta protesta de grupos capitalistas, Peña vetó la ley y la devolvió al Congreso.

Pero obviamente el centro de la crisis es y se profundiza en el magisterio, en especial en los estados sureños de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán en los cuales la situación de inestabilidad se hace cada vez más evidente. En Oaxaca de hecho el espectro de un resurgimiento de un movimiento como el de la APPO de hace diez años, le quita el sueño no sólo al nuevo gobernador priista electo, hijo de otro ex gobernador también priista, sino al propio Peña Nieto.

La sucesión del 2018

Es natural que ante este contexto sociopolítico cada vez más sectores, incluidos de los grupos dominantes, se pregunten y preocupen de la cita del 2018, es decir de las elecciones presidenciales de ese año. Para las prácticas tradicionales del régimen imperante, el sexenio de Peña Nieto ya se acabó, su desgaste fue muy rápido y precipitado. Su trayectoria ha sido una de las más difíciles, situación agravada por el elitismo y conservadurismo del personal gobernante. Los próximos dos años prometen ser candentes pues desde hoy son patentes las luchas de todo tipo siendo las derivadas con claro tinte electoral las privilegiadas por los sectores burgueses politiqueros, arribistas y oportunistas. La sucesión presidencial del 2018 es ya el norte de gran parte de la actividad política tanto oficial como de oposición. La perspectiva de una debacle electoral priista en 2018 es muy posible tal y como anuncian los resultados del pasado 5 de junio y el recambio que pudiera ser la alternativa de una posible victoria del PAN no motiva mucho entusiasmo. En todas las encuestas que se hacen para señalar al candidato presidencial con más probabilidades de triunfo en 2018 es AMLO quien indefectiblemente encabeza las mismas.

Cobran por lo tanto un relieve particular los conceptos pronunciados por AMLO convocando a Peña Nieto en el multitudinario acto del domingo 26, ante cientos de miles de manifestantes que atestaban un amplio trayecto del Paseo de la Reforma, a “formar y encabezar un gobierno de transición [….] que permita entregar el mando en 2018 en un ambiente de tranquilidad y paz social”.

Esta convocatoria surgió abruptamente después de un discurso en que AMLO desplegó con una retórica incendiaria un rosario de conceptos en los cuales definió “la mayor irracionalidad [de] querer mantener la política económica actual antipopular y el régimen de corrupción e impunidad con manipulación y violencia. Esto se llama y es dictadura”. Y refiriéndose directamente al movimiento magisterial  y al rostro que se asomó en la masacre de Nochixtlán gritó: “estamos aquí, para decir: ¡detente gobierno autoritario!, ¡deténganse halcones del régimen!, ¡no vamos a permitir la dictadura y el autoritarismo en México!”.

Continuó diciendo que es necesario derrocar al régimen del Prian y asociados tal y como se hizo con la dictadura de Porfirio Díaz e inmediatamente añadió “pero sin violencia, con una revolución de las conciencias, que ya comenzó”. Y en este pasaje fue cuando hizo el llamado “preciso, oportuno y claro” en el que convocó a Peña Nieto para que “ante el contexto de crisis aún se está a tiempo de evitar un derrumbe precipitado, ruinoso y perjudicial para todos” y llame a la conformación de un “gobierno de transición”

Estamos es verdad ante una clara advertencia a Peña Nieto, pero tras de él, AMLO se está dirigiendo a los amos de México, a la clase capitalista nacional y extranjera. Está planteándoles que durante diez años el ha contenido un movimiento de oposición cada vez más tumultuoso y difícil de controlar. Pero que se está llegando a límites infranqueables. Qué la política de sus representantes en el gobierno es muy peligrosa y los previene para que puedan evitar lo que le sucedió al régimen de Porfirio Díaz quien, por no actuar a tiempo, provocó una revolución “violenta”.

Pero el propio AMLO, conocedor de la historia de la revolución mexicana, debe percatarse de la contradicción en la que se encuentran esas “dictaduras”. La violencia es su rasgo esencial y en ella se asientan para ejercer su dominio y opresión. ¿Cómo convencer a los grandes capitalistas de que los salarios de miseria sólo atizan el fuego de la hoguera del descontento? ¿Cómo hacer que los charros dejen sus grandes privilegios que insultan y enardecen a los trabajadores que humillan? ¿Cómo eliminar la corrupción de los políticos que viven como dioses con sus riquezas mal habidas? ¿Cómo moderar la arbitrariedad e impunidad de los funcionarios y militares que tienen en ella la base de sus prerrogativas millonarias? ¿Cómo derrocar un régimen que está atornillado con un aparato de coerción y violencia con ramificaciones y apoyos en los mismos Estados Unidos? Tal y como el mismo AMLO lo ha dicho y escrito, el actual grupo en el poder y la clase que representa comparten con los porfirianos la misma soberbia de sus gobernantes, su alejamiento completo de las fuerzas populares, su entreguismo a los imperialistas y su marcha suicida hacia el abismo con los ojos abiertos. Entonces, ¿cómo no apreciar el paralelismo tan evidente entre lo que estamos viviendo hoy y las situaciones que se gestan en las sociedades preñadas de conflictos potencialmente revolucionarios?

Peña Nieto es hoy el conspicuo representante principal de esa oligarquía enriquecida y corrupta que domina a México. ¿Cómo es posible explicar el giro grotesco de AMLO que después de desnudar de tal manera a los actuales gobernantes convoque a su máximo dirigente a que despida a dos de los alfiles más agresivos de su gobierno, Osorio Chong y Aurelio Nuño y forme “un gobierno de transición”? ¿Se trata de una táctica astuta? ¿Estamos ante una estrategia realista de alianzas? ¿Cuál es el fin que persigue AMLO con esta propuesta?

Por una alternativa independiente y revolucionaria

AMLO ha expuesto con claridad su posición ante la sucesión presidencial de 2018, consecuente como ha sido en tanto opositor conciliador y negociador de los gobiernos priista y panista en los últimos diez años en los cuales el movimiento electoral por su candidatura presidencial como él se jacta, “no ha roto un solo vidrio”. Pero las tensiones han subido mucho en el presente gobierno de Peña Nieto y la violencia desatada desde las cumbres oficiales anuncian tiempos turbulentos que amenazan la estabilidad, la paz y tranquilidad que él busca y desea para la próxima etapa del fin de régimen. AMLO sin rodeos convoca a una “transición pacífica”, un pacto en la cumbre para el surgimiento del “nuevo régimen”.

AMLO y Morena llamaron a la gigantesca manifestación del 26 de junio para pronunciarse y solidarizarse con la lucha de la CNTE y exigir la libertad de los dirigentes magisteriales detenidos por el gobierno de Peña, lo cual fue un acto que aunque tardío contribuyó a las presiones que nacional e internacionalmente exigen el cese de la represión, el diálogo del gobierno con los maestros insurgentes y la retirada de la (contra)reforma educativa. Al mismo tiempo aprovecharon la enorme marcha y concentración para propagandizar su propuesta electoral y desecharon cualquier acción conjunta con los familiares de los 43 de Ayotzinapa y sus aliados que organizaban más tarde ese mismo día su mitin y marcha número 21. Fue una circunstancia que mostró una postura prepotente por parte de los dirigentes morenistas y expresó la diferencia de las dos líneas que se están desarrollando para confrontar al gobierno y su política.

La propuesta negociadora de AMLO y Morena propone una estrategia de cambio de régimen por arriba, una política conciliadora cuya meta es una transición pacífica. Los familiares de los 43 de Ayotzinapa y las fuerzas que los apoyan luchan por una estrategia independiente, desde abajo y por la no confianza en absoluto hacia el gobierno de Peña Nieto.

Estas dos estrategias, la de transición pactada y la de ruptura desde abajo serán las líneas de acción que se confrontarán en los debates, actos, manifestaciones y luchas de los próximos meses enrumbados hacia las citas políticas fundamentales que vienen. Las organizaciones de los trabajadores, los movimientos sociales y los dirigentes y activistas se decantarán con respecto a estas dos concepciones que abarcan todos los matices tácticos intermedios. Para las organizaciones de los trabajadores como la CNTE es evidente que sus experiencias con las alianzas con los grupos políticos electoreros que privilegian las negociaciones con los partidos burgueses han sido catastróficas, conspicuamente por ejemplo en Oaxaca y Michoacán.

Por arriba, con pactos y negociaciones con los grupos y partidos burgueses no se derrocará al actual régimen. La única forma efectiva de una verdadera  ruptura de régimen es de carácter revolucionario. Es la que se forje en las calles, en las movilizaciones, en las huelgas, en los paros, en las fábricas, en las empresas, en los grandes comercios y bancos, en los ejidos y predios rústicos, en las universidades y escuelas de todo el país. Es la ruptura por un nuevo régimen no capitalista, anticapitalista que sólo puede ser socialista.

Es evidente que esta estrategia de triunfo de los trabajadores y de sus aliados campesinos, indígenas y demás sectores explotados y oprimidos requiere de una o varias organizaciones que en este momento sólo existen en estado muy embrionario diseminadas por todo el país. Una organización o varias organizaciones que reivindiquen los métodos de la autogestión, de la solidaridad de clase, de la democracia no burguesa sino obrera, de los trabajadores, del feminismo, del cuidado del medio ambiente y ante todo, que sea profundamente internacionalista ya que los problemas de los países ya no es posible resolverlos a escalas meramente nacionales. Estamos viviendo la mundialización de la economía, de las sociedades de todos los continentes y de una cultura que impone el cuidado del deteriorado medio ambiente a escala planetaria.

Como se aprecia la crisis política que se agrava hoy en México confluye en realidad no sólo con un cambio de régimen, lo cual como lo señalan los observadores más diversos, ya se palpa con motivo de los acontecimientos que presenciamos los últimos días, sino que de hecho la crisis y sus contradicciones cada vez más profundas confluyen y hacen necesaria la agenda de una estrategia política global, revolucionaria, en una palabra de cambio no sólo de régimen sino de sistema. Son las necesidades del momento histórico, sean del todo o solo parcialmente percibidas por los ciudadanos actuantes de hoy. En su agudización la crisis hará más evidente a cada vez más sectores de la población su existencia y necesaria resolución.

* Militante de la Liga de Unidad Socialista (LUS).