{"id":963,"date":"2016-09-22T20:06:34","date_gmt":"2016-09-22T20:06:34","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=963"},"modified":"2016-09-22T20:06:35","modified_gmt":"2016-09-22T20:06:35","slug":"debates-la-politica-como-arte-estrategico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=963","title":{"rendered":"Debates: La pol\u00edtica como arte estrat\u00e9gico"},"content":{"rendered":"<p><strong>Debates<\/strong><\/p>\n<p><strong>La pol\u00edtica como arte estrat\u00e9gico *<\/strong><\/p>\n<p><strong>Daniel Bensa\u00efd <\/strong><\/p>\n<p><strong>Le site daniel bensaid\u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/danielbensaid.org\/\">http:\/\/danielbensaid.org\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Traducci\u00f3n de Viento Sur\u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.vientosur.info\/\">http:\/\/www.vientosur.info\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p><em>\u201cLa pol\u00edtica ya prima sobre la historia.\u201d<\/em> Walter Benjamin<\/p>\n<p><em>\u201cLos principios est\u00e1n claros, pero su aplicaci\u00f3n es incierta.\u201d<\/em> GuyDebord\/1<\/p>\n<p>Si la pol\u00edtica ya prima sobre la historia, no por ello est\u00e1 exenta del lazo que une a ambas desde su origen com\u00fan. Un movimiento que padece un grave \u201cd\u00e9ficit de conocimientos hist\u00f3ricos\u201d, afirmaba Debord, \u201cya no puede dirigirse estrat\u00e9gicamente\u201d\/2. Tampoco pol\u00edticamente. La postraci\u00f3n posmoderna del sentimiento hist\u00f3rico, la retracci\u00f3n del tiempo largo en torno a un presente fugaz, sin ayer y sin ma\u00f1ana, se traducen l\u00f3gicamente en una crisis de la raz\u00f3n estrat\u00e9gica. Y con ella de la pol\u00edtica, que no es una ciencia de la administraci\u00f3n ni una t\u00e9cnica institucional, sino un arte de los momentos propicios y de los espacios de decisi\u00f3n. Un arte estrat\u00e9gico. La pol\u00edtica debe colocarse \u201cexactamente en el punto de vista de los actores\u201d. Ahora bien, \u201cpara ver la continuaci\u00f3n\u201d, el actor ha de \u201cpagar al contado\u201d\/3.<\/p>\n<p><strong>El teatro de operaciones <\/strong><\/p>\n<p>Este punto de vista de los actores es \u201cmuy dif\u00edcil\u201d de mantener. Se trata, mientras se est\u00e1 en el meollo de la refriega, de conocer \u201ctodas sus circunstancias\u201d\/4. Neg\u00e1ndose a concebirla como objeto de una \u201cciencia positiva y dogm\u00e1tica\u201d, Jomini\/5 defini\u00f3 la guerra como\u201cun arte sujeto a algunos principios generales\u201d y \u201ccomo un drama pasional\u201d. Una cuesti\u00f3n de raz\u00f3n apasionada o de pasi\u00f3n razonada. En la que es preciso prepararse para el \u201cmomento favorable\u201da fin de llegar a punto \u201cal centro de la ocasi\u00f3n\u201d. Prepararse. Estar dispuesto, porque cada minuto es una puerta estrecha por la que puede surgir el mes\u00edas. Y ser fiel a la cita.<\/p>\n<p>Lo mismo ocurre en la pol\u00edtica. Si la guerra pudo definirse como su continuaci\u00f3n por otros medios, la pol\u00edtica deviene rec\u00edprocamente la continuaci\u00f3n de la guerra con sus propios medios. Es tambi\u00e9n un arte del tiempo quebrado, de la coyuntura, del momento propicio que hay que aprovechar para llegar a punto \u201cal centro de la ocasi\u00f3n\u201d. Tanto en la revoluci\u00f3n como en la guerra, siempre se est\u00e1 \u201cen la incertidumbre de la situaci\u00f3n rec\u00edproca de los dos bandos\u201d. Por tanto, no hay m\u00e1s remedio que trabajar para lo incierto y actuar \u201cseg\u00fan verosimilitudes generales\u201d, porque \u201ces ilusorio esperar un momento en que uno se sienta libre de toda ignorancia\u201d\/6.<\/p>\n<p>A diferencia de las guerras, las revoluciones no se declaran. Pero al igual que aquellas, se preparan: \u201cEn el an\u00e1lisis [\u2026] del sistema de correlaci\u00f3n de fuerzas existente en una situaci\u00f3n dada, puede ser \u00fatil recurrir al concepto que en la ciencia militar se denomina \u2018coyuntura estrat\u00e9gica\u2019, es decir, para ser m\u00e1s precisos, al concepto del grado de preparaci\u00f3n estrat\u00e9gica del teatro de la lucha, uno de cuyos principales elementos consiste en las condiciones cualitativas del personal dirigente y de las fuerzas activas que cabe denominar de primera l\u00ednea. [\u2026] El grado de preparaci\u00f3n estrat\u00e9gica puede dar la victoria a fuerzas aparentemente inferiores a las del adversario.\u201d\/7 La preparaci\u00f3n estrat\u00e9gica tiene por tanto la finalidad de desbaratar las apariencias de la cantidad y de la masa, de adivinar las debilidades subyacentes a la fuerza y las fuerzas subyacentes a la debilidad, de modificar sus correlaciones. El resultado de una crisis depende de este grado de preparaci\u00f3n y de formaci\u00f3n, no solo de un \u201cpersonal dirigente\u201d, sino tambi\u00e9n de una red militante cuya actividad irrigue el conjunto de la sociedad.<\/p>\n<p>Tras la Revoluci\u00f3n Francesa, Clausewitz diferenci\u00f3 la t\u00e1ctica \u2013el empleo de fuerzas con vistas a la victoria en una batalla\u2013 de la estrategia \u2013el empleo de las victorias para alcanzar los objetivos de la guerra\u2013. De la guerra local a la guerra global, pasando por las guerras nacionales y mundiales, la relaci\u00f3n entre estrategia y t\u00e1ctica no ha dejado de evolucionar en el sentido de una creciente dilataci\u00f3n del teatro de operaciones y de la duraci\u00f3n de las mismas. En la era de la globalizaci\u00f3n, la lucha de clases toma el cariz de una guerra civil generalizada. Lo que ayer mismo todav\u00eda se consideraba estrat\u00e9gico se reduce al episodio t\u00e1ctico de un gran juego cuyo campo se ampl\u00eda sin cesar. En la dial\u00e9ctica de la guerra y de la batalla, a veces hay que saber perder batallas para ganar la guerra, del mismo modo que hay que saber ceder espacio para ganar tiempo. En el gran tablero de la mundializaci\u00f3n, las guerras de ayer se han convertido de este modo en las batallas de hoy.<\/p>\n<p>Las categor\u00edas de estrategia y t\u00e1ctica tienen por objeto reducir la parte irreductible de lo aleatorio propio de toda situaci\u00f3n de enfrentamiento. Sin embargo, en un intento de reforzar el dominio de la raz\u00f3n sobre la guerra, Moltke\/8, fiel disc\u00edpulo de Clausewitz, reconoci\u00f3 sus l\u00edmites: \u201cLas consecuencias materiales y morales de todo enfrentamiento importante tienen un alcance tal que generan una situaci\u00f3n completamente diferente, que se convierte entonces en la base de nuevas medidas. Ning\u00fan plan de operaciones puede extenderse m\u00e1s all\u00e1 del primer encontronazo con las fuerzas principales del enemigo\u201d. El mando se ve entonces obligado \u201ca tomar medidas que no puede predecir\u201d\/9. La presencia de \u00e1nimo releva as\u00ed al c\u00e1lculo instrumental. Sin el trabajo previo de la raz\u00f3n, la audacia no ser\u00eda, sin embargo, m\u00e1s que temeridad, y la decisi\u00f3n una aventura.<\/p>\n<p>Estrategia y t\u00e1ctica, ofensiva y defensiva, guerra de desgaste y guerra de movimiento, vanguardia y masas: el vocabulario militar se introdujo en la lucha de clases con motivo de las controversias de la II Internacional, en una \u00e9poca en que la historia militar pas\u00f3 a ser una preocupaci\u00f3n importante de las escuelas de guerra. Parte de una racionalidad original, irreductible a la objetividad de la raz\u00f3n instrumental. Para la raz\u00f3n estrat\u00e9gica, la observaci\u00f3n del terreno, la informaci\u00f3n sobre el enemigo, su log\u00edstica, su retaguardia, modifica sin cesar las \u201ccondiciones objetivas\u201d del conflicto. Su ciencia es por tanto necesariamente hist\u00f3rica. De ah\u00ed tambi\u00e9n que, como es sabido, los militares siempre llevan una guerra de retraso: la siguiente es forzosamente in\u00e9dita, por mucho que la memoria de las precedentes sea indispensable para dirigirla. Los revolucionarios se hallan en una situaci\u00f3n an\u00e1loga. Por tanto, ellos tambi\u00e9n corren el riesgo de llevar siempre una revoluci\u00f3n de retraso, pues la memoria de las revoluciones del pasado est\u00e1 llena de ense\u00f1anzas indispensables, pero nadie puede decir qu\u00e9 ser\u00e1n las revoluciones futuras.<\/p>\n<p><strong>El enigma de las revoluciones modernas <\/strong><\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo puede una clase social sometida a una dominaci\u00f3n tanto econ\u00f3mica como pol\u00edtica y cultural pretender edificar un mundo nuevo sin verse anegada en toda la mierda del antiguo? \u00bfC\u00f3mo puede el trabajador, mutilado f\u00edsica y mentalmente por el trabajo alienado, ser el art\u00edfice de esta emancipaci\u00f3n? Estos son los enigmas de las revoluciones modernas. Ante el \u201cpopulicidio\u201d de la Vandea, Babeuf se indign\u00f3: \u201c\u00a1Nos han convertido en b\u00e1rbaros!\u201d El mundo nuevo, sin embargo, se construye con los hombres y los materiales del antiguo. Pretender hacer tabla rasa del pasado, o querer caligrafiar a su gusto sobre una p\u00e1gina en blanco los ideogramas del hombre nuevo, encierra fuertes derivas autoritarias y burocr\u00e1ticas.<\/p>\n<p>En los or\u00edgenes del capitalismo mercantil, aburguesarse era acumular poder econ\u00f3mico, pol\u00edtico, simb\u00f3lico y cultural, acumulado y transmitido de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n por las \u00e9lites de la dominaci\u00f3n. Proletarizarse, por el contrario, era perder el dominio sobre sus medios de producci\u00f3n, sobre el contenido y la finalidad del propio trabajo, sucumbir ante el encanto venenoso del fetichismo de la mercanc\u00eda. En la sensaci\u00f3n del eterno retorno \u2013\u00a1de la eternidad por los astros!\/10\u2013 resuena la prueba de este encarcelamiento en el c\u00edrculo vicioso de la reproducci\u00f3n social. \u00bfSignifica esto que la tragedia de la repetici\u00f3n no deja lugar a m\u00e1s esperanza que el asedio siempre recomenzado de las resistencias fragmentarias bajo las murallas infranqueables de la dominaci\u00f3n?<\/p>\n<p>En los pa\u00edses de larga tradici\u00f3n parlamentaria, la \u201cguerra de desgaste\u201d se libra desde hace tiempo. En ellos no puede surgir una alternativa a las instituciones existentes sin la experiencia m\u00e1s o menos prolongada de una doble legitimidad y de una dualidad de poderes. Un derecho nuevo, una nueva hegemon\u00eda, nuevas relaciones de propiedad, no pueden imponerse sin soluci\u00f3n de continuidad de la norma jur\u00eddica ni sin inversi\u00f3n de la relaci\u00f3n de fuerzas. Cuando entra en declive un modo de dominaci\u00f3n sin que el relevo est\u00e9 listo, las transiciones son inciertas.<\/p>\n<p>\u00bfPuede un gobierno a caballo de una doble legitimidad ser \u201cel comienzo parlamentario\u201d de una revoluci\u00f3n social, o bien \u201cel seud\u00f3nimo popular\u201d de un poder revolucionario naciente\u201d?\/11 \u201cLos principios est\u00e1n claros, pero su aplicaci\u00f3n es incierta\u201d, ironizaba Debord. Para que un gobierno de transici\u00f3n emprenda una din\u00e1mica de ruptura y no de salvamento del orden establecido, deber\u00eda apoyarse en un ascenso de las movilizaciones sociales, atreverse desde sus primeras medidas a penetrar sin miedo en el coto vedado del poder estatal y de la propiedad privada.<\/p>\n<p>Tras el intento fallido de golpe de Estado de junio de 1973 en Chile, la derecha se qued\u00f3 arrinconada y a la defensiva y los trabajadores movilizados masivamente. Durante algunos d\u00edas, la situaci\u00f3n era propicia para una contraofensiva revolucionaria. Los dirigentes del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) se plantearon participar en un gobierno de respuesta apoyado en los \u00f3rganos nacientes de poder popular. Los dirigentes de la Unidad Popular fueron en la direcci\u00f3n contraria, abriendo el gobierno a los militares (entre ellos a Augusto Pinochet en persona), desarmando a los barrios, desmantelando los embriones de organizaci\u00f3n democr\u00e1tica en el seno del ej\u00e9rcito. Los generales de las tres armas tuvieron as\u00ed las manos libres para preparar desde el asedio del poder su golpe del 11 de septiembre.<\/p>\n<p>Tras el fracaso del intento de golpe de Estado de marzo de 1975 en Portugal, la crisis pol\u00edtica abierta tambi\u00e9n habr\u00eda permitido plantear la formaci\u00f3n de un gobierno de salud p\u00fablica que se apoyara en la respuesta popular y en la radicalizaci\u00f3n del movimiento social (inclusive en el seno del ej\u00e9rcito) para profundizar la din\u00e1mica revolucionaria iniciada el 25 de abril de 1974. En ambos casos, la formaci\u00f3n de un gobierno de excepci\u00f3n, basado en \u00f3rganos de poder popular frente a los manejos golpistas, habr\u00eda permitido, no el desenlace, sino la profundizaci\u00f3n de la crisis de legitimidad institucional, la centralizaci\u00f3n de una legitimidad alternativa, y la preparaci\u00f3n de la inevitable prueba de fuerzas decisiva.<\/p>\n<p>Si, como escribe Gramsci, \u201cla unidad hist\u00f3rica de las clases dirigentes se produce en el Estado\u201d, y si \u201clas clases subalternas [\u2026] no pueden unificarse mientras no puedan convertirse en \u2018Estado\u2019\u201d\/12, entonces la conquista del poder pol\u00edtico sigue siendo un paso obligado para la emancipaci\u00f3n. Constituir las clases subalternas en clases dirigentes a trav\u00e9s de su lucha por el poder pol\u00edtico es precisamente el objetivo de la \u201creforma intelectual y moral\u201d y de la lucha por la hegemon\u00eda. Su finalidad no es la victoria corporativa exclusiva de la clase explotada, sino la afirmaci\u00f3n de una \u201cvoluntad colectiva nacional-popular\u201d tendente a una forma superior de civilizaci\u00f3n humana a fin de resolver una crisis global de relaciones sociales de producci\u00f3n y reproducci\u00f3n\/13.<\/p>\n<p>En los pa\u00edses capitalistas con instituciones representativas relativamente estables, la hip\u00f3tesis estrat\u00e9gica que se desprende de las experiencias del siglo XX es la de la huelga general insurreccional. Una hip\u00f3tesis no es un modelo ni una predicci\u00f3n, sino simplemente una gu\u00eda para la acci\u00f3n, un horizonte regulador, de la que se derivan una serie de tareas: desarrollar experiencias participativas de control, de autogesti\u00f3n, de autoorganizaci\u00f3n, de donde pueden surgir elementos de un poder alternativo; promover una l\u00f3gica de apropiaci\u00f3n social frente a la privatizaci\u00f3n del mundo; defender una mayor socializaci\u00f3n de las rentas mediante la extensi\u00f3n de los servicios p\u00fablicos y de la protecci\u00f3n social; deslegitimar las instituciones existentes y la pol\u00edtica profesionalizada, introducir el esp\u00edritu de disidencia en el ej\u00e9rcito, etc.<\/p>\n<p>En pa\u00edses en los que los asalariados representan la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n, la f\u00f3rmula de la \u201chuelga general\u201d o de la \u201ccomuna insurreccional\u201d pone adem\u00e1s el acento en la necesaria centralizaci\u00f3n de las luchas y en la capacidad de iniciativa frente a un poder tambi\u00e9n fuertemente organizado\/14. Si la dualidad de poder adopta en ellos un car\u00e1cter inextricablemente social y territorial (Par\u00eds insurrecto contra Versalles), el antagonismo concentrado en un espacio reducido exige un desenlace r\u00e1pido. No ocurre lo mismo en el caso de las revoluciones asociadas a luchas de liberaci\u00f3n nacional o en sociedades en que la cuesti\u00f3n agraria sigue siendo explosiva y la presencia del Estado en el conjunto del territorio sigue siendo d\u00e9bil\/15.<\/p>\n<p>La respuesta al enigma \u2013\u00bfc\u00f3mo llegar a ser todo partiendo de nada?\u2013parec\u00eda darse de forma natural, en Marx y Engels, en virtud del crecimiento num\u00e9rico del proletariado industrial, de su concentraci\u00f3n en grandes unidades de producci\u00f3n, del fortalecimiento de sus organizaciones colectivas y de la elevaci\u00f3n gradual de su nivel de conciencia. Un siglo y medio despu\u00e9s, este optimismo de la raz\u00f3n est\u00e1 fuera de lugar. Sin embargo, la apuesta por la din\u00e1mica hist\u00f3rica del progreso no se reduc\u00eda a un vulgar determinismo sociol\u00f3gico. En la experiencia de la lucha emerge una subjetividad rebelde, que adquiere una dimensi\u00f3n pol\u00edtica cuando la lucha del obrero contra su patr\u00f3n deviene la lucha del proletariado contra la burgues\u00eda y contra el reinado an\u00f3nimo del capital\/16.<\/p>\n<p><strong>Estrategias y partidos <\/strong><\/p>\n<p>Al igual que la pol\u00edtica institucional con la que a menudo se identifican, los partidos tienen hoy una mala reputaci\u00f3n, en muchos casos justificada en la medida en que aparecen como m\u00e1quinas burocr\u00e1ticas que proporcionan promociones y prebendas. \u00datiles para movilizar y proponer iniciativas en periodos de efervescencia, hasta los partidos m\u00e1s revolucionarios pueden convertirse, en periodos de reflujo, en nidos de mezquindades e intrigas, de vanidades personales y de elucubraciones sectarias\/17. Una estrategia sin partido, no obstante, es tan dif\u00edcil de concebir como una cabeza sin cuerpo, o como un estado mayor sin tropa, dirigiendo sobre el papel batallas imaginarias en que se enfrentan ej\u00e9rcitos fantasma.<\/p>\n<p>La desecularizaci\u00f3n del mundo y el pretendido \u201cretorno\u201d de lo religioso constituyen el precio del declive de la idea misma de pol\u00edtica. La denigraci\u00f3n de \u201cla forma partido\u201d, tan en boga actualmente en las izquierdas alternativas, es otro. La profesionalizaci\u00f3n a ultranza de la vida pol\u00edtica, la burocratizaci\u00f3n de las organizaciones, la confesi\u00f3n de impotencia de los dirigentes de izquierda y de derecha frente al despotismo de los mercados, hacen recaer sobre los partidos pol\u00edticos una leg\u00edtima sospecha de manipulaci\u00f3n, de promoci\u00f3n personal, de corrupci\u00f3n, l\u00e9ase de inutilidad pura y simple. La lucha pol\u00edtica no deja de ser, fundamentalmente, una lucha de partidos, independientemente de los nombres o los logotipos de que se doten. Organizaci\u00f3n colectiva, basada en la adhesi\u00f3n voluntaria a un programa y unas reglas de vida com\u00fan, un partido sigue siendo la mejor garant\u00eda de independencia relativa respecto del poder del dinero y de los mecanismos de cooptaci\u00f3n medi\u00e1tica.<\/p>\n<p>Del mismo modo que \u201clos peligros profesionales del poder\u201d\/18, los riesgos burocr\u00e1ticos no son propios de la \u201cforma partido\u201d. Tienen sus ra\u00edces en la divisi\u00f3n social del trabajo entre trabajo manual e intelectual, entre campo y ciudad. Afectan tanto a los sindicatos como a las asociaciones y a cualquier forma de organizaci\u00f3n. Se trata de una tendencia profunda de las complejas sociedades contempor\u00e1neas. La era de la comunicaci\u00f3n y de las redes muestra adem\u00e1s que las burocracias informales de la \u201csociedad l\u00edquida\u201d no son las menos da\u00f1inas y que la democracia plebiscitaria de opini\u00f3n puede resultar mucho menos democr\u00e1tica que la libre confrontaci\u00f3n de partidos y programas. Del mismo modo que la democracia no es ni una instituci\u00f3n ni una cosa, sino \u201cla acci\u00f3n que arrebata sin cesar a los gobiernos olig\u00e1rquicos el monopolio de la vida p\u00fablica\u201d\/19, un partido tampoco es una instituci\u00f3n ni una cosa, sino un agente colectivo que inventa permanentemente su funci\u00f3n y sus objetivos al calor de la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Tomada asimismo del vocabulario militar, la noci\u00f3n de vanguardia es todav\u00eda m\u00e1s sospechosa que la de partido. Tiene historia. A comienzos del siglo XX, la idea rondaba en el aire de la \u00e9poca. Al igual que en pol\u00edtica, se aplicaba a los movimientos innovadores en literatura, pintura, arquitectura. Al t\u00e9rmino de la segunda guerra mundial, las nuevas vanguardias \u2013letristas, neosurrealistas, situacionistas\u2013 se contentaron a menudo con repetir en son de farsa el papel de las vanguardias dada\u00edsta, futurista, surrealista de anta\u00f1o, cuyo potencial subversivo era como una r\u00e9plica de la gran sacudida y la gran promesa de Octubre. En el reflujo de las esperanzas frustradas, a las vanguardias pol\u00edticas y culturales de los \u201ctreinta gloriosos\u201d no les quedaba otra que practicar la parodia, el escepticismo y la diversi\u00f3n. Se convirtieron de mala gana en una especie de ej\u00e9rcito de reserva del trabajo intelectual. Del nouveau roman extenuado a los \u201cnuevos fil\u00f3sofos\u201d ajados, la novedad ya no fue m\u00e1s que su propio simulacro, la moda caprichosa, una repetici\u00f3n enfermiza de lo antiguo y los h\u00e1bitos nuevos de viejas prendas recicladas. Lo que Lucien Goldmann calific\u00f3 entonces de \u201cvanguardia de la ausencia\u201d ya no era para Debord m\u00e1s que la \u201causencia de vanguardia\u201d. Pero los \u00faltimos ser\u00e1n los primeros. Y la retaguardia que protege la retirada acabar\u00e1 hall\u00e1ndose en primera l\u00ednea.<\/p>\n<p>Llevando a cabo nada m\u00e1s que el comienzo de una novedad, las vanguardias est\u00e1n abocadas a desaparecer en la plena realizaci\u00f3n de lo que anticipan y anuncian. En la medida en que su campo de acci\u00f3n no es el porvenir lejano, sino el comienzo de un presente posible, hacen frente al orden existente en nombre de un futuro al que le cuesta nacer. De ah\u00ed que, m\u00e1s que de su propia impotencia, su crisis es ante todo un signo del oscurecimiento de los horizontes de expectaci\u00f3n y de la astenia enfermiza de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Cuando un movimiento, minoritario o \u201cde masas\u201d, se delimita mediante una adhesi\u00f3n voluntaria, se dota de unos estatutos y unas reglas de vida propia, adopta un programa y formula propuestas, constituye, qui\u00e9rase o no, una especie de vanguardia. Limitado o amplio, el n\u00famero no importa mucho, por no decir nada. Porque la forma siempre es el contenido. El partido es el programa. Y lo que hace que un partido sea vanguardia es su relaci\u00f3n espec\u00edfica con la pol\u00edtica, la transversalidad de su pr\u00e1ctica con respecto al conjunto de los sectores sociales, el hecho de no contentarse con sumar los agravios particulares, sino de sintetizarlos en torno a un proyecto. Por tanto, por su principio mismo est\u00e1 en contradicci\u00f3n con las ret\u00f3ricas posmodernas de la pol\u00edtica de migajas, de la disoluci\u00f3n de la historia, de las alianzas arco\u00edris de pura circunstancia. Los animadores de movimientos sociales son a menudo conscientes de la necesidad de \u201crelacionar los diferentes temas de resistencia\u201d entre ellos. \u00bfSeg\u00fan qu\u00e9 criterios? \u00bfY en nombre de qu\u00e9? Si de esto no se ocupa un partido concebido como intelectual colectivo, lo har\u00e1n los expertos (en relacionar) y otros asesores cient\u00edficos. En otras palabras, habr\u00e1 una resurrecci\u00f3n parad\u00f3jica de las vanguardias ilustradas y de los maestros pensadores.<\/p>\n<p>\u00bfSon los movimientos sociales y los partidos tan incompatibles que sea preciso sacrificar unos en aras de los otros y a la inversa? A la luz del siglo transcurrido, la desconfianza hacia los aparatos, las camarillas, los chiringuitos, es comprensible. Pero hay chiringuitos y chiringuitos, peque\u00f1os o grandes, multinacionales o familiares. Incluso hay individuos medi\u00e1ticos que constituyen por s\u00ed solos un chiringuito. Varios individuos ya forman una tropa, y una organizaci\u00f3n incipiente ya es un chiringuito. Es ley de vida. El verdadero problema son las condiciones de una relaci\u00f3n p\u00fablica y clara entre movimientos sociales y organizaciones pol\u00edticas. Una existencia bien visible y un di\u00e1logo franco valen mucho m\u00e1s, en este sentido, que las manipulaciones entre bastidores y las maniobras oscuras. No solo la lucha de los partidos no es un obst\u00e1culo para la democracia, sino que es una condici\u00f3n necesaria de esta. Sin la dial\u00e9ctica de los fines y de los medios, del objetivo y del movimiento, la pol\u00edtica, en efecto, se diluir\u00eda en la nada. Se perder\u00eda en c\u00e1lculos sin porvenir, se reducir\u00eda a una gesti\u00f3n rutinaria, sin proyecto ni visi\u00f3n. Sin horizonte estrat\u00e9gico.<\/p>\n<p>* Este texto de Daniel Bensa\u00efd (1946-2010) fue escrito en agosto de 2007.<\/p>\n<p><strong><u>Notas <\/u><\/strong><\/p>\n<p>1\/ GuyDebord, Le Jeu de la guerre, Par\u00eds, Gallimard, 2006.<\/p>\n<p>2\/ GuyDebord, \u0152uvres, Par\u00eds, QuartoGallimard, 2006, p. 1 804.<\/p>\n<p>3\/ GuyDebord, \u0152uvres, op. cit., p. 1 783.<\/p>\n<p>4\/ \u201cY lo que ignoraban entoncesno solo era el resultado todav\u00eda incierto de sus propias operaciones frente a las operaciones del enemigo [\u2026]; y en el fondo desconoc\u00edan el valor exacto que deb\u00edan atribuir a sus propias fuerzas, hasta que estas lo demostraran, precisamente, en el momento en que fueran utilizadas, cuyo resultado, por otro lado, lo altera al tiempo que lo demuestra\u201d, GuyDebord, Pan\u00e9gyrique, en \u0152uvres, op. cit., p. 1 657.<\/p>\n<p>5\/ Antoine-Henri de Jomini (1779-1869), banquero, militar, historiador y te\u00f3rico de la estrategia militar, form\u00f3 parte del estado mayor de Napole\u00f3n Bonaparte y m\u00e1s tarde del del zar Alejandro I. Entre sus escritos reeditados conviene mencionar Guerres de la R\u00e9volution, Hachette, Par\u00eds 2010,y Pr\u00e9cis de l\u2019art de la guerre, Ivrea \/ FondsChamp libre, Par\u00eds 1994 (edici\u00f3n resumida presentada por Bruno Colson, Perrin, Par\u00eds 2001). (Nota de la redacci\u00f3n de Inprecor)<\/p>\n<p>6\/ Carl von Clausewitz, Notes sur la Prussedans la grande catastrophe, Champ libre, Par\u00eds 1976.<\/p>\n<p>7\/ Antonio Gramsci, Cahiers de prison n\u00b0 13, Par\u00eds, Biblioth\u00e8que de philosophie\u2013Gallimard, 1978, p. 407.<\/p>\n<p>8\/ Helmuth Karl Bernhard von Moltke (1800-1891), mariscal prusiano, jefe del estado mayor del ej\u00e9rcito prusiano durante las guerras contra Austria (1866) y contra Francia (1870-1871). Continuador de los trabajos de Carl von Clausewitz, entre ellos su famoso Testamento, escribi\u00f3 numerosas obras de estrategia y una historia de la guerra de 1870-1871. (Nota de la redacci\u00f3n de Inprecor)<\/p>\n<p>9\/ En el uso que hacen de las nociones de t\u00e1ctica y estrategia, de ofensiva y defensiva, los te\u00f3ricos de la socialdemocracia alemana se muestran muy influidos por la literatura militar, en particular por la Historia del arte de la guerra en el marco de la historia pol\u00edtica, de Hans Delbr\u00fcck, cuyo primer volumen se public\u00f3 en 1900.<\/p>\n<p>10\/ Alusi\u00f3n al libro de Auguste Blanqui, \u00c9ternit\u00e9 par les astres (Les impressionsnouvelles, Bruselas 2012), escrito en la c\u00e1rcel. Walter Benjamin escribi\u00f3 a este respecto: \u201cEl aspecto turbador de este esbozo es que est\u00e1 totalmente desprovisto de iron\u00eda. Es una sumisi\u00f3n sin reservas y al mismo tiempo la requisitoria m\u00e1s terrible que pueda pronunciarse hacia una sociedad que proyecta en el cielo esta imagen c\u00f3smica de s\u00ed misma. El texto, que desde el punto de vista de la lengua muestra un relieve muy marcado, guarda una relaci\u00f3n notable tanto con Baudelaire como con Nietzsche.\u201d (Nota de la redacci\u00f3n de Inprecor)<\/p>\n<p>11\/ Despu\u00e9s del V congreso de la Internacional Comunista, en el que fueron objeto de una viva controversia en relaci\u00f3n con el balance de la revoluci\u00f3n alemana frustrada de 1923, estas cuestiones quedaron en suspenso.<\/p>\n<p>12\/ Antonio Gramsci, Cahiers de prison n\u00b0 25, op. cit., p. 312.<\/p>\n<p>13\/ Para Gramsci, si es popular, el momento nacional es leg\u00edtimo dentro de una perspectiva internacionalista. La distinci\u00f3n entre el nacionalismo y el movimiento \u201cnacional-popular\u201d remite a la oposici\u00f3n entre lo particular que puede \u201cservir a lo universal\u201d y el particularismo nacionalista de un Barr\u00e8s. V\u00e9ase Gramsci, Cahiers de prison n\u00b0 3 et n\u00b0 14, op. cit.<\/p>\n<p>14\/ Las experiencias chilena y portuguesa han mostrado c\u00f3mo, aunque debilitadas y a la defensiva, las clases dominantes pueden utilizar su superior capacidad de decisi\u00f3n y de iniciativa planificando el golpe de Estado en Santiago o pasando a la ofensiva contra un movimiento social fuerte, pero dividido y poco organizado en noviembre de 1975 en Portugal.<\/p>\n<p>15\/ Es lo que subrayaba Mao, bastante antes de la Rep\u00fablica de Yen\u00e1n, en su texto de 1927, titulado \u00bfPor qu\u00e9 el poder rojo puede existir en China?<\/p>\n<p>16\/ Andr\u00e9 Passeron reprocha a Pierre Bourdieu que no d\u00e9 importancia suficiente a las resistencias moleculares y las pr\u00e1cticas subversivas de los dominados. Asimismo, Michel Foucault subraya el estrecho v\u00ednculo que existe entre los poderes y lo que se les resiste.<\/p>\n<p>17\/ Por esta raz\u00f3n, Marx distingue el partido\u201cen sentido amplio o hist\u00f3rico\u201d, como constituci\u00f3n del proletariado en \u201cclase pol\u00edtica\u201d, del partido en sentido estricto, como forma de organizaci\u00f3n intermitente, asociada a determinadas coyunturas. De ah\u00ed tambi\u00e9n que no hubiera dudado, por dos veces, en disolver los partidos que hab\u00eda contribuido a fundar, la Liga de los Comunistas en 1852 y la I Internacional en 1874.<\/p>\n<p>18\/ V\u00e9ase Christian Rakovsky, Les dangersprofessionnels du pouvoir, <a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/francais\/rakovsky\/works\/kr28dang.htm\">https:\/\/www.marxists.org\/francais\/rakovsky\/works\/kr28dang.htm<\/a> (Nota de la redacci\u00f3n de Inprecor) 19\/ Jacques Ranci\u00e8re, La Haine de la d\u00e9mocratie, Par\u00eds, La Fabrique, 2005, p. 105.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si la pol\u00edtica ya prima sobre la historia, no por ello est\u00e1 exenta del lazo que une a ambas desde su origen com\u00fan. Un movimiento que padece un grave \u201cd\u00e9ficit de conocimientos hist\u00f3ricos\u201d, afirmaba Debord, \u201cya no puede dirigirse estrat\u00e9gicamente\u201d. Tampoco pol\u00edticamente. La postraci\u00f3n posmoderna del sentimiento hist\u00f3rico, la retracci\u00f3n del tiempo largo en torno a un presente fugaz, sin ayer y sin ma\u00f1ana, se traducen l\u00f3gicamente en una crisis de la raz\u00f3n estrat\u00e9gica&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"aside","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_seo_schema_type":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_wpcom_ai_launchpad_first_post":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[85629],"tags":[6992,251524,473892],"class_list":["post-963","post","type-post","status-publish","format-aside","hentry","category-capitalismo","tag-debates","tag-guy-debord","tag-partido","post_format-post-format-aside"],"jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-fx","amp_enabled":true,"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/963","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=963"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/963\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":966,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/963\/revisions\/966"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=963"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=963"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=963"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}