{"id":848,"date":"2016-08-11T19:20:51","date_gmt":"2016-08-11T19:20:51","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=848"},"modified":"2016-08-11T19:20:51","modified_gmt":"2016-08-11T19:20:51","slug":"cubaeeuu-los-debates-sobre-fidel-los-intelectuales-de-nueva-york-y-la-revolucion-cubana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=848","title":{"rendered":"Cuba\/EEUU. Los debates sobre Fidel: los intelectuales de Nueva York y la Revolucion Cubana"},"content":{"rendered":"<p><strong>Cuba\/Estados Unidos.\u00a0<\/strong><strong>El debate sobre Cuba <\/strong><\/p>\n<p><strong>Samuel Farber *<\/strong><\/p>\n<p><strong>Havana Times, 1-8-2016\u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/www.havanatimes.org\/\">http:\/\/www.havanatimes.org\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Traducci\u00f3n de Selma Marks<\/strong><\/p>\n<p>Los intelectuales estadounidenses o han defendido acr\u00edticamente y sin reservas el comunismo cubano o se han vuelto parte de la propaganda de Washington.<\/p>\n<p>Para una gran parte de ellos, el asunto clave a principios de 1960 fue c\u00f3mo responder a la Revoluci\u00f3n Cubana. Liberales de la Guerra Fr\u00eda como Arthur Schlesinger\u00a0 Jr. se avocaron a defender la pol\u00edtica agresiva contra el gobierno cubano, adoptada por la reci\u00e9n inaugurada administraci\u00f3n de John Kennedy.<\/p>\n<p>Los intelectuales de izquierda se abalanzaron contra esa pol\u00edtica, critic\u00e1ndola duramente y sin reparos. El m\u00e1s conocido de ellos, el soci\u00f3logo radical C. Wright Mills, proclam\u00f3 que, a diferencia del capitalismo avanzado y del comunismo sovi\u00e9tico, la Revoluci\u00f3n Cubana era la que realmente hablaba a nombre del Tercer Mundo.<\/p>\n<p>Rafael Rojas cubre el acalorado debate de esa \u00e9poca en su \u00faltimo libro Fighting Over Fidel: The New York Intellectuals and the Cuban Revolution (Los debates sobre Fidel: los intelectuales de Nueva York y la Revolucion Cubana.)<\/p>\n<p>Rojas es un autor eminentemente calificado para esa tarea. Es un intelectual cubano que por muchos a\u00f1os ha vivido y trabajado en\u00a0 la Ciudad de M\u00e9xico. Tiene ra\u00edces muy profundas en el establishment cultural de su pa\u00eds: su hermano es el viceministro de cultura en Cuba y su padre fue, por mucho tiempo, el rector de la Universidad de La Habana.<\/p>\n<p>A diferencia de mucha gente que escribe sobre la Isla, Rojas guarda una franca distancia de la Guerra Fr\u00eda.\u00a0 As\u00ed, por ejemplo, describe respetuosa, y hasta positivamente del an\u00e1lisis favorable que Paul Sweeney y Leo Huberman hicieron de la Revoluci\u00f3n Cubana en un art\u00edculo que apareci\u00f3 en Monthly Review en 1960. Asimismo, defiende a C. Wright Mills\u00a0 y a Jean Paul Sartre de las acusaciones de Schlesinger de que ambos hab\u00edan apoyado el autoritarismo naciente en Cuba.<\/p>\n<p>Incluso defiende a algunos de los cubanos que apoyaron la invasi\u00f3n de Playa Giron en 1961: responde a la caracterizaci\u00f3n que C. Wright Mills hizo de ellos como \u201csoldados de la CIA\u201d,\u00a0 se\u00f1alando que los miembros de las \u00e9lites dom\u00e9sticas derrotadas por la Revoluci\u00f3n tuvieron, junto con otras personas, sus propias razones, l\u00f3gicas y coherentes para actuar contra el gobierno de Castro.<\/p>\n<p>Cabe aclarar que las caracterizaciones de Mills y de Rojas no son mutuamente exclusivas: es posible argumentar que estos cubanos se basaron en su libre albedr\u00edo para servir como soldados de la CIA y que as\u00ed apoyaron y participaron en una aventura imperialista claramente controlada por ese \u00f3rgano de inteligencia.<\/p>\n<p>Pero en su extenso estudio, Rojas sacrifica cierto grado de profundidad, y a pesar de la seriedad de su investigaci\u00f3n comete una serie de errores importantes quiz\u00e1s atribuibles a su falta de familiaridad con la izquierda estadounidense.<\/p>\n<p>As\u00ed, por ejemplo, vincula a Robert Williams, a H. Rap Brown y a Stokely Carmichael con las Panteras Negras, ya que ninguno de ellos estuvo asociado o quiz\u00e1s lo estuvo, pero muy brevemente, con dicha organizaci\u00f3n. Incluye a Irving Howe, Lionel Trilling y a los miembros del Partisan Review, y m\u00e1s tarde a los de Dissent, en lo que \u00e9l llama la izquierda liberal \u201ccaracterizada por su firme adherencia al trotskismo y al socialismo democr\u00e1tico,\u201d lo que viene a ser un verdadero revoltijo conceptual en el que confunde el origen pol\u00edtico de algunas de estas personalidades con una corriente pol\u00edtica que tuvo que ver poco o nada con el trotskismo.<\/p>\n<p>Igualmente, malusa el t\u00e9rmino \u201cNew York intelectuals.\u201d Aparte de que el autor incluye varios intelectuales que no vivieron en Nueva York, ese es un t\u00e9rmino que hist\u00f3ricamente denota a un grupo espec\u00edfico de intelectuales de izquierda, muchos de ellos de ascendencia jud\u00eda, que funcion\u00f3 como una comunidad intelectual forjada en torno a una serie de debates. Ese no es el caso de los intelectuales sobre los que Rojas escribe. Tambi\u00e9n comete errores leves, tales como rebautizar a Theodore Draper como Thomas Draper.<\/p>\n<p><strong>Muchas revoluciones<\/strong><\/p>\n<p>Uno de los argumentos centrales de Rojas es que esos debates, aunque claramente influenciados por la Guerra Fr\u00eda, no pueden reducirse a una versi\u00f3n simplista en torno a la dicotom\u00eda Este-Oeste. Los miembros de la izquierda independiente estadounidense, afirma, ten\u00edan diferentes posiciones sobre la Revoluci\u00f3n en Cuba.<\/p>\n<p>Lo que para Waldo Frank hab\u00eda sido una revoluci\u00f3n humanista, para C. Wright Mills fue una revoluci\u00f3n marxista, y para Carleton Beals populista. Los debates de los socialismos pro-sovi\u00e9tico, maoista y guevarista\u00a0 en el Village Voice y en el Monthly Review representaron diferentes interpretaciones del socialismo cubano que aduc\u00edan diferentes razones por las cuales apoyar la Revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s, escribe Rojas, la diversidad de puntos de vista entre estos intelectuales de izquierda que apoyaban la Revoluci\u00f3n reflej\u00f3 no solo la heterogeneidad del pensamiento que reinaba entre ellos, sino tambi\u00e9n la naturaleza cambiante y, a veces, experimental, del socialismo cubano en su primera d\u00e9cada. Las interpretaciones de la Revoluci\u00f3n Cubana que se ventilaron en\u00a0 Nueva York fueron m\u00faltiples, porque fueron m\u00faltiples las revoluciones cubanas que estaban sucediendo en la Isla.<\/p>\n<p>Fue solo cuando el debate ideol\u00f3gico y la vida intelectual en la Isla empezaron a caer bajo el control y centralizaci\u00f3n del Estado\u2014en un proceso que comenz\u00f3 en 1961 y culmin\u00f3 a principios de los 70, cuando Cuba adopt\u00f3 el modelo sovi\u00e9tico en su totalidad\u2014que, seg\u00fan Rojas, la mayor\u00eda de los izquierdistas neoyorquinos se sintieron renuentes a respaldar esa nueva ruta y \u201cdejaron de estar dispuestos a apoyar la de-colonizaci\u00f3n de Cuba una vez que esta implic\u00f3 la naturalizaci\u00f3n del dogma marxista-leninista.\u201d<\/p>\n<p><strong>Anatom\u00eda de una revoluci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El estudio de Rojas sobre la intelectualidad de la izquierda estadounidense y su apoyo a la Revoluci\u00f3n Cubana invita a revisar un per\u00edodo seminal en el desarrollo de la izquierda de su pa\u00eds. Y al revisar ese per\u00edodo, uno se da cuenta que \u00e9l no menciona el hecho de que la atracci\u00f3n que estos intelectuales sintieron por la Revoluci\u00f3n empez\u00f3 a disminuir con el escalamiento de la intervenci\u00f3n militar del gobierno de los EE.UU. en Vietnam en 1965, y con la Revoluci\u00f3n Cultural en China, encabezada por Mao Zedong en 1966.<\/p>\n<p>Fue en este per\u00edodo que la atenci\u00f3n de la izquierda estadounidense se desplaz\u00f3 de Cuba a Vietnam y a China. Fue por eso que algunos de los intelectuales sobre los que \u00e9l escribe\u2014particularmente Susan Sontag, Norman Mailer y Allen Ginsberg\u2014se empezaron a concentrar, preocupados, en los horrores de la intervenci\u00f3n estadounidense en Vietnam. Muchas otras figuras pol\u00edticas de izquierda tomaron partido por el liderazgo chino, como Eldridge Cleaver y Robert Williams, quien se mud\u00f3 de Cuba a China despu\u00e9s de haber criticado el racismo que experiment\u00f3 en la Isla.<\/p>\n<p>Es muy revelador que Paul Sweezy, despu\u00e9s de haber apoyado a los l\u00edderes cubanos en el libro que escribi\u00f3 con Leo Huberman en 1960, Anatom\u00eda de una Revoluci\u00f3n, critic\u00f3\u2014claramente influenciado por su interpretaci\u00f3n favorable de los eventos en China\u2014el curso que la Revoluci\u00f3n Cubana hab\u00eda tomado en su Socialism in Cuba (El socialismo en Cuba) escrito en 1969. (Libro que a diferencia del que escribi\u00f3 en 1960, nunca fue traducido ni publicado en la Isla.)<\/p>\n<p>Por ese entonces tambi\u00e9n ya hab\u00edan muerto C. Wright Mills, en 1962, y Waldo Frank, in 1967, ambos figuras centrales al argumento de Rojas,\u00a0 quienes de hecho ya no presenciaron la evoluci\u00f3n del gobierno cubano hacia el comunismo.<\/p>\n<p>Rojas tambi\u00e9n ignora al importante segmento de la izquierda americana que continu\u00f3 apoyando al gobierno cubano. Pasa por alto el cambio en la textura pol\u00edtica que ocurri\u00f3 en la izquierda estadounidense en los 60 como resultado del colapso del Partido Comunista USA. El colapso de esa parte de la \u201cvieja izquierda\u201d hab\u00eda sido acelerado por dos eventos que ocurrieron en 1956: el Vig\u00e9simo Congreso del Partido Comunista Sovi\u00e9tico, en el que las revelaciones de Jruschov sobre los cr\u00edmenes cometidos por Stalin sacudieron el movimiento internacional comunista, y la represi\u00f3n sovi\u00e9tica de la Revoluci\u00f3n H\u00fangara que ocurri\u00f3 poco despu\u00e9s ese mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p>Aunque peque\u00f1o en comparaci\u00f3n con el resto del mundo, el Partido Comunista Estadounidense lleg\u00f3 a ser el grupo pol\u00edtico de izquierda m\u00e1s numeroso de los Estados Unidos. Para la mayor\u00eda de aquellos que, asqueados por las atrocidades del sistema sovi\u00e9tico, abandonaron el PCUSA en masa, el fracaso de la USSR hab\u00eda sido el resultado de una burocracia r\u00edgida, autoritaria y pesada que hab\u00eda abusado y manchado\u00a0 los ideales del socialismo. Obsesionados con los s\u00edntomas, omitieron analizar las estructuras e instituciones que los hab\u00edan causado.<\/p>\n<p>Y a ellos y a sus \u201cred diaper babies\u201d (literalmente beb\u00e9s de pa\u00f1al rojo, un t\u00e9rmino que se usa para los hijos de los que fueron miembros o simpatizadores del Partido Comunista de los EE.UU.)\u2013miles de los cuales participaron y encabezaron los movimientos estudiantiles, y las luchas por los derechos civiles y contra la guerra de los 60 y 70\u2014los encandil\u00f3 el diferente estilo pol\u00edtico de los l\u00edderes revolucionarios cubanos. La Revoluci\u00f3n Cubana no hab\u00eda sido encabezada por el Partido Comunista tradicional y estaba impregnada de un esp\u00edritu fresco y rom\u00e1ntico totalmente diferente del que reinaba en las adustas capitales de la Europa del Este.<\/p>\n<p>Para los desilusionados ex-comunistas, el carism\u00e1tico Fidel Castro y sus barbudos eran el ant\u00eddoto ideal a la burocracia sombr\u00eda y gris.\u00a0 Entusiasmados con las revoluciones de los 60 no se dieron cuenta que el r\u00e9gimen cubano hab\u00eda copiado las estructuras e instituciones del modelo sovi\u00e9tico mucho antes de 1970.<\/p>\n<p>Salvo por una relativa minor\u00eda de socialdem\u00f3cratas, la mayor\u00eda de los anarquistas y algunos trotskistas, este fue el ambiente que predomin\u00f3 en la izquierda de los EE.UU. Pero en los 1970 esto cambi\u00f3 y la Revoluci\u00f3n perdi\u00f3 mucho de su brillo. Tal y como Rojas lo relata, los intelectuales de izquierda, entre otros, se sintieron alienados por la creciente rigidez pol\u00edtica y cultural del socialismo cubano en v\u00edas hacia el modelo sovi\u00e9tico.<\/p>\n<p>Y as\u00ed fue que cuando el poeta Heberto Padilla\u2014cuya colecci\u00f3n de poemas Fuera de Juego hab\u00eda sido denunciada por las autoridades cubanas en 1968\u2014fue encarcelado en\u00a0 La Habana en 1971, muchos de esos intelectuales, incluyendo a Susan Sontag, se unieron a figuras importantes como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, y a los latinoamericanos Julio Cort\u00e1zar y Mario Vargas Llosa para criticar al gobierno cubano.<\/p>\n<p>Pero en contraste con lo que Rojas sugiere, eso no significa que la mayor\u00eda de los intelectuales de izquierda retractaron totalmente su apoyo a la Revoluci\u00f3n. Adoptaron una posici\u00f3n menos p\u00fablica, a veces cr\u00edtica y a veces a favor, concedi\u00e9ndole\u00a0 al gobierno cubano el beneficio de la duda. Su apoyo fue limitado, pero real.<\/p>\n<p><strong>La izquierda estadounidense y su pol\u00edtica sobre Cuba<\/strong><\/p>\n<p>El apoyo que los intelectuales y activistas de izquierda le brindaron al gobierno cubano fue propiciado por una ideolog\u00eda que combinaba ciertos hechos con una serie de presunciones, muchas de ellas err\u00f3neas, que luego fueron sistematizadas en un esquema indiferente, si no totalmente opuesto, a la democracia.<\/p>\n<p>Salvo por la frecuente escasez de productos agr\u00edcolas, de bienes de consumo y de una crisis permanente en la vivienda, el liderazgo cubano logr\u00f3 garantizar hasta el colapso de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica a fines de los 80 y principios de los 90 un est\u00e1ndar de vida austero pero tolerable junto con logros importantes en las \u00e1reas de Educaci\u00f3n y servicios m\u00e9dicos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es cierto que bajo el gobierno de Castro, la Rep\u00fablica de Cuba fue mucho m\u00e1s soberana de lo que hab\u00eda sido. Pero esos logros fueron posibles y, al mismo tiempo, limitados por la dependencia (que incluy\u00f3 cuantiosos subsidios) de la econom\u00eda cubana de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y por su papel como socio minoritario en la pol\u00edtica exterior de ese imperio.<\/p>\n<p>Enfocados exclusivamente en esos logros, y no obstante el marcado descenso econ\u00f3mico de los 1990, un gran n\u00famero de los intelectuales de la izquierda estadounidense contin\u00faan apoyando al gobierno de Cuba. Esos logros les han permitido ignorar\u2014o por lo menos minimizar\u2014el car\u00e1cter totalmente antidemocr\u00e1tico del Estado unipartidista de Cuba, su aparato represivo, y su control absoluto de los medios de comunicaci\u00f3n, de los sindicatos y de las as\u00ed llamadas organizaciones de masas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n han ignorado otra serie de problemas candentes en la Isla. Los primeros a\u00f1os de la Revoluci\u00f3n vieron una serie de avances significativos con respecto a los negros cubanos cuando el gobierno aboli\u00f3 la segregaci\u00f3n y les abri\u00f3 la puerta a la educaci\u00f3n y a la movilidad social. Pero si bien se ganaron importantes batallas en el campo de la justicia racial, persistieron otras formas de racismo.<\/p>\n<p>Ese problema lo agrav\u00f3 el gobierno cuando a principios de los 60 declar\u00f3 que el racismo hab\u00eda dejado de ser un problema en la Isla. Luego procedi\u00f3 a imponer un largo silencio sobre el asunto\u2014una pol\u00edtica que reci\u00e9n retract\u00f3 solo en parte\u2014al mismo tiempo que le prohibi\u00f3 a los negros cubanos, como a todos los otros grupos oprimidos, formar sus propias organizaciones independientes para luchar por sus derechos.<\/p>\n<p>Figuras africano-americanas de izquierda como Cornel West, Kathleen Cleaver, el Reverendo Jeremiah A. Wright, y la difunta Ruby Dee Davis han criticado esa situaci\u00f3n en la Isla, empeorada por la creciente discriminaci\u00f3n racial que el turismo ha generado y otros cambios econ\u00f3micos recientes. Pero otras figuras como Alice Walker, Danny Glover, y Harry Belafonte contin\u00faan brindando su apoyo incondicional y acr\u00edtico al gobierno cubano.<\/p>\n<p>El silencio que la mayor\u00eda de la izquierda estadounidense ha guardado con respecto a esos problemas deriva, en gran parte, de un modo de pensar que amalgama la importancia de oponerse al imperialismo y a la intervenci\u00f3n estadounidense, con la muy diferente noci\u00f3n que hay que apoyar a todos los l\u00edderes y reg\u00edmenes pol\u00edticos opuestos al imperialismo. Otra noci\u00f3n asociada a las dos previas, es que cualquier cr\u00edtica de esos sistemas, por\u00a0 revolucionaria que sea, distrae la atenci\u00f3n de los abusos del imperio y disminuye la oposici\u00f3n a este, como si fuera necesario ignorar la realidad para defender el principio de la autodeterminaci\u00f3n nacional.<\/p>\n<p>Algunos de los partidarios m\u00e1s sofisticados del gobierno cubano tambi\u00e9n han argumentado que el subdesarrollo econ\u00f3mico que prevalece en Cuba obstaculiza, y hasta imposibilita, la sobrevivencia de una democracia pol\u00edtica y econ\u00f3mica: la pobreza y la escasez, afirman ellos, no propician la democracia.<\/p>\n<p>Esto puede o no ser cierto, pero la cuesti\u00f3n es si un estado de partido \u00fanico puede propiciar el desarrollo de los derechos democr\u00e1ticos de sus ciudadanos y un modo de vida que abra las puertas a una democracia socialista.<\/p>\n<p>Y nada de lo que ha sucedido en Cuba ni en ninguna parte de lo que fue el mundo comunista, apoya la noci\u00f3n que el estado unipartidista jam\u00e1s haya propiciado la democratizaci\u00f3n de esas sociedades.<\/p>\n<p><strong>Responsabilidad pol\u00edtica<\/strong><\/p>\n<p>Al implicar que la izquierda intelectual estadounidense dej\u00f3 de apoyar al estado Cubano en 1970, Rojas\u2014un reconocido intelectual cr\u00edtico del gobierno cubano\u2014escapa la responsabilidad de dirigirse a los intelectuales en los EE.UU. que contin\u00faan respaldando al r\u00e9gimen cubano actual.<\/p>\n<p>Aunque es posible que eso no haya sido parte de su agenda, su cuestionable sugerencia que la izquierda no comunista rechaz\u00f3 el giro del gobierno cubano hacia el modelo sovi\u00e9tico le impidi\u00f3 enfrentarse al importante problema de c\u00f3mo una izquierda independiente puede desarrollar su propia visi\u00f3n sobre Cuba sin reforzar la propaganda de Washington.<\/p>\n<p>Tanto entonces como hoy es posible criticar y oponerse al sistema social y pol\u00edtico que se estableci\u00f3 en Cuba y, al mismo tiempo, reiterar la oposici\u00f3n a la intervenci\u00f3n estadounidense en cualesquiera de sus formas,\u00a0 ya sea\u00a0 invasi\u00f3n militar, terrorismo auspiciado o bloqueo econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>Esa opci\u00f3n asume un m\u00e9todo pol\u00edtico que los intelectuales de izquierda en este pa\u00eds se han negado a adoptar. Mientras tanto, su m\u00e9todo de sumar y restar lo que para ellos son los logros y p\u00e9rdidas del gobierno cubano ha ofuscado una p\u00e9rdida que no puede ser compensada por ning\u00fan logro: la p\u00e9rdida, para los trabajadores y los miembros de otros grupos oprimidos, de su autonom\u00eda y de su habilidad de organizarse independientemente para defender sus intereses, y de las libertades individuales y pol\u00edticas que permiten que esas organizaciones sean viables.<\/p>\n<p>* Samuel Farber naci\u00f3 y se cri\u00f3 en Cuba y ha escrito extensivamente sobre ese pa\u00eds. Su libro m\u00e1s reciente, The Politics of Che Guevara: Theory and Practice (La pol\u00edtica de Che Guevara; su teor\u00eda y su pr\u00e1ctica), acaba de ser publicado por Haymarket Books. El art\u00edculo fue publicado en la revista estadounidense Jacobin<a href=\"https:\/\/www.jacobinmag.com\/\"> (https:\/\/www.jacobinmag.com\/)<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los intelectuales estadounidenses o han defendido acr\u00edticamente y sin reservas el comunismo cubano o se han vuelto parte de la propaganda de Washington.<\/p>\n<p>Para una gran parte de ellos, el asunto clave a principios de 1960 fue c\u00f3mo responder a la Revoluci\u00f3n Cubana. 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