{"id":816,"date":"2016-08-09T19:17:23","date_gmt":"2016-08-09T19:17:23","guid":{"rendered":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=816"},"modified":"2016-08-09T19:17:24","modified_gmt":"2016-08-09T19:17:24","slug":"memoria-las-huellas-de-trotsky-supervivientes-directos-de-un-exterminio-familiar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=816","title":{"rendered":"Memoria. Las huellas de Trotsky: supervivientes directos de un exterminio familiar"},"content":{"rendered":"<p><strong>Memoria<\/strong><\/p>\n<p><strong>Las huellas de Trotski<\/strong><\/p>\n<p><strong>El nieto y las bisnietas del l\u00edder revolucionario asesinado, supervivientes del exterminio familiar, han seguido destacadas carreras cient\u00edficas y art\u00edsticas en M\u00e9xico y en Estados Unidos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pablo de Llano, desde M\u00e9xico<\/strong><\/p>\n<p><strong>El Pa\u00eds Semanal, Madrid, 13-7-2016\u00a0<\/strong><strong><a href=\"http:\/\/elpaissemanal.elpais.com\/\">http:\/\/elpaissemanal.elpais.com\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p>En una ma\u00f1ana soleada, Esteban Volkov mira la chatarra amontonada en el patio de su casa y va identificando las piezas que hace a\u00f1os compusieron su laboratorio de reciclaje de residuos qu\u00edmicos. Tuber\u00edas de vidrio y de acero. Bombas de vac\u00edo. Man\u00f3metros. Propelas. \u00adV\u00e1lvulas. Agitadores. \u201cY esta bola\u2026\u201d, dice levantando del suelo una esfera oxidada, \u201c\u00bfqu\u00e9 chingaos ser\u00e1 esto?\u201d, y la deja caer. El negocio le funcion\u00f3 bien durante mucho tiempo, pero al final lo fue descuidando y quebr\u00f3. \u201cNo me interesaba ser un pr\u00f3spero capitalista\u201d, r\u00ede, y aunque el nieto de Trotski perdi\u00f3 de ni\u00f1o su lengua materna, su carcajada suena en ruso.<\/p>\n<p>Cuando en 1926 su abuelo llam\u00f3 a Stalin \u201csepulturero de la revoluci\u00f3n\u201d, se vaticin\u00f3 que el vengativo dictador de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica no solo lo matar\u00eda a \u00e9l, sino que perseguir\u00eda a su estirpe. Su madre, Zinaida, hija de Trotski, se suicid\u00f3 en Berl\u00edn, enferma de tuberculosis, dejando abierto el gas de la cocina. Su padre, Plat\u00f3n, fue fusilado. Su t\u00edo Le\u00f3n, hijo y mano derecha de Trotski, muri\u00f3 delirando en una cl\u00ednica de Par\u00eds, supuestamente envenenado. Su t\u00edo Sergu\u00e9i fue fusilado. Su t\u00edo abuelo Aleksandr fue fusilado. Su t\u00eda abuela Olga fue fusilada. Su abuela Aleksandra, primera esposa de su abuelo, fue fusilada. Y, por supuesto, el abuelo mismo, el fundador del Ej\u00e9rcito Rojo, el ide\u00f3logo de la revoluci\u00f3n mundial, el propio Lev Davidovich Bronstein, Le\u00f3n Trotski, fue asesinado en 1940 con un golpe de piolet en la cabeza.<\/p>\n<p>Esteban Volkov es el superviviente directo de un exterminio familiar. Estaba ah\u00ed cuando mataron a su abuelo en la casa de Ciudad de M\u00e9xico donde viv\u00edan exiliados. Y en esa misma casa, antes de mudarse en los setenta a la de ahora, crio a sus cuatro hijas, que son la prueba de que el poderoso cerebro de Trotski sobrevivi\u00f3 al golpe, pero a trav\u00e9s del ADN.<\/p>\n<p>Las gemelas Patricia y Natalia Volkov, las peque\u00f1as, son una infect\u00f3loga de referencia y la ingeniera jefe de sistemas del Instituto de Estad\u00edstica de M\u00e9xico. La segunda, Nora, es la directora del centro nacional de investigaci\u00f3n sobre drogas de Estados Unidos. La primog\u00e9nita, Ver\u00f3nica, es poeta y acad\u00e9mica. Ellas existen, entre otras cosas, porque su padre se salv\u00f3 por los pelos en el primero de los dos atentados contra Trotski en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>\u201cCreo que mi pap\u00e1 aprendi\u00f3 de Trotski la disciplina, la convicci\u00f3n y otra caracter\u00edstica extraordinaria de mi bisabuelo: la resiliencia\u201d, comenta Nora Volkov una tarde desde Washing\u00adton, despu\u00e9s de presentar un informe en el Congreso de Estados Unidos en una jornada que arranc\u00f3 levant\u00e1ndose a las cuatro y media para poder hacer su sesi\u00f3n diaria de ejercicio. \u201cLa vida de mi pap\u00e1 de ni\u00f1o fue de lo m\u00e1s estresante, y pese a todas esas tragedias tienes a un hombre \u00edntegro emocionalmente y muy motivado a los 90 a\u00f1os\u201d.<\/p>\n<p>Nacido en Yalta, Ucrania, en 1926, su nombre original era Vsevolod. A los cinco a\u00f1os sali\u00f3 de Mosc\u00fa con su madre hacia la isla turca de Pr\u00ednkipo, primer refugio de Trotski. En 1932 madre e hijo se mudan a Berl\u00edn, donde el partido nazi empieza a deglutir el poder. A las pocas semanas ella se quita la vida. Pasa un a\u00f1o y medio en un internado de Viena dirigido por disc\u00edpulos de Sigmund Freud y en 1934 lo env\u00edan a Par\u00eds con su t\u00edo Le\u00f3n Sedov. En 1939, despu\u00e9s de la truculenta muerte de Le\u00f3n, Trotski ordena que lo manden a M\u00e9xico con \u00e9l y le ponen de nombre Esteban.<\/p>\n<p>Ahora Esteban Volkov, recostado en su sof\u00e1 en postura juvenil, casi un siglo despu\u00e9s de que su abuelo y Lenin hiciesen la revoluci\u00f3n, responde a la pregunta por su ideolog\u00eda:<\/p>\n<p>\u2013Qu\u00e9 te puedo decir. Pues, definitivamente, el capitalismo no est\u00e1 funcionando.<\/p>\n<p>El nieto de Trotski es el albacea de su memoria m\u00e1s que de su doctrina. \u201cYo siempre he estado alejado de la pol\u00edtica. Mi papel ha sido dar testimonio de lo que viv\u00ed. La persecuci\u00f3n feroz que sufri\u00f3 mi familia, el alud de mentiras y de falsedades monstruosas\u201d. Trotski tampoco quiso meterlo en sus asuntos. De hecho, reprend\u00eda a sus guardias si lo hac\u00edan: \u201cNo hablen de pol\u00edtica con mi nieto\u201d, ordenaba.<\/p>\n<p>Por mil\u00e9sima vez, Volkov ense\u00f1a la vivienda donde fue asesinado su abuelo, hoy Museo Casa de Le\u00f3n Trotski. \u201cAqu\u00ed estaban las gallinas\u201d, dice. \u201cEstos eran los cuartos de los guardias\u201d, y a\u00f1ade: \u201cMuchos dicen que esto era una fortaleza. \u00a1La fortaleza de Trotski! No era ninguna fortaleza. Eso s\u00ed, despu\u00e9s del primer atentado se tapiaron algunas ventanas y se levantaron muros\u201d. Avanza. \u201cEsta es la biblioteca de la casa. Y esta es la colecci\u00f3n de la revista Le Mois, que le mandaba Le\u00f3n desde Par\u00eds\u201d. Se detiene. Barrunta. Dice: \u201cSer\u00eda interesante revisarla con rayos ultravioletas, porque Le\u00f3n sol\u00eda escribirle mensajes ocultos con tinta simp\u00e1tica\u201d.<\/p>\n<p>Pasa al despacho de Trotski. La escena del crimen. Est\u00e1 casi igual al d\u00eda en que fue asesinado. Su bast\u00f3n de madera. Su manta de dormir la siesta. El martes 20 de agosto de 1940, Esteban lleg\u00f3 de la escuela a casa unos minutos despu\u00e9s de que su abuelo hubiera recibido el pioletazo mortal de Ram\u00f3n Mercader. \u201cCuando escuch\u00f3 mis pasos, les dijo a los guardias: \u201cMantengan a Sieva alejado. No debe ver esta escena\u201d, recuerda. En un recodo del jard\u00edn, dos polic\u00edas sujetaban al asesino enviado por Mosc\u00fa. \u201cEn ese momento no lo reconoc\u00ed\u201d, dice. \u201cTen\u00eda la cara ensangrentada y emit\u00eda extra\u00f1os chillidos y aullidos\u201d.<\/p>\n<p>En su despacho del Instituto Nacional de Cancerolog\u00eda, Patricia Volkov comenta sobre el trauma de su padre: \u201c\u00c9l guarda un enorme rencor a Mercader. Ahora habla mucho m\u00e1s sobre aquello, pero cuando \u00e9ramos peque\u00f1as nunca sacaba el tema\u201d. Ella cree que tal vez la herencia de su bisabuelo sea su capacidad organizativa. La prueba podr\u00eda ser la oficina de su gemela Natalia. A un lado tiene un panel de videovigilancia desde el que controla las salas de microdatos del Instituto Nacional de Estad\u00edstica. Los investigadores que reciben permiso para usarlas deben acceder sin tel\u00e9fono, ni USB, ni siquiera un folio. El que no cumple las reglas pierde de por vida el derecho a entrar. \u201cLo que est\u00e1 en juego aqu\u00ed es la confidencialidad de los datos y la infraestructura estad\u00edstica del pa\u00eds. Y no estoy jugando\u201d, dice Natalia.<\/p>\n<p>En el vest\u00edbulo de casa, apartados bajo una escalera, Esteban Volkov conserva en barriles unos 200 kilogramos de 16 dehidro pregnenolona 3 acetato. \u201cEs la materia prima que se usaba para la fabricaci\u00f3n de las hormonas\u201d, explica. \u201cEsto es lo \u00faltimo que hice en la f\u00e1brica antes de cerrar. He intentado venderlos, pero ya es muy dif\u00edcil competir con los chinos\u201d. En los a\u00f1os cincuenta form\u00f3 parte del laboratorio mexicano que sintetiz\u00f3 por primera vez en la historia el elemento base de la p\u00edldora anticonceptiva. Despu\u00e9s mont\u00f3 por libre una peque\u00f1a planta de reciclaje de desechos, cuyos restos habitan ahora en el patio. Su mujer, la madrile\u00f1a Palmira Fern\u00e1ndez, era un ama de casa con un pasado digno del de su marido. Su familia hab\u00eda quedado dividida entre el bando nacional y el republicano tras la Guerra Civil y ella estuvo trabajando varios a\u00f1os como jefa de taller de Balenciaga hasta que lo dej\u00f3 todo y se fue a M\u00e9xico para reunirse con sus hermanos, exiliados del bando perdedor. Sus hijas no dejan de recalcar que, m\u00e1s que los genes del genio bolchevique, lo que hizo de ellas lo que son fue el tes\u00f3n de su madre y la educaci\u00f3n para la autonom\u00eda que les dio con su padre.<\/p>\n<p>Desde que muri\u00f3, Volkov vive solo en casa. Sin embargo, no ha des\u00adcolgado un cuadro religioso que puso su esposa. \u201cNo es muy apropiado para el nieto de Trotski\u201d, apunta con una sonrisa nost\u00e1lgica, \u201cpero a ella le gustaba\u201d.<\/p>\n<p>Tampoco ha retirado un cuadro que est\u00e1 en una esquina del sal\u00f3n. Es una representaci\u00f3n pesadillesca del momento final de su abuelo, que aparece acurrucado en brazos de su compa\u00f1era, Natalia Sedova, espantado ante la muerte. A Esteban Volkov no le gusta. Se queja de que no es fidedigno porque Trotski se mantuvo en pie tras el golpe, \u201ccon las gafas rotas y la cabeza ensangrentada, se\u00f1alando a Mornard\u201d, dice empleando el nombre falso de Mercader como si no mereciera uno propio y repitiendo sus palabras: \u201cAh\u00ed est\u00e1. Lo que sab\u00edamos que ten\u00eda que llegar\u201d. El lienzo lo pint\u00f3 un buen amigo suyo y lo mantiene como recuerdo. Le ha bastado con tapar la expresi\u00f3n de horror de su abuelo con un trozo de cinta adhesiva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una ma\u00f1ana soleada, Esteban Volkov mira la chatarra amontonada en el patio de su casa y va identificando las piezas que hace a\u00f1os compusieron su laboratorio de reciclaje de residuos qu\u00edmicos. 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