{"id":7818,"date":"2019-06-26T18:19:15","date_gmt":"2019-06-26T21:19:15","guid":{"rendered":"http:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=7818"},"modified":"2019-06-26T18:19:18","modified_gmt":"2019-06-26T21:19:18","slug":"colombia-el-proceso-de-paz-esta-dinamitado-jeronimo-rios-sierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=7818","title":{"rendered":"Colombia &#8211; El proceso de paz est\u00e1 dinamitado.   [Jer\u00f3nimo R\u00edos Sierra*]"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Una paz fallida <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>A los partidarios del ex presidente \u00c1lvaro Uribe y, por extensi\u00f3n, al actual presidente Iv\u00e1n Duque, nunca les gust\u00f3 la paz en Colombia. El uribismo siempre prefiri\u00f3 un Estado fuerte que proveyera seguridad a cambio de limitaciones a la libertad. Las consecuencias son evidentes: el proceso de paz est\u00e1 dinamitado.<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/nuso.org\/articulo\/\">Nueva Sociedad<\/a>, junio 2019 <\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/\">Correspondencia de Prensa<\/a>, 26-6-2019<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Desde que fue presentado el Acuerdo de Paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), se supo que habr\u00eda dificultades en su implementaci\u00f3n. Seg\u00fan el Instituto Kroc de la Universidad de Notre Dame, el acuerdo firmado en Colombia, comparado con otros similares firmados en diversos pa\u00edses con conflictos armados, fue el m\u00e1s ambicioso en cuanto a sus planteamientos. Por eso, el acuerdo suscripto a finales de noviembre de 2016, ha tenido no pocos problemas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La reforma rural integral planteada en el acuerdo, supon\u00eda admitir la realidad de una violencia estructural de la que el Estado fue corresponsable durante d\u00e9cadas. En Colombia, la reforma agraria result\u00f3 siempre una promesa incumplida por parte de las \u00e9lites pol\u00edticas, a lo que se sumaba una estructura territorial que siempre gravit\u00f3 en torno a una \u00abbogotanizaci\u00f3n\u00bb de la agenda p\u00fablica. En cualquier caso, la reforma rural implicaba reconocer que la periferia olvidada de Colombia necesitaba de mayores recursos e inversiones si verdaderamente se quer\u00eda abordar un proceso de construcci\u00f3n de paz estable y duradero.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">A tal efecto, el Acuerdo de Paz con las FARC establec\u00eda los mecanismos suficientes para blindar el paso de las armas a las urnas, desarrollando protocolos delimitados al detalle para la entrega efectiva de armas, y proponiendo medidas que interviniesen sobre la extensi\u00f3n de los cultivos cocaleros. Asimismo, se defin\u00edan las acciones e instituciones necesarias para velar por una correcta recomposici\u00f3n del tejido social sobre la base de una Comisi\u00f3n de la Verdad y una Jurisdicci\u00f3n Especial para la Paz.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Aunque resultase sorprendente, a los partidarios del ex presidente derechista \u00c1lvaro Uribe y, por extensi\u00f3n, al actual presidente Iv\u00e1n Duque, nunca les gust\u00f3 la paz de Colombia. Nunca aceptaron que la paz deb\u00eda llegar al pa\u00eds por medio de una soluci\u00f3n negociada y que, entre otras cuestiones, ello obligaba a repensar los l\u00edmites de la democracia colombiana y de su Estado de Derecho. El uribismo, perteneciente a una suerte de conservatismo recalcitrante, siempre estuvo m\u00e1s c\u00f3modo bajo la mano de un Estado fuerte que proveyera a su sociedad de seguridad a cambio de limitaciones a la libertad.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Como a Duque le resulta muy impopular, especialmente hacia fuera de Colombia, atribuirse a s\u00ed mismo el (de)m\u00e9rito de ser el presidente que implosion\u00f3 el Acuerdo de Paz con las FARC, lo que ha hecho en su primer a\u00f1o de mandato ha sido una suerte de desprecio continuo y de baja intensidad al Acuerdo. Lo ha hecho de un modo muy sencillo: homolog\u00e1ndo el t\u00e9rmino \u00abpaz\u00bb al t\u00e9rmino FARC. Ha instrumentalizado el Poder Judicial, ha evitado partidas presupuestarias en el Plan Nacional de Desarrollo, ha obstaculizado el avance de la Jurisdicci\u00f3n Especial para la Paz y ha criminalizado, bajo la etiqueta de \u00abguerrillera\u00bb, cualquier reivindicaci\u00f3n o protesta social, por muy ajena que resulte a la cuesti\u00f3n del Acuerdo.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Sin duda, y en contra de lo que pudiera pensarse, y tal como lo muestra Pippa Norris en sus estudios de integridad electoral, la calidad democr\u00e1tica del pa\u00eds ha ido notablemente a peor. A las extintas FARC solo le han cumplido con las obligaciones normativas, pues el despliegue de recursos ha llegado de manera parcial, con multitud de retrasos y resistencias por parte de las instituciones, y con la sensaci\u00f3n de que al gobierno solo estaba interesado en la entrega de armas. Con la guerrilla desarmada, el nuevo Ejecutivo uribista no sent\u00eda para s\u00ed que los compromisos adquiridos fuesen con ellos y, por ende, invita a pensar, err\u00f3neamente, que el Acuerdo de Paz fue cosa de un gobierno, el de Juan Manuel Santos, y no el de un Estado, el colombiano. La paz no es de Santos, la paz es de todos los colombianos.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El resultado de esta pol\u00edtica es contundente. El pa\u00eds hoy presenta una \u00abvisibilizaci\u00f3n\u00bb de la violencia mucho mayor que la de hace apenas cuatro a\u00f1os. La Organizaci\u00f3n de Naciones Unidas (ONU), al primer a\u00f1o de implementaci\u00f3n, ya alarmaba informando que se hab\u00eda perdido el rastro de casi la mitad de los algo m\u00e1s de 7.100 excombatientes de las FARC que hab\u00edan iniciado, desde 2016, su tr\u00e1nsito hacia la reincorporaci\u00f3n a la vida civil. Asimismo, las expectativas de la Polic\u00eda Nacional sobre un posible retorno a la violencia de aproximadamente el 14% de los exguerrilleros, han quedado muy superadas por el actual volumen de las disidencias, que supera los 2.000 efectivos.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Firmar un Acuerdo de Paz siempre resulta muy complejo. M\u00e1s si hablamos de Colombia, cuyo conflicto se inicia formalmente en 1964 pero que, incluso, hunde sus ra\u00edces en la d\u00e9cada de 1930. Sin embargo, lo verdaderamente dif\u00edcil es asumir un proceso de construcci\u00f3n de paz. Un proceso que le qued\u00f3 grande al Estado y a buena parte de la sociedad colombiana, y que hoy en d\u00eda, casi de manera irreversible, torna hacia lo que puede ser una paz fallida.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Las carencias de la implementaci\u00f3n nos conducen a una idea cl\u00e1sica como es la planteada por Johan Galtung en un breve trabajo publicado en 1969 en el Journal of Peace Research. En dicho breve art\u00edculo, titulado Violence, Peace and Peace Research, el matem\u00e1tico y soci\u00f3logo noruego, padre de la investigaci\u00f3n para la paz, reconoce que la paz no es la ausencia de guerra, sino que es la ausencia (y superaci\u00f3n) de las condiciones estructurales y simb\u00f3licas que sostienen la guerra.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">De nada sirve un perfecto Acuerdo de Paz si no se acompa\u00f1a de medidas que transformen las condiciones de vulnerabilidad y exclusi\u00f3n social, y de intervenciones que resignifiquen un imaginario social colectivo, preparado para lo que supone, desde todos los extremos, un proceso de construcci\u00f3n de paz. Y he aqu\u00ed la realidad de Colombia: el quinto pa\u00eds m\u00e1s desigual del mundo, con unos niveles irresueltos en cuanto abandono territorial e institucional de las zonas con mayor presencia del conflicto armado, y en donde la necesaria presencia del Estado en aquellos lugares que abandonaban las FARC para asumir el proceso de entrega de armas nunca se cumpli\u00f3. De hecho, los departamentos que eran m\u00e1s violentos antes del Acuerdo de Paz, ubicados en el suroccidente y el nororiente del pa\u00eds, adem\u00e1s de Antioquia, lo son igualmente en la actualidad.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">A cambio, los se\u00f1ores de la guerra -las cartelizadas guerrillas del Ej\u00e9rcito de Liberaci\u00f3n Nacional y el Ej\u00e9rcito Popular de Liberaci\u00f3n-, junto a otras bandas criminales y estructuras post-paramilitares, ocupan el escenario de las antiguas FARC. All\u00ed, sin presencia alguna del Estado, se disputan los enclaves mineros, los escenarios cocaleros y, de paso, las rutas de procesamiento y distribuci\u00f3n. A cambio, en los \u00faltimos dos a\u00f1os han muerto m\u00e1s de 600 l\u00edderes sociales y activistas de Derechos Humanos sin que el Estado haga absolutamente nada, en una suerte de comisi\u00f3n por omisi\u00f3n. Igualmente, el cultivo cocalero supera ampliamente las 200.000 hect\u00e1reas, llegando a niveles nunca vistos en las \u00faltimas dos d\u00e9cadas, y el dilema de la seguridad que planteaba hace a\u00f1os el profesor de la Universidad de Oxford, Stathis Kalyvas, est\u00e1 m\u00e1s vigente que nunca. Es decir, en un contexto de violencia irresuelto, las desmovilizadas FARC-EP encuentram m\u00e1s seguridad en su retorno a estructuras armadas que en la \u00absimple\u00bb sociedad civil.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Sin duda, las FARC hicieron muchas cosas mal. A diferencia de lo que supuso el movimiento guerrillero M-19 a fines de la d\u00e9cada de 1980, la guerrilla fundada el 27 de mayo de 1964, no gozaba de popularidad ni legitimidad en la sociedad colombiana. Las FARC quiz\u00e1 tampoco acertaron escogiendo su nombre como partido ni qui\u00e9nes iban a ser sus l\u00edderes de referencia. No obstante, las FARC cumplieron entregando las armas y m\u00e1s all\u00e1 de la independencia subjetiva de quienes deciden retornar a la violencia, a nadie se le escapa que las falencias de la implementaci\u00f3n, las resistencias gubernamentales y el encono que ha abonado en la sociedad colombiana el expresidente \u00c1lvaro Uribe y sus correligionarios, son los principales factores que, a d\u00eda de hoy, explican el camino hacia la paz fallida en el que se encuentra Colombia.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>*<\/strong>Jer\u00f3nimo R\u00edos Sierra es profesor de Geograf\u00eda Pol\u00edtica, Geopol\u00edtica y Estudios Latinoamericanos en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Es profesor asociado de la Facultad de Administraci\u00f3n, Finanzas y Ciencias Econ\u00f3micas de la Universidad EAN (Colombia). Sus \u00faltimos libros publicados son Breve historia del conflicto armado en Colombia (Catarata, Madrid, 2017) y Breve historia de Sendero Luminoso (Catarata, Madrid, 2018).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pa\u00eds hoy presenta una \u00abvisibilizaci\u00f3n\u00bb de la violencia mucho mayor que la de hace apenas cuatro a\u00f1os. 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