{"id":6034,"date":"2018-11-06T15:24:48","date_gmt":"2018-11-06T18:24:48","guid":{"rendered":"http:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=6034"},"modified":"2018-11-06T15:24:48","modified_gmt":"2018-11-06T18:24:48","slug":"uruguay-pobreza-como-es-vivir-sin-agua-potable-natalia-uval-testimonios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=6034","title":{"rendered":"Uruguay &#8211; Pobreza. Como es vivir sin agua potable.  Natalia Uval &#8211; Testimonios"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Con el agua como horizonte <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>40 familias de un asentamiento viven sin agua potable en el Cerro; aqu\u00ed contamos la historia de tres.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Natalia Uval\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>La Diaria, 3-11-2018<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong><a href=\"https:\/\/ladiaria.com.uy\/\">https:\/\/ladiaria.com.uy\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Correspondencia de Prensa, 6-11-2018<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La fortaleza del Cerro, su bandera de Artigas algo deshilachada por el viento, est\u00e1n a unos pasos y sin embargo parecen distantes. Tan lejos y tan cerca del asentamiento como los turistas que suben el repecho en \u00f3mnibus contratados y descienden de la misma manera. Virginia, Estela y Nancy no los culpan: \u201cHay gente que se asusta\u201d, dicen. Es preferible mirar a la derecha: la vista de la bah\u00eda deslumbra, la Torre de las Telecomunicaciones parece de alg\u00fan otro mundo que no es el de ellas. Hasta Natalia Oreiro fue a filmar un video ah\u00ed. Pero lo \u00fanico bueno del lugar, dice Estela, es cuando llegan las fiestas. Con la ciudad a sus pies, el cielo se ilumina con todos los colores. \u201cNo s\u00e9 c\u00f3mo es ver desde un avi\u00f3n\u201d, dice Estela, \u201cdebe ser algo parecido\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Pero las fiestas duran poco. En enero, el calor asfixia y la \u00fanica canilla que abastece el asentamiento a veces se queda sin agua. Las mujeres peregrinan con recipientes de diez litros, con bidones de cinco, con baldes, y esperan en fila para recargar ante el tanque de OSE. Ellas o sus hijos. Ellas, y tambi\u00e9n sus hijos, tienen problemas de columna por el traj\u00edn constante desde sus casas hasta all\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El agua de esa canilla tiene tanto cloro que enferma a los ni\u00f1os, aseguran. Las infecciones urinarias, las diarreas y los v\u00f3mitos son comunes. Algunos de los ni\u00f1os pasan internados. Las mujeres juntan lo que pueden para pagarle a un sodero. Son 110 pesos por seis botellas de litro y medio. Esa es el agua que toman, cuando tienen dinero. Para cocinar y lavar, la misma agua de la canilla se usa una y otra vez: primero para ba\u00f1arse, despu\u00e9s para lavar la ropa y finalmente para el w\u00e1ter. \u201cLa ropa te la deja blanqu\u00edsima, por el cloro\u201d, dice Estela. \u201cCuanto m\u00e1s la herv\u00eds, m\u00e1s se siente el olor a cloro\u201d, contrarresta Nancy. La efectividad en el reciclaje implica menos viajes hasta la canilla cargando bidones, subiendo piedras que con la lluvia quedan resbaladizas.<img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"6036\" data-permalink=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?attachment_id=6036\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/urugayagua-ii.jpg?fit=1200%2C800&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"1200,800\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"UrugayAgua II\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/urugayagua-ii.jpg?fit=656%2C437&amp;ssl=1\" class=\"  wp-image-6036 aligncenter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2018\/11\/urugayagua-ii.jpg?resize=572%2C381&#038;ssl=1\" alt=\"UrugayAgua II\" width=\"572\" height=\"381\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El agua, tan escasa en el asentamiento, se desliza en torrentes, con una abundancia que es casi una burla, cuando llueve. Juntarla no sirve de mucho, porque deja sucia la ropa y hace bastante da\u00f1o. Vuelve los caminos intransitables, humedece por d\u00edas las alfombras improvisadas que en algunas casas hacen de piso, estropea los muebles. Los ba\u00f1os en el asentamiento son baldes que luego se vac\u00edan en pozos, pero cuando llueve, el agua arrastra la mierda y la orina por los caminos, por los lugares donde juegan los ni\u00f1os. Por eso, dicen las mujeres, los ni\u00f1os tienen tantos par\u00e1sitos, por eso les cuesta subir de peso y en la repisa de Nancy hay cuatro medicamentos distintos. La lluvia es triste. \u201cLlueve un d\u00eda y ya te ven\u00eds abajo, porque dec\u00eds: \u2018Mir\u00e1 c\u00f3mo vivo\u2019\u201d, murmura Estela, que hace 20 a\u00f1os lleg\u00f3 al asentamiento. El fr\u00edo del invierno congela las chapas y te sent\u00eds \u201ccomo adentro de un freezer\u201d, dicen las mujeres. Esos d\u00edas, lavan a los ni\u00f1os por partes: primero la cabeza, y la secan, luego el pecho y finalmente las piernas. Y la ropa se acumula sin remedio. Estela a veces lleva a sus hijos a casa de su hermana, que vive en el Cerro, para ba\u00f1arlos.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">A su hija m\u00e1s grande se le incendi\u00f3 su casa hace poco. \u201cAgarra fuego una y te agarran todas, \u00bfy c\u00f3mo lo par\u00e1s?\u201d, pregunta Virginia, se\u00f1alando la sucesi\u00f3n de madera, bloques y chapas que baja el Cerro, y los cables que cuelgan a la altura del pecho de una persona adulta. Pidieron contenedores para pasar el invierno, pero no hubo caso. \u201cLa cuesti\u00f3n es que estamos, y hay que vivir\u201d, resume Estela.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Virginia<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En Santa Catalina estaba mejor, hasta que su pareja empez\u00f3 a pegarle y amenaz\u00f3 con quemar su casa. Entonces Virginia se mud\u00f3 a los pies de la fortaleza. Tiene seis hijos, y tres de ellos tienen anemia. En el piso de su casa hay cajones de pl\u00e1stico dados vuelta, y tablas que casi no dejan ver los cientos de gusanos que se acumulan debajo. \u201cEs por el agua que corre\u201d, explica. Pegado en la pared, hay un gran emoji con ojos de coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Virginia cuenta que un d\u00eda llegaron al asentamiento para pedirles firmas para mejorar la seguridad. \u201cNo s\u00e9 por qu\u00e9 se preocupan por estas cosas, yo no firmo nada\u201d, asegura. Otro d\u00eda, el intendente de Montevideo, Daniel Mart\u00ednez, fue al Cerro y los vecinos del asentamiento lo encararon. Le preguntaron por qu\u00e9 pensaba gastar 90 millones de pesos en la rambla del Cerro, cuando ese dinero podr\u00eda destinarse a realojar a las familias. Mart\u00ednez los mand\u00f3 a hablar con Andr\u00e9s Passadore, director de Tierras y H\u00e1bitat de la intendencia, que les prometi\u00f3 un realojo sin fecha (ver recuadro). Nancy sugiere que el dinero que hay que invertir para el realojo se puede recuperar con la llegada de m\u00e1s turistas cuando el asentamiento ya no est\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Estela<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Hace tres meses, el esposo de Estela muri\u00f3. Ten\u00eda c\u00e1ncer de colon. La ambulancia no pudo llegar hasta la casa y lo bajaron sosteni\u00e9ndolo con telas, \u201ccomo una bolsa de papas\u201d. Ahora ella vive con tres de sus cuatro hijos en el asentamiento. Pilar, su hija de cinco a\u00f1os, quiere sacar fotos, pregunta todo, salta junto a otros ni\u00f1os en una cama el\u00e1stica improvisada con vista a la bah\u00eda: dos colchones de dos plazas puestos uno al lado del otro. Su madre dice que Pilar es inteligente porque todo el tiempo est\u00e1 preguntando, y esa es su forma de aprender. Un d\u00eda Pilar vio a su mam\u00e1 llorando y le recrimin\u00f3: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 llor\u00e1s, si pap\u00e1 te est\u00e1 mirando y nosotros estamos ac\u00e1 contigo y te amamos?\u201d. Pilar piensa que su pap\u00e1 es un angelito que est\u00e1 en el cielo. As\u00ed le dijeron en la iglesia Misi\u00f3n Vida, del pastor Jorge M\u00e1rquez, y ella lo cree. Y se siente mejor, dice su madre. Misi\u00f3n Vida va dos veces por semana a llevar comida al asentamiento, y reparte leche. \u201cNos ayudan much\u00edsimo en todo\u201d, dice Estela, que desde que va a la iglesia no toma m\u00e1s pastillas contra la depresi\u00f3n. \u201cLo hicieron con la idea de sumar gente para la iglesia, y lo lograron\u201d, acota.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El cuarto de sus hijos se llena de agua cuando llueve, y Estela duerme con un palo de amasar al lado de su cama, por la comadreja que anda arriba de la cocina. En el asentamiento hay tambi\u00e9n ara\u00f1as grandes, ratas, \u201cescorpiones de todos los colores\u201d, y un d\u00eda apareci\u00f3 una v\u00edbora. Cuando llaman al centro comunal, les sugieren que fumiguen.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Nancy<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El temporal derrumb\u00f3 el techo de su casa, pero Nancy ya hab\u00eda logrado sacar a sus ocho hijos de ah\u00ed. Vivieron seis d\u00edas en el centro comunal, hasta que pudieron armar de nuevo el techo con las chapas que les dieron all\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Nancy tiene una hernia, el m\u00e9dico le dijo que no pod\u00eda soportar tanto peso. Tambi\u00e9n le dijo que se operara, pero no puede hacerlo porque no tiene con qui\u00e9n dejar a sus ocho hijos, y porque si abandona su casa no va a encontrar nada a la vuelta. Y tampoco quiere mandar siempre a sus hijos a cargar agua. Adem\u00e1s, a Nancy le gustar\u00eda trabajar, pero su carn\u00e9 de salud tiene una vigencia de seis meses por el problema de la hernia, ese problema que no puede resolver, y cuando las empresas le preguntan por qu\u00e9, no tiene m\u00e1s remedio que contarles la verdad, dice. Nunca la toman.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Nancy tiene una hija con diabetes, y algunos de sus hijos tienen anemia y bajo peso. A su hijo m\u00e1s grande le hicieron un cateterismo. \u201cEs bravo vivir ac\u00e1, yo vivo hace nueve a\u00f1os y no aguanto m\u00e1s\u201d, dice. \u201cUno, como quien dice, est\u00e1 golpeado en la vida, pero ellos reci\u00e9n empiezan\u201d, explica Nancy, y se\u00f1ala a su hija, que se para de manos con agilidad en un sill\u00f3n roto. Su hijo m\u00e1s chico, Tadeo, de dos a\u00f1os, se acaba de despertar. Es pura mirada y sonrisa.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Las tres<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Virginia, Estela y Nancy viven solas con sus hijos. Pilar le dice a su mam\u00e1 que no puede tener novio, pero desde cierto punto de vista, est\u00e1n bien as\u00ed. \u201cSi hay un tipo adentro de la casa, seguro es consumidor; no lo pod\u00e9s ni mandar a arreglar un cable porque te lo vende\u201d, dice Virginia. Aunque a veces extra\u00f1an tener un hombre en la casa, sobre todo alg\u00fan d\u00eda de tiroteos en el asentamiento, cuando zumban las balas y tienen que pedirle a los ni\u00f1os que se tiren al piso, casi olvid\u00e1ndose de que a sus casas esos disparos puedan \u201ctraspasarlas como si nada\u201d. \u201cEs como una guerra, eso los chiquitos no se lo olvidan\u201d, dice Nancy.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Virginia asegura que si no les dan pelota van a cortar la calle, a hacer un \u201cmovimiento pac\u00edfico\u201d para que las autoridades se pregunten \u201ca ver cu\u00e1nto aguantar\u00edan haciendo pich\u00ed adentro de un balde y viviendo entre la mierda\u201d. \u201cQueremos vivir dignamente, los chiquilines no saben lo que es tomar agua de la canilla\u201d, explica, como si fuera necesario hacerlo.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Las tres se imaginan lo que es vivir en una casa con ba\u00f1o, claro que s\u00ed. Lo primero que va a hacer Estela cuando llegue es sentarse en el w\u00e1ter y tirar la cadena varias veces, por gusto. Nancy va a abrir la ducha y va a dejar correr el agua sin parar. Virginia se r\u00ede: \u201cHay gente que quiere otras cosas, nosotros lo que queremos es agua. Nos ponemos como nenes chicos cuando vemos un ba\u00f1o\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>El realojo prometido<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El director de Tierras y H\u00e1bitat de la Intendencia de Montevideo, Andr\u00e9s Passadore, dijo a la diaria que \u201ces dif\u00edcil poner fecha\u201d para el realojo del asentamiento, pero asegur\u00f3 que ser\u00e1 \u201cen el corto plazo\u201d y que la comuna est\u00e1 trabajando junto al Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente para llevarlo adelante. Afirm\u00f3 que se est\u00e1 \u201cen proceso de adquisici\u00f3n\u201d de un predio en la zona para comenzar la construcci\u00f3n de las viviendas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los ba\u00f1os en el asentamiento son baldes que luego se vac\u00edan en pozos, pero cuando llueve, el agua arrastra la mierda y la orina por los caminos, por los lugares donde juegan los ni\u00f1os. Por eso, dicen las mujeres, los ni\u00f1os tienen tantos par\u00e1sitos, por eso les cuesta subir de peso y en la repisa de Nancy hay cuatro medicamentos distintos. 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