{"id":5741,"date":"2018-10-02T05:54:00","date_gmt":"2018-10-02T08:54:00","guid":{"rendered":"http:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=5741"},"modified":"2018-10-02T05:55:53","modified_gmt":"2018-10-02T08:55:53","slug":"camboya-mujeres-del-textil-las-vidas-descosidas-de-la-ropa-que-vestimos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=5741","title":{"rendered":"Camboya &#8211; Las vidas descosidas de la ropa que vestimos"},"content":{"rendered":"<h4><strong>\u00a0<\/strong><strong>Pablo L. Orosa, desde Phnom Penh<\/strong><\/h4>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>Luzes, 26-9-2018<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/luzes.gal\/\">https:\/\/luzes.gal\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Sorn Nita camina descompasada, casi a golpes, como si su cuerpo, agotado de tanto arrastrarse arriba y abajo en la m\u00e1quina de coser, se rebelarse contra lo que est\u00e1 por venir. Otro d\u00eda m\u00e1s de trabajo, como todos desde que cumpli\u00f3 13 a\u00f1os, en las f\u00e1bricas de Phnom Penh. A ella le tocan los pantalones y los vaqueros. \u00abComo esos que llevas t\u00fa\u00bb, me dice. Al rematar la jornada, como tantas otras veces despu\u00e9s del atardecer, volver\u00e1 a casa echando cuentas del dinero que le queda para la semana. Los 100 euros mensuales no le llegan para pagar la renta, el transporte y la comida. Es la condena com\u00fan. Algunas compa\u00f1eras de la f\u00e1brica ya han comenzado a prescindir de lo \u00fanico imprescindible de lo que pueden prescindir: la comida. As\u00ed es como las mujeres del textil de Camboya comienzan a debilitarse. De pura hambre.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Son las doce del mediod\u00eda y los alrededores de la factor\u00eda de Compress Holding, en la comuna de Chak Angre, son un hervidero de mujeres que atestan las mesas met\u00e1licas del peque\u00f1o comedor que a todas horas instalan en la explanada polvorienta que da acceso a la f\u00e1brica. Los platos de habas con arroz, a 5.000 KRH, algo menos de un euro, pasan de una mano a otra, como las prendas durante la confecci\u00f3n. En la primera de las mesas, la m\u00e1s pr\u00f3xima a la f\u00e1brica, ya han terminado el almuerzo. Algunas mujeres saborean unas piezas de fruta. Parecen pl\u00e1tanos. Del otro lado de la explanada, un grupo de chicas rebusca entre la mercanc\u00eda del puesto de ropa. Son prendas hechas en Vietnam o en China. Las \u00fanicas que pueden comprar. Las que ellas fabrican jam\u00e1s las podr\u00e1n vestir.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En la \u00faltima de las mesas, la del tambaleo arm\u00f3nico a cada movimiento, Sorn Nita apura una taza de sopa. Antes de apartarla, le da dos buenas cucharadas. Dentro de la f\u00e1brica hace mucha calor. En unos minutos deber\u00e1 volver a ponerse manos a la obra: hay que acabar la producci\u00f3n a tiempo para el env\u00edo. En factor\u00edas como esta de la periferia de Phnom Penh, la capital de Camboya, se confecciona la ropa de las principales multinacionales del sector: Inditex, C&amp;A, H&amp;M, N Brown Group, Tchibo, Next, Primark o New Look. Cerca de 475.000 personas, un 90% mujeres, trabajan en los 558 centros del textil registrados legalmente en el pa\u00eds, una cifra a la que habr\u00eda que a\u00f1adir otras 200.000 que lo hacen en los talleres clandestinos \u2014semejantes a los que proliferaron en la costa de A Coru\u00f1a en los 80 con el crecimiento de Zara\u2014 y en las industrias auxiliares.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La Uni\u00f3n Europea y Hong Kong son los principales mercados de un sector que le genera 5.000 millones de d\u00f3lares anuales a la econom\u00eda de un pa\u00eds en el que la renta per c\u00e1pita no supera los 750 euros. \u00abHay 10 millones de personas en Camboya\u2014del total de 15 millones de habitantes\u2014 que viven en la pobreza, con menos de 2 d\u00f3lares al d\u00eda\u00bb, remarca Sokny Say, secretaria general del Free Trade Union of Workers of the Kingdom of Cambodia (Ftuwkc). Las familias del textil forman parte de este grupo. Con un sueldo de 100 d\u00f3lares mensuales, muchas mujeres tienen que sacar adelante sus hijos. \u00abYo vivo endeudada\u00bb, reconoce Long Chenda. A sus 36 a\u00f1os, esta mujer de rostro curtido y discurso latente vive al d\u00eda, sin m\u00e1s futuro que lo que le permita el cuerpo. \u00abMi marido me dej\u00f3 hace seis meses. Desde entonces nunca tengo dinero en el bolsillo\u00bb. M\u00e1s de la mitad del salario se va en los gastos de la casa, por lo que tiene que arreglarse con menos de 50 d\u00f3lares para alimentar su familia. \u00abSiempre tengo que andar pidiendo dinero para poder comprar comida\u00bb, repite buscando con la mirada la complicidad de la media docena de compa\u00f1eras que se agrupan tras ella.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>El c\u00edrculo de la deuda<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El caso de Long Chenda no es diferente al de muchas otras mujeres de su tiempo. En 2013, estudios realizados por diferentes ONG e instituciones internacionales establecieron el sueldo m\u00ednimo que deber\u00eda percibir un trabajador del textil para cubrir los costes b\u00e1sicos de la vida en Phnom Penh entre 157 y 177 d\u00f3lares mensuales. Es el llamado \u00abminimum wage\u00bb, que llen\u00f3 de protestas las calles de la capital nos \u00faltimos a\u00f1os. \u00abLo que reclaman es el m\u00ednimo para poder vivir\u00bb, afirma Sokny Say. En diciembre del pasado a\u00f1o, el Gobierno camboyano, que es quien fija de hecho los salarios a trav\u00e9s del Labour Advisory Committee \u2014en el que tambi\u00e9n est\u00e1n representados la patronal y los sindicatos\u2014, decidi\u00f3 incrementar los sueldos en el sector de 95 a 100 d\u00f3lares, lo que no content\u00f3 a los trabajadores, que mantuvieron las manifestaciones. La represi\u00f3n gubernamental desemboc\u00f3 en los primeros d\u00edas de enero de 2014 en un fuerte enfrentamiento en el que cinco manifestantes perdieron la vida y otros 40 resultaron heridos. Adem\u00e1s, 23 personas, entre ellas importantes l\u00edderes sindicales, fueron detenidas en una campa\u00f1a de \u00abviolencia e intimidaci\u00f3n\u00bb denunciada por las organizaciones de derechos humanos. \u00abPese a todo, nuestras demandas siguen vigentes. Si no hay protestas, no hay aumentos\u00bb, insiste Sokny.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La marea rosa del textil volvi\u00f3 a recorrer el centro de Phnom Penh en octubre de 2016 para quejarse por el retraso en la decisi\u00f3n sobre el salario de 2015. \u00abEl Gobierno tiene miedo de que si los sueldos suben demasiado, muchas empresas decidan llevar la producci\u00f3n a otros pa\u00edses asi\u00e1ticos como Laos, Vietnam o Indonesia\u00bb, explica Phoak Kung, analista del Cambodian Institute for Cooperation and Peace. A pesar de los incrementos logrados en los \u00faltimos a\u00f1os, las mensualidades en el textil en Camboya son a\u00fan m\u00e1s bajas que las de otros pa\u00edses de la zona como Indonesia o China. \u00abTrabajamos para conseguir salarios decentes para el textil en toda Asia. As\u00ed, las marcas estar\u00e1n menos tentadas de buscar mano de obra barata en cualquiera parte de la regi\u00f3n\u00bb, explica el secretario general de IndustriALL, uno de los sindicatos m\u00e1s involucrados en el sector, Jyrki Raina.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Las organizaciones de trabajadores creen que las multinacionales tienen margen suficiente para mejorar los jornales, toda vez que s\u00f3lo en el primero semestre del 2013 la facturaci\u00f3n del textil en Camboya se increment\u00f3 en un 32%, hasta los 1.558 millones de d\u00f3lares. \u00abPreferimos que las compa\u00f1\u00edas que no puedan pagar un salario m\u00ednimo se vayan del pa\u00eds. Nosotros s\u00f3lo le daremos la bienvenida a las empresas que vengan a invertir con buenas intenciones\u00bb, afirma la responsable del sindicato Ftuwkc.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La subida de los sueldos es imprescindible para romper el c\u00edrculo de las deudas que atrapa los trabajadores del textil. Con los 250 d\u00f3lares mensuales que una familia puede llegar a reunir \u2014150 d\u00f3lares es el salario medio entre los empleados de la construcci\u00f3n, por los 100 del textil\u2014 muchas se ven obligadas a recurrir a pr\u00e9stamos que acaban por ahogar sus escasos ingresos. \u00abTrabajamos sin parar casi hasta morir y ni as\u00ed podemos hacerle frente a los gastos. Yo a\u00fan le debo parte de la renta de este mes al casero\u00bb, apunta Sorn Nita, quien desde hace unos meses vive con su marido en un peque\u00f1o piso en las afueras de Phnom Penh por el que paga 50 d\u00f3lares. \u00abMe gustar\u00eda tener un hijo, pero no podr\u00eda mantenerlo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En muchos casos, las mujeres que trabajan en las f\u00e1bricas de Phnom Penh proceden de zonas rurales, en las que a\u00fan residen sus familias. Son el \u00fanico sustento que les queda. Por ello tratan de ahorrar todo lo que pueden para enviar una remesa mensual que alivie la econom\u00eda familiar. \u00abMis dos hijos viven en la provincia de Prey Veng. Intento enviarles dinero en cuanto puedo\u00bb, explica Chem Cahaicin. Ella, de 32 a\u00f1os, lleva ocho en las f\u00e1bricas de la capital. Su cuerpo es testigo de la dureza de esta labor, aunque ella nunca pierde la sonrisa . \u00abLo hago por los ni\u00f1os\u00bb. Con todo, lo peor para estas mujeres es enfermar. \u00abEn muchos casos no tenemos dinero para pagar los tratamientos\u00bb, se\u00f1ala Long Chenda. As\u00ed que tienen que endeudarse de nuevo en un c\u00edrculo que se vuelve infinito.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Trabajar hasta la muerte<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Con las primeras luces del d\u00eda, un ej\u00e9rcito de furgonetas oxidadas va repartiendo a los trabajadores por las f\u00e1bricas que salpican la periferia de Phnom Penh. Uno tras otro van entrando en las factor\u00edas, muchas de ellas an\u00f3nimas \u2014como ya ocurr\u00eda con los talleres de la Costa da Morte\u2014, para cumplir con su jornada. Aunque la legislaci\u00f3n camboyana establece un m\u00e1ximo de ocho horas diarias, seis d\u00edas a la semana, con un m\u00e1ximo de dos horas extraordinarias por d\u00eda \u2014lo que hace un total de 60 horas semanales\u2014, la realidad es que esta nunca baja de las diez horas. \u00abHay veces que empezamos a las siete de la ma\u00f1ana y no rematamos hasta las siete y media de la tarde\u00bb, explica Sorn Nita. En este tiempo, s\u00f3lo tienen un descanso de una hora para comer. Incluso para ir al ba\u00f1o tienen que pedir permiso. \u00abLevantarse para ir al servicio est\u00e1 mal visto\u00bb, se\u00f1ala Chem Cahaicin. \u00abTe hacen sentir culpable\u00bb, a\u00f1ade Long Chenda. Los sindicatos se quejan del trato que las empresas le dispensan a los trabajadores, as\u00ed como del incumplimiento de las m\u00ednimas condiciones laborales. \u00abEs una manera de presionarlos \u00bb, denuncia la secretaria general del sindicato Ftuwkc.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u2014Exactamente, \u00bfcu\u00e1l es tu labor en el proceso de confecci\u00f3n?<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u2014Yo llego a mi sitio, me siento en la silla y coso, uno tras otro, pantalones y vaqueros. As\u00ed, como esos que llevas t\u00fa\u2014 dice Sorn Nita, se\u00f1al\u00e1ndome.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Eso es lo que Sorn Nita viene haciendo los \u00faltimos dos a\u00f1os, desde que entr\u00f3 en Compress Holding \u2014una de las factor\u00edas m\u00e1s grandes, en la que trabajan alrededor de 1.600 personas\u2014. Durante los diez anteriores pas\u00f3 por f\u00e1bricas m\u00e1s peque\u00f1as como Tack Fat y Tak Son. La situaci\u00f3n es similar en todas. Los due\u00f1os tienen que cumplir con los acuerdos firmados con las multinacionales \u2014siempre con unas exigentes condiciones en tiempos y calidades de las que depende la renovaci\u00f3n del contrato\u2014, lo que se traduce en una fuerte presi\u00f3n para los empleados. \u00abSi no consigues la producci\u00f3n estimada, el responsable del grupo \u2014unas 65 personas, habitualmente\u2014 te llama a una sala y te pide explicaciones por lo sucedido. Si no los convences, te dan un aviso. Y se vuelves a fallar te amenazan con el despido\u00bb, relata Long Chenda.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u2014\u00bfHay castigo si no cumpl\u00eds con la producci\u00f3n?<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Las tres trabajadoras que a\u00fan permanecen sentadas en el improvisado comedor a las puertas de la factor\u00eda se quedan en silencio. Pese a su valent\u00eda, a\u00fan hay cuestiones que suscitan los miedos de una sociedad que apenas consigui\u00f3 olvidar las barbaridades del r\u00e9gimen de los Jemeres Rojos. \u00ab\u00bfCastigos? Por supuesto que existen\u00bb, aclara despu\u00e9s Sokny Say en su peque\u00f1o despacho de la calle 360 del centro de Phnom Penh. \u00abLes mandan pasar de pie toda la jornada, con las manos en la espalda; o escribiendo en la pared \u2018Lo siento, no volver\u00e1 a ocurrir\u2019; y a veces las sacan fuera, al sol, y las obligan a pasar all\u00ed el d\u00eda para que sientan verg\u00fcenza delante de sus compa\u00f1eros\u00bb, asegura la sindicalista, que no para de gesticular mientras escenifica los castigos a los que son sometidas las trabajadoras.<img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"5743\" data-permalink=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?attachment_id=5743\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/camboya-dos.jpg?fit=750%2C500&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"750,500\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Camboya DOS\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/camboya-dos.jpg?fit=656%2C437&amp;ssl=1\" class=\"  wp-image-5743 aligncenter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/camboya-dos.jpg?resize=597%2C398&#038;ssl=1\" alt=\"Camboya DOS\" width=\"597\" height=\"398\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La inseguridad laboral \u2014alrededor del 90% de los empleados del textil tienen contratos temporales de corta duraci\u00f3n, seg\u00fan un informe de la International Trade Union Confederation (ITUC)\u2014 dificulta la afiliaci\u00f3n sindical y, como consecuencia, tambi\u00e9n la demanda de avances en las condiciones laborales. Esta situaci\u00f3n es especialmente lastimosa en el caso de las mujeres, el 90% de la mano de obra, a menudo amenazadas en el caso de quedarse embarazadas, lo que provoca que muchas de ellas se vean obligadas a abortar. \u00abNo podemos seguir en estas condiciones\u00bb, insiste Sokny, una de las voces m\u00e1s cr\u00edticas con el Gobierno y con las grandes multinacionales. La exigencia de los capataces se acrecienta cuando llegan los per\u00edodos de mayor consumo en los pa\u00edses desarrollados, especialmente durante las semanas previas a la Navidad. Ah\u00ed se produce lo que algunos expertos llaman \u00ablos incentivos de la muerte\u00bb: los empleados del textil necesitan tanto el dinero que trabajan hasta la extenuaci\u00f3n. \u00abEn la temporada alta trabajamos todos los d\u00edas, de lunes a domingo, durante 14 horas\u00bb, asegura Sorn Nita, que lleva m\u00e1s de una d\u00e9cada d\u00e1ndole forma a la ropa que ni siquiera sue\u00f1a con poder vestir.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Al mediod\u00eda, los alrededores de la factor\u00eda Compress Holding se convierten en un comedor improvisado para los trabajadores<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En 2014, m\u00e1s de 1.000 personas, casi 200 m\u00e1s que en todo el 2013, se desmayaron mientras trabajaban en las f\u00e1bricas del textil en Camboya, seg\u00fan datos del Departamento de Salud Laboral del Gobierno recogidos por el diario Cambodia Daily. \u00abLos desmayos masivos son comunes en las f\u00e1bricas\u00bb, subraya el responsable de IndustriALL. En un mismo d\u00eda se llegaron a registrar 140 desvanecimientos en tres factor\u00edas diferentes del distrito de Dangkao, de Phnom Penh. \u00abEs algo que pasa todas las semanas\u00bb, afirma Long Chenda. \u00abEs verdad, de media hay cuatro o cinco desmayos cada mes\u00bb, corrobora Chem Cahaicin. En 2014 tres trabajadores murieron en las f\u00e1bricas del textil en Camboya tras repetidas jornadas extremas de trabajo. Uno de ellos, Vorn Tha, de 44 a\u00f1os, muri\u00f3 en la factor\u00eda New Archid, que confecciona ropa para H&amp;M, despu\u00e9s de trabajar durante d\u00edas desde las siete de la ma\u00f1ana a las diez de la noche.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>Morir de hambre en el trabajo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La pobre alimentaci\u00f3n de los empleados, unida a la excesiva carga laboral, el uso de productos qu\u00edmicos y las altas temperaturas que se alcanzan en los talleres, est\u00e1 detr\u00e1s de esta cruenta realidad. En su informe de 2014, Better Factories, un programa de la Organizaci\u00f3n Internacional del Trabajo (OIT) creado en el 2001 para mejorar las condiciones laborales en las factor\u00edas del textil en Camboya, se\u00f1ala que s\u00f3lo el 18% de las f\u00e1bricas cumplen con la limitaci\u00f3n de dos horas extraordinarias al d\u00eda; el 35% con los consejos relativos al calor en el centro de trabajo ; y m\u00e1s de la mitad no tienen agua y jab\u00f3n suficientes.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Pese a todo, lo que realmente est\u00e1 causando los desmayos y las muertes es el hambre . Literalmente. \u00abTrabajamos sin parar, hasta casi morir\u00bb, repite Sorn Nita. Con 23 a\u00f1os, apenas pesa 46 kilos y ya no mueve con la lozan\u00eda de tiempo atr\u00e1s. Su cuerpo comienza a enterarse de lo que significa el paso del tiempo. En Camboya esa es la marca que se\u00f1ala la entrada en la edad adulta. Un informe de la ONG brit\u00e1nica Labour Behind the Label (LBL) afirmaba en 2012 que las mujeres que trabajan en las f\u00e1bricas de Camboya injer\u00edan una media de 1.598 calor\u00edas al d\u00eda, la mitad de la cantidad recomendada para una mujer que realice una actividad industrial. Una dieta completa, de alrededor de 3.000 calor\u00edas diarias, supondr\u00eda un coste mensual de m\u00e1s de 75 d\u00f3lares, tres cuartas partes del salario mensual que perciben. \u00abCon los 100 d\u00f3lares es muy dif\u00edcil vivir en Camboya. Por eso es tan importante lograr el salario m\u00ednimo de 177 d\u00f3lares\u00bb, repite Sokny una y otra vez.\u00a0 Al dejar de comer, los trabajadores van quedando sin fuerzas, \u00abhasta que enferman o caen desmayados\u00bb, explica la sindicalista. \u00abMuchos est\u00e1n enfermos, sin fuerza, y se derrumban mientras trabajan\u00bb, corrobora Sorn Nita. \u00abSi lo que tienen no es serio ni siquiera los env\u00edan al hospital. Los mandan de vuelta al trabajo\u00bb, a\u00f1ade Chem Cahaicin. Para los empleados del textil, enfermar es casi como una sentencia, una vuelta m\u00e1s en la soga de las deudas.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">La hora del almuerzo est\u00e1 a punto de finalizar y con ella nuestra charla. Una cr\u00eda se afana por recoger los restos de arroz que sobraron de algunos platos, mientras su hermana limpia las mesas del comedor. Ma\u00f1ana habr\u00e1 que montarlo de nuevo. En el mundo del textil en Camboya el tiempo no tiene estaciones, es m\u00e1s bien una puntada continua que va descosiendo los cuerpos hasta que los hace desfallecer. En la entrada de la factor\u00eda, un grupo de mujeres apura una botella de agua. La polvareda de unas motos las hace toser. Unos metros m\u00e1s atr\u00e1s Sorn Nita se agarra del brazo de su madre, Sun Samnang. Ella fue quien le ense\u00f1\u00f3 el oficio. Chem Cahaicin y Long Chenda caminan a un lado .<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u2014Una \u00faltima cosa \u2014les digo antes de despedirme\u2014. \u00bfVosotras que le pedir\u00edas al futuro?<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Silencio.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u2014Que nuestros hijos no tengan que trabajar en estas f\u00e1bricas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pese a todo, lo que realmente est\u00e1 causando los desmayos y las muertes es el hambre . Literalmente. \u00abTrabajamos sin parar, hasta casi morir\u00bb, repite Sorn Nita. Con 23 a\u00f1os, apenas pesa 46 kilos y ya no mueve con la lozan\u00eda de tiempo atr\u00e1s. Su cuerpo comienza a enterarse de lo que significa el paso del tiempo. En Camboya esa es la marca que se\u00f1ala la entrada en la edad adulta&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":102520410,"featured_media":5742,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"aside","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","_crdt_document":"","advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[85629,14037],"tags":[10493567,6677802,2638134,209352,329774],"class_list":{"0":"post-5741","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-aside","5":"has-post-thumbnail","6":"hentry","7":"category-capitalismo","8":"category-mujeres","9":"tag-castigos-corporales","10":"tag-inseguridad-laboral","11":"tag-jemeres-rojos","12":"tag-phnom-penh","13":"tag-textil","14":"post_format-post-format-aside","16":"fallback-thumbnail"},"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/camboya-uno.jpg?fit=635%2C476&ssl=1","jetpack_likes_enabled":false,"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7lt2C-1uB","amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5741","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/102520410"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=5741"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5741\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5746,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5741\/revisions\/5746"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/5742"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=5741"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=5741"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=5741"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}