{"id":5557,"date":"2018-09-16T12:51:02","date_gmt":"2018-09-16T15:51:02","guid":{"rendered":"http:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=5557"},"modified":"2018-09-16T12:51:02","modified_gmt":"2018-09-16T15:51:02","slug":"literatura-susan-sontag-cuentos-reunidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?p=5557","title":{"rendered":"Literatura &#8211; Susan Sontag, cuentos reunidos"},"content":{"rendered":"<h4><strong>Editados en castellano 15 relatos de una de las m\u00e1s grandes ensayistas del siglo XX<\/strong><\/h4>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>Soledad Platero<\/strong><\/p>\n<p><strong>La Diaria, 17-8-2018,\u00a0<\/strong><strong><a href=\"https:\/\/ladiaria.com.uy\/\">https:\/\/ladiaria.com.uy\/<\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u201cCiertas f\u00e9minas de car\u00e1cter en\u00e9rgico son c\u00e9lebres por la estela de glamour que dejan a su paso. Sin embargo, la formidable figura de Sontag representa un baluarte de su colosal intelecto. En persona es como una diosa (al verla, acude a la mente Atenea): es, sencillamente, tit\u00e1nica\u201d. As\u00ed describen Carl Rollyson y Lisa Paddock, sus bi\u00f3grafos, a Susan Sontag, a quien conocieron en Polonia en 1980. Dicen saber que a ella no le interesaban las biograf\u00edas (no le interesaba el g\u00e9nero; no era ni siquiera uno de los que despertaban su curiosidad literaria), pero insisten en que su reconstrucci\u00f3n de Sontag no es el repaso de las circunstancias que la llevaron a ser la escritora que fue, sino el an\u00e1lisis de lo que la transform\u00f3 en \u201cuna instituci\u00f3n norteamericana y aun internacional\u201d. En un \u00edcono, s\u00edmbolo y s\u00edntesis del intelectual estadounidense de fines del siglo XX. Y para dar cuenta de la medida de su importancia en la cultura occidental remiten a una cita de la pel\u00edcula Gremlins 2 (Joe Dante, 1990) en la que la escritora es parte de la lista de cosas que definen a la civilizaci\u00f3n: \u201cla Convenci\u00f3n de Ginebra, la m\u00fasica de c\u00e1mara, Susan Sontag\u201d. Que su confirmaci\u00f3n como estrella del firmamento de lo civilizado ocurra en una comedia de terror producida en Hollywood es justo con Sontag, una inquieta navegante de universos culturales lim\u00edtrofes y l\u00facida analista de sus manifestaciones genuinas (ingenuas) o simuladas (ir\u00f3nicas).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Nacida en Nueva York el 16 de enero de 1933 (y muerta en la misma ciudad casi 72 a\u00f1os despu\u00e9s, en diciembre de 2004), creci\u00f3 en el desierto, en Tucson (Arizona). Ten\u00eda seis a\u00f1os cuando empez\u00f3 la escuela primaria, y una semana despu\u00e9s de haber ingresado la hab\u00edan puesto en tercer a\u00f1o. Era una ni\u00f1a extraordinariamente inteligente y con cierta vocaci\u00f3n solitaria, pero no ten\u00eda problemas con sus compa\u00f1eros. Una obsesi\u00f3n, sin embargo, la atormentaba: sent\u00eda la fascinaci\u00f3n de los lugares remotos y las historias dram\u00e1ticas. Les ment\u00eda a sus compa\u00f1eros de clase para hacerles creer que hab\u00eda nacido en China (que era, en realidad, el pa\u00eds en el que sus padres se hab\u00edan conocido, en el que, posiblemente, hab\u00eda sido concebida, y en donde su padre muri\u00f3 de tuberculosis en 1938, durante uno de los tantos viajes para atender el negocio de compraventa de pieles), porque pensaba que era, sin dudas, el lugar m\u00e1s lejano al que se pod\u00eda llegar.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Hace unos meses, la editorial Penguin Random House public\u00f3 una colecci\u00f3n de relatos de Susan Sontag reunidos bajo el nombre de Declaraci\u00f3n. El primero, cuyo t\u00edtulo es \u201cPeregrinaci\u00f3n\u201d, es posiblemente el m\u00e1s convencional en su estilo y, al mismo tiempo, el m\u00e1s ajustado a los hechos de su vida tal como se conocen. Narra el encuentro de una Sontag de 14 a\u00f1os con uno de los hombres que m\u00e1s admiraba en aquella \u00e9poca: Thomas Mann.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Es noviembre de 1947; es el sur de California. Susan est\u00e1 a punto de terminar el bachillerato y tiene un par de amigos con los que comparte el amor por la m\u00fasica y la literatura (la alta m\u00fasica, la alta literatura). El milagro de vivir en una casa en la que ten\u00eda su propio cuarto le permit\u00eda leer, si ten\u00eda ganas, durante toda la noche. Estuvo un mes leyendo La monta\u00f1a m\u00e1gica, sintiendo que le costaba respirar, imaginando las conexiones espirituales, f\u00edsicas y est\u00e9ticas entre aquellos personajes devastados por la tuberculosis (la enfermedad que mat\u00f3 a su padre) en un hospital de monta\u00f1a en la vieja Europa, y ella, una adolescente asm\u00e1tica que hab\u00eda pasado la infancia en Tucson porque alguien le hab\u00eda dicho a su madre que el \u00e1spero clima del desierto iba a hacerle bien.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El cuento no es el mejor de la selecci\u00f3n, pero dice mucho de Sontag y de su fascinaci\u00f3n infantil por la cultura europea, por el pasado y por las vidas llenas de patetismo. El encuentro con el \u00eddolo es lo que cabr\u00eda esperar: un esfuerzo de acercamiento y curiosidad completamente desbalanceado: \u00e9l habla de su pr\u00f3xima novela \u2013Doctor Faustus\u2013, de la necesidad de \u201cproteger a la civilizaci\u00f3n contra las fuerzas de la barbarie\u201d y de c\u00f3mo le gusta \u201chablar con j\u00f3venes estadounidenses que revelaban el vigor, la salud y, fundamentalmente, el car\u00e1cter optimista\u201d de ese gran pa\u00eds. Ella siente la verg\u00fcenza de no estar a la altura de esa demanda, de no ser suficientemente \u201cestadounidense\u201d, de no haber le\u00eddo a Ernest Hemingway, que era lo que Mann habr\u00eda esperado. \u201cEl hombre que estaba frente a m\u00ed s\u00f3lo hablaba con f\u00f3rmulas sentenciosas, aunque era el hombre que hab\u00eda escrito los libros de Thomas Mann. Y yo no pronunci\u00e9 sino simplezas, aunque estaba llena de sentimientos complejos. Ninguno de los dos estaba en su mejor momento\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El libro sigue con el monumental \u201cProyecto para un viaje a China\u201d, y luego vienen \u201cEsp\u00edritus norteamericanos\u201d \u2013la aventura de la encantadora se\u00f1orita Carichata, que, cansada de la vida familiar, emprende un camino de depravaci\u00f3n y lujuria a manos del se\u00f1or Obscenidad\u2013; \u201cLa escena de la carta\u201d \u2013una sucesi\u00f3n de fragmentos literarios de distintas \u00e9pocas y espacios que logran producir el milagro de un edificio puramente escritural, tentativo pero posible y consistente\u2013; \u201cEl mu\u00f1eco\u201d \u2013un adelanto de los cap\u00edtulos de Black Mirror\u2013; \u201cViaje sin gu\u00eda\u201d \u2013remedo de cuaderno de viaje en el que todos los lugares comunes de las bit\u00e1coras y diarios se repasan, se descalifican, se retoman y se desmienten\u2013; y llega finalmente el m\u00e1s largo de los relatos, \u201cRepaso de antiguas quejas\u201d, en el que una voz en primera persona cuenta que se propone abandonar una organizaci\u00f3n a la que pertenece desde hace ya bastante tiempo. Todos son, de alg\u00fan modo, relatos de abandono y reconstrucci\u00f3n de la identidad, de renuncia al yo tanto como a la pertenencia a una comunidad de roles preestablecidos. Y son, sobre todo, juegos de escritura. No ensayos (el g\u00e9nero por el que Sontag fue m\u00e1s reconocida) ni escrituras experimentales a la manera de ejercicios de estilo, sino verdaderas danzas con la escritura y sus posibilidades. Cualquier fragmento es perfecto, y todos son parte de una construcci\u00f3n personal y l\u00fadica que se levanta en lo literario, en sus posibilidades t\u00e9cnicas y est\u00e9ticas, y que se practica con la seriedad con que en la infancia se practica el juego.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Es habitual, cuando un escritor tiene la cualidad de remitir sin pausa a lo literario, recordar a Borges. Sin embargo, en Sontag se respira un \u201caire Cort\u00e1zar\u201d. En \u201cEl nene\u201d (otro de los textos largos) se alternan los relatos de (suponemos) el padre y la madre del nene del t\u00edtulo, que visitan a un terapeuta (siempre se dirigen a \u00e9l como \u201cdoctor\u201d, pero est\u00e1 claro que es del tipo de doctores que se sientan a escuchar, y no de los que, por ejemplo, operan una apendicitis) todos los d\u00edas (en alg\u00fan momento, hasta dos veces al d\u00eda), siempre por separado. Los lunes, mi\u00e9rcoles y viernes va uno, los martes, jueves y s\u00e1bados va el otro. No demoramos en sospechar que el problema del nene son los padres, y se nos dan pistas suficientes como para entender que el nene est\u00e1 lejos de ser un ni\u00f1o (en alg\u00fan momento se menciona a su esposa) y que, probablemente, es un verdadero psic\u00f3pata. Tememos por los padres, aunque deber\u00edamos temer por \u00e9l. Lo interesante es que la informaci\u00f3n m\u00e1s sustantiva es la que se nos oculta, la que surge de las respuestas a las preguntas (que nunca conocemos) del doctor, la que asoma en las observaciones que hacen los padres sobre los asuntos m\u00e1s triviales o en los argumentos que usan para justificar sus decisiones.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"5559\" data-permalink=\"https:\/\/correspondenciadeprensa.com\/?attachment_id=5559\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/sontag-ii.jpg?fit=1173%2C2000&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"1173,2000\" data-comments-opened=\"0\" data-image-title=\"Sontag II\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/sontag-ii.jpg?fit=601%2C1024&amp;ssl=1\" class=\"  wp-image-5559 alignright\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/correspondenciadeprensa.com\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/sontag-ii.jpg?resize=176%2C300&#038;ssl=1\" alt=\"Sontag II\" width=\"176\" height=\"300\" \/>En \u201cDoctor Jekyll\u201d, un atl\u00e9tico y exitoso m\u00e9dico sue\u00f1a con cambiar de vida con el enclenque y contrahecho Hyde, a quien envidia la vitalidad y el arrojo, la voluntad ciega que tantas veces lo llev\u00f3 a la violencia y al crimen. En esta versi\u00f3n del cl\u00e1sico de Robert Louis Stevenson, el abogado Utterson no es el amable amigo del doctor Jekyll, sino una especie de gur\u00fa convencido de que, adem\u00e1s de poseer el don de la clarividencia, tiene la capacidad de manejar la energ\u00eda de las personas, transform\u00e1ndolas en marionetas que responden a su voluntad. Parad\u00f3jicamente, Jekyll ser\u00e1 libre cuando est\u00e9 en la c\u00e1rcel, condenado por haber tratado de matar a Hyde.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En 1975, un chequeo de rutina revel\u00f3 que Sontag estaba desarrollando un c\u00e1ncer de mama. Rechaz\u00f3, al principio, el diagn\u00f3stico, pero luego de consultar a varios especialistas tuvo que aceptarlo. Padec\u00eda una manifestaci\u00f3n bastante invasiva de la enfermedad, por lo que debi\u00f3 ser operada. La intervenci\u00f3n se hizo en Manhattan, pero Sontag sinti\u00f3 que los pacientes de c\u00e1ncer no eran tratados como los otros. Sinti\u00f3 que hab\u00eda algo ominoso en el c\u00e1ncer, tal como hab\u00eda habido algo ominoso y vergonzante, tiempo atr\u00e1s, en la lepra o la tuberculosis. Ley\u00f3 mucho, se interes\u00f3 en publicaciones m\u00e9dicas extranjeras y termin\u00f3 resolviendo que tomar\u00eda un tratamiento experimental de 30 d\u00edas en Par\u00eds. De ese proceso doloroso y agotador naci\u00f3 en 1978 el magistral ensayo La enfermedad y sus met\u00e1foras, en el que reniega de las explicaciones psicol\u00f3gicas que tienden a poner la culpa de la enfermedad en la conducta del paciente o en los tormentos de su alma y analiza con cruda lucidez las met\u00e1foras militares que caracterizan al discurso m\u00e9dico. Diez a\u00f1os despu\u00e9s, El sida y sus met\u00e1foras repasa el problema y postula el uso discursivo del sida como pr\u00e1ctica admonitoria de penalizaci\u00f3n de la sexualidad y vuelve a insistir en el peligro de la met\u00e1fora militar como aliada de la salud: \u201cNo, no es deseable que la medicina, no m\u00e1s que la guerra, sea \u2018total\u2019. Tampoco la crisis creada por el sida es un \u2018total\u2019 de nada. No se nos est\u00e1 invadiendo. El cuerpo no es un campo de batalla. Los enfermos no son las inevitables bajas ni el enemigo. Nosotros \u2013la medicina, la sociedad\u2013 no estamos autorizados para defendernos de cualquier manera que se nos ocurra\u2026 Y en cuanto a esa met\u00e1fora, la militar, yo dir\u00eda, parafraseando a Lucrecio: devolv\u00e1mosla a los que hacen la guerra\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align:center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">En el cuento \u201cAs\u00ed vivimos ahora\u201d (escrito en 1986 y publicado por primera vez en The New Yorker) que integra Declaraci\u00f3n, vuelve a aparecer el modelo cortazariano de rumores alrededor de alguien que nunca toma la palabra: \u201cAl principio s\u00f3lo perd\u00eda peso, se sent\u00eda un poco enfermo, le dijo Max a Ellen, y no pidi\u00f3 una cita a su m\u00e9dico, seg\u00fan Greg, porque lograba seguir trabajando m\u00e1s o menos al mismo ritmo, pero s\u00ed dej\u00f3 de fumar, se\u00f1al\u00f3 Tanya, lo que sugiere que estaba asustado, pero tambi\u00e9n que quer\u00eda, a\u00fan m\u00e1s de lo que sab\u00eda, estar sano, o m\u00e1s sano, tal vez s\u00f3lo recuperar algunos kilos de peso, dijo Orson, porque le dijo a ella, prosigui\u00f3 Tanya, que supon\u00eda que iba a subirse por las paredes (\u00bfno se dice as\u00ed?), y, ante su sorpresa, descubri\u00f3 que no extra\u00f1aba los cigarrillos para nada y que se deleitaba por primera vez en a\u00f1os\u201d. A medida que el relato avance, siempre en la voz de los que cotillean, se ver\u00e1 la carga de verg\u00fcenza y culpa que la enfermedad lleva adherida.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Posiblemente uno de los relatos m\u00e1s conmovedores sea \u201cDeclaraci\u00f3n\u201d, en el que Sontag recuerda a su amiga Julia, que se suicid\u00f3 tir\u00e1ndose a las negras aguas del r\u00edo Hudson. Otra vez, la relaci\u00f3n es injusta, desbalanceada (desde la perspectiva de Sontag), pero el amor y la admiraci\u00f3n justifican cualquier esfuerzo. El relato de sus \u00faltimas visitas a Julia es tambi\u00e9n el repaso de la vida en Nueva York, el recuento de las miserias de los que est\u00e1n locos, de los que est\u00e1n solos, de las calles en las que los ni\u00f1os se hacen hombres demasiado pronto. O nunca. Es el retrato de las mujeres negras que se juntan por azar bajo el mismo techo de una iglesia \u2013la Iglesia Unida e Instituto de la Ciencia de Vivir del reverendo Ike\u2013 una vez por semana. No se conocen, nunca se vieron, pero entonan el mismo canto y quieren creer que todav\u00eda pueden seguir adelante.<\/p>\n<p><strong>La se\u00f1ora interesante<\/strong><\/p>\n<h4 style=\"text-align:justify;\"><strong>JG Lagos<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align:justify;\"><strong>\u00a0<\/strong>\u201cProyecto de viaje a China\u201d puede ser un texto desconcertante si uno lo agarra desprevenido. Atrapante, siempre. Las primeras l\u00edneas \u2013casi versos\u2013 parecen fieles al t\u00edtulo: Sontag planea ir a China y escribe en tiempo futuro. \u00bfLiteratura de viaje especulativa? Pronto aparecen digresiones, comentarios, rectificaciones, juegos de palabras, muchas listas y hasta un esquema. Una cita que despista: \u201cEn la conversaci\u00f3n, se prefieren las frases cortas en las que cada cual se desprende de la precedente, de acuerdo al m\u00e9todo chino de razonar\u201d. El texto hace lo opuesto: las frases son breves, pero yuxtaponen ideas en principio desconectadas. Con las p\u00e1ginas emerge un patr\u00f3n: el viaje a China est\u00e1 por venir, pero se dirige tambi\u00e9n hacia el pasado personal. Sontag cree haber sido concebida en China, y vamos entendiendo que no se trata s\u00f3lo de una idea infantil: efectivamente, sus padres vivieron en China antes de que ella naciera.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">El texto, sin embargo, dosifica lo biogr\u00e1fico y contin\u00faa altern\u00e1ndolo con preconceptos exploratorios sobre China: el sitio milenario, el Estado m\u00e1s antiguo, el extremo del refinamiento, el espacio de la revoluci\u00f3n de Mao (no todav\u00eda el s\u00faper poder actual). Inadvertidamente, aparece el relato sobre el padre: muerto, muerto joven, en China. Tambi\u00e9n una mujer que se nombra s\u00f3lo con la inicial \u201cm\u201d, de madre y\/o de Mildred. Y un tal David. A David, como tantas cosas en este texto, tenemos que investigarlo por afuera: es el hijo de Sontag (y desde hace d\u00e9cadas, editor de sus diarios). No falta un padre, entonces, sino dos (esto tambi\u00e9n lo sabemos de otra parte: Philip Rieff, el cr\u00edtico cultural, fue esposo de Sontag hasta 1958).<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">Hay otras ausencias, adem\u00e1s. Uno de los subtemas de \u201cProyecto de viaje a China\u201d es el de la funci\u00f3n de las citas en la cultura contempor\u00e1nea. Sontag se las arregla para crear suspenso con ellas: alude intermitentemente a un intelectual jud\u00edo vien\u00e9s pero no da su nombre (no es el primero en que pensamos, sino el escritor Hermann Broch). S\u00ed brinda el de otros citados: Mao, claro, y Scott Fitzgerald, Hannah Arendt.<\/p>\n<p style=\"text-align:justify;\">\u201cMe interesa la sabidur\u00eda. Me interesan las murallas. China es famosa por ambas\u201d, dice Sontag. El viaje, producto de una invitaci\u00f3n del gobierno chino, se hizo, pero el libro que anunciaba en este texto, publicado en The Atlantic en abril de 1972, no. O s\u00ed: \u201cQuiz\u00e1s escriba mi libro sobre China antes de ir\u201d, dice en el cierre. Como Borges, o como Stanislaw Lem, Sontag trabaj\u00f3 con una obra por terminar, pero, a diferencia de ellos, no lo disfraz\u00f3 de rese\u00f1a, sino que expuso su esqueleto. Northrop Frye, el cr\u00edtico, calific\u00f3 de \u201canatom\u00edas\u201d a esas obras heterog\u00e9neas, de estructura laxa, pero de \u00f3rbita en torno a ideas, llenas de distracciones, historias dentro de historias y elementos dispares. Sontag logr\u00f3 algo as\u00ed pero no en una novela, sino en este texto breve, intenso, que todav\u00eda resiste a categor\u00edas como cuento, ensayo, autoficci\u00f3n. Parafrase\u00e1ndola, el resultado fue, inevitablemente, literatura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unos meses, la editorial Penguin Random House public\u00f3 una colecci\u00f3n de relatos de Susan Sontag reunidos bajo el nombre de Declaraci\u00f3n&#8230;<br \/>\nEs habitual, cuando un escritor tiene la cualidad de remitir sin pausa a lo literario, recordar a Borges. 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